martes, agosto 04, 2020

Zoé Valdés sobre el equivocado Eusebio Leal Spengler


Nota del Bloguista de  Baracutey Cubano


Cuando a finales de 1878 Juan Gualberto regresa a La Habana, conoce a  José Martí a través de un amigo en común, Don Nicolás Azcarate, que los pone en contacto en el bufete de Miguel F. Viondi, ubicado en la calle Mercaderes no. 2, Esquina Empedrado.

A partir de aquel encuentro comienzan a  verse todos los días, el propio Viondi les ofreció un despacho en su propio edificio, para que estuvieran más aislados.

El servil y canalla al desnudo:


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Tomado de https://www.cibercuba.com/

El equivocado Leal


Por Zoé Valdés
Agosto 3, 2020

Conocí a Eusebio Leal Spengler en el año 1979, a través del escritor cubano Manuel Pereira, quien en la actualidad vive en México. Ellos eran muy amigos y yo iniciaba una relación profundamente amorosa con Pereira cuyo matrimonio duró siete años.

Eusebio Leal Spengler, el apellido de su padre colocado al final, antes el de su madre (según contaba él, luego se verificaría que se trataba de una de sus mentiras), con quien se crió, en ausencia de su padre (batistiano), según tengo entendido, me pareció un hombre muy simpático.

Siempre andaba corriendo de un lado a otro de la ciudad, paraba poco en su oficina, y cuando llegaba iba saludando invariable y particularmente desde el vigilante hasta al anciano hijo del presidente Zayas, a las guardianas del museo. Desgranaba simpatía, aunque repartía órdenes muy estrictas y rigurosas que había que cumplir de inmediato.

En la época en la que lo frecuenté, algunas secretarias llegaban y se iban con toda rapidez porque no soportaban su ritmo o él no aguantaba la lentitud de ellas, hasta que se quedó con una llamada Diana.

Su brazo derecho, o eso hacía entrever, era otra funcionaria llamada Rayda Mara. Existía también el investigador e historiador, además de arquitecto, el chino Leonel S. Marrero, cuyo rostro denotaba su origen chino, y un equipo de arquitectos entre los que se encontraba una chilena que fue el amor de la vida de Silvio Rodríguez en la época, y dos cubanos, un hombre y una mujer. El arquitecto cubano se quedó algunos años más tarde en Italia, hoy vive en Miami.

Durante la época en que conocí a Eusebio Leal cambió de esposa en cuatro ocasiones, la primera, la madre de sus dos hijos Vivian y Javier, la segunda, Margarita, graduada en Historia del Arte, madre de su hijo Carlos Manuel, después Yamile Mansor, abogada, con la que no tuvo hijos, y Beatriz, una joven estudiante, a la que apenas conocí, porque ya en aquella época nos veíamos poco, y que lo dejó para casarse con uno de esos cubanos exiliados que en Cuba se decía -por debajo del tapete- que se trataba de un prófugo de la justicia norteamericana y otros opinaban que viajaba a Cuba con la esperanza de invertir dinero en aquella isla. Como un Carlos Saladrigas avant la lettre.

Eusebio Leal, sin el Spengler, apellido al que él no recurría nunca o casi nunca, en aquella época era un hombre enardecido que luchaba a brazo partido por el poder de la ciudad. No dudo un instante que su amor por La Habana Vieja fuera verdadero. Antes de llegar al salón que hacía de su oficina decidió conservar otro espacioso salón donde se encontraba la oficina de quien fuera su antecesor Emilio Roig de Leuschering, allí iba su viuda, María Benítez, a diario para hacer cualquier tarea que se le indicara. La recuerdo como una mujer elegante y silenciosa. Leal la utilizaba además como objeto de interés turístico o blasón de amistad.

Leal no era militante del Partido Comunista, y se debatía arduamente por ser aceptado en sus filas, su pasado católico se lo impedía. Tampoco era graduado universitario (estudiaba en el Curso para Trabajadores) ni contaba con publicaciones que lo validaran para heredar el puesto que había alcanzado –como él mismo decía- debido a su amistad y fidelidad con el antiguo historiador y su afectada devoción hacia una gran cantidad de personas, muy ancianas ya, de la antigua y altísima sacarocracia y burguesía cubana a quienes visitaba, y que decía que veneraba devotamente, o al menos eso parecía. Una de ellas, Dulce María Loynaz.

La amistad con estas personas, Sara Soler, la esposa del herrero Soler, y con una gran cantidad de ancianas a las que visitaba a diario, le abrió las puertas y la confianza de una casta marginada y vapuleada por el comunismo. Pero al mismo tiempo Leal pretendía el poder, el poder por encima de quien más lo vetaba, el alcalde de La Habana, Oscar Fernández Mell. Entre ellos no se podían ver, pero Leal siempre fue una persona muy astuta y supo colársele a Fernández Mell brindándole actos y conciertos musicales y poniéndolo en el pedestal que el otro exigía. Leal Spengler supo ser el intermediario entre esa casta marginalizada y los comunistas de poca clase y fineza.

Poco a poco y durante los años ochenta Leal se fue convirtiendo en el “duende” de La Habana, así lo llamaban todos, incluidos los vecinos de los solares aledaños a sus predios, entre quienes hizo amigos y a quienes atendía con tesón. Él mismo vivía en una magnífica casa pintada por dentro de blanco y azul, el exterior de piedra de taille, con persianas y plantas que su madre, la buena y silenciosa Silvia, cuidaba con pasión.

Vi la transformación de Eusebio Leal, pero no le di importancia, en aquella época muchos se comportaban como él lo hacía. Finalmente consiguió su afiliación al PCC, lo reconocieron como historiador –algo que le costó un gran esfuerzo, debido a la gran cantidad de enemigos que tenía, aunque consiguió poco a poco ser apoyado por Haydée Santamaría y por Alfredo Guevara, así como por René Rodríguez, entre otros-. Eusebio Leal siempre se mantenía en un nerviosismo extremo, en un corre p’aquí y arranca p’allá, que daba la sensación de que estaba en aquel momento haciendo su propia revolución. Una revolución a favor de los vecinos de La Habana Vieja. A algunos les prometió villas y castillos, lo que no cumplió.

Excavó La Habana Vieja, alrededor del Museo de la Ciudad, su cuartel, y de la Oficina del Historiador, encontró como tesoro esencial una botellería antigua de lo que fueron los vinos y las cervezas que se tomaron los españoles, y empezó a crear su propia leyenda. Esa leyenda empezó con las conferencias que llevaron como título Andar La Habana. Cada miércoles, al inicio, y luego cada sábado.

Eusebio Leal recorría La Habana Vieja contándola desde su exaltado verbo de historiador callejero, inventaba leyendas, transformándolas hasta el delirio. Lo cierto es que tuvo un éxito enorme. Los habaneros iban a verlo desde todas partes de la ciudad para reunirse con él en el fórum empedrado del Parque de los Enamorados a oír lo que a través del verbo –a veces cursi y hasta picúo- de Leal le contaba cada piedra de su antigua ciudad.

Su popularidad alcanzó niveles increíblemente peligrosos, porque en Cuba se puede ser de todo, menos más popular que los Castro, y su popularidad era su espada de Damocles, la que tuvo que empezar a dirigir –la popularidad, desde luego- a favor de los tiranos. No faltaba entonces el guiño final de cada intervención al identificar todo lo que él hacía como una obra de la revolución, incluso si la revolución no le daba un centavo por ello, o si lo despreciaba, hasta ese momento, ni contaba con su obra para llevar a cabo el trabajo de investigación y de restauración de La Habana.


Fui una de las que no se perdió una sola de sus conferencias. En aquella época estudiaba Filología en la Universidad de La Habana, leía enormemente y había vivido toda mi vida entre las piedras de la Ciudad Intramuros, primero en la calle Muralla, después en Empedrado, y más tarde en Mercaderes.

Eusebio Leal se dio cuenta al instante que yo conocía la ciudad como muy pocos. En una de las conversaciones en La Bodeguita del Medio mencioné que tendría que hacer mi trabajo de servicio social universitario, y mi esposo y él mismo me propusieron que lo hiciera en el Museo. Para mí fue de una gran alegría, primero porque me evitaba coger guaguas y alejarme de mi entorno, y segundo porque uno de los sitios que más amaba de la ciudad era el Museo. En una ocasión me tocó dar una visita dirigida, que terminó mal, porque el policía de la Plaza de la Catedral, creyendo que yo estaba molestando a los extranjeros, me montó en un patrullero, esposada.

En la Primera Unidad pasé momentos bastante angustiosos. Leal llegó allí al día siguiente, un poco tarde, no solo para remedar el error además para reprender al policía que era un pobre guajiro de Oriente que nada sabía de la Catedral ni de turistas –según la excusa que me dieron. Era la época en que empezaban a llegar los primeros visitantes europeos a la isla.

