lunes, julio 30, 2018

¿Y la investigación sobre la supuesta “Collusion” o confabulación de Donald Trump con los rusos pa’cuándo termina?. Arnaldo M. Fernández: el resultado se conocía de antemano: los rusos meten cabeza en la política estadounidense, tal como EEUU mete cabeza en la política de quien le venga en ganas

¿Y la “Collusion” pa’cuándo?

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Unas acusaciones superfluas, porque el resultado se conocía de antemano: los rusos meten cabeza en la política estadounidense, tal como EEUU mete cabeza en la política de quien le venga en ganas
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Por Arnaldo M. Fernández
Broward
30/07/2018

Al filo de la cumbre Trump-Putin en Helsinki, un gran jurado federal acusó a 12 oficiales de la inteligencia militar rusa (GRU) de conspirar para hackear computadoras de personas como el director de la campaña de Hilaria Clinton, John Podesta, y entidades como el Comité Nacional Demócrata (DNC).

Por ningún lado afloró que Trump o algún campañero suyo —ni siquiera algún ciudadano americano— hubiera entrado en colusión con los rusos, pero la mediocridad mediática entró hace rato en colisión con el sentido común para mezclar la interferencia de los rusos en la política estadounidense —que va para un siglo de historia— con la ilegitimidad de la presidencia de Trump por colusión con los mismos rusos.

La resistencia —esto es: quienes se resisten a creer que un outsider pudo llevarse en la golilla del Colegio Electoral al clan Clinton— querían que Trump se plantara bonito en Helsinki y se fajara con Putin por la interferencia rusa, como si fuera tan estúpido para soslayar que, a continuación en casa, el brazo mediático de la resistencia daría más taller todavía a la colusión incluso con la cizaña consabida de que el procurador especial Bob Mueller estaría dejando a Trump para último.

Peste en el guayabal

Mueller y su equipazo andan ya por unos $20 millones gastados en acusar a más de 30 personas de casi 200 delitos, sin dar indicio alguno de la pregonada colusión. Y tal como su acusación anterior contra 3 entidades y 13 personas rusas, esta versión 2.0 se enfila contra 12 GRUeros incapturables.

Ambas acusaciones son superfluas, porque el resultado se conocía de antemano: los rusos meten cabeza en la política estadounidense, tal como USA mete cabeza en la política de quien le venga en ganas. A sabiendas de que no podrá arrestar a ningún GRUero, Mueller queda como si estuviera haciendo algo bueno, pero también a buen recaudo de que sus pruebas pasen por el tamiz de la defensa en juicio criminal ante juez imparcial.

Todavía flota el mal olor de la acusación 1.0, que incluyó a Concord Managment and Consulting. Sorpresivamente, esta entidad rusa compareció ante tribunal americano y su abogado defensor pidió, como Dios manda, el acceso a las pruebas. El pánico cundió en el equipazo de Mueller, que hasta hoy ni presenta las pruebas ni da curso al juicio. Eso equivale a que quienes acusan a alguien de asesinato no quieran llevarlo a los tribunales a pesar de que se entregó.

La agitprop anti-Trump disfrazada de periodismo naufragó otra vez en el maelstrom de la acusación 2.0 y se agarró a una tablita: la coincidencia. Para burlarse de la negligencia criminal de Hilaria Clinton, Trump soltó el 27 de julio de 2016 durante conferencia de prensa en Doral (FL): “Russia, if you’re listening, I hope you’re able to find the 30,000 emails that are missing”. Y como la acusación 2.0 alega: “For example, on or about July 27, 2016” los hackers rusos intentaron “for the first time” piratear un dominio gestionado por tercero y usado por personal de la oficina de Hilaria Clinton, The New York Times vino que se mataba el pasado viernes 13 con que “Trump Invited the Russians to Hack Clinton. Were They Listening?”.

(Donald Trump y Robert Mueller)

Aparte de que la propia acusación 2.0 precisa que los hackers venían trajinando desde “at least March 2016” y siguieron la rima “throughout the summer of 2016”, la coincidencia misma exonera a Trump: nadie en colusión da instrucciones a sus confabulados por TV. TNYT quiere meternos la guayaba que los hackers rusos eran una Brigada de Respuesta Rápida trumpista y pasa por alto el imperativo profesional de advertir que Trump no se refería a los emails de Hilaria en campaña, sino borrados del servidor personal que ella había usado como Secretaria de Estado (2009-13) en contra de las reglas de seguridad informática gubernamental [1].

