Es un blog diario digital conformado con los artículos, opiniones, ensayos, etc. del Catedrático universitario Lic. Pedro Pablo Arencibia Cardoso sobre diferentes temáticas de la problemática cubana, actual e histórica, así como por noticias y artículos de otros autores que se consideran de gran interés para profundizar en la realidad cubana.
lunes, mayo 21, 2018
Video de archivo: Rocío Monasterio deja sin palabras a los voceros del régimen castrista en el canal iraní procastrista Hispant radicado en España
Cubana-española deja sin palabras a los voceros del régimen castrista en su propio canal
Una hispanocubana, sacando de quicio a los castristas en un debate televisivo.
La analista política cubana-española Rocío Monasterio dejo a todos en un debate en el canal pro-castrista, HispanTV cuando explicó porque se alegraba de la muerte del dictador cubano Fidel Castro
Monasterio nació en España; pero su padre es cubano; y se siente tan identificada con la isla que tiene su pasaporte cubano (o mejor dicho, “tenía” después de esta fantástica intervención). Fue invitada a un programa Enfoque del canal iraní procastrista Hispantv y al parecer por la línea editorial y la censura de este canal, no esperaban su reacción.
En realidad Rocío Monasterio tiene un largo historial de acciones similares: se ha enfrentado a feministas -incluso le han agredido- en la calle y en la universidad, le ha plantado cara a la ultraizquierdista asociación Contrapoder en la Complutense e incluso se ha colado en una feria de vientres de alquiler y ha puesto contra las cuerdas al ginecólogo de una
Fuente Cubanos por el Mundo
Cubana-española deja sin palabras a los voceros del régimen castrista en su propio canal
La lección de Rocío Monasterio a los partidarios de Fidel Castro La dirigente de VOX, de origen cubano, ha recordado que con la muerte de Fidel no ha terminado el castrismo y sus peligros para la sociedad cubana. “¿Por qué ustedes tuvieron que salir de Cuba?”, ha preguntado a los castristas.
Entrevista de María Elvira Salazar a la española-cubana Rocio Monasterio
La larga cola. . Zoé Valdés sobre la cola en La Habana para ver una foto del ya eterno incinerado Fidel Castro Ruz. Entrada para VIP en la Sala Granma del MINFAR
“Una larga cola como una trenza china” dicen que dijo el poeta José Lezama Lima cuando vio una enorme fila para comprar algún alimento que ya empezaba a escasear en aquellos primeros años. Un chiste cubano dice que otra larga cola para escupir una estatua de Fidel Castro hizo millonario a Pepito, el niño travieso de los cuentos populares.
Hoy presenciamos esa misma larga -no como la trenza, pero como la Muralla China- cola de cubanos que han ido a despedir a su finalmente fallecido Coma Andante bajo un sol que raja las piedras. Resulta coherente que sea la cola uno de los últimos símbolos con los que se despida a quien la inventó, pues la cola es su invento más significativo. Toda una institución exportada hará unas décadas a Venezuela. Además los cubanos no pueden vivir sin las colas, y ahora sabemos que tampoco los muertos pueden sentirse muertos sin ellas.
Una larga cola para cenizas, es lo que tenemos. Hasta para cenizas hay que hacer colas en Cuba. Para colmo debes llevar la cartilla de racionamiento. Te apuntan el nombre, el número de carnet de identidad y tienes que firmar una declaración de fidelidad al fidelato.
Cola para cenizas, sí. Tal como lo leen. ¿Cómo?
Ah, no, esperen, me comenta un amigo en Facebook que ni siquiera hay derecho a cenizas. Que las cenizas son para gente VIP, me señala otra amiga. O sea que ni cenizas hay. Ni cenizas toca por una casilla de la libreta. Pero qué pueblo más carnero. Durante nueve días marcharán y honrarán una foto vieja y un “reguero de medallas”.