Después escribí tres crónicas sobre las conferencias de Leal que se publicaron en Granma a través de él. Más tarde trabajé durante meses en los dos últimos Diarios de Carlos Manuel de Céspedes, antes de morir en San Lorenzo.


Yo hacía la transcripción paleográfica de los Diarios a máquina valiéndome de una lámpara lupa (la foto de mi avatar en mi blog es de esa época, me la hizo Sonia Pérez) y Zayitas, el hijo del presidente Zayas, ordenaba aquellos documentos con sus referencias onomásticas e históricas, el glosario lo hice yo más tarde. Más tarde Rayda Mara se apoderaría de aquel trabajo como suyo, o quizás el mismo Leal se lo entregó para que ella se lo adjudicara, desconozco cómo se produjo el hecho posterior.

Leal tenía una gran facilidad de palabras, nunca la perdió, para la oratoria, una oratoria rimbombante, pero no así para la escritura. En varias ocasiones él escribía y otros reestructuraban sus textos. Su verdadero trabajo estaba en la acción: no se consideraba en aquella época un verdadero intelectual, sino más bien un investigador de la historia.

Era un hombre con una sonrisa forzada cuando el momento lo requería, casi siempre, o con una verdadera sonrisa cuando no estaba centrado en su verdadero objetivo: el poder. Podía ser muy amable, e igualmente muy altanero y rudo.

Sentía, según afirmaba una gran admiración por Fidel Castro, e intentaba llevarse de maravillas también con Raúl. Creo que la admiración por el primero era más bien actuada e hipócrita, pero supo de alguna manera metérselo en el bolsillo con sus extravagancias. Una de ellas fue sentarlo en el trono del rey de España en una de las salas de Museo, otra pedirle permiso para poder casarse en terceras nupcias, dado que para un militante sucedía lo mismo que para un católico, ese cambio tan frecuente de esposa se veía muy mal; para colmo, al parecer, Castro I tenía un gran aprecio por Margarita, la esposa a la que él dejaba en aquel momento por Yamile.

Así, haciéndose el gracioso indispensable y comprometiéndose cada vez más, se fue convirtiendo en uno de los hombres de confianza del régimen, en uno más del séquito, hasta cierto punto, además de un recaudador de divisas de armas tomar. En Francia algunos personajes de la política lo llamaron El Pedigüeño (Le Mendiant), porque siempre estaba pidiendo dinero para esto y para lo otro, y farolas para la ciudad, Y, con sus mítines históricos al parecer conseguía dormir al más pinto.

En una ocasión contó delante de mí que se había hecho de unas cuantas plumas antiguas y que con ellas iba abriéndose paso por el mundo. Le regaló una de esas plumas a Kadafi diciéndole que era un regalo que le entregaba de parte de Fidel Castro. Estuvo invitado por el Rey de España en varias oportunidades, y creo que hasta obtuvo una audiencia privada.

Al final, muchos años después, cuando yo ya apenas lo veía, nos encontrábamos por azar en algunas reuniones en casa de extranjeros o embajadas, él por su lado representando lo que representaba, y yo invitada por los diplomáticos, algunos ya conocían cómo yo pensaba en relación al castrismo.

Recuerdo una en particular: aquel día Leal había estado atacando fuertemente en la Asamblea del Poder Popular las antenas parabólicas artesanales vendidas en el mercado negro, las había calificado de ilegales, y que instalarlas eran verdaderos actos de corrupción, etcétera; lo que se había visto en la televisión cubana. Al saludarnos esa tarde, me le acerqué y le dije que yo tenía una, y que no entendía por qué él se había metido a denunciar lo de las antenas; sonrió y le preguntó al padre de mi hija si podía conseguirle una a él, para su casa.

No sé cuánto habrá ascendido Eusebio Leal Spengler en la confianza del tirano Raúl Castro, pero lo que sí se notaba qes que tenía mucho más poder del que él mismo hubiera podido imaginar, que alcanzó un puesto muy útil a la dictadura y que tal vez aspiraba a muchísimo más. Aunque dudo que Leal habría podido conseguir el poder absoluto, una vez desaparecidos los Castro I y II.

La pieza para mover y darle relevancia internacional a Mariela Castro, que es a la que quieren aupar como posible sucesora, podía haber sido sea Eusebio Leal, que es quien poseía conexiones para nada desdeñables, sobre todo en el mundo de la iglesia católica, y que sabía colarse en cualquier tipo de círculo, de hecho ya se había colado, sobre todo en esos círculos de la alta clase política y burguesa que se hace llamar de izquierdas, y también en la de derechas.

En resumen, en los círculos del poder político, y de las curias vaticanas. Allí habría llegado con el apoyo del que fuera embajador, Raúl Roa Kourí, entre otros. Su amistad con Carlos Manuel de Céspedes y con Jaime Ortega y Alamino también lo convirtió en un correveidile entre el poder y la iglesia, catapultándolo.

El mismo Alfredo Guevara se asombraba entonces de las habilidades de Leal Spengler, cuando todavía no había ni empezado a ser aceptado. De todo, de lo más mínimo, hacía un combate medieval, una batalla en la que iba armado como un gladiador, y de cada combate, sacaba una gloria personal, pero no le quedaba más remedio que poner esa gloria personal a favor del castrismo.

Los Diarios de Carlos Manuel de Céspedes, tardaron en publicarse, Castro I se negaba a ello, argumentando que de hacerlo se correría el riesgo de que las luchas intestinas que Céspedes señalaba en ellos podían ser comparadas e interpretadas por las que él mismo vivía en ese momento contra otros dirigentes, pero en realidad, a mi juicio lo que le molestaba era que en aquellos diarios apareció, por azar, esa frase tremenda de Céspedes: “La historia dictará su fallo”.

Lo que lo convertía a él en muy poco original con respecto a aquella frase suya del Moncada, o tal vez le molestaba que habiendo existido esa frase escrita tan poéticamente y muy anteriormente por un cubano y nada menos que por el Padre de la Patria, en un momento histórico que a él le hubiera convenido mejor, hubiera tenido que ir a copiársela a un tal Adolf Hitler. Leal se las apañó para convencerlo de lo contrario y por fin fueron editados los diarios en Colombia por primera vez –años más tarde en Cuba-, con un prólogo de Leal con el que se quedó endeudado de la pluma y el talento de algunos que trabajamos en la sombra.

Después de haberme acabado la vista con esos Diarios, mi nombre apareció apenas en letras muy pequeñas en los agradecimientos, entre el nombre del pobre Zayas, al que yo veía cada noche, escondido en la esquina entre Tejadillo y Villegas, contemplar a moco tendido el derrumbe de la estatua de su padre, mientras existió el Parque Zayas. Los demás en primer lugar, claro está. Y eso, en la edición colombiana, en la publicación cubana no existo.

Sí, Leal Spengler fue un hombre de mucho cuidado, pero también fue un hombre muy débil, porque el poder al que tanto aspiró, o los representantes desde hace más de medio siglo de ese poder, le sabían demasiados secretos.

Algunas de esas intimidades ya no tendrán valor ni actualidad, porque forman parte de la vida de un hombre muerto, que no tomó la pistola que guardaba en su escritorio para suicidarse a la edad en que murió Martí como tantas veces pronosticó que haría, pero sí le conocen otras debilidades de mayor peso que forman parte de la historia de su ascensión política y familiar, como escalador en esa soga podrida y frágil del poder, que en un país totalitario y castrista, un día se podría enrollar inesperadamente alrededor de unos cuantos cuellos. Eusebio fue el leal equivocado.

(Por ninguno de los trabajos fui remunerada. Eusebio Leal imprimió una litografía numerada, de un poema mío dedicado a Carlos Manuel de Céspedes, con un dibujo de un pintor del Taller de Grabados de la Plaza de la Catedral, lo que consideré una atención a mi trabajo.) Nota de la autora.

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Esteban Fernandez: CUANDO SE ACABÓ EL "YANQUIS GO HOME"

CUANDO SE ACABÓ EL "YANQUIS GO HOME"


Por Esteban Fernandez
Agosto 3, 2020

El primer indicio de lo que nos venía encima lo escribe Fidel Castro en una carta a Celia Sánchez en plena Sierra Maestra el 5 de junio de 1958 y decía así:

“Celia: Al ver los cohetes que tiraron en casa de Mario, me he jurado que los americanos van a pagar bien caro lo que están haciendo. Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta que ese va a ser mi destino verdadero. Fidel”...

Como la mayoría de los cubanos no vimos esa misiva quedamos sorprendidos con que desde que Fidel Castro pone una pata en la Habana lanza miles de diatribas contra los vecinos del norte quienes no solamente los veíamos como amigos sino hasta como benefactores.