Cabría precisar que Trump ni siquiera sabía de qué estaba hablando. El 5 de diciembre de 2014, la banda de Hilaria entregó al Departamento de Estado más de 30 mil correos oficiales y retuvo casi 32 mil como personales. Ese mismo día Cheryl Mills, asistente de Hilaria, dio luz verde a la compañía admnistradora del servidor, Platte River Networks, para irlos borrando. Hacia el 31 de marzo de 2015, un tal Paul Combetta había pasado por la chágara del software BleachBit todos los emails retenidos. Así que, incluso antes de que Trump anunciara su candidadura, ya no se podían hackear.

Sombras Putinescas

Tal como Putin manda a liquidar adversarios con veneno, el aparato estatal saliente de Obama y los politiqueros demócatras y repúblicanos anti-Trump envenenan la opinión pública con ánimo de liquidar al presidente electo. Tras la Cumbre de Helsinki, la increíble superchería de que Trump ganó porque entró en colusión se exacerba con que traicionó a USA por no atacar a Putin, como si Obama o Bushito hubieran sido tan guapos tras la anexión de Crimea y la guerra en Georgia, respectivamente. Para ayudar a Ucrania, Obama envió sólo frazadas y Trump, cohetes antitanques [2].

Trump no cerró filas con la comunidad de inteligencia sobre la injerencia rusa en las elecciones, pero esa comunidad está formada por 16 agencias y el dictamen tentativo sobre la injerencia se rindió por analistas de sólo tres —CIA, FBI y NSA, bajo la dirección del jefe de la CIA John Brennan— y se publicó por la Oficina del Director de Inteligencia Nacional (ODNI).

Resulta que tanto este director, James Clapper, como aquel Brennan han mentido descaradamente ante el Congreso y ahora se desfogan no sólo en la intromisión rusa, sino también en la colusión de Trump. A su vez, el entonces director de NSA, Michael Hayden, anda diciendo por ahí que Trump procede como los nazis con los niños de inmigrantes ilegales, como si en los campos de concentración se hubiera dormido con aire acondicionado e ingerido tres comidas calientes al día.

Trump lleva mucha razón en no confiar ni Brennan ni Clapper ni Hayden, tal y como llevó mucha al despedir al FBIoso de la comparsa, Jim Comey. Ni qué decir de que también mucha al increpar a Mueller con que estás perdiendo el tiempo / pensando, pensado; / por lo que más tú quieras, / hasta cuándo, hasta cuándo.

Tergiversar la admiración de Trump por Putin en colusión, así como su replanteo de la política exterior de USA hacia Rusia en traición, ha engendrado uno de los culebrones más estúpidos de la civilización del espectáculo en USA, que incluye episodios como el editor en jefe de Politico, Blake Hounshellen, largando que la colusión de Trump con Putin está probada por el lenguaje corporal. Nada más que de verlos se sabe y allá va la Pelosi para rematar con Putin tiene chantajeado a Trump con trapos sucios guardados.

(Menos la imagen del encabezado,  las demás fueronañadidads por el Bloguista de Baracutey Cubano)

Al cabo los americanos no votaron por Trump bajo influencia rusa en 2016 ni tampoco van a hacerlo en 2020. Así como el hackeo políticamente motivado del GRU ruso no podía ni pudo alterar la elección presidencial, la investigación políticamente motivada del Deep State americano no podrá anulará la elección del Trump. Por ironía deliciosa, esta investigación partió de un dossier repleto de mentiras aportadas por… ¡fuentes rusas! Además del FBI y la CIA, hasta senadores como Harry Reid (D/Nevada) y John McCain (R/Arizona) aceptaron aquel paquetón, pero no tanto porque el mensajero era un seguroso británico, Christopher Steele, sino más bien porque su dossier opacaba la mala imagen del clan Clinton magnificándola en Trump.

Si Bill había salido mal parado con Lewinsky, eso no importa: Trump pagó a prostitutas rusas para que mearan sobre una cama que Obama había usado de visita en Moscú; si Hilaria fracasó estrepitosamente apretando el botón rojo de reinicio con Rusia, tampoco importa: Putin teme a Hilaria y chantajea a Trump; si Bill se embolsó medio millón por largar un discurso en Moscú, poco antes de que parte del uranio de USA pasara al control de intereses rusos, eso no es nada: Trump tiene larga historia de dependencia y sumisión a Putin. Ya se deslizó incluso que Trump podría ser un asset de la KGB desde 1987. Y así, hasta la colusión del DNC con Hilaria —para amañar las primarias demócratas contra Bernie “El Loco”— resulta una bicoca: Trump entró en colusión con Putin para amañar las mismísimas elecciones presidenciales. Thanks, Steele.

