miércoles, febrero 17, 2021

Alberto Roteta Dorado: MARXISMO-LENINISMO, EL VERDADERO OPIO DE LOS HOMBRES.


MARXISMO-LENINISMO, EL VERDADERO OPIO DE LOS HOMBRES. 


Por  Dr. Alberto Roteta Dorado. 

17 de febrero, 2021

Santa Cruz de Tenerife. España.- Los regímenes comunistas no solo han destruido las economías de las naciones donde se han impuesto; sino que han sido capaces de manipular el pensamiento individual creando así una modalidad colectiva, esto es, una uniformidad aplicable al pensamiento y a la expresión, lo que representa la extensión del totalitarismo sociopolítico a la esfera intelectual de los hombres. 

El atraso del grupo de naciones de Europa Oriental y Central, en las que se impuso el comunismo por los soviets, respecto al resto de los países de esta región en su parte occidental así lo demuestra. Si alguien pone en duda la afirmación generalizada de lo expongo le invito a que mencione un solo país de los otrora socialistas de esta región que se destacara desde el punto de vista económico durante los largos años en que fueron víctimas del peor engendro sociopolítico de estos tiempos: el comunismo.  

En Cuba, la isla caribeña en la que se proclamó por la fuerza esta modalidad de sistema social y modelo económico, una vez que Fidel Castro asumiera el poder en 1959, sucedió algo similar, esto es, el deterioro progresivo de su economía. Recordemos que Cuba estaba, antes de 1959, en la cabecera de los países del continente americano al mostrar uno de los mayores desarrollos económicos, algo que se fue revirtiendo de manera progresiva, aunque brusca al propio tiempo, desde los años iniciales de la llamada revolución cubana.  

Retomando la idea de la destrucción no limitada a la esfera económica y social es necesario precisar que el régimen castrista, cuyas primeras trastadas en este sentido se remontan a los inicios de la década del sesenta del pasado siglo XX – con la declaración forzada e impuesta del carácter socialista de su nuevo sistema político– se ocupó de establecer como forma oficial de filosofía  la modalidad conocida como filosofía marxista, a lo que, siguiendo el patrón de los cánones de la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), añadieron el calificativo de leninista. De esta forma la filosofía marxista-leninista centralizó el poderío del pensamiento analítico, el cual, como era de esperar dejó de ser analítico y especulativo – como lo exige la reflexión filosófica de la verdadera filosofía– para convertirse en dogmático.

A partir de este momento se discriminó sobremanera a los exponentes de la verdadera filosofía, toda vez que no seguían los moldes rígidos del llamado enfoque marxista. Los textos, ensayos, investigaciones y recopilaciones que a través de la primeras décadas del siglo XX habían conformado la bibliografía filosófica de las universidades de Cuba fueron sustituidos por los ridículos manuales procedentes de la URSS con una fuerte dosis de absurdas hipótesis defensivas de un socialismo que se presentaba como la salvación de la humanidad, amén de la malvada imposición de un acérrimo materialismo, tal como se suponía fuera expuesto y defendido por Karl Marx en sus kilométricas obras. 

Y digo como se supone que Marx, por cuanto, lo que se presentaba a los estudiantes de la filosofía marxista eran los manuales soviéticos en los que se citaba a Marx y en menor medida a Engels, pero solo como citas referenciales, independientemente que las obras de estos pensadores estaban en las bibliotecas y se vendían por precios módicos en todas las librerías de Cuba, a falta de los textos clásicos de los investigadores del patio como Jorge Mañach, Medardo Vitier, Carlos González Palacios, Luis Rodríguez Embil, entre otros, cuyas obras desaparecieron inmediatamente para evitar que fueran consultadas, toda vez que carecían del exigido enfoque marxista, devenido en lo adelante como el paradigma exclusivo de la investigación.  

No obstante, el rechazo generalizado a la nueva forma impuesta como única posibilidad se expresa en la indiferencia de la mayoría de los estudiantes, quienes saturados de las leyes del desarrollo, las unidades y luchas de contrarios, la negación de la negación o cualquier otro absurdo marxista se limitaban a aprender de memoria lo que se decía que decía Marx en los sintetizados manuales soviéticos.  

Todo lo que les estaba permitido se limitaba a lo que Marx y Engels dijeron de los grandes filósofos – que bajo el lente justiciero del primero dejaron de ser grandes– y analizaron de sus obras – siempre llenas de errores, inconsistencias y limitaciones al no dar solución, según Marx, a los males de la sociedad por la división clasista, la acumulación del capital, etc.–, con lo que se limitaba o impedía el estudio directo de la enseñanza de los grandes filósofos clásicos de todos los tiempos, los que se estudian en el mundo entero, excepto en naciones cuyos regímenes totalitarios se encargan de decidir lo que se debe y lo que no se debe estudiar y aprender. 

Pero los comunistas cubanos fueron más lejos y establecieron no solo la filosofía marxista-leninista como forma oficial de filosofía en la enseñanza cubana, sino que exigieron que todas las investigaciones científicas, históricas, culturales, antropológicas, etc. tuvieran el denominado enfoque marxista, lo que, sin duda, pasó de ser un absurdo a una aberración: no hay idea más disparatada que la exigencia de un enfoque marxista en una investigación de física, de química, o de medicina. El materialismo, devenido en estandarte, cual experimental engendro monstruoso, se fue adueñando del pensamiento de los hombres, los que, luego de un sofisticado adoctrinamiento, estaban listos para negar a Dios, para exponer los trabalenguas de las leyes de la dialéctica y de las categorías filosóficas, y sobre todas las cosas, a no pensar por sí mismos. 