Nadie en el Tercer Mundo desató tanta hostilidad contra Estados Unidos, y por tanto tiempo.

A cada zancada del recién estrenado tirano iba deshaciendo en pedazos toda la relación cubano-americana. Interviene todos los negocios y las propiedades estaunidenses en Cuba. Dejaron de circular los dólares y hasta convirtieron en un delito tenerlos.

Mañana, tarde y noche se sentían de una punta a la otra de nuestra nación los ensordecedores gritos de “¡Cuba si, yanquis no!”. A los jóvenes les cortaban las melenas y los castigaban severamente por "congraciarse con el imperio y sus costumbres". La música Punk era un delito.

Con enardecido y brutal discurso Castro los responsabiliza injustamente de la voladura del barco francés La Coubre en la Bahía de la Habana el 4 de marzo de 1960.

Del monumento a las víctimas y caidos durante la explosion del USS Maine (en la foto) el 15 febrero de 1898 le arrancan de raíz el águila norteamericana.

Fue prohibida toda la música, las películas, la indumentaria y todo lo que remotamente inspire o demuestre algunas simpatías por los norteamericanos.

Durante las décadas del 60 y 70, se la pasaron poniendo números del pop español en la radio para evitar canciones en inglés, la música del enemigo.

De la radio y la televisión desaparecen todas las melodías entonadas por artistas norteamericanos y hasta por exiliados como Celia Cruz. Elvis Presley y hasta los Beatles (que no son norteamericanos, pero cantaban en inglés) son considerados prohibidos y propaganda enemiga.

Los cubanos que deciden irse hacia el Norte son considerados escorias, gusanos, lumpen y cuantos epítetos despreciativos encuentran. Y les exigen a los adeptos al régimen que rompan toda relación con los desterrados.

En las escuelas, en todos los centros educacionales exhortan al odio contra USA.

Pero... para evitar la estruendosa caida de la tiranía y para no perder los privilegios la nueva clase y la familia Castro, desde que se acabó el subsidio soviético, han dado un giro de 360 grados en busca desesperada de dividas, de fulas, de dólares constantes y sonantes, los cuales ya han sido despenalizados.

Han sido desechados los gritos de "Yanquis go Home", de la Manzana de Gómez eliminan la estatua a Julio Antonio Mella, invitan a cantantes y deportistas a visitar a la Isla. Y a los artistas del patio los incitan a ir al otrora llamado “Norte Revuelto y Brutal” a actuar y regresar con los ansiados billetes verdes.

Permiten a los cubanos -que no son considerados enemigos- a regresar al país para que contribuyan en la desatrosa y calamitosa economía castrista.

Los norteamericanos y turistas pueden entrar en lugares como La Bodeguita del Medio, Tropicana, playas selectas y hoteles de lujos, donde los esbirros castristas no pueden penetrar. Tiendas donde solo se puede comprar en dólares. Durante la visita de Barack Obama se vieron cientos de banderas norteamericanas.

Los que presumían de haberse liberado de la tutela de USA ahora ponen anuncios en revistas, periódicos, internet, queriendo que los norteamericanos visiten a la Isla atraídos con fotos de bellas jineteras que en muchos casos son menores de edad. Y hasta celebran la Beatlemanía en el parque John Lennon.

El fracaso ha sido total, esa guerra anunciada desde junio de 1958 por Castro la han perdido, y el 99 por ciento de los cubanos, sobre todo los jóvenes, son más yanquistas, mas enamorados de los bienes de consumo, que nuestros hijos y nietos nacidos y criados en la abundancia yanqui.
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lunes, agosto 03, 2020

Dossier Steele: el origen de un golpe de Estado contra la elección y Presidencia de Donald Trump. Mientras en EEUU se desarrollaba la campaña presidencial, Hillary Clinton y el Partido Demócrata preparaban una operación para incriminar a Trump


Dossier Steele: el origen de un golpe de Estado

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Mientras en EEUU se desarrollaba la campaña presidencial, Hillary Clinton y el Partido Demócrata preparaban una operación para incriminar a Trump
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Por Juan Carlos Sánchez *
Agosto 2, 2020

En 1931 el escritor italiano Curzio Malaparte sacaba a la luz su libro Técnica del golpe de estado, en el que el controvertido ensayista analizaba, capítulo a capítulo, diferentes golpes de Estado, entre ellos el que perpetró Napoleón contra Francia en el 18 Brumario o el llevado a cabo por los bolcheviques en Rusia asesorados por Trotsky, el creador moderno de la toma del poder político a través de acciones orientadas desde instituciones y poderes civiles para generar inestabilidad y caos social.

En su libro, Malaparte esgrime una tesis de enorme maestría institucional que luego Foucault haría suya: el poder es logístico no es estático —se multiplica en redes de poder en constante mutación— y su alcance se decide sobre todo en las infraestructuras y en las instituciones. Su teoría encerraba una enorme verdad.

Tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha trascendido una serie de acontecimientos que demuestran que en el seno de algunas agencias de inteligencia e instituciones del poder público norteamericano podría haberse orquestado un golpe de Estado encubierto contra el presidente que resultó electo democráticamente en 2016.

En los últimos días se han conocido nuevos datos sobre el conocido “expediente Steele”, un archivo de 35 páginas hecho público el 10 de enero de 2017 que contenía una serie de informes en los que se aseguraba que el entonces candidato Trump había conspirado con Rusia para influir en las elecciones presidenciales.

Su autor, el exagente del MI6, Christopher Steele, reconoció el pasado 22 de julio, ante la Alta Corte de Justicia de Londres y Gales, que una buena parte de las informaciones que recogió en su dossier sobre Trump eran «inverificables».

Pero eso no les importó a quienes en su día querían destruir al candidato republicano.

Mientras en EE. UU. se desarrollaba, bajo apariencia de normalidad, la campaña presidencial, Hillary Clinton y el Comité Nacional del partido Demócrata preparaban una operación conjunta para incriminar a Trump. El “expediente Steele” fue encargado a la firma Fusion GPS, a través de su firma de abogados Perkins Coie y su financiación corrió a cargo de los demócratas.

Lo que debió haberse considerado una acción sucia de espionaje manipulado que incluía numerosa información sin contrastar, se convirtió en un documento oficial que llegó a manos del FBI a través del senador John McCain, según el diario británico ‘The Guardian’.

Una sucia campaña mediática para airear el supuesto escándalo sería el próximo paso. La empresa de medios de comunicación de Internet BuzzFeed fue la primera en publicar el controvertido informe y a continuación los reporteros de los principales medios de comunicación de los Estados Unidos, incluyendo The New York Times, The Washington Post, Yahoo News y CNN, se apresuraron a pulverizar la credibilidad del presidente.

De inmediato, el “expediente Steele” se convirtió en la punta de lanza del equipo de trabajo del Buró Federal de Investigaciones  (FBI) encargado de investigar la campaña de Trump. El operativo fue bautizado como ‘Crossfire Hurricane’. El primer paso fue solicitar la aplicación de la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISA) contra Carter Page, exasesor del entonces candidato republicano, por presuntos vínculos con Rusia, en las que desempeñó un papel fundamental su entonces director, James Comey, cesado más tarde del cargo.

Según un informe elaborado en 2019 por el inspector general del Departamento de Justicia, Michael Horowitz, la primera solicitud del FBI para llevar a cabo el proceso de vigilancia encubierta sobre Page se produjo en octubre de 2016, apoyándose en la información sin cotejar que ofrecía el “expediente Steele” y sin que, como señala Horowitz, el FBI tuviese «información que corroborara las acusaciones específicas contra Carter Page» en dichos informes.

En una entrevista reciente publicada por The New York Times, el abogado de Igor Danchenko declaró que su cliente, un antiguo analista de investigación de Brookings Institution en Washington D. C., fue quien proporcionó la información que sirvió de base al “expediente Steele”. Y a juzgar por investigaciones recientes, lo hizo desde EE. UU. apoyándose en informantes muy próximos a círculos oligarcas rusos y a los servicios de inteligencia de ese país.

El método poco riguroso que justificó la investigación se repite en lo sustancial en cada una de las etapas en las que los servicios de inteligencia planearon sus pesquisas. No solo las órdenes para espiar a Page se llevaron a cabo repetidamente, entre 2016 y 2017, sino que además un informe desclasificado hace tan solo unos días por el Departamento de Justicia prueba cómo altos funcionarios de la CIA cuestionaron a sus homólogos del FBI cuando estos se empecinaron en incluir el “expediente Steele” en el informe de Evaluación de la Comunidad de Inteligencia (ICA) sobre la supuesta interferencia de Rusia en las elecciones presidenciales de noviembre de 2016 en EE. UU., a pesar de la poca credibilidad que ofrecían sus informaciones.