Ni en la más inimaginable de las novelas de dictadores latinoamericanos se ha visto eso. Pero los cubanos siempre tienen que sobrepasarse, ahí van, pasito a pasito, armando diz que compungidos la amada cola, enrejados detrás de unas vallas pintadas de amarillo. Esa inquieta cola, que ya se va pareciendo a una especie de cola de caimán, y eso es lo peor que tiene el caimán, la cola.
Esos que ahora hacen la Cola, con mayúscula, corderos en general, son muchos de los que también hacen cola en el aeropuerto para largarse a Miami o a otro lugar, huyendo quizá de la cola. Pero una vez que están fuera, viviendo de manera normal, les carcome la masinguilla y tienen que regresar con toda urgencia. No lo aguantan, no pueden vivir sin la cola. El síndrome de Estoeselcomo, señala alguien.
Muy justo entonces que hasta el último de los segundos Castro les imponga la cola, y que se remamen ir en cola por todo ese país devastado detrás de esa polvareda vil hacia el cementerio de Santa Ifigenia, y regresen en cola india a sus casas, hasta la mañana siguiente en que por inercia, como siempre han hecho, retornen a la cola del pan. Si es que hay pan. Porque el pan, como las cenizas, hace ya bastante tiempo, más de medio siglo, que es también VIP.
Zoé Valdés.
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¨Yin¨ Pedraza Ginoris y su esposa Loly Buján (EPD) quién fuera también una
exitosa y famosa directora de programas de televisión. Foto en Galicia,
España
Por ¨Yin¨ Pedraza Ginoris
Retirado director de programas de televisión en Cuba y España
Ellos,
los privilegiados, los mayimbes, los comandantes, los ministros, los
del Buró Político, los del Comité Central, los jefes de esto y de lo
otro, los grandes del Ministerio y del Ejército, los canchas del engaño y
la manipulación, los que nos lo vendieron como “el máximo líder” cuando
sólo era un tostao con ideas extravagantes y proyectos irrealizables,
que estuvo a punto de provocar una guerra nuclear donde hubiéramos
muerto todos sólo para complacer a su ego desmesurado y convertirse en
figura mundial, Ellos, que lo defiendan y lo lloren ellos, los que
vivían en el Country, en Nuevo Vedado y en zonas libres de apagones los
que recibían en sus casas suministros que les llevaba una furgoneta sin
letreros, los hijos de papá y mamá que usaban ropa de marca y podían oìr
a Los Beatles, los que le echaban al bloqueo la culpa de su
ineficiencia y su estupidez, los que, cuando la olla alcanzaba mucha
presión, abrían la salida para que nos fuéramos de nuestra tierra, los
que se apropiaron del nombre de Cuba, del himno, la bandera y el escudo,
de Martí, Gómez y Maceo, los que nos prometieron un futuro luminoso si
nos sacrificábamos unos años, Ellos, que lo defiendan y lo lloren ellos,
los que no han esperado dos horas para comerse un pan con pasta, los
que nunca durmieron encaramados en una barbacoa, los que consumían
gasolina sin preocuparse de tener bonos, los que decidían nuestros
destinos y regían nuestras vidas sin consultarnos, los que desmantelaron
la unidad de nuestras familias,
los que tenían seguras sus
vacaciones gratuitas en Varadero y sus fastens por el extranjero para
traer pacotilla, los que nos mandaron a morir en guerras que no eran las
nuestras, Ellos, que lo defiendan y lo lloren ellos, los que no se han
apuntado en una lista de espera en una terminal de tren ni se han
montado en una rastra para ir de pie de Santa Clara a Placetas, los que
siempre resolvían las piezas de repuesto y las habitaciones en el Habana
Libre, los que no saben lo que es bañarse con un cubo porque de sus
duchas siempre salía agua, Ellos, que lo defiendan y lo lloren ellos,
los que no sufrieron la frustración de aguardar por una Ruta 2 que vino
repleta y no paró los de la frase “la censura es necesaria porque
estamos en guerra con el imperialismo” los que, aprovechándose de sus
cargos, se templaron a las mejores hembras, los invitados a la tribuna