Coda

El 5 de julio de 2016, el agente del FBI Michael Gaeta se reunió en Londres con Steele, quien había largado ya — el 20 de junio— el primero de sus 17 informes que formaron el dossier sobre Trump y Rusia encargado por Hilaria y del DNC sonando la contadora a través de Marc Elias, abogado de la campaña Clinton, quien a través de su bufete Perkins Coie contrató a la firma Fusion GPS, que a su vez contrató a Steele.

El dossier Steele sirvió para tupir a un juez especial y ensalchichar a Carter Page, campañero de tercera de Trump, con la Ley de Vigilancia de la Inteligencia Extranjera (FISA). Así, la investigación de oposición de la campaña electoral de Hilaria contra Trump pasó a ser investigación de contrainteligencia del aparato estatal de Obama contra Trump y su campaña. Sólo que ni Page ni nadie ha sido acusado en virtud de tal o más cual colusión con los rusos.

Nota

[1] El 10 de abril de 2016, Obama tiró en FOX News Sunday el salvavidas de que Hilaria había mostrado “carelessness in terms of managing emails”, pero jamás “intentionally put America in any kind of jeopardy”. La intención no viene al cuento cuando se maneja imprudentemente información clasificada, tal y como no viene al cuento al manejar un vehículo. Un chofer extremadamente descuidado carga con la culpa criminal de arrollar a un peatón, tal y como Hilaria es culpable de arrollar las reglas federales de seguridad informática. Y no fue por equivocación, sino con pleno conocimiento. Como Secretaria de Estado disponía de tres redes de correos electrónicos [no clasificados, clasificados confidenciales o secretos, y clasificados muy secretos] con discos duros bien diferentes y separados. Por la red de no clasificados tiró 110 correos con info clasificada, entre ellos 65 secretos y 22 muy secretos. A tal efecto tuvo que descargar los documentos de una u otra red de clasificados en algún dispositivo de memoria para subirlos a la red de no clasificados. Por eso el FBIoso Comey salió por televisión el 5 de julio de 2016 para volver a tirar el mismo salvavidas de Obama, pero con esta advertencia: “To be clear, this is not to suggest that in similar circumstances, a person who engaged in this activity would face no consequences”. Traducción funcional: Para estar claro, Hilaria Clinton es Hilaria Clinton y cualquier hijo de vecino que haga lo mismo será encausado e irá a la cárcel o pagará una multa.

[2] Además de prestar ayuda militar en serio a Ucrania, la administración Trump viene aplicando sanciones contra personas —incluso un yerno de Putin: Kirill Shamalov— y entidades rusas por diversos motivos, desde e scaramuzas cibernéticas hasta manufactura de cohete crucero fuera de los tratados sobre control de armas. Trump mandó a cerrar el consulado de Rusia en Seattle y expulsó a 60 diplomáticos, entre ellos 12 —¡qué coincidencia!— segurosos disfrazados en la misión rusa ante la ONU (Nueva York). Así mismo prohibió el uso de softwares de la firma rusa de seguridad informática Kaspersky Labs en virtud de “ties between certain Kaspersky officials and Russian intelligence and other government agencies”. Y no solo tomó represalias contra el aliado de Putin en Siria, Bashar Assad, por pasarse de la raya roja que Obama había trazado de mentiritas, sino que también dio luz verde a las tropas especiales de USA desplegadas allí para batir a mercenarios rusos, a.k.a. contratistas militares.

© cubaencuentro.com

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miércoles, julio 25, 2018

The Wall Street Journal: Cuba ha sido instrumental en la represión en Venezuela y Nicaragua. Mary Anastasia O’Grady: The Other Russian Meddling. Democrats howl about Putin’s offenses, but not in Latin America. .


Tomado de https://www.martinoticias.com

The Wall Street Journal: Cuba ha sido instrumental en la represión en Venezuela y Nicaragua 


 El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega (i), escucha al canciller cubano, Bruno Rodríguez (d), durante la celebración del 39 aniversario de la revolución popular sandinista el 19 de julio de 2018.

julio 24, 2018

Los estadounidenses están justamente molestos por la obsequiosidad del presidente Donald Trump hacia Vladimir Putin pero la "histeria moralizante de los demócratas es falsa" ya que aplaudieron entusiasmados las relaciones de Barack Obama con el dictador cubano Raúl Castro, apunta en su columna dominical en  The Wall Street Journal , Mary Anastasia O’Grady.