Entre los archivos desclasificados figura una declaración del exdirector de la CIA, John Brenan, negándose a incorporar el referido expediente en la elaboración del informe de contrainteligencia, pese a la fuerte insistencia de James Comey para que el dossier formara parte de la evaluación.

El Comité Judicial del Senado ha ido más allá en sus declaraciones al asegurar que los funcionarios que tomaron la decisión de incluir el “expediente Steele” en el ICA, actuaron bajo las órdenes expresas del expresidente Barack Obama.

Por su parte, el expresidente del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, Devin Nunes, ha calificado la investigación sobre la campaña de Trump como una operación «corrupta desde el principio» en la que el FBI omitió pruebas requeridas en su momento por la corte FISA, y ha propuesto que se practiquen nuevas diligencias a la luz de los nuevos documentos revelados.

Asimismo, tras revisar las notas a pie de página del informe desclasificado, los senadores Chuck Grassley (Iowa) y Ron Johnson (Wis.) se han referido a la existencia de un plan de desinformación ruso durante las elecciones de 2016, más afín a la campana de Hillary Clinton que a la de Trump.

Grassley y Johnson estiman que la puesta en marcha de una investigación a ciegas por parte del FBI, a pesar de la información exculpatoria y contradictoria que le sirvió de guía para sus averiguaciones, solo legitimaba la narrativa de una conspiración contra el presidente Trump, aderezada a base de filtraciones, insinuaciones, informaciones falsas y acusaciones infundadas que han divido al país y dañado la credibilidad de una de las instituciones fundamentales de la democracia norteamericana.

Lo sucedido en los últimos meses no ha hecho sino confirmar esta terrible cadena de infamias.

El conocido como “expediente Steele” constituye uno de los episodios más graves de la historia de la lucha del Estado de derechos en EE. UU. contra la injerencia del Deep State. Muchos de los partidarios y autores intelectuales del informe han continuado en las instituciones, siendo costeados por los constituyentes norteamericanos.

Viendo las cosas con perspectiva, mientras se orquestaba una posible injerencia de una nación extranjera para interferir en las elecciones presidenciales de 2016, contra la que los servicios de inteligencia podrían haber actuado para desarticular la operación, presuntamente altos miembros de las fuerzas de inteligencia de EE. UU. prepararon paralelamente una investigación de contrainteligencia ilegítima con recursos públicos para espiar a líderes políticos rivales en provecho del partido del Gobierno de turno, evitando que se descubriera la vinculación de la misma con la campaña de Hillary Clinton.

Semejantes hechos habrían tenido como telón de fondo la tan desacreditada tesis de la injerencia rusa en las elecciones de EE. UU, en virtud de la cual el Partido Demócrata aspiraba a probar las evidencias de una campaña de hackeos por parte de Rusia que supuestamente buscaban impulsar la candidatura de Trump en 2016 y dañar a su oponente demócrata, a cambio de una política exterior pro-Rusia y un alivio en las sanciones económicas con las que el gobierno entrante beneficiara la oligarquía de Vladímir Putin.

Las órdenes para llevar a cabo estas presuntas acciones delictivas de investigación podrían haber partido de Hillary Clinton, incluso de Barack Obama, siendo innegable en cualquier caso la responsabilidad política de ambos. Era quizás lo lógico en una época en la que algunas instituciones democráticas habían perdido su independencia y ofrecía a sus funcionarios a los antojos de los servicios de inteligencia extranjeros para pactar el descuartizamiento de EE. UU., incluida la entrega del país a la mafia del globalismo mundial.

Tal vez era lo normal en una época en la que el mismo presidente del Gobierno, Barack Obama, en lugar de dar la orden de paralizar una investigación repugnante contra el principal rival político de su partido, le hacía llegar mensajes encubiertos a los ejecutores para seguir adelante con el juego sucio de una operación de enorme gravedad inconstitucional.

Una acción de ese tipo, de manera muy diferente a lo que sucedió mientras el fiscal especial de la trama rusa, Robert Mueller, tuvo durante 22 meses en sus manos la causa sin encontrar pruebas suficientes para certificar una conspiración criminal entre el equipo de Trump y Rusia, debe ser esclarecida y en el caso de demostrarse los hechos, castigada con todo el peso de la ley. En un Estado de derecho la policía ha de ser neutral, sujeta a una norma jurídica previamente aprobada y de conocimiento público para evitar que su politización se convierta en una peligrosa amenaza.

Recientemente, el fiscal general de Estados Unidos, William Barr, ha hecho pública su decisión de llegar hasta el final para esclarecer y procesar a todo los que han participado en esta operación conocida como «Russiagate» y que tenía como fin sabotear la Presidencia de los EE. UU.

Harían muy bien el presidente del Comité Judicial de la Cámara, Jerrold Nadler, y el presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara, Adam Schiff, si se decidieran hacer lo mismo.

La democracia norteamericana debería dar señales de su madurez, y la justicia —si es independiente mejor— le corresponde pronunciarse a través de la firmeza de sus procedimientos y sentencias, no a través de los medios de comunicación ni de las opiniones personales de aquellos que la imparten desde las instituciones públicas, con el solo fin de utilizarlas como pretexto para judicializar la política o politizar la justicia.

La implicación de altos mandos de la comunidad de inteligencia en las investigaciones ordenadas por el FBI contra el entorno de Trump deja en una situación muy comprometida al equipo del expresidente Obama y le obliga a dar una explicación detallada de los hechos. Hasta ahora, Susan Rice, James Comey y Andrew McCabe han negado cualquier responsabilidad y han contestado de manera vaga las numerosas preguntas que le han formulado desde la Cámara Alta del Congreso.

Pero los documentos desclasificados recientemente apuntan directamente a las más altas instancias de los servicios de inteligencia y de la dirección de seguridad nacional, en un asunto gravísimo y sin precedentes en el uso inconstitucional de las instituciones públicas para sabotear unas elecciones y derribar un Gobierno electo democráticamente en las urnas.

Cuando los funcionarios de inteligencia que deben defender al país contra las interferencias extranjeras dan cobijo a informaciones falsas para llevar a cabo actividades de espionaje contra ciudadanos norteamericanos y grupos políticos que respetan el orden democrático —violando la Cuarta Enmienda—, cuando algunos jueces y congresistas intentan paliar el peso de la ley sobre los policías que transgreden las normas durante su servicio, cuando algunos políticos miran hacia otro lado para encubrir estas sucias maniobras antidemocráticas, la sociedad civil debería alzar de manera firme su voz —y su voto— en defensa de la Constitución y en contra de los enemigos del Estado de derecho. Lo contrario sería un lamentable despropósito.

* Juan Carlos Sánchez
Escritor, periodista, analista y consultor en comunicación corporativa. Sus columnas de opinión se publican en diferentes medios de prensa de España y Estados Unidos.

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Cuba. Ya llegó la respuesta oficialista a Descemer Bueno: funcionarios piden que 'no cante más' en Cuba. Descemer Bueno dice que irá a Cuba a reclamar sus derechos aunque tenga que 'dar machete en la calle'


Ya llegó la respuesta oficialista a Descemer Bueno: funcionarios piden que 'no cante más' en Cuba

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'Hay que ser basura de la basura para denigrar lo que te amparó y sostuvo', dice el director del Centro de Comunicación del Ministerio de Cultura.
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DDC
La Habana
03 Ago 2020 

El director del Centro de Comunicación del Ministerio de Cultura de Cuba, Alexis Triana, criticó en su perfil de Facebook  al músico cubano Descemer Bueno, a quien calificó de "cínico" por sus recientes declaraciones en contra del Gobierno de la Isla.

El funcionario escribió que cada vez que ve a Descemer, "que era Bueno", compitiendo con el influencer Alexander Otaola, a quien calificó de "infame", se pregunta "hasta donde llega nuestra cuota de responsabilidad en haber convertido a este desafinado cantante y lametablemente buen compositor, en este sujeto tan popular en nuestra radio y televisión".

También Triana acusó al artista de estar "ebrio o drogado" y de ser un "cínico", aunque cuestionó que muchos dentro del oficialismo "no lo quisieron ver".

En cualquier caso, pidió a los seguidores del artista que lo escuchen hablar para que comprueben que "hay que ser basura de la basura para denigrar de lo que te amparó y te sostuvo", y finalmente lo calificó de "plasta de m…".

Entre las personas que contestaron a la publicación se encontró Pedro Pita, quien se desempeña en la Dirección de Convenios Internacionales del Centro Internacional de La Habana S.A. https://www.ecured.cu/Centro_Internacional_de_La_Habana, y dijo que "en Cuba, a la que ha ofendido, no cante más", por lo que pidió que se le prohíba volver a actuar en la Isla.

