domingo, octubre 25, 2009

El legendario comandante cubano, Huber Matos, dice tener el compromiso de regresar a la isla.

Tomado de El Nuevo Herald.com

El legendario comandante cubano, Huber Matos, dice tener el compromiso de regresar a la isla.



Por WILFREDO CANCIO ISLA
wcancio@elnuevoherald.com

En la madrugada del 21 de octubre de 1959, el legendario comandante Huber Matos tuvo la sensación de que aquel sería el último día de su vida y decidió grabar su testamento político para la posteridad antes de que la tropa de Camilo Cienfuegos llegara al Regimiento Militar de Camagüey para arrestarlo por supuesta traición a la patria.

"Fue una respuesta a las acusaciones de traidor y sedicioso que había lanzado Fidel Castro contra mí en las horas que siguieron a mi carta de renuncia'', recordó Matos el miércoles desde su casa en Miami. "Estaba convencido que tenía las horas contadas y le pedí al capitán Rosendo Lugo que encendiera una grabadora, pues quería dejar grabada toda la verdad para el pueblo cubano''.

Luego del arresto y procesamiento judicial de Matos por un consejo de guerra en La Habana, la cinta fue sacada de la comandancia de Camagüey en circunstancias desconocidas y enviada subrepticiamente a Puerto Rico, donde terminó registrada en un acetato de larga duración.

La grabación --con apenas 20 minutos de duración-- es prácticamente desconocida y Matos ha recuperado una copia de manos amigas para escucharla junto a amigos y seguidores, 50 años después de los vertiginosos acontecimientos que lo llevaron a la prisión y al exilio. La reunión para rememorar la histórica renuncia del entonces mítico comandante revolucionario se efectuará este domingo 25, a partir de las 9:30 a.m., en las oficinas de la organización Cuba Independiente y Democrática (CID), en el 10020 SW 37 Terrace, Miami. La sesión estará abierta al público.

Vital y lúcido a los 91 años, Matos rememora el momento crucial de su renuncia, anunciada en una carta a Fidel Castro la víspera de su detención.

( Hubert Matos. Foto: Roberto Koltun/El Nuevo Herald )

"Mi verdadero propósito fue alertar al pueblo cubano en un intento por evitar la tragedia que se avecinaba'', manifestó Matos. "Para esa fecha estaba convencido de que Fidel Castro era parte de la conspiración comunista fraguada por Raúl Castro y [Ernesto] el Che Guevara. Queríamos parar la traición y restituir la república sobre el respeto a las estructuras democráticas''.

Matos había presentado una solicitud de renuncia a su cargo de comandante del Ejército Rebelde en junio de 1959, inconforme con la inclinación comunista del proceso revolucionario, pero Castro no la aceptó.

Cuatro meses después, el 20 de octubre, envía una carta definitiva al líder cubano: "No deseo convertirme en obstáculo de la revolución y creo que teniendo que escoger entre adaptarme o arrinconarme para no hacer daño, lo honrado y lo revolucionario es irse''.

La reacción de Castro no se hizo esperar. Lanzó airadas acusaciones contra Matos arengando al pueblo a través de la radio, ordenó a la policía y a las fuerzas tácticas del aeropuerto de Camagüey que se sublevaran contra el mando militar, y envió a Camilo Cienfuegos a arrestar al supuesto jefe insubordinado.

"Todo fue preparado por Castro para que hubiera un enfrentamiento para meternos en la trampa de la rebelión'', consideró. "Afortunadamente me reuní con todos los jefes del regimiento, que eran unos 950 hombres dispuestos a pelear, y barraca por barraca fuimos diciéndoles que nadie podía desenfundar un arma, porque hubiera sido un baño de sangre''.

De los hechos traumáticos que rodearon aquellas horas, confiesa que nunca podrá olvidar el gesto de dos entrañables integrantes de su tropa que se suicidaron en señal de protesta tras conocer las órdenes de Castro: el capitán José Manuel Hernández, que se suicidó de un balazo en la sien, y el teniente José León García, quien, desarmado, se partió el corazón con un cuchillo.

Matos recuerda que durante su destitución, Camilo Cienfuegos llamó a Fidel Castro para decirle que se estaba cometiendo una injusticia.

"Camilo estaba abochornado por la misión de destituirme y llamó por teléfono a Fidel para decirle que era una metedura de pata lo que se estaba haciendo conmigo y con mis subordinados'', relató. "La respuesta del otro lado de la línea la escuchó en silencio, poniéndose pálido, con el rostro desencajado. En ese momento tuve el primer presentimiento de que la carrera de Camilo estaba acabada''.

Cienfuegos desapareció misteriosamente el 28 de octubre de 1959 cuando se trasladaba de Camagüey a La Habana en un avión Cessna, sin que se hallaran rastros de la catástrofe. Matos dice que está convencido de que fue un asesinato perpetrado por Fidel Castro.