que miraban a la masa desfilar, los que masacraron los derechos humanos,
los que no permttían huelgas ni protestas de ningún tipo, los creadores
de las brigadas de respuesta rápida, los milicianos de uniforme
impecable que estaban muy ocupados para hacer guardias, Ellos, que lo
defiendan y lo lloren ellos, los homófobos que crearon la UMAP, los que
iban a curarse al CIMEX y no al Calixto García, los que nos hicieron
olvidar el sabor de los mangos y los mameyes, los que educaban a sus
chamas en los exclusivos colegios bilingües adonde iban los hijos de los
embajadores, los que nunca hicieron una cola, los que no se enteraron
de que existía la libreta, los que vivían de puta madre en las embajadas
cubanas en el extranjero, Ellos, los que nunca dejaron de tomar leche y
comer carne, los que cuando rompían con su esposa o su querida les
dejaban la casa y conseguían otra los que fueron a tumbar caña un día
para tomarse una foto y colgarla en el despacho, los que persiguieron,
los que acosaron, los inventores de los mitines de repudio, los que le
taparon la boca a la gente, los que consideraban que cultura era una
mala palabra,los que llamaban al trabajo voluntario pero jamás iban,
los que justificaban todo, hasta lo del remolcador, Ellos, que lo
defiendan y lo lloren ellos, los desiguales en un país en que todos
supuestamente éramos iguales, los que se proclamaban comunistas y nunca
lo fueron, los que nos hicieron pasar hambre, los que no dejaron títere
con cabeza, los que, cuando MamáURSS se fue al carajo, despreciaron la
vía vietnamita y se enroscaron en un sistema que sabían que no
funcionaba, Ellos, los insensibles, los de arriba, los que se cagaron
en el ideario de Abel, de Frank País, de José Antonio y de todos los que
murieron luchando contra Batista, los que afirmaban que su revolución
era para los humildes, más cubana que las palmas y la traicionaron desde
el principio. Ellos, que lo defiendan y lo lloren ellos es natural y
hasta lógico.
Pero, ¿tú?, tú que fuíste un matao, un "población", que hoy, después
de todo lo que has visto y sufrido, después de que te hayas tenido que
marchar fuera para poder respirar, que tú lo defiendas y lo llores
basándote en la milonga de que gracias a él hubo sanidad y educación
gratuita para todos...
Por favor, mi socio, explícame esa trova tuya porque hay algo que no entiendo.
Rocio Monasterio en HispanTV para analizar la muerte del dictador Castro (28/11/2016)
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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano
En el pequeño libro El imperialismo norteamericano en la economía cubana
del economista e historiador Oscar Pino Santos, dicho libro fue escrito
en 1957 y criticaba analíticamente la economía cubana de ese entonces,
en el capítulo La deformación y el atraso económico de Cuba y en el subtítulo, quizás irónico, País agrícola ... importador de alimentos (porque Cuba entonces compraba el 25% de sus alimentos; hoy compra más del 80% de sus alimentos) planteó:
“ Los bajos rendimientos, los limitados niveles de producción y la
escasa diversificación, explican la paradoja de que Cuba, país agrícola
sea un gran importador de productos de origen propiamente agrícola.
Véase el Cuadro No. 20.”
El mencionado Cuadro No. 20 muestra el consumo doméstico, producción
nacional e importaciones de los principales productos alimenticios en
el período 1954-1956 donde se observa que la cantidad y el valor ( en
porcientos) del consumo doméstico de producción nacional fueron el 81% y
el 71% respectivamente, mientras que la cantidad y el valor del consumo
doméstico de importación fueron 19% y 29% respectivamente. En ese
cuadro, cuya relación de alimentos bien serviría como ejemplo objetivo
de cual era la canasta básica del cubano promedio de aquellos tiempos, muestra datos interesantísimos como el hecho de que el 98% de la cantidad y el 92% del valor de los productos lácteos consumidos por la población cubana era de producción nacional.
