lunes, diciembre 20, 2010

UNA CARRETA EN EL LABERINTO

Tomado de http://www.nuevoaccion.com



UNA CARRETA EN EL LABERINTO

Por Luís Alberto Ramírez
Miami.
12-19-10


El gobierno de Cuba hace con sus gentes lo que hace el mar con la playa. No importa que levantemos castillos a la orilla, el mar los destruirá y se reirá con nosotros; porque somos como niños que construimos con esfuerzo nuestro castillo, y entre risas lo destruimos. Todo lo tiramos a juego, incluso nuestro futuro, pero el gobierno cubano es como el mar, que con cada ola trae más arena para nuestro castillo y nosotros en agradecimiento construimos otro, y al final, el mar se ríe más.

¿Qué para los cubanos es el sol sino un crisol de sombras? Nos empeñamos en destruir la bestia y ni siquiera nos percatamos que somos quienes la alimentamos, quienes le damos de comer y de beber, quienes soportamos sus alaridos, y somos, más que todos, por quienes existe. ¿Qué ley en la tierra nos puede desatar las esposas, si no somos capaces de romper nuestros propios yugos? Caminamos de frente al sol, y nos preocupamos en destruir la sombra que se nos adelanta ¿cómo destruirla si al tratar de pisarla no vemos las cadenas de hierro de los hombres?

Uno y otro día ha de venir, otro año ha de pasar, y más castillos habremos de construir; y siempre estará ahí el gobierno tiránico de Cuba, como el mar, trayendo en cada ola más y más arena.

¿Cómo conseguir nuestra libertad si la llevamos en nuestros corazones como un yugo, como un dogal? Solo seremos libres cuando el deseo de libertad no sea un arnés para nosotros, cuando mas nos enfoquemos en lo que nos divide, en lo que nos separa. Somos como aquel que prefiere ser cabeza de rata, antes que cola de león y al final, ni lo uno, ni lo otro.

Nuestra historia está preñada de tiranos, déspotas y bandidos que han hecho de nuestra patria un reino, y de nuestras tierras un coto. Hemos sido capaces de destronarlos, mas no hemos tenido el cuidado de destronar también el tirano que erigimos en nuestros corazones. Porque ¿cómo puede el tirano desterrar al preso y al activo si en su propia libertad no hay tiranía, no hay vergüenza en su corazón? No hemos cuidado jamás que nuestra libertad deje de convertirse en cadena de otra libertad mayor, y las consecuencias son el fruto podrido de nuestros descuidados actos.

Creemos pues en el hombre, y en el hijo del hombre ¿y las ideas qué? las encerramos porque son nuestras, porque pertenecen al osario de nuestro intelecto, exigimos con vehemencia que se nos respete como si fueran patrimonio personal, como si se pudiera encarcelar el fruto de las ideas. Construimos muros alrededor de nuestras esperanzas ¿cómo esperar entonces la fluidez de nuestras libertades si encarcelamos la libertad propia?

Yo he visto en el jardín de mi destierro, al más libre de todos nosotros rezar por conservar en el cofre de su narcisismo las más interesantes ideas, y permitir que sigamos hombres con tal de no excarcelar el egoísmo que encierra en su corazón. He escuchado como con orgullo, me hablan algunos del poder de sus ideas, que por supuesto no han de compartir por temor al hurto. “No puedo entregar tan fácilmente lo que tanto sacrificio me ha costado” dicen: ¿Qué harás entonces, lo guardarás como a un rosario para contemplarlo en la soledad de tu egoísmo o lo compartirás poco a poco como se alimenta al pichón del sinsonte?

Más de cincuenta años han transcurrido y no hemos aprendido ¿Cuánto más habrá que esperar aún? Se nos olvida que somos una especie de carreta en camino a un destino de felicidad, paz y libertad; en busca de ello vamos, para eso hemos sido creados, sin embargo, vamos cargados de un pesado egoísmo que no permite mas velocidad que la de una oruga. Esa carreta es nuestro cuerpo, los caballos son los órganos, y el conductor nuestro cerebro ¿Cómo esperar pues llegar a nuestro destino si ponemos a guiar la carreta a los caballos? Eso hemos hecho siempre, es por ello que estamos aun en el camino, y hasta que no pongamos cada cosa en su lugar, estaremos en el.

En muchos la esperanza ha muerto, otros, han muerto junto a la esperanza. En mí no, yo espero con fe que un día encontremos la forma de poner los caballos en su lugar, y al conductor también.

Feliz Navidad a todos.