Días antes de la desaparición de Cienfuegos, Matos fue trasladado a La Habana custodiado personalmente por el comandante Ramiro Valdés, jefe de inteligencia del Ejército Rebelde (G-2) y posterior ministro del Interior. Entre el 11 y el 15 de diciembre transcurrió el consejo de guerra, que le impuso una condena de 20 años de cárcel.

Matos cumplió la sanción penitenciaria hasta el último día. Fue liberado el 21 de octubre de 1979 y enviado a Costa Rica apenas horas después de salir de la cárcel. No pudo cumplir con su voluntad de visitar la tumba de su madre, en el poblado oriental de Yara, antes de marchar forzosamente al exilio.

Pero asevera que no guarda odio en su corazón y no puede ocultar su entusiasmo cuando habla del futuro de Cuba.

"Vivo con la convicción de que voy a regresar a Cuba, no para meterme a aspirar a puestos gubernamentales a mi edad, sino para ser un promotor de las instituciones democráticas que permitan el renacimiento de la nación'', afirmó Matos. "No me arrepiento de haber luchado por derrocar a una dictadura militar [Fulgencio Batista], sino de que mi esfuerzo haya servido para llevar al poder a este fraude que se dice llamar revolución cubana''.

Está al tanto de la actualidad cubana y del desempeño de los jóvenes desafectos al régimen. Elogia y lee con frecuencia los textos de la reconocida bloguera Yoani Sánchez y días atrás recibió en su casa al rockero Gorki Aguila, un feroz crítico del sistema comunista de la isla.

"El daño que ha hecho Fidel Castro a la nación cubana va a necesitar varias generaciones para repararlo y nunca regresaremos al punto de partida'', reflexionó Matos, autor del libro de memorias Cómo llegó la noche (2002). "Castro ha convertido la república en un feudo, en un prostíbulo, en un manicomio''.

Matos no es partidario de mantener la pena de muerte de manera permanente en la Cuba futura, pero considera que "no debe haber perdón para los principales culpables de la tragedia nacional''.

"Estoy a favor de un Nuremberg cubano para juzgar a los que teniendo la opción de redimirse, no se rediman'', opinó. "Pero Fidel y Raúl Castro tendrán que ser colgados de las farolas del Malecón de La Habana si llegan con vida al final de este proceso. Dejarlos vivos sería un gesto de debilidad que no debería permitirse el pueblo cubano''.
Huber Matos: anecdotario en primera persona

A 50 años de los dramáticos sucesos que estremecieron la vida cubana tras anunciar su renuncia como comandante revolucionario, Huber Matos está más comprometido que nunca a no olvidar. Cree en la memoria como un recurso para salvar el futuro de Cuba y recuenta su pasado de aventuras, triunfos y agonías con la pasión de un guerrero que no escatima energías ni tiempo para hablar de la patria.

Matos, de 91 años, no se cansa de relatar con lujo de detalles las anécdotas que rodearon sus días de gloria y su decepción del poder revolucionario, codeándose con los principales hombres de aquella gesta liderada por Fidel Castro.

Este domingo reunirá en las oficinas de la organización que dirige, Cuba Independiente y Democrática (CID), a amigos y seguidores para escuchar una grabación que hiciera en la madrugada del 21 de octubre de 1959, cuando presintió que ese sería el último día de su existencia. La cinta fue conservada y sacada de Cuba hacia Puerto Rico poco después de su arresto, y ha podido conservarse hasta hoy en un disco de acetato. El mensaje dedicado al pueblo cubano es una apelación final a Fidel Castro, reafirmando la lealtad a los principios democráticos.

Y Matos también hablará de sus sueños patrióticos y recordará anécdotas que son parte indisoluble de la historia de Cuba. En primera persona.

Antagonismo con Fidel

Fidel Castro y yo siempre tuvimos un marcado antagonismo personal, porque a pesar de que él reconocía mi capacidad organizativa y liderazgo, era una persona que acostumbraba a insultar y humillar a sus subordinados, y conmigo eso no funcionó, simplemente no se lo permití nunca. Por eso decía que yo era muy impulsivo. A veces eran insultos con palabrotas y agravios delante de toda la gente, con el fin de avergonzarte. Recuerdo una reunión en el Tribunal de Cuentas de La Habana, a fines de marzo de 1959, con más de 100 miembros de la dirigencia del Movimiento 26 de Julio y del Gobierno revolucionario. Allí Fidel la emprendió contra el propio Raúl Castro por la tardanza en el traslado de los campamentos militares. Le dijo indecencias realmente indecorosas. Raúl salió de allí llorando, con la cabeza baja.