"Están molestos con la intromisión de Putin en las elecciones presidenciales de 2016 porque Hillary Clinton perdió. Cuando se trata del expansionismo ruso en el Hemisferio Occidental y del abismal récord de derechos humanos del Kremlin, la izquierda estadounidense generalmente mira hacia otro lado", apunta la columnista.

"La fanfarronada demócrata sobre el hábito de Putin de encarcelar y en ocasiones asesinar a sus oponentes políticos y mediáticos es especialmente rica en incoherencia porque el antiguo aliado de Rusia, Cuba, tiene un récord aún peor de libertades civiles. Sin embargo, cuando el presidente Obama reformó incondicionalmente la política de EEUU para complacer al dictador comunista cubano, su partido aplaudió", recuerda en su columna titulada La otra intromisión rusa.

Cuando Obama acudió al partido de béisbol en La Habana con el jefe de la mafia cubana, los demócratas aplaudieron un poco más, dice Mary Anastasia.

(Barack y Michelle Obama conversan con el presidente cubano, Raúl Castro, durante el partido de béisbol en el Latino.)

A los defensores de la política de Obama con Cuba que argumentaron que La Habana no representaba una amenaza para los intereses de EEUU la periodista les recuerda que: "Sesenta años después de que Castro llegara al poder, Cuba, con un fuerte respaldo del Kremlin, aún se mantiene firme subvirtiendo en Centroamérica y Sudamérica".

"Venezuela es el primer ejemplo y ahora Nicaragua, sumergida en un baño de sangre, a donde el canciller cubano Bruno Rodríguez llegó el jueves para celebrar el 39 aniversario de la victoria de los rebeldes sandinistas sobre Anastasio Somoza".

"Ambos regímenes autoritarios nacen de la misma ideología y tienen los mismos progenitores: La Habana y Moscú. Cuba ha sido instrumental para sofocar la disidencia en Venezuela al infiltrarse en el ejército, las instituciones académicas y los medios. Ahora el régimen de Castro, junto con Caracas, está ayudando al señor Ortega. Los estudiantes arrestados y torturados en Nicaragua han informado haber escuchado acentos venezolanos y cubanos en cárceles clandestinas", escribe O’Grady en The Wall Street Journal.

Y agrega que la ayuda externa para la recolección de inteligencia, el entrenamiento de paramilitares y el armamento también proviene de más allá de América Latina. Claramente, proviene directa o indirectamente de Moscú, apunta la columnista.

Putin, quien en 2005 comenzó a reavivar las cálidas relaciones económicas y militares con Cuba, ha vuelto a comprometerse con Nicaragua.

Trump debería llamar a contar a Putin sobre todo esto. Mientras tanto, si los demócratas quieren que su indignación por la intromisión rusa sea creíble, una pequeña preocupación sobre el creciente número de cadáveres en Nicaragua y la represión en Cuba es un buen punto para comenzar, concluye

[A partir de un artículo de opinión publicado en The Wall Street Journal]
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Tomado de https://www.wsj.com

The Other Russian Meddling

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Democrats howl about Putin’s offenses, but not in Latin America.
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 Russian Interior Ministry police training center, Managua, Nicaragua, July 3. Photo: Jader Flores/La Prensa/Managua

By Mary Anastasia O’Grady
The Wall Street Journal.
July 22, 2018

Americans are rightly upset over President Trump’s obsequiousness toward Vladimir Putin in Helsinki. The former KGB agent heads a gangster government, and Mr. Trump should have stood up to him.

On the other hand, Democrats’ moralizing Helsinki hysteria is phony. They’re upset with Mr. Putin’s meddling in the 2016 presidential election because Hillary Clinton lost. When it comes to Russian expansionism in the Western Hemisphere and the Kremlin’s abysmal human-rights record, the American left mostly looks the other way.

Democratic ballyhooing over Mr. Putin’s habit of jailing and sometimes killing his political and media opponents is especially rich. Russia’s longstanding ally Cuba has an even worse civil-liberties record. Yet when President Obama unconditionally reshaped U.S. policy to please Cuban dictator Raúl Castro, his party cheered. Mr. Obama even trotted off to a baseball game in Havana with the Cuban mob boss. Democrats cheered some more.