Pino Santos, quien laboró en el Consejo de Estado cubano hasta su
muerte, nunca criticó públicamente la caótica economía de la Cuba
revolucionaria...
A continuación el Cuadro 20 y otros más del antes mencionado libro.
En 1958 el PIB per cápita de Cuba era de 356 dólares, mientras que el de España era de 180. En 2014 el PIB per cápita cubano era de poco más de 5.000 dólares y el español era de 29.000. En estos años España ha multiplicado por 160 la riqueza que produce por habitante, mientras que Cuba lo ha hecho sólo por 14. España ha conseguido ese resultado con un marco económico y jurídico liberal y capitalista, y Cuba con una dictadura comunista que ha aplicado hasta sus últimas consecuencias los principios del socialismo real.
La diferencia de resultados es tan abismal que no merece la pena perder el tiempo en glosar esos datos tan fríos como elocuentes.
Pero, a pesar de la contundencia de las cifras, los irredentos partidarios del comunismo como vía para alcanzar el paraíso en la Tierra todavía arguyen, para salvar su devoción comunista, que en Cuba la enseñanza y la medicina son modélicas.
Es verdad que en la Cuba de hoy está erradicado el analfabetismo, pero hay que saber que en 1958 Cuba era, con un 18% de analfabetos, uno de los países mejor alfabetizados de Hispanoamérica. Para comparar, España tenía entonces un 11%.
Y en cuanto a la tan cacareada sanidad castrista, también hay que saber dos cosas. La primera, que en 1958 era muy similar a la española (Cuba: una cama hospitalaria por cada 190 habitantes y un médico por cada 980 habitantes; España: una cama por cada 200 habitantes y un médico por cada 870 habitantes). Y la segunda es que no debe ser tan magnífica cuando en 2006 tuvieron que recurrir al jefe de cirugía de nuestro Gregorio Marañón para que volara urgentemente a Cuba e intentara arreglar la situación médica del dictador después de haber sido intervenido en la isla. Algo que consiguió, como hemos comprobado.
Pero da lo mismo, da igual que todos los datos certifiquen la catástrofe del comunismo castrista. De manera incomprensible, la muerte de Fidel no sólo no concita una opinión unánime de rechazo a un sátrapa siniestro que ha mandado al exilio al 20% de la población (como si España tuviera hoy 9 millones de españoles huidos de nuestra Patria), que ha fusilado a miles de compatriotas, que ha perseguido a los homosexuales con una saña especial, que ha empobrecido a su país, que ha enviado a 300.000 soldados cubanos a Angola para instaurar un régimen comunista, sino que tenemos que escuchar y que leer muchas palabras de justificación, cuando no de alabanza, de su figura y su trayectoria.
En los años veinte empezaron a poner en práctica sus siniestras técnicas de manipulación de la opinión pública dos alemanes de ideologías totalitarias, aunque opuestas, pero que tenían algo en común: un desprecio absoluto por la verdad y una firme convicción de que la mentira es un arma que puede ser infalible. Eran el nazi Joseph Goebbels y el comunista Willi Münzenberg.
Hoy, cuando tantos y tantos, incluso entre personas que no pueden comulgar con ninguna de las actuaciones de Fidel Castro, se muestran timoratos a la hora de condenarlo sin paliativos, no podemos por menos de reconocer el triunfo absoluto de Willi Münzenberg y sus seguidores.
*************
(Fusilados el 11 de abril de 2003 A LOS 9 DÍAS DE SER DETENIDOS: Lorenzo Enrique Copello, Bárbaro Leodán García y Jorge Luís Isaac. No le causaron daño físico a nadie; detalles AQUÍ)
En 2003 Fidel Castro ordenó el fusilamiento a tres jóvenes negros. La madre de Lorenzo Capello declara.
EMIGRAR AL PATIBULO
Por Ricardo González Alfonso
Prisionero de conciencia /
Prisión Combinado del Este, Ciudad de La Habana
Septiembre del 2005.