La popularidad de Camilo

Fidel sentía un celo tremendo por la popularidad de Camilo Cienfuegos, que era un líder natural, con una simpatía que contagiaba. Y porque era un hombre extremadamente valiente. El había establecido que los cinco jefes principales de la revolución éramos, por orden de jerarquía, Fidel, Raúl, Huber Matos, Camilo y el Che Guevara. Pero desde muy al principio del triunfo, en los primeros meses de 1959, comenzó a hablarme mal de Camilo. Me dijo que había cometido un error al nombrarlo al frente del Estado Mayor del Ejército Rebelde. Que Camilo era un bohemio, que tomaba demasiado aguardiente y lo descocaban las mujeres. Camilo cayó en desgracia por su carisma de gente de pueblo. Estaba también muy preocupado por el rumbo comunista que se asomaba ya en la revolución. De eso conversamos mucho Camilo y yo. Es muy curioso que en el último discurso de Camilo desde el Palacio de la Revolución, en el acto para denigrar sobre mi conducta, Fidel lo puso a hablar como penúltimo orador antes que él y se suponía que debía hablar de mí. Sin embargo, no pronunció mi nombre y terminó el discurso pronunciando los famosos versos de Bonifacio Byrne sobre la bandera. A mí me obligaron a oír ese discurso desde una celda en el Castillo del Morro y me sorprendió mucho que ni me mencionara ni pidiera paredón para mí. Eso yo pienso que fue su sentencia de muerte. Después de eso yo recibí los recados confidenciales de Camilo en la prisión, a través de un enviado del Estado Mayor, de que debía fugarme, porque me iban a fusilar. Su desaparición dos días después no hizo más que confirmar mis sospechas de que los Castro querían quitárselo del camino.

Los fusilamientos

Sí, en Camagüey hubo fusilamientos, pero traté de que los tribunales establecidos se guiaran por reglas definidas y que se condenara a morir estrictamente a aquellas personas que tenían crímenes probados, no por las arengas de Fidel Castro. Camagüey fue la región donde menos se fusiló en todo el país. Cuando Fidel venía a mi casa en Camagüey criticaba que no se estaba siendo enérgico en los juicios, que no se estaba fusilando suficiente. Decía que había que dar una lección histórica. Fue una estrategia calculada: sembrar el temor en el pueblo antes de que la revolución se tornara marxista leninista.

Raúl Castro y la noche de San Bartolomé

Raúl es un hombre muy hábil en la insidia, capaz de predisponer a una persona contra otra con mucha malicia. Es muy inteligente para la maldad y tiene sangre fría para matar. En una reunión que tuvimos en el Palacio Presidencial el 11 de junio de 1959 me dijo que para que la revolución se consolidara había que realizar en Cuba una noche de San Bartolomé, que es como se conoce la masacre perpetrada contra los hugonotes en Francia en 1572. Raúl me contó una vez que cuando él se estableció con su columna en la zona de Mayarí, en los días de la Sierra Maestra, eliminó a muchos rebeldes por ser indisciplinados, que se negaban a obedecer a su mando. "Les di guiso, guiso sin contemplaciones'', me dijo. En Santiago de Cuba, luego del triunfo de 1959, me dijo que de la justicia revolucionaria se encargaría él. La misma mañana del 12 de enero de 1959, cuando yo fui trasladado a Camagüey, fusiló a más de 100 personas en Santiago de Cuba.

Un hombre tenebroso

Ramiro Valdés estuvo a cargo de mi custodia cuando me arrestaron y fui trasladado desde Camagüey a La Habana. Es un asesino de pura raza, muy dócil a los Castro. Tenía cierta rivalidad con Raúl desde los días de la Sierra Maestra, pero eso ya lo superaron hace rato. Es un hombre tenebroso, le place hacer daño. En la Sierra tenía el rol de detectar y matar a los que se infiltraban en las filas rebeldes.

Mi amigo el Che Guevara

Conocí al Che en la Sierra , estuve al principio bajo sus órdenes y pronto hicimos una gran amistad. Era un aventurero que estaba aguardando por un espacio para cumplir alguna hazaña, y la revolución le venía al dedillo para sus propósitos. Eso me lo confesó él mismo cuando le pregunté por qué se había enrolado en la revolución. No era entonces un asesino nato, aunque luego en la Cabaña fusiló sin piedad a mucha gente. Fueron los Castro quienes lo convirtieron en un matarife, en una máquina de matar. Se acercó a mí porque yo tenía una preparación cultural y le gustaba debatir sobre literatura y escritores. Todas las mañanas hacíamos un tiempo para hablar de Dostoievski, de Víctor Hugo, de Balzac. Era un hombre culto. Un día le dije que me parecía que ideológicamente él estaba muy cerca del marxismo. "Yo tengo algo de marxista, pero nunca compatibilizaría con un sistema como el estalinismo soviético", me confesó. Creo que en ese momento hablaba con sinceridad.



* Carta de renuncia de Huber Matos (parte 1)
* Carta de renuncia de Huber Matos (parte 2)