Una usuaria identificada como Marisela Renta dijo que "quien por falta de entereza y egoísmo denigra a su país y a su pueblo, merece ser despreciado hasta los huesos. Cuba es de los cubanos, pero de los cubanos dignos. Alzo mi voz en contra de que Descemer se vuelva a presenta en los escenarios de nuestro país. No es merecedor de tal privilegio".

La periodista holguinera Marlene González Martínez escribió: "Qué feo y descompuesto se expresó. Discípulo de Otaola. Que desagradables. Que se vaya. Todo el que esté en desacuerdo que se vaya y sea feliz donde esté".

Un usuario identificado como William Burrowes Rodríguez calificó la actitud de Descemer Bueno como "traición", por lo que dijo que "merece desprecio", pues nunca le gustó, "pero ahora es la peor escoria que debe existir".

El cantautor cubano Ernesto Mederos opinó que "es un error decir que a Descemer lo popularizó la radio y la televisión cubana", pues "lo primero es bajarse de ese columpio", dijo, y  "lo segundo es que no debemos repetir errores del pasado de los que a la larga nos arrepentiremos".

"Descemer es un músico, no un ideólogo, ni un político, ni un periodista. Su misión es hacer música, que bien que la hace. Si a uno no le gusta lo que piensa o dice, con no escucharlo o seguirlo es suficiente", añadió

Descemer Bueno, en los últimos meses cuestionado por declaraciones en las que defendió su desinterés por la política, ha dado un cambio radical en sus cuestionamientos públicos

Mediante transmisiones en directo realizadas en redes sociales, el artista afirmó recientemente que es evidente el "divorcio de los gobernantes con el pueblo" , al que llamó a salir a la calle a "romper las tiendas"; dijo que él irá a la Isla "aunque tenga que dar machete en la calle" y llamó a los gobernantes del país "racistas de mierda".
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Descemer Bueno dice que irá a Cuba a reclamar sus derechos aunque tenga que 'dar machete en la calle'

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Afirma que es el único cubano que ha tenido a Díaz-Canel entre su público y no lo ha saludado.
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DDC
Miami
03 Ago 2020

El músico cubano Descemer Bueno, quien se ha caracterizado en los últimos tiempos por cierta ambivalencia en los temas políticos cubanos, cargó duramente contra el Gobierno de la Isla, llegando a decir que está dispuesto a ir a Cuba dar "machete en la calle".

En una transmisión en directo  realizada este domingo a través de su página de Facebook, el artista afirmó que ahora, tras criticar al régimen, ha visto la "reacción contraria", pues muchos defensores del Gobierno cubano le han enviado "mensajes desagradables".

Descemer Bueno criticó en su video las políticas migratorias cubanas, entre ellas la conocida repatriación, a la que consideró "un absurdo de características graves", pues "la gente se tiene que sentir tan mal a la hora de ir al país donde naciste para hacer una serie de trámites para que te reconozcan como cubano".

Acerca de las limitaciones y faltas de derechos en la Isla, dijo que los gobernantes se creen "los dueños de la tierra y los dueños del universo", pues exigen que la población haga lo que ellos quieran. Eso es "una falta de respeto" de "una partida de descarados", afirmó.

Denunció que Orlando Vistel, quien fue presidente del Instituto Cubano de la Música, le negó la posibilidad de tocar en Cuba cuando a otros artistas extranjeros se lo permitía.

Además de Vistel, a quien acusó de "racista", dijo que hay otros funcionarios con las mismas características, como Esteban Lazo, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, quien tiene ese cargo "para cerrarle la puerta a todos los negros".

También mencionó que, a pesar de que el actual presidente cubano Miguel Díaz-Canel es seguidor de su música y ha estado en sus conciertos, él ha sido "el único cubano" que lo ha tenido entre su público y no lo ha saludado.

"Como si tú no estuvieras, porque no eres más importante que ninguna de la gente que me va a ver en un concierto", dijo en referencia a Díaz-Canel.

"Yo no le tengo miedo a ustedes, yo me monto en un yate y voy para allá y ustedes no me van a poder tocar ni van a poder hacer nada, y lo que hagan lo tendrán que hacer delante de la opinión pública mundial", expresó.

Antes de finalizar dijo que después de buscar donde dejar a sus dos niños va a ir a la Isla a "reclamar lo que es mío, y si tengo que dar machete en la calle, voy a dar machete en la calle".

En los últimos días el artista, que ha sido acusado en numerosas ocasiones por el influencer Alexander Otaola de tener vínculos con personas cercanas al poder en la Isla, se ha mostrado muy crítico del régimen, en un cambio que ha dejado atónitos a muchos de sus seguidores.

Recientemente también llamó a sus seguidores  a "salir a la calle" y "romper tiendas", en reacción a los comercios habilitados para la venta de productos de primera necesidad exclusivamente en divisas  y que han causado descontento en gran parte de la población.
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La Farandula Cubana
Agosto 2, 2020

DESCEMER B. explota contra GOBIERNO CUBA | Mensaje FUERTE a DIAZ CANEL | Irá a CUBA a reclama


La Farandula Cubana
Agosto 1, 2020

DESCEMER BUENO responde a OTAOLA sobre difamaciones & Arremete contra Gobierno Cubano



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La Gallina escarbadora o La Habana nunca necesitó de un Eusebio Leal mientras fue libre y espléndida

s://www.hechosdehoy.com/
La Habana nunca necesitó de un Eusebio Leal mientras fue libre y espléndida


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Tras la muerte del historiador de La Habana, se ha desatado una pandemia de pésames. Muchos sentidos, otros, para cazar likes. No pocos son deudores de esa rimbombante cursilería de la que estaba plagada la prosa y la oralidad del siempre leal Eusebio.
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Por Camilo Venegas
1 agosto,  2020

Bladimir Zamora tenía una gracia única para poner nombretes, porque a ese humor innato con el que salió de Cauto del Paso, le sumaba su inteligencia y su cubanía. A Eusebio Leal le puso la Gallina Escarbadora. Nunca más lo llamamos por su nombre, ni él ni los que sabíamos del mote.

Tras la muerte del historiador de La Habana, se ha desatado una pandemia de pésames. Muchos realmente sentidos. Otros, hechos para cazar likes. No pocos son deudores de esa rimbombante cursilería de la que estaba plagada la prosa y la oralidad del siempre leal Eusebio.

Dejémonos de hipocresía. La Habana nunca necesitó de un Eusebio Leal mientras fue libre y espléndida. Durante los 440 años que se construyó todo lo que define a la ciudad (desde 1519 hasta 1959), jamás precisó de un cortesano que la ensalzará. Bastaban los habaneros para ello.

Eusebio Leal no fue un historiador (su trabajo, de hecho, está plagado de imprecisiones y hasta de ficciones), fue un escenógrafo. Maquilló una parte ínfima de la ciudad (si se compara con el tamaño de los escombros) y la convirtió en un escenario inanimado para recibir visitas ilustres y producir postales.

Renay Chinea logra retratarlo en un párrafo: “Era un pésimo historiador. No obstante, un escritor deplorable. Sin embargo, su intelectualidad es nula y quien lo acuse de buen servidor público, es un embustero. Hemos salido de un hombre cutre y engolado. Lamepapas, lamereyes, lamegenerales de la fotografía oficial. Un esperpéntico fingidor. Y ahí me paro”.

Sus elogios al dictador Fidel Castro quedarán para siempre entre las más ridículas guataconerías de la historia de Cuba. Su incondicional servilismo, lo llevó a firmar aquella ominosa carta que apoyaba el fusilamiento de tres habaneros. El propio régimen debería sentirse avergonzado de que, tras 61 años de colectividad forzada, la salvación de una ciudad se le atribuya a una sola persona. 

Si La Habana no se murió cuando perdió a Casal, Lezama o Portocarrero, no lo hará por Eusebio. Nadie se va a morir, menos ahora que esa mujer en ruinas inclina el ceño.
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En el año 2005  ó 2006 publiqué en este blog mi sospecha de que Eusebio Leal no había tenido como mentor a Emilio Roig de Leuchsering,   ya que  Roig de Leuchsering sustentó la idea que  no había existido  una ceiba cuando la primera misa o fundación de La Habana. A continuación  algo más extenso que publiqué años después:
  Nota del Bloguyista de Baracutey Cubano

Me disgusta mucho cuando Eusebio Leal altera y manipula  la historia por  oportunismo y para su beneficio particular. Lo anterior,  en lo relativo a la alteración y a la manipulación de la historia, lo voy ejemplificar, pero la posible ejemplificación no se agota con ese ejemplo:

 Si mal no recuerdo, alrededor de los años 30s del siglo pasado,  hubo un fuerte debate académico en la Academia de Ciencias de Cuba de aquella época,  entre Don Fernando Ortíz y Emilio Roig de Leuchsering  sobre la existencia o no, de  una ceiba cuando se fundó la ciudad de La Habana  en el lugar que hoy está situada dicha ciudad, pues ese fue el tercer asentamiento de la ciudad  (el primero había sido en la costa sur de la provincia de La Habana cerca del río Mayabeque y el segundo, si mal no recuerdo, cerca del río Almendares). Don Fernando Ortíz era de la opinión de que  esa supuesta ceiba  había existido en el lugar y en el momento donde y cuando  se celebró el primer cabildo y la primera misa; Emilio Roig   de Leuchsering negaba esa existencia. Ambos en varias exposiciones, réplicas y contraréplicas (quedanron su  argumentos científicos  en formas de artículos) defendieron sus puntos de vista y el punto de vista  más aceptado fue el de Emilio Roig de Leuchsering, quien sería años después el supuesto  tutor intelectual de Eusebio Leal, al go que parece que no fue verdad según lo expone Francisco Escobar en un artículo que añadiré al final del artículo de Juan Juan.

No he conocido que nuevos argumentos de la ciencia histórica  le  hayan quitado la razón a Emilio Roig de Leuchsering sobre la no existencia de dicha ceiba; sin embargo, su discípulo (después de muerto su mentor)  retomó la existencia de esa ceiba y la utilizó y utiliza con fines turísticos  para llenar los caudales de su bolsillo y el de la tirania que tanto defiende. 

Los que hemos viajado por la Peninsula de Guanahacabibes  rumbo al cabo de San Antonio (un territorio bastante virgen)   hemos visto que  no hay ceibas  cerca de la costa y que las que existen un poco más alejadas de la costa  son  de baja altura y raquíticas;  el agua salobre  mata a las ceibas al penetrar por sus raices. 

Con las pocas ruinas que quedan de la antigua muralla  de La Habana que resguardaban a la ciudad ocurrió algo parecido cuando Eusebio Leal mando quitarles el revestimiento que tenían para que parecieran más antiguas a los turistas. Recordemos que la pirámide de Keops estaba revestida y que fueron  ciertos conquistadores,  muchos siglos después,  los que le quitaron a las piramides  el revestimiento para utilizar el material en nuevas construcciones;  en la piramide de Keops  solamente queda revestida una parte cercana a la cúspide.

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Videos de humor serio: LOS ECOBIOS (CAPÍTULOS 13, 14 Y 15)



Los Ecobios
Julio 26, 2020

NO TE PIERDAS COMO LACHY SACA DEL PASO A SU AMIGO ROMELIO.
LA FRUSTRACIÓN DE ROMELIO POR NO PODER HACER NADAPARA REFUTARLE A LACHY EN LA ACOSTUMBRADA DISCUSIÓN DE BALCÓN A BALCÓN.

LOS ECOBIOS (CAP 14) "EL DE-SASTRE"


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Los Ecobios
Julio 31, 2020

LOS ECOBIOS (CAP 15) "LA TIERRA PLANA"

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Los Ecobios
Julio 21, 2020

NO TE PIERDAS LA DETENCION DE LACHY EN VILLA MARISTA , EL INTERROGATORIO. 
LA FRUSTRACIÓN DE ROMELIO DE NO PODER HACER NADA POR SU AMIGO LAZARITO  Y LA ACOSTUMBRADA DISCUSIÓN DE BALCÓN A BALCÓN.

LOS ECOBIOS (CAP 13) "THE CUBAN DOLLAR"


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domingo, agosto 02, 2020

Video y audio de Zoé Valdés donde describe y comenta sobre Eusebio Leal y también sobre otros temas de actualidad


Ariane González
julio 31, 2020

La escritora cubana Zoé Valdés describe a Eusebio Leal

Aunque fue amable conmigo tengo malos recuerdos de él como por ejemplo no reparó a una pequeña parte de La Habana para entregarla a sus pobladores, sino para hacer centros turísticos que dejaran dinero a la tiranía.



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Zoé Valdés y Eusebio Leal. 28 de enero de 1980
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 Zoé Valdés comenta la actualidad. Eusebio Leal y otros temas
(en el minuto 23 comienza a hablar de Eusebio Leal al que califica como una persona entre Tartufo (personaje de una novela de Moliere)  y Fouché, político  de la Revolución  Francesa. 

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 Zoé Valdés: Eusebio Leal - Eliécer Ávila
(continuación del video)



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Estudio de Arte Pedro Pablo Oliva

Cómo decirle adiós a ese hombre maravilloso que me enseñó más de una vez el color real de la palabra, el sonido brutal de la mentira, que hacía posible que cambiara el color de los caminos. Me hablaba al oído de la belleza y me decía bajito que hiciera temblar la pintura.  ¡Amigo, hermano, que me aceptó repleto de contradicciones! Me duele tanto tu partida, tu subir y bajar las escaleras repleto de amor. Sólo tú y yo entendemos. Te buscaré en cada sitio hacedor de esperanzas y alegrías.” Pedro Pablo
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Tomado de http://nuevoaccion.com

EUSEBIO LEAL: EL PODER Y EL DELIRIO DE UN BUFÓN CASTRISTA

 Por Frank Escobar

Exclusivo para Nuevo Acción

En la víspera del Año Nuevo la ostentosa oligarquía castrista se regaló a sí misma una espléndida fiesta al aire libre en La Plaza de la Catedral-150 CUC por persona- con un opíparo banquete sobre los adoquines y la música en vivo a cargo del  recién llegado Isaac ” El Cantante Renegado” Delgado. El todopoderoso gestor, Eusebio Leal Spengler, Historiador Oficial, tenía que corresponder a los favores recibidos de Raúl Castro y su junta de generales en el año que terminaba y nadie con mayor experiencia cortesana que él para saber cómo complacerlos.

Largo y pedregoso ha sido el camino recorrido por este “Mefisto cubano” (aludiendo la famosa película de Ishvan Szavo) para llegar hasta aquí. Múltiples los adversarios y oscuros los pronósticos pero Leal, firme y leal en su férreo maquiavelismo superó todos los obstáculos y derrotó a sus fuertes y atrincherados enemigos. No importó que fuesen Comandantes de la Sierra Maestra, toros rabiosos del Partido o vacas sagradas de la Cultura. Su estrategia siempre fue muy clara: adulación sin límites hacia Fidel Castro: llegó al extremo de habilitar un lujoso salón en el Palacio de los Capitanes Generales con el trono traído especialmente desde España para una visita de los Reyes que nunca se realizó y lo reservaba exclusivamente para el uso privado de su Comandante en Jefe, inclusive Fidel Castro pretendió humillar al Rey Juan Carlos en su patética visita a Cuba proponiéndole que lo usara como si se tratara de un inodoro compartido pero Juan Carlos demostró mucho sentido común al negarse, en definitiva él siempre estuvo de acuerdo en ser un “rey sin corona”.

Asi describe el carácter rastrero del Historiador Oficial del Castrismo, desde La Habana, el periodista independiente Jaime Leygonier: “Alma de cortesano, proclamaba: Fidel Castro es mi padre (en la foto, Leal con el tirano mayor), pero al menos dos veces, el dictador lo avergonzó en televisión por adulaciones que le desagradaron. En una de ellas, en la Asamblea Nacional, en los años 90, comparó a Castro con Bolívar quien en Caracas, destruida por un terremoto y espada en mano, hizo callar a un cura que predicaba el castigo divino por la revolución. Castro, disgustadísimo, le dijo: "Ni yo soy Bolívar, ni Cuba es Venezuela destruida por un terremoto".

Todas sus biografías, ampliamente diseminadas en el internet, repiten el mismo lacónico discurso de un párrafo para narrar los misteriosos primeros cuarenta años de su vida. Por supuesto que esa biografía está llena de omisiones y ha sido edulcorada con una retórica mendicante para enmascarar su verdadera historia y servir a la vez como breve adagio de una prepotente descarga narcisista de títulos, condecoraciones y reconocimientos.

Eusebio Leal Spengler o más exactamente Eusebio Spengler Leal nació en un humilde hogar de Centro Habana y es el hijo de un policía y una empleada doméstica. Su padre lo abandonó a muy temprana edad. Recibió toda la educación gratuita que ofrecían los Carmelitas Descalzos de la Iglesia del Carmen, en Infanta y Concordia, donde además trabajaba su madre. Fue monaguillo y un efusivo católico practicante durante su adolescencia hasta que comenzaron las persecuciones religiosas y oportunistamente abandonó a quienes habían sido sus protectores y amigos. Nunca estuvo en la UMAP ni fue castigado por sus prácticas religiosas a pesar que desde muy joven halló su vocación de bufón del palacio episcopal y era un asiduo visitante del Arzobispado y entretenía con sus payasadas al entonces Arzobispo Monseñor Evelio Díaz Cia.

También asistía a la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de los jesuitas de la Calle Reina donde conoció a quien sería su verdadero mentor y por quien realmente encontró su vocación de historiador, su relación maestro- discípulo con Emilio Roig es una de las tantas mentiras de su vida. La persona que más lo influenció y con quien más aprendió sobre temas de Historia de Cuba fue Monseñor Fernando Azcárate y Freyre de Andrade. Azcárate era descendiente del alemán Fesser que había instalado las primeras locomotoras en Cuba; era el nieto de Nicolás Azcárate, el patricio reformista de Guanabacoa para quien trabajó José Martí; el sobrino del Mayor General Fernando Freyre de Andrade y el primo del Ministro de Trabajo del gabinete del presidente Ramón Grau San Martin Carlos Azcárate. Se había graduado de Teología en la Universidad Gregoriana, de Derecho en la Universidad de la Habana y de Psicología en la Universidad Católica de Villanueva. Había sido Superior de los Jesuitas en Cuba y Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de la Habana. Monseñor Azcárate fue además quien lo casó por la Iglesia la primera vez. Con la madre de sus dos hijos mayores.

 Como generalmente sucede con las personalidades cobardes a quienes azotan sus continuas deslealtades muchos años después, cuando Azcárate, ya retirado y casi olvidado por sus diferencias con el nuevo arzobispo y luego Cardenal Jaime Ortega Alamino, vivía como un simple párroco en la Ermita de Monserrate, Eusebio Leal le mordió la mano. Resulta que José Martí durante su breve estancia en La Habana de entreguerras vivió cerca de la ermita y Carmen Zayas Bazán, su esposa quiso bautizar a su hijo José Ismael allí, lo que al fin se hizo y las Actas Parroquiales de la Ermita de Monserrate conservaban el acta de bautizo con la firma de Martí como padre del niño.  Leal se empecinó en llevarse el tomo correspondiente al bautizo para copiarlo y Azcárate se negó porque las Actas Parroquiales no se mueven de las parroquias, aparentemente Leal desistió y se marchó. Pero Azcárate unos días después quiso revisar de nuevo la página y se percató que la habían arrancado, inmediatamente llamó al entonces Jefe de la Oficina de Asuntos Religiosos del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, José Felipe Carneado. En fin Leal fue amonestado y obligado a devolver la página robada y desde entonces Azcárate no quiso saber más nada de él...

Leal es un mentiroso compulsivo, todavía recuerdo a Leandro Romero con uno de sus libros repetidos – acostumbraba a publicar lo mismo varias veces con ligeras variaciones y diferentes títulos- plagado de rectificaciones. Eusebio Leal no conoció nunca a Emilio Roig de Leuchsenring (foto de la izquierda), (1887-1964), él creó con Roig una especie de relación osmótica empleando a su asistente de toda la vida, Alfredo Zayas Méndez y a su ex secretaria y viuda Maria Benítez. Todo para darle aparente legitimidad al traspaso ficticio del cargo de Historiador Oficial de la Habana. En definitiva la Oficina del Historiador fue creada -como un favor político a Emilio Roig- por el Alcalde de La Habana Miguel Mariano Gómez Arias con sueldo del Ayuntamiento Municipal y desapareció con la muerte de él en 1964. El verdadero historiador de La Habana era Manuel Pérez Beato, editor de “El Curioso Americano” y autor de “El Callejero Habanero” y “La Habana: rectificaciones históricas” (todo un volumen para corregir los errores de Emilio Roig en sus “Apuntes Históricos”) y tenía la oficina en su propia casa.

La Oficina del Historiador la resucitaron oportunistamente veinte años después de muerto Roig para darle apariencia de continuidad a la Alcaldía de La Habana con la recién creada Asamblea Provincial del Poder Popular de Ciudad de la Habana, su presidente, el comandante Oscar Fernández Mel comenzó a ser llamado “Alcalde”, por cierto que “el alcalde” no soportaba a Leal pero por órdenes de Fidel Castro- quien ya había sido cautivado con sus bufonadas rimbombantes- tuvo que tragárselo.

El historiador honorario de la Habana Vieja Ricardo Rey Merodeo que fue amigo personal de Roig y su correligionario político por muchos años me aseguró que Leal y Roig no se conocieron y que conociendo a Roig como lo conocía él jamás hubiera simpatizado con un Leal de veinte años por “calambuco” y “amanerado”. Leandro Romero “El Chino”, que estuvo trabajando con Leal por treinta años me aseguró también que ellos no conocieron personalmente a Emilio Roig.  En la Oficina Museo dedicada a Emilio Roig en el Palacio de los Capitanes Generales - que en los ochenta atendía su viuda Maria Benítez- no encontré ninguna fotografía que testificara la amistad de Eusebio Leal con Emilio Roig, ni siquiera una foto de grupo. Nunca quise hacerle esa pregunta a Maria Benítez o a Alfredo Zayas para no comprometerlos y por respeto a ambos.

Con respecto a su título universitario la historia fue la siguiente según sus profesores que también fueron los míos. La Escuela de Historia, por requerimientos políticos, creó un curso especial de trabajadores para titular a Eusebio Leal y con él a todo el equipo que se había designado previamente para trabajar en la Oficina del Historiador y el Museo de la Ciudad. Fue un curso único e intensivo, casi a caballo que según creo se hizo en tres años – el curso regular son cinco-y junto con él se graduaron, su “alter ego” Rayda Mara, su “primo” Leandro Romero, Carlos Fernández (hoy en el exilio) y otros. Ya anteriormente se había utilizado este sistema para otorgar títulos de historiadores a altos oficiales de las FAR. Con la diferencia que ciertos generales como los Hermanos Casas, Arnaldo Ochoa y Leopoldo Cintras recibían las clases en su casa.

Fui testigo presencial de varias de sus notorias chapucerías. La primera fue un 14 de Julio de mediados de los ochenta, tradicionalmente ese día se hacía un acto público frente al Templete (foto), en la Plaza de Armas, con la ejecución de “La Marsellesa” y “La Bayamesa” por la Banda Municipal, Ese día Leal había invitado al embajador de Francia y en su ansiedad por iniciar su recorrido de rutina no se percató que el embajador, siguiendo el protocolo, antes de retirarse, debía saludar personalmente al director de la banda. El Historiador Oficial ignoraba esto y le agarraba el brazo y lo jalaba pensando que su invitado estaba perdido, El embajador, más alto y corpulento que él, y francés, logro zafarse al fin y fue a saludar al director de la banda. Leal permanecía atónito sin comprender nada hasta que se le hizo visible la intención del francés y entonces, ni corto ni perezoso, se lanzó a una carrera veloz para alcanzarlo y asi poder cumplir el también con dicha cortesía pero tuvo mala suerte y tropezó con una “china pelona” levantada en el pavimento y cayó al suelo obligando al embajador a regresar para auxiliarlo.

La segunda anécdota fue más o menos de la misma época, Leal atendía a una delegación de parlamentarios británicos y pretendía hacerles creer que unos cañones empotrados en las inmediaciones del Museo de la Ciudad pertenecían a una batería inglesa de la época de la Toma de La Habana (1762). Pero uno de los legisladores era casualmente un experto en fundiciones británicas y heredero de una vieja familia de fundidores y quiso verificar el cuño de la fundicion, asi que por supuesto se percató del fraude y lo rectificó públicamente. Los cañones eran españoles y más bien habían combatido contra los ingleses.

La tercera fue en 1991, en vísperas de la celebración del Medio Milenio del Descubrimiento – los castristas le llamaban “Encuentro Mutuo”- y también del centenario del gran historiador y polígrafo cubano Jose Maria Chacón y Calvo, conocido como el VI Conde de Casa Bayona. La Familia Chacón gozó de antiguo señorío sobre la villa de Santa Maria del Rosario. Debido a sus largos años como diplomático en España y al celo de su antigua asistente la mayor parte de sus documentos se encontraban en Madrid pero yo había logrado localizar su expediente académico universitario que debido al tiempo transcurrido requería de una restauración. Luego de seguir todo el trámite burocrático pertinente le solicité al Museo de la Ciudad- que era en ese momento el único lugar en Cuba donde se hacían restauraciones de papel-que lo reparara pero me lo negaron. Le insistí personalmente a Leal por intermedio de Diana, su rubia y estilizada secretaria y ella me contestó que Leal había decidido que era imposible porque ellos tenían pocos materiales y muchas prioridades.

En esa época yo estaba haciendo mi servicio social en “La Guía Arquitectónica de la Habana” – una empresa mixta creada por “Ediciones Plaza Vieja” y la Junta de Andalucía con motivo del Medio Milenio- pero me habían asignado temporalmente a Santa Maria del Rosario y estábamos reorganizando alli la documentación del antiguo”Club Rosareno” cuyo presidente había sido Francisco Ichaso, yo estaba a cargo del Gabinete de Investigaciones Históricas de la Guía. El antiguo Club lo habían convertido en una sala de exhibición de videos y la antigua casa de los Condes de Casa Bayona se había transformado en un restaurante. Jose Maria Chacón y Calvo había fallecido solo y casi en la indigencia por los años setenta y lo habían enterrado en su panteón familiar del Cementerio de Colon con su hábito franciscano pues había pertenecido a la Orden Terciaria. Según me contó William Gattorno, que estuvo presente, a su funeral solo asistieron unos pocos ancianos y recordaba al Conde de Lagunillas, tan pobre y abandonado como él y a un grupo de franciscanos. Los aristócratas cubanos que quedaron en la Cuba revolucionaria recibieron todo el resentimiento y la humillación de la “nueva clase castrista” que envidiaba su legitimidad.

En 1991 los empresarios españoles de Felipe González ya estaban haciendo inversiones en Cuba y casualmente había un grupo estudiando los famosos “Baños del Obispo” que estaban localizados en Santa Maria del Rosario y habían creado una corporación cubano española de “Aguas Minerales y Termalismo”, presidida por el Comandante Jesús Montané Oropesa, el ayudante personal de Fidel Castro. Para enmascarar los negocios capitalistas que le reportaban buenas ganancias personales los adláteres castristas usaban la apariencia de proyectos culturales o de conservación medioambiental y en ese campo Eusebio Leal les había brindado grandes servicios, por lo que había una estrecha colaboración entre ellos. En el caso particular de Santa Maria del Rosario el negocio del termalismo estaba muy acelerado por el interés de los inversionistas españoles y no habían tenido suficiente tiempo para fabricar el bodrio cultural previo, por lo tanto estaban atrasados.

Un día me llegó una citación urgente del Ministerio de Cultura – de Lucy Tejeda- porque Montané quería reunirse con todos los grupos culturales que estaban trabajando en el área del Cotorro, término municipal, para crear el “Eco-proyecto cultural comunitario de Santa Maria del Rosario” –todo un “Frankestein” de retórica castrista-.y nuestro equipo también tenía que participar dada la urgencia del Comandante Montané.  Se creó el “Grupo de Apoyo al Termalismo” y resultó que los únicos que realmente teníamos algún proyecto cultural desarrollado éramos nosotros -llevábamos seis meses investigando alli- por lo que rápidamente todos los burócratas del Ministerio de Cultura- en esa época Alejandro Rios, “el cineasta” de Miami Dade College era uno de ellos- se adhirieron como larvas a nuestro trabajo.

Al fin llegó el día y me tocó a mí hacer la presentación en un salón de protocolo del Ministerio de Cultura repleto de espectadores, pero conociendo bien la psicología castrista y la ignorancia de sus testaferros comencé mintiendo, dije primero que en España, donde José María Chacón y Calvo había pasado muchos años de su vida y era muy reconocido, ya se había creado una comisión conmemorativa de su centenario presidida por el propio Rey y que la Embajada española se había ofrecido a través del Instituto de Cooperación Iberoamericana a surtir la biblioteca. Montané se sintió empequeñecido frente a sus socios españoles y me interrumpió con un exabrupto, dio un puñetazo en la mesa y dijo que “no podíamos seguir permitiendo que nos siguieran robando nuestras figuras históricas”, no pudo citar el nombre de José María Chacón y Calvo porque se le había olvidado pero continuó refiriéndose retóricamente a él como El Conde y aseguró que personalmente se ocuparía de la restauración de su expediente.

Por supuesto que con las órdenes del “Comandante Montané” Eusebio Leal inmediatamente encontró los materiales y llegó a la exageración de encuadernar el expediente con una cubierta de piel repujada como si fuera un libro de lujo. Cuando lo devolví al Archivo Universitario nadie lo reconocía y sentí pena por el expediente de Ignacio Agramonte que no tenía una cubierta asi, todavía tiene que estar alli y es el único de miles que no tiene cubierta de cartón.

Al final no se hizo nada en Santa Maria del Rosario, excepto habilitar un pequeño local de la vieja casona para biblioteca pública con su nombre y libros donados por editoriales españolas que habían participado en “La Feria del Libro de La Habana”.

Para la apertura si se invitó al viejo intelectual castrista Cintio Vitier que como todo un consagrado “ruiseñor de emperador” elaboró toda una pieza retórica ambigua, una sobria ensalada franciscana con aderezo marxista y un fuerte tufo de teología de la liberación. Vitier sin embargo si había conocido muy bien a José María Chacón y Calvo, quien había sido su mentor y consejero por años antes de la revolución castrista y él había llegado al extremo de nombrar a su segundo hijo –nacido también antes de la revolución- como él.

Jaime Leygonier (foto de la izquierda) se refiere también en su mencionado artículo al conocido extorcionismo ejercido por el Historiador Oficial y su larga lista de personas saqueadas tanto voluntaria como involuntariamente: “Por menos, cayeron personas más poderosas, pero Leal flotaba como corcho, por sus relaciones en el mundo cultural internacional que lo hicieron inamovible en un cargo donde, en tiempo de crisis, hacía malabarismo con donaciones a medio conseguir. Raúl Castro, centralizador, le cercenó parte de su poder económico. Que un hijo de Leal tenga una galería de arte en Europa para vender obras cubanas, recuerda el rumor extendido entre sus empleados, y en el mundo cultural, de que desde sus orígenes Leal visitaba a ancianas solitarias, poseedoras de obras de arte o artesanías lujosas, y encantador las obtenía por testamento o "préstamo para exposición", sin llevarlas a museo alguno. Según referían, en vida, el académico Néstor Baguer (Agente de la Seguridad del Estado) y la poetisa Dulce María Loynaz, ésta escritora fue víctima de uno de esos "préstamos": Una barca egipcia de marfil que Leal le solicitó para una exposición, que nunca expuso y jamás devolvió.”

Despues del arresto de múltiples colaboradores y el confinamiento domiciliario de los más ancianos debido a la galopante corrupción de su empresa con nombre de cacique apócrifo: Habaguanex, el siempre fiel Eusebio Leal salió ileso. Raúl Castro, muy acostumbrado a ”tirarle la toalla” a sus viejos generales corruptos, no solo lo ha confirmado como el amo perpetuo del casco histórico de La Habana sino que además ha permitido que su empresa finalmente se convierta en  nacional. Raúl Castro lo designó presidente de un nuevo superministerio que impulsara la restauración del patrimonio histórico y cultural en toda Cuba. Por un decreto raulista, emitido por el Consejo de Estado, se establecía la “Red de Oficinas del Historiador y del Conservador de las Ciudades Patrimoniales de Cuba”, que incluiría todas las Oficinas del Historiador de las ciudades coloniales de La Habana, Santiago de Cuba, Camagüey, Trinidad y el Valle de los Ingenios, Cienfuegos, Remedios, Sancti Spíritus, Bayamo y Baracoa. Era el establecimiento del nuevo “zar” de la restauración, conservación y explotación turística de todo el patrimonio cultural cubano.

Pero La Habana Vieja es hoy una Habana Muerta y Eusebio Leal es el responsable. Una isla folclórica, acorralada y estéril que ya no conserva la más pálida identidad de la urbe metropolitana que fue hasta el Siglo XIX. La memoria decrépita y apuntalada de una antigua y reconocida metrópoli que ha sido vendida como una puta. La maqueta podrida de una ciudad gloriosa de los Siglos XVII y XVIII a la cual se le ha negado una muerte digna. Hoy las misteriosas mansiones del azúcar y del tabaco son solares enmascarados o se han convertido en instituciones culturales ficticias que el castrismo usa como trampas para atrapar dólares públicos-de la UNESCO o de la Junta de Andalucía por ejemplo- y privados de sus tontos útiles. No obstante y a pesar de la rapiña las tuberías se reventaron, las paredes se enfermaron y las rejas se vencieron. La pintura de sus fachadas desapareció y solo han podido sustituirse con una triste mascarilla de cal barata. El negocio de la restauración de la Habana Vieja siempre ha remitido a cosa turbia, a fraude pestilente. La inocua gestión de Eusebio Leal Spengler, el archiconocido bufón cultural de los Castro ha dejado al desnudo que Habaguanex es una vulgar patente de corso.

El prolongado proceso de erosión ha convertido los edificios pintorescos habaneros de las postales en genuinos monumentos cariados. La prolongada permanencia de los Castro en el poder y su inexorable vocación de Erostratos han condenado la Habana Vieja a la muerte por deterioro y falsificación. Hasta la arquitectura y la urbanización, las más firmes y persistentes manifestaciones de la cultura material pueden ser abatidas y hasta destruidas no por el fuego sino por la abulia, la desidia, el mal gusto y el canibalismo revolucionario.

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