sábado, julio 11, 2026

Cuba: A cinco años del estallido social del 11 de julio de 2021 '¿qué falta por hacer?'. GLEYVIS CORO: POESÍA SIN FIN.

 




**********

Cuba en Miami

11 de julio, 2026

A 5 Años del 11J: El Fuerte Mensaje de Marco Rubio Sobre Cuba


Cubanos por el Mundo

11 de julio, 2026

11 de julio: cubanos se movilizan en Miami y ciudades del mundo

********

Tomado de https://patriademarti.com

El 11J a las cinco: la verdadera revolución inconclusa de Cuba

Por Julio M. Shiling 

Julio 10, 2026

Read in English


Han pasado cinco años desde el 11 de julio de 2021 (11J), cuando miles de cubanos salieron a las calles en el mayor levantamiento nacional desde el establecimiento de la dictadura castrocomunista. Las manifestaciones hicieron añicos uno de los mitos más arraigados del régimen: que el pueblo cubano había aceptado el régimen comunista. Por el contrario, el 11J puso al descubierto una nación agotada por más de seis décadas de represión política, ruina económica y violaciones sistemáticas de los derechos humanos fundamentales.

Los acontecimientos del 11J revelaron dos realidades perdurables. En primer lugar, la abrumadora mayoría de los cubanos está profundamente insatisfecha con el sistema político vigente. El carácter espontáneo de las manifestaciones —que estallaron simultáneamente en docenas de ciudades y pueblos sin un liderazgo centralizado— demostró que el descontento había llegado a todos los sectores de la sociedad. Los cubanos se manifestaron no solo por la escasez de alimentos, medicinas o electricidad, sino porque reconocieron que estas penurias eran síntomas de una enfermedad más profunda: un sistema totalitario irremediablemente fallido.

En segundo lugar, el 11 de julio confirmó que el castrocomunismo solo puede sobrevivir mediante el ejercicio continuado del terrorismo de Estado. La respuesta inmediata del régimen no fue el diálogo ni la reforma, sino la represión. Los manifestantes pacíficos fueron golpeados, detenidos arbitrariamente, sometidos a juicios sumarios y condenados a penas de prisión extraordinariamente severas. El sistema de prisiones políticas de puerta giratoria de Cuba comunista, según el informe de julio de Prisoners Defenders, cuenta actualmente con 1.306 reclusos. Muchos de ellos son jóvenes, mujeres y personas que nunca habrían sido procesadas en ninguna sociedad democrática civilizada. Siguen surgiendo con regularidad alarmante denuncias de tortura, abuso psicológico, denegación de tratamiento médico y condiciones carcelarias inhumanas.

La reacción de la dictadura se desarrolló a través de tres estrategias distintas, pero complementarias, diseñadas para preservar su monopolio del poder. La primera fue una brutal represión a nivel nacional. Las fuerzas de seguridad, el Ministerio del Interior (MININT), los agentes de la seguridad del Estado y los grupos paramilitares progubernamentales reprimieron rápidamente las manifestaciones mediante una fuerza abrumadora. El proceso judicial posterior se convirtió en una prolongación de la represión política más que en un instrumento de justicia. Durante este periodo, también surgieron dudas en torno a las muertes inexplicables de numerosos altos cargos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y del MININT, hechos que nunca han recibido una explicación pública transparente.

La segunda estrategia buscó neutralizar el impulso generado por el 11J mediante la manipulación política. Las manifestaciones propuestas para el 15 de noviembre (15N), organizadas por el movimiento Archipiélago, parecían inicialmente capaces de convertirse en una segunda movilización a nivel nacional. En cambio, el régimen logró infiltrarse, vigilar y, en última instancia, neutralizar la iniciativa a través de su extenso aparato de inteligencia, privando a la oposición del impulso que podría haber transformado el 11J en un movimiento cívico sostenido.

La tercera respuesta se basó en un instrumento ya conocido que el régimen castrista ha empleado repetidamente a lo largo de su historia: facilitar la emigración masiva. A través de la política de exención de visados de Nicaragua y de las rutas migratorias por Centroamérica y México, cientos de miles de cubanos abandonaron la isla, y muchos de ellos acabaron entrando en Estados Unidos. Este éxodo masivo alivió la presión social interna, al tiempo que exportaba al extranjero las consecuencias del fracaso político de Cuba. La crisis migratoria se convirtió en otro mecanismo para preservar la dictadura, en lugar de abordar las causas que obligaban a los cubanos a huir.