Convivir
en un calabozo con un condenado a muerte es intrincarse en el laberinto
de una vida ajena, que comienza a pertenecernos, a dolernos.
Cuando
abrieron la puerta de la celda tapiada y vi por primera vez aLorenzo
Enrique Copello Castillo, no imaginé que lo fusilarían en una semana,
tras uno de esos juicios sumarísimos de la primavera del 2003.
Lorenzo
era un negro de treinta y tantos años, de buen aspecto, que caminaba
cojo por la golpiza que le propinaron cuando lo arrestaron en el puerto
del Mariel, al oeste de La Habana. Los zapatos negros y sin cordones
tenían marcas de salitre, y sus ojos reflejaban la extenuación de los
náufragos, de esos que aún huelen a mar.
Nos saludó con una
sonrisa doble: la de sus labios y la de sus ojos. Se acostó, y al
instante dormía con la inmovilidad de los difuntos.
Mis
compañeros de celda - el chino, un joven acusado de vender drogas, y un
muchacho condenado por asesinato e involucrado en un tráfico de
emigrantes- nos sentimos desilusionados. Nos sabíamos de memoria
nuestras respectivas historias –o leyendas– y esperábamos del recién
llegado una de estreno. En los calabozos de Villa Marista, sede nacional
de la Seguridad del Estado Cubana, no hay espacio para caminar; y la
única opción, entre interrogatorio e interrogatorio, es conversar sobre
cualquier tema, para no pensar.
Por la mañana descubrimos que
Lorenzo era un criollazo. Nos relató, como quien cuenta una película,
que a medianoche abordó con varios amigos y amigas la lancha Baraguá,
una de esas que cruzan con pasajeros la bahía habanera. El grupo de
piratas debutantes llevaba oculto en sus mochilas recipientes con
combustible; y, además, contaban con un arsenal de desconsuelo: un
revólver y un cuchillo. Lorenzo apoyaba su narración con mímica teatral.
“Llegué hasta la cabina y disparé dos veces. Una contra la proa y otra
al mar. Entonces grité: “¡Esto se jodió, nos vamos pa’ Miami!”.
Al
principio todo resultó a pedir de sueños. Entre los pasajeros habían
dos extranjeras –magníficas piezas de cambio– acompañadas por un par de
Rastafaris. En total tenían una treintena de rehenes. La Bahía de La
Habana quedaba atrás, y la embarcación se adentraba en el anchísimo
Estrecho de la Florida.
Lorenzo cerró los ojos para disfrutar
mejor de sus palabras. “Oigan, ya nos veíamos en las costas de Cayo
Hueso enseñando unos carteles que habíamos hecho con frases contra el
comunismo, para que los americanos nos dieran asilo político”. Lorenzo
sonrió, como un chiquillo que recuerda una travesura. Al abrir los ojos,
despertó de su aventura onírica. Su expresión se transformó en la de un
adulto en peligro.
Nos contó, siempre auxiliándose con su
gestualidad criolla, como el mar -un mar histérico- cambió de humor
repentinamente. Imaginé las olas como cascadas continuas, la lancha a la
deriva, a merced de ascensos y descensos bruscos y constantes. Vi en el
rostro del negro el terror que sintieron aquellos cachorros de mar
-secuestradores y rehenes- al saber que en esa situación de espanto se
había agotado el combustible, incluido el de reserva.
Un
guardacostas cubano se aproximó. A través de un megáfono uno de los
guardafronteras los conminó a entregarse. “Pero nosotros, de eso nada.
Respondí a gritos que teníamos a dos extranjeras. Que nos dieran
combustible o la cosa iba a terminar mal”.
Llegaron a un acuerdo.
El guardacosta remolcaría a la Baraguá hasta el puerto del Mariel. Allí
le proporcionarían lo necesario para llegar a Estados Unidos, a cambio
que no lastimaran a los rehenes.