El gran vacío de los profesionales cubanos, independientemente a la pérdida del rigor y a la decadencia de la enseñanza, está dado por el total desconocimiento de la filosofía. No hubo opciones, no tuvieron derecho a elegir. Era la filosofía marxista si o si. Esto los llevó a tener una percepción limitada y hasta tergiversada de lo que en realidad es la filosofía, y por lo tanto de la percepción de la realidad y de la grandeza del mundo. De ahí el rechazo generalizado y hasta la burla hacia lo que ellos creen que puede ser la filosofía, aunque en realidad solo se les adoctrinó en el materialismo excesivo, el ateísmo acérrimo y en la crítica a todo lo que no hubiera sido proclamado por Marx.

Lamentablemente perdieron la oportunidad de conocer a los grandes de la filosofía clásica alemana, al verdadero mérito – y no las limitaciones señaladas por Marx– de los socialistas utópicos, el rigor analítico de los representantes del racionalismo, amén de la grandeza de aquellos que, como Platón, Sócrates, Aristóteles, Heráclito, etc., labraron el camino desde lejanos tiempos para que la verdadera filosofía se mantenga como algo viviente y capaz de llenar los grandes vacíos existenciales de nuestras vidas.

La incapacidad analítica, al menos con profundidad, que tiene lugar como resultante del vacío de la filosofía, vista esta última en su verdadero sentido fundamental y esencial, así como bajo la óptica de una aplicabilidad y un sentido de su praxis, ha conducido a las multitudes adoctrinadas bajo los hipnóticos efectos del marxismo-leninismo a un estado de aceptación y de resignación no propias de los hombres que han podido y querido adentrarse en las concepciones acerca de la libertad, la democracia, la política, la sociedad civil, la ética, y hasta el arte, aspectos y materias que analizadas desde una perspectiva antidogmática – como puede hacerse con un sentido analítico desde los preceptos de la filosofía– tendrían una propuesta y un significado diferente al que se les ha impuesto.

Los vínculos entre la política y la filosofía son innegables. La política es parte de la filosofía, de ahí la existencia de la filosofía política contemporánea como disciplina.Téngase presente que desde los lejanos tiempos de Sócrates, Platón y Aristóteles, y luego, muchos siglos después, en los brillantes años de la Ilustración, cuyos representantes más prominentes fueron: Montesquieu, Voltaire y Rousseau, la política estuvo presente como elemento inseparable de sus sendas especulaciones filosóficas. 

Para Platón lo más importante en la ciudad y en el hombre era la justicia, no como elemento teórico decorativo, sino como modo y modelo de vida. Para el considerado padre de la filosofía, al menos en el occidente, el Estado estaría basado en una necesidad ética de justicia; igualmente insistió en que los gobernantes y reyes deberían filosofar hasta tanto se concordara el poder político con el poder filosófico, sin lo cual las ciudades y los hombres no tendrían paz. Montesquieu, quien además de filósofo se desempeñó como jurista, se refirió a la necesidad de la división de los poderes del Estado, en legislativo, ejecutivo y judicial. Voltaire en sus Cartas Inglesas o Filosóficas, en las que aborda el álgido tema de la religión, la política y el comercio, precisó que la ciencia, el conocimiento de la verdad, es la base del espíritu libre y tolerante que debía imponerse a través de toda la sociedad, para lo que estableció superar todas las discusiones metafísicas para avanzar desde las ideas más simples, esto es, tratando de darle a la reflexión filosófica un sentido más práctico. Rousseau con su teoría de El Contrato Social pretendió fundamentar gran parte de la filosofía liberal, en especial el liberalismo clásico por su visión filosófica del individuo como elemento fundamental, que luego decide vivir en sociedad por lo que necesita del Estado de Derecho que asegure las libertades para poder convivir, con lo que fomentó una nueva política basada en la voluntad general y en el pueblo como depositario de la soberanía. 

De conocimientos como estos fueron privados aquellos que estudiaron y que aún estudian en centros docentes en los que se rigen por los esquemáticos y dogmáticos preceptos marxistas. No es conveniente para los encargados de dirigir (manipular y controlar) el pensamiento de los hombres que se conozcan las ideas acerca de la necesaria separación de los poderes del estado, de la libertad de pensamiento y expresión, del papel de la sociedad civil en las democracias participativas. 

En su lugar se impone la verborrea marxista de la plusvalía, los males del capitalismo, la desaparición de la lucha de clases, y lo peor, la estrafalaria utopía de que el comunismo será la fase superior del socialismo, esto es, el equivalente de un paraíso –con lo que se contradicen toda vez que niegan el desarrollo al proclamar un clímax de avance social insuperable y no sujeto a poder trascenderse por nuevas formas–, algo que visto en la teoría puede resultar atractivo como hipótesis para algunos principiantes; pero que, como todos sabemos, en el orden práctico ha sido un fracaso total en todas partes y en todos sus intentos, desde la casi olvidada Icaria cristiana de Cabet hasta el Socialismo Latinoamericano del siglo XXI.

Al final el resultado del experimento marxista no es otro que la formación de un ser que repite mecánicamente lo que otros dicen que dijeron; un ser carente del juicio valorativo y crítico para distinguir entre lo real y lo aparente, entre lo verdadero y lo falso, entre lo positivo y lo negativo; un ser fanatizado en “ideales” que nunca tuvieron razón de ser y que hoy se han perdido para siempre. 

Una dosis de filosofía, en el verdadero sentido y significado de esta gran rama del saber, es necesaria para estimular el pensamiento especulativo y analítico del hombre. Solo así saldrá del estatismo mental inducido por el engendro del marxismo leninismo, el verdadero opio de los hombres. 


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