Advocates of the Obama Cuba policy argue that Havana poses no threat to U.S. interests. But if regional security, stability and economic growth matter, that is demonstrably false. Sixty years after Castro came to power, Cuba, with strong backing from the Kremlin, still underwrites tyranny in Central and South America.

Venezuela is Exhibit A. And now there is blood-soaked Nicaragua, where Cuban Foreign Minister Bruno Rodríguez arrived on Thursday to celebrate the 39th anniversary of the Sandinista rebel victory over dictator Anastasio Somoza.

Daniel Ortega, legendary leader of the Marxist Sandinistas—longtime heroes of Democratic politicians such as former Secretary of State John Kerry, Vermont Sen. Bernie Sanders and New York Mayor Bill de Blasio, to name a few—is at war with his own people. Since April, when university students began peacefully protesting Mr. Ortega’s decade-plus consolidation of power, national police and pro-government militias have cut down some 350 Nicaraguans. Many have been murdered by sniper fire. Others have been shot at close range.

This state terrorism is copied from Venezuela’s military dictatorship, which has flattened its student-led opposition. In both cases a youth movement believed that its commitment to truth and freedom gave it the undisputed moral high ground. In both cases the dictatorship unleashed paramilitary forces to crush them. In both cases students met with jackboots, nighttime raids on their homes, torture and prison.

Both authoritarian regimes are born of the same ideology, and have the same progenitors: Havana and Moscow. Cuba has been instrumental in suffocating dissent in Venezuela by infiltrating the military, academic institutions and media. Now Castro’s regime, together with Caracas, is aiding Mr. Ortega. Students arrested and tortured in Nicaragua have reported hearing Venezuelan and Cuban accents in clandestine jails.

Outside help for intelligence-gathering, paramilitary training and weaponry also comes from beyond Latin America. Clearly, some of it comes directly or indirectly from Moscow. Around 2005, Mr. Putin began rekindling Russia’s warm economic and military relations with Cuba. He also has re-engaged with Nicaragua.

As I noted in a July 8 column, the Interior Ministry of Russia recently completed a multistory “Police Training” center in Managua. Mr. Ortega says it is for counternarcotics work. That’s laughable given Russia’s closeness with narco-states such as Venezuela. A more likely purpose is repressing dissidents so Mr. Ortega can retain power.

In a June 2016 essay https://www.cia.gov/library/center-for-the-study-of-intelligence/csi-publications/csi-studies/studies/vol-60-no-2/pdfs/Vickers-Punta-Huete-Airfield.pdf?mod=article_inline for a Central Intelligence Agency peer-reviewed quarterly, Robert Vickers examined Nicaragua’s Cold War history and its current relationship with Russia. Mr. Vickers reminded readers of an airfield 60 kilometers north of Managua called Punta Huete. “It was constructed in the early 1980s—soon after the leftist Sandinista regime took power—with Soviet funds and Cuban technical assistance,” Mr. Vickers wrote. Its exceedingly long runway was designed to accommodate heavy bombers.

The airfield wasn’t finished during the Cold War, and the project sat idle after the Soviet collapse and during the eclipse of Mr. Ortega in the 1990s. But when he returned to power in 2007, the Moscow-Managua axis was restored. Punta Huete was completed in 2010 with, according to Mr. Vickers, “Russian financial assistance.” Russia recently donated two Antonov military transport planes to Nicaragua. It sold Mr. Ortega 50 T-72 tanks in 2016. To what end? One wonders.

Geopolitical and defense analyst W. Alejandro Sánchez discussed the Nicaragua-Russia relationship in the Sept. 25, 2017, issue of National Interest, observing https://nationalinterest.org/feature/forget-venezuela-russia-looking-nicaragua-22464?mod=article_inline that today “Russia’s most stable and closest friend in the region is arguably Nicaragua.”

Mr. Trump should call Mr. Putin on all this. Meanwhile, if Democrats want their outrage over Russian meddling to be credible, a little concern about the mounting body count in Nicaragua is a good place to start.

Write to O’Grady@wsj.com.