A pesar de estos esfuerzos, el espíritu del 11J no ha desaparecido. Durante los últimos cinco años han continuado las manifestaciones de menor envergadura en toda la isla, especialmente en respuesta a los prolongados cortes de electricidad, la escasez de alimentos y el deterioro de las condiciones de vida. Sin embargo, tras haber sido tomado por sorpresa en julio de 2021, el régimen se ha adaptado. Los servicios de seguridad intervienen ahora de forma preventiva, recurriendo a la vigilancia, las detenciones preventivas, la intimidación, las restricciones en Internet y las fuerzas de respuesta rápida para evitar que las protestas localizadas se conviertan en otro levantamiento a nivel nacional. La represión se ha vuelto más sofisticada, pero no menos brutal.

Mientras tanto, el contraste entre la élite gobernante de Cuba y los ciudadanos de a pie es cada vez más marcado. El régimen ha evolucionado hasta convertirse en lo que muchos académicos describen como una cleptocracia sultanista centrada en una familia gobernante ampliada y una estrecha aristocracia política. Mientras que la gran mayoría de los cubanos soportan una escasez crónica, unas infraestructuras en ruinas y una desesperación económica casi total, quienes están vinculados a los centros de poder siguen disfrutando de un acceso privilegiado a la riqueza, a los productos importados, a instalaciones exclusivas y a oportunidades inaccesibles para la inmensa parte de la población. La retórica ideológica de la igualdad ha dado paso hace tiempo a una realidad inconfundible de privilegios políticos.

Más allá de las fronteras de Cuba, la dictadura sigue siendo una fuente de inestabilidad regional. Las sucesivas administraciones estadounidenses han reconocido que el régimen castrista plantea retos que van más allá de la propia isla. La Habana sigue siendo un importante centro neurálgico para los movimientos antidemocráticos de toda América Latina, al tiempo que mantiene estrechas relaciones estratégicas con China, Rusia, Irán y Corea del Norte. Los servicios de inteligencia cubanos han ejercido históricamente una influencia muy superior al tamaño del país, lo que convierte a la isla en una plataforma estratégica para los rivales geopolíticos que buscan una mayor influencia en el hemisferio occidental.

Hoy en día, el régimen habla cada vez más de «reformas» económicas, al tiempo que evita cuidadosamente cualquier debate sobre una auténtica liberalización política. Tales propuestas malinterpretan —u ocultan deliberadamente— la naturaleza de la crisis cubana. El problema fundamental no es económico, sino político. Los ajustes económicos aplicados por un Estado totalitario no pueden generar libertad, justicia o una reconciliación nacional significativa. Sin tribunales independientes, elecciones libres, libertad de expresión, propiedad privada protegida por la ley y un gobierno constitucional auténtico, los retoques económicos no hacen más que prolongar el régimen dictatorial. Un sistema basado en el control político absoluto no puede reformarse únicamente mediante modificaciones administrativas.

Mientras Estados Unidos conmemora el 250.º aniversario de su lucha por la independencia, la historia nos ofrece un recordatorio instructivo. Estados Unidos no consiguió su libertad de forma aislada. La intervención militar francesa resultó decisiva en Yorktown, mientras que la ayuda financiera española también contribuyó de manera demostrativa a la causa estadounidense. Este es solo un ejemplo de intervención extranjera que benefició sustancialmente a Estados Unidos. Se puede argumentar perfectamente —y Washington debería recordarlo— que, sin la ayuda militar francesa, Estados Unidos probablemente habría acabado como Canadá. Las luchas exitosas por la libertad dependen con frecuencia del apoyo de aliados democráticos dispuestos a enfrentarse a la tiranía.

El pueblo cubano ya ha demostrado su deseo de libertad. Lo hizo con valentía el 11 de julio de 2021 y sigue demostrándolo a través de su resistencia diaria, a pesar de los riesgos extraordinarios. Cinco años después, la lección del 11 de julio sigue siendo inequívoca. La dictadura cubana nunca ha contado con el consentimiento de su pueblo, como exige una democracia. Gobierna únicamente mediante el miedo, la coacción y la represión. La tarea pendiente para el mundo democrático no es fomentar reformas cosméticas que prolonguen el castrocomunismo, sino apoyar la restauración de la libertad, la justicia, el gobierno constitucional y la soberanía nacional para el pueblo cubano.

© Patria de Martí. Todos los derechos reservados.

********

Tomado de https://diariodecuba.com/

A cinco años del 11J en Cuba, '¿qué falta por hacer?'

*********

Justicia 11J lanza la campaña 'Cinco años sin justicia' y recuerda que al menos 337 manifestantes continúan presos por las protestas de julio de 2021.