Lorenzo intentó esgrimir una
sonrisa de consuelo, pero, errático, emitió un suspiro triste. “Era una
trampa. Muy cerca del muelle, un hombre rana del Ministerio del Interior
le hizo una seña a las extranjeras para que se lanzaran al agua.
Una de ellas se tiró. Traté de impedir que la otra hiciera
lo mismo, pero un pasajero –después supe que era un militar vestido de
civil– me empujó, caí al mar y perdí el arma. Varios hombres ranas me
atraparon. En el agua comenzaron a golpearme. Continuaron en el muelle.
Mis compañeros también estaban dominados”.
“La cosa fue grande. Vino hasta Fidel. Nos dijo que si nos hubiéramos ido, dentro de unos años hubiéramos querido regresar”.
Lorenzo
movió la cabeza seguro de su negativa. “¡Qué va!. Yo hubiera hecho como
mi padre, que se pasó la mitad de la vida preso; pero en el 80, cuando
lo del Mariel, se fue a Estados Unidos, se cambió el nombre, estudió y
se hizo ingeniero. Sí, yo iba a hacer lo mismo. Después reclamaría a
Muñe, mi mujer actual; y a Rorro, mi hija, que es del primer
matrimonio”.
Muñe –apócope de muñeca- vendía pizzas en su casa.
Lorenzo la describía como una Venus de Milo, pero con brazos, cálida y
cándida. Al hablar de Muñe la expresión del negro se asemejaba a la de
un amante primerizo.
Pero ella, como Rorro, desconocía que
Lorenzo vivía dos existencias paralelas, y que con esa doble vida
recorría su laberinto personal. El era una moneda que giraba por el aire
a cara o cruz, a mal o bien.
Lorenzo trabajaba días alternos
como custodio de una policlínica del municipio de Centro Habana. Allí su
actitud era ejemplar, nos aseguró. Mas sus días libres eran libertinos.
Se dedicaba al proxenetismo y a la estafa. Esta la ejercía a veces a
través de juegos de azar; otras, como “guía” de turistas inexpertos.
“Una
vez -nos relató entusiasmado- viajé a Pinar del Río con un francés.
¡Qué vida! El lo pagaba todo: un apartamento que alquiló, bebida de la
buena y a las mejores jineteras(1). Allá conoció a una temba(2) y se
quedó con ella. No sé que le vio. El francés era un buen hombre. Yo
siempre me porté bien con él. Aunque era muy confiado, jamás me
aproveché de eso”. Nos miró con picardía y añadió: “¡Pero a otros...!”.
En
una ocasión Lorenzo me dijo: “Ricardo, qué lástima que te dio por la
política. Con tu pinta y facilidad de palabras, serías un estafador de
primera”.
También nos hablaba de Rorro. Una linda adolescente que
sabía valerse por sí misma. “Es como yo, pero honrada”. El sobrenombre
surgió cuando era una bebé, pues la madre y Lorenzo le cantaban para
dormirla: “A rorro mi niña, a rorro mi amor”. La muchacha estudiaba la
enseñanza media en Miramar, un reparto de la antigua –y actual– clase
alta. “Papi, allá los autos son cómicos, la gente se viste cómico(3),
las casas son cómicas. En fin, Miramar es una comedia”.
El día
que a Lorenzo le entregaron la petición fiscal, le dijo al guardia que
servía la comida: “Échame más, ¡qué soy un pena de muerte!”. Y se rió.
Pero un rato después nos miró serio y comentó en voz baja, casi consigo:
“quién lo hubiera dicho, ¡yo deseando una sanción de 30 años!”.
Lorenzo
regresó del juicio muy optimista. “Mi abogado dijo que cómo se iba a
pedir sangre, si no se derramó una gota de sangre”. Y repetía a cada
rato estas palabras, con el fervor que un moribundo invoca a Dios.
También
nos comentó: “Ustedes no me van a creer, pero sentí más miedo cuando en
el juicio vi el video de la lancha subiendo y bajando en aquel mar
furioso, que cuando yo estaba allí mismito, jugándome la vida”.
Esa
noche nos llevaron a una oficina. A los cuatro por separado. Cuando
llegó mi turno, un capitán me explicó que aunque a Lorenzo le pedían la
pena de muerte, eso no significaba que lo fusilarían. “Pero -puntualizó
el oficial- algunos condenados a la pena capital se desesperan y se
suicidan por gusto, pues la sanción no es ratificada por el Tribunal
Supremo o por el Consejo de Estado”. Con este argumento solicitó mi
cooperación para impedir -dado el caso- que Lorenzo atentara contra su
vida. Accedí. Después me enteré que a mis otros dos compañeros de celda
le pidieron lo mismo. Nunca supe que le dijeron a Lorenzo.
Desde entonces la ventanilla de la puerta tapiada la mantuvieron abierta; y afuera, un policía permaneció de guardia.
Al
otro día por la tarde vinieron a buscar a Lorenzo. Regresó muy
contento. “La Seguridad del Estado trajo en un auto a Rorro, a la mamá
de ella y a mi madre. Me dijeron que el director del policlínico le iba a
escribir al Consejo de Estado hablándole de mi buena actitud laboral”.
Al rato vinieron de nuevo por él.
Ya a solas, el Chino, el otro
muchacho y yo comentamos que esa visita era la despedida final. La
policía política -y la otra- no acostumbra a traer a nuestros familiares
para que nos visiten. Estábamos equivocados. No era la última
despedida, sino la penúltima.
Lorenzo retornó feliz. Dos
oficiales fueron a buscar a Muñe y había tenido una visita con ella. A
discreción, mis compañeros de celda y yo nos miramos consternados.
Comprendimos que Lorenzo sería ejecutado próximamente.
Aquella
tarde la comida fue diferente a la habitual: medio pollo, arroz con
moros, ensalada, vianda, postre y refresco. Lorenzo sospechó. “¿Medio
pollo para cada uno?”. El guardián lo tranquilizó argumentando que
habían traído tantos pollos que no cabían en las neveras, y a todos los
detenidos les estaban sirviendo la misma ración. Lorenzo le creyó –o
simuló creerle– era su última cena.
Horas después Lorenzo sintió
un dolor en el pecho. Avisé al guardia. Se lo llevaron inmediatamente a
la posta médica. Regresó al rato. Nos aseguró que se sentía mejor
después que lo inyectaron. Estaba soñoliento. Obviamente lo drogaron.
Transcurridos unos minutos, dormía otra vez con la inmovilidad de los
difuntos. Recordé la noche que lo conocí. Apenas -y a penas- había
pasado una semana.
Sería medianoche cuando abrieron la puerta. En
el pasillo vi a seis guardias. Uno entró y despertó a Lorenzo. Se
levantó aturdido. Se calzó con torpeza sus zapatos sin cordones. Me miró
como preguntándome: “¿Qué ocurre?”. Se lo expliqué con una mirada. Le
di una palmada en el hombro, y lo vi partir a la muerte.
Hospital Nacional de Reclusos. Prisión Combinado del Este. Ciudad de La Habana, septiembre del 2005.
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Firmas por la libertad de los presos politicos cubanos
Licenciado en Matemática Pura en la Universidad de La Habana (UH) y Catedrático universitario con 24 años de experiencia en la docencia universitaria cubana; posee la Categoría Docente Principal de Profesor Titular universitario. Fue expulsado el 29 de enero de 1997 del Instituto Superior Pedagógico de Pinar del Río ( universidad de perfil formativo o pedagógico) por motivos políticos. Activo colaborador desde su fundación de la revista VITRAL y del Centro Católico de Formación Cívica y Religiosa (CFCR) de la Diócesis de Pinar del Río. Colaboró en Cuba con las organizaciones opositoras: Todos Unidos, Asamblea para Promover la Sociedad Civil en Cuba y con el Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC).
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COLABORADORES:
Paul Echániz