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lunes, julio 16, 2018

Video completo de la Conferencia de Prensa entre el Presidente Donald Trump y el Presidente Vladimir Putin

NTN24
Published on Jul 16, 2018
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo ruso, Vladimir Putin, coincidieron en que "no hubo colusión" con Rusia para afectar las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2016.
Trump: No hubo colusión con Rusia en nuestras elecciones



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sábado, diciembre 31, 2016

Vladimir Putin califica de diplomacia de cocina lo dicho por Obama y afirma que no expulsaremos a nadie. No prohibiremos ni a sus familias, ni a sus hijos disfrutar de sus lugares habituales de descanso en las fiestas navideñas


Comentario de Nicolás Águila tomado de facebook

Un presidente saliente de EE. UU. no puede darle un vuelco radical a la política exterior sin contar con la admón. entrante. Obama ha roto las reglas de la transición y todo pq el PD perdió las elecciones. Es una irresponsabilidad clamorosa de parte de Obama, empeñado en reavivar la guerra fría en los últimos días de su mandato. Un pato cojo no puede comportarse como un gallito. Se trata no del legado de una presidencia gris, sino de obrar según los intereses de EE.UU. Hay que haber perdido todo sentido crítico para respaldar las últimas medidas de un presidente médiocre y presumido, arrogante y pusilánime al mismo tiempo, envalentonado a última hora por el resentimiento de la derrota del PD. Que se ponga a hacer las maletas y no joda más.

Nicolás Águila
******************Tomado de http://gaceta.es/

Putin responde a Obama: 'No causaremos molestias a los estadounidenses'

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"No expulsaremos a nadie. No prohibiremos ni a sus familias, ni a sus hijos
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La Gaceta
30. Diciembre 2016

El presidente ruso, Vladímir Putin, anunció que no expulsará a ningún diplomático estadounidense, pese a las medidas sancionadoras impuestas por EEUU por la presunta injerencia rusa en las elecciones presidenciales.

"No le vamos a crear problemas a los diplomáticos estadounidenses. No expulsaremos a nadie. No prohibiremos ni a sus familias, ni a sus hijos disfrutar de sus lugares habituales de descanso en las fiestas navideñas", aseguró Putin en una declaración difundida por el Kremlin.
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Video de Rusia Today en español que no debe dejar de ver y que amplia SIGNIFICATIVAMENTE  la respuesta de Vladimir Putin.

Putin: "Rusia no va a expulsar a nadie en respuesta a las acciones de EE.UU." y desmiente clausura de escuela de EE.UU. en Moscú dada por CNN quien, según Putin, vuelve a mentir

Putin: "Rusia no va a expulsar a nadie en respuesta a las acciones de EE.UU."


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Comentario más extenso de Nicolás ÁguilaTomado de https://www.facebook.com/

Obama, valentón de última hora

El presidente saliente no puede —al menos, no debe— darle un vuelco radical a la política exterior de Estados Unidos sin contar con el equipo de transición de la administración entrante. Sobre todo en lo que atañe a las relaciones con Israel, nuestro aliado más fiel y constante, y con Rusia, un socio inevitable que, aunque no sea propiamente un amigo, tampoco hay que buscárselo de enemigo, como pretende Barack Obama en sus últimos días en la Casa Blanca, exhibiendo envalentonamientos espasmódicos de último minuto.

 Obama ha roto las reglas básicas de la transición de un gobierno a otro y ha cortado de un plumazo la continuidad sustancial de la política exterior de Estados Unidos en los grandes asuntos. Y todo porque su partido perdió las elecciones. No le busquemos más. Son perretas de niño malcriado al que le han quitado el caramelo. Los demócratas no saben encajar las derrotas porque no saben poner los intereses de la nación por encima de los intereses partidistas y personales. Mediocres que son.

Huelga añadir que se trata de una irresponsabilidad clamorosa por parte de Obama. Su empeño en reavivar la guerra fría, escalando las tensiones con Rusia en los últimos días de su mandato, va de lo ridículo a lo patético, pero no deja de tener una deriva peligrosa. Le traspasa, además, a la próxima administración un clima político emponzoñado tanto en el ámbito doméstico como en la escena internacional. Esa es la herencia de Obama, un pato cojo que no supo comportarse nunca como un gallito de pelea, pues cuando trata de cantar quiquiriquí le sale un cloc-cloc de gallina hawaiana.

Tal será el legado de una presidencia de color gris ratón que no obra según los mejores intereses del país y solo se guía por las encuestas o 'el qué dirán los progres' y no por los principios y valores que constituyen los fundamentos mismos de los Estados Unidos.

Hay que haber perdido todo sentido crítico para elogiar la gestión de ocho años inanes e ingloriosos — y más aún para respaldar las últimas medidas— de un presidente inepto y presumido, arrogante y pusilánime al mismo tiempo, envalentonado a última hora por el resentimiento causado por la derrota del Partido Demócrata. Que se ponga a hacer las maletas y no jeringue más.



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