*********

DDC

La Habana

10 de julio  2026 

Cinco años después de las históricas protestas del 11 de julio de 2021, la organización Justicia 11J lanzó la campaña "Cinco años sin justicia", articulada alrededor de dos preguntas que buscan reabrir el debate sobre la situación de los presos políticos cubanos: "¿Qué queda pendiente? ¿Qué falta por hacer?"

La iniciativa pretende impulsar una nueva etapa de acciones para exigir la liberación de quienes permanecen encarcelados por las manifestaciones de julio de 2021 y replantear las estrategias de acompañamiento, denuncia y presión sobre el régimen cubano.

"Queremos imaginar nuevas maneras de abrir caminos para la libertad. Por esta razón nos preguntamos: ¿Qué queda pendiente? ¿Qué falta por hacer?", señaló la organización al presentar la campaña. "Es una oportunidad para repensar, junto a quienes quieran sumarse, nuevas maneras de acompañar, denunciar, presionar e insistir hasta que sean libres todas las personas presas por motivos políticos en Cuba".

Justicia 11J recordó que ha documentado al menos 1.600 detenciones relacionadas con las protestas antigubernamentales que estallaron el 11 de julio de 2021. Según el grupo, de ese total, 337 personas continúan privadas de libertad por el escenario represivo abierto tras aquellas manifestaciones.

Subrayó que la mayoría de los encarcelados no pertenecían a organizaciones opositoras ni eran figuras políticas conocidas, sino ciudadanos comunes —trabajadores, estudiantes, madres y padres de familia— que salieron a las calles para exigir libertad y mejores condiciones de vida.

"El tiempo también ha sido parte del castigo", advirtió Justicia 11J. Según sus registros, la mediana de las condenas impuestas alcanza los diez años de prisión; 167 personas cumplen sanciones de diez años o más, mientras la condena más elevada asciende a 22 años.

"Estos datos resumen años de vida robados a cientos de personas, el dolor de familias obligadas a resistir la separación y comunidades marcadas por la represión", señaló la organización, que insistió en que la deuda pendiente sigue siendo "la libertad de todas las personas presas por motivos políticos y garantías de que nadie vuelva a ser encarcelado por ejercer sus derechos".

La campaña coincide con un nuevo endurecimiento de la respuesta del régimen frente al descontento social. En los últimos días, las protestas provocadas por los apagones, la falta de agua y el deterioro de las condiciones de vida han vuelto a ser respondidas con detenciones, operativos policiales y vigilancia de la Seguridad del Estado, especialmente en La Habana.

En ese contexto, uno de los rostros más conocidos del 11J vuelve a estar tras las rejas.

A solo dos días del quinto aniversario de las protestas, Yoan de la Cruz, el joven de San Antonio de los Baños que transmitió en directo algunas de las primeras imágenes del estallido social de 2021, cumplió dos meses detenido bajo una investigación por un presunto delito de tráfico de divisas.

La Seguridad del Estado lo mantiene recluido en la unidad de operaciones conocida como "el Técnico", en Guanajay, en condiciones que su madre, Maribel Cruz, calificó de inhumanas.

"Él me ha dicho que es mejor estar en una prisión que estar ahí", declaró a Martí Noticias, al describir una celda afectada por el calor extremo, los apagones, los mosquitos y las chinches.

De la Cruz fue detenido el pasado 9 de mayo durante un operativo en el que agentes de la Seguridad del Estado y de la Policía Nacional Revolucionaria registraron su vivienda y ocuparon computadoras, teléfonos móviles, dinero en efectivo y otros efectos personales.

Las autoridades sostienen que el joven incurrió en tráfico de divisas por entregar una remesa enviada desde Estados Unidos a una persona presuntamente vinculada con un acto de sabotaje. Su familia rechaza esa versión y considera que el verdadero motivo de su encarcelamiento es su protagonismo durante las protestas del 11J.

Como es un preso del 11 de julio, lo tienen mal mirado", afirmó su madre, quien recordó que la distribución informal de remesas es una práctica cotidiana en Cuba y rara vez da lugar a procesos penales.

Tras las manifestaciones de 2021, De la Cruz fue condenado inicialmente a seis años de prisión, sanción reducida posteriormente a cinco años sin internamiento. Ahora permanece nuevamente en prisión preventiva mientras la Fiscalía rechaza todas las solicitudes de cambio de medida cautelar presentadas por su defensa. 

*************

Gleyvis Coro Montanet
Nov 12, 2021

GLEYVIS CORO POESÍA SIN FIN



elTOQUE

11 julio, 2025



 Patria y Vida. 11 de Julio - Mini Documental (Manifestaciones en Cuba)


NTN24
11 de julio, 2025

Se cumplen cuatro años de las históricas protestas del 11J en Cuba






Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,