miércoles, mayo 27, 2015

Waldo Acebo Meireles: Lo alcanzado y lo pendiente tras el establecimiento de la república de Cuba


Tomado de http://www.cubaencuentro.com/

“Cayó como un 20 de mayo”

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Lo alcanzado y lo pendiente tras el establecimiento de la república
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Por Waldo Acebo Meireles
Miami
25/05/2015

Ha pasado el 20 de mayo sin penas por allá y sin glorias por acá, o viceversa que es más o menos lo mismo. Se hubiesen cumplido 113 años de la fundación de la república, casualmente el mismo número que José Martí llevaba en su uniforme de preso político. Máximo Gómez al izar la bandera cubana con lágrimas en los ojos pensaba, con su ingenuidad política habitual, que ya habíamos llegado. Sí, llegamos a una república mediatizada, que como afirmó cierto político norteamericano poco le quedaba de independiente.

Enmienda Platt, tratados de reciprocidad permanente y de bases navales y carboneras, que eran más de una, aunque ahora solo quede la de Guantánamo, donde el único carbón que existe es para preparar barbecue, poca independencia le dejaban a la supuestamente soberana nación, pero teníamos una bandera y un himno y un presidente electo democráticamente.

A los cubanos no les quedó más remedio que aceptar las imposiciones, pero dentro de esa república tan vilipendiada, corrupta, entregada al imperialismo había fuerzas patrióticas suficientes para enfrentar durante años las obligatorias exigencias. La lucha contra esos tratados fue constante y tenaz y logró con un amplio apoyo popular la recuperación de la Isla de Pinos en 1925.

Intelectuales cubanos de la valía de Herminio Portell Vilá, al que un polemista comunista llamaba “el HP Vilá” presentó con la honestidad y valentía, que después demostraría en su obra Historia de Cuba en sus relaciones con los Estados Unidos y España, la posición de Cuba con relación a la intervenciones extranjeras en la conferencia de Montevideo de 1933. Su ponencia desempeño sin lugar a duda un papel fundamental en la derogación de la Enmienda Platt el 20 de mayo de 1934.

Lentamente se fue eliminando la dependencia y los “pro-cónsules” no podían maniobrar tan abiertamente y con resultados seguros en una república que poseía una prensa libre, y un sistema electoral que aunque víctima de algún que otro pucherazo, era básicamente democrático.

La república desarrolló un sistema educacional que era la envidia del resto de las naciones de América, los textos de los pedagogos cubanos se editaban, vendían y utilizaban en decenas de países hispanos parlante, aún andan por ahí las obras de Baldor, Rosell, Mario González, por referirme solo a las matemáticas.

En el campo de la salud pública, Cuba tuvo logros considerables para un país pequeño y subdesarrollado. Es cierto que los hospitales se concentraban en la capital y en algunas ciudades provinciales, pero varias enfermedades endémicas fueron erradicadas completamente —ahora han reaparecido—, también en este aspecto estábamos a la cabeza del resto de la América con muy bajos índices de mortalidad infantil. Incluso muchos latinoamericanos que no tenían recursos suficientes para ir a la Clínica de los hermanos Mayo [Mayo Clinic] buscaban con los eminentes médicos cubanos una cura para sus males.

La república sufrió un duro golpe con el “madrugonazo” de marzo de 1952. pero como podría decir algún anciano en un desvencijado asilo, y posiblemente hoy en Cuba nadie entenderá, con el 1ro de enero de 1959 “le cayó un 20 de mayo” a la república.

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(Fragmento de mi artículo ENMIENDA PLATT Y REPÚBLICA publicado en Cuba en la revista Vitral, número 48,  en el año 2002, año del Centenario de la República)

El destacado historiador pinareño Octavio Costa en su libro "Manuel Sanguily. Historia de un ciudadano", aporta elementos interesantes sobre el por qué algunos líderes cubanos interpretando correctamente el sentido del momento histórico, votaron finalmente por la aprobación de la Enmienda Platt.

"Sanguily sabe que si se rechaza la Enmienda no hay república. Esta es la triste y dramática verdad sobre la que se funda ciertamente la nueva posición del prócer rebelde y magnífico. Y entre un poder interventor indefinido, por benigno que sea, y una república con Enmienda, él prefiere esta última situación. Se vive un momento trascendente y singular. O se rechaza la Enmienda íntegramente o se acepta en su totalidad. Aceptarla, es para el tribuno decidir la independencia y la ventura de la Isla. Esta, en cualquier caso, jamás podrá impedir la intervención yanqui en casos de conflagración o de amenaza para la seguridad del Norte y admitir este derecho formalmente es definirlo, determinarlo y limitarlo." (Costa, 91)

En las votaciones de los constituyentes cubanos sobre la Enmienda Platt podemos encontrar situaciones interesantes como la de ser aceptada por reconocidos independentistas hasta ser rechazada por antiguos autonomistas (por ejemplo: Alfredo Zayas y José Fernández de Castro, aunque este último, devino en independentista).

Sabiduría vs imposición

La República nació con su independencia y soberanía limitadas en cuanto a principios se refiere; eso es un hecho innegable en nuestra historia. Los cubanos más preclaros se decidieron por la opción de aceptar por el momento la mencionada enmienda ante la alternativa de la ocupación indefinida de Cuba por las tropas norteamericanas y que la misma pudiera desencadenar una inútil guerra de guerrillas contra el Gobierno Interventor norteamericano que destruyera, más aun, al ya devastado país. El Mayor General Calixto García después de concluida la Guerra Hispano Cubana Norteamericana había dicho:

"Yo creo que los Estados Unidos no faltarán a su palabra empeñada; pero si así fuera siempre habría tiempo para morir, ya que no para vencer" ( Rodríguez, 44 y 45)

La sabia estrategia planteada desde los mismos inicios de la República por Don Juan Gualberto Gómez, y otros patriotas, y que está expuesta en las siguientes palabras, demostró ser la más adecuada para la joven república.

"Declaración solemne del propósito de que mientras ese tratado esté vigente, será escrupulosa y lealmente observado por el pueblo cubano y por su gobierno; sin perjuicio de que el Gobierno de la República de Cuba aproveche cualquier oportunidad favorable que pueda presentarse en el porvenir para influir cerca del Gobierno de los Estados Unidos, a fin de obtener por mutuo acuerdo, la modificación de aquellas cláusulas del Tratado en que el pueblo cubano encuentra limitada su independencia y mermada su soberanía." (Ibarra, 245)

Los contenidos más lesivos de la Enmienda Platt en contra de la plena soberanía cubana fueron abrogados en 1934.

Balance controversial de la Enmienda Platt

El balance de la Enmienda Platt es muy controversial. Considero que sus consecuencias deben analizarse desde al menos dos perspectivas o ángulos diferentes. Una primera perspectiva nos dice que la mencionada enmienda:

1) Propició el aumento significativo de las inversiones extranjeras en un país totalmente destruido necesitado de las mismas. La mencionada enmienda garantizaba, en cierto medida, el ambiente de paz necesario para el desarrollo de las inversiones en el país.

2) Contribuyó grandemente para que no sucedieran en Cuba, largas y sangrientas guerras fratricidas similares a la ocurrida durante y después de la independencia en muchas repúblicas hispanoamericanas y en Haití, o como la ocurrida en los propios Estados Unidos con la guerra de Secesión.

3) Limitó significativamente la posibilidad de una agresión extracontinental por parte de las potencias europeas como la efectuada por Alemania, con la ayuda de Inglaterra, a Venezuela en 1901 mediante los bombardeos a La Guaira, Maracaibo y Puerto Cabello, por ésta no pagar las deudas adquiridas con un poderoso consorcio alemán. Anteriormente, en 1897, la marina alemana ya había realizado demostraciones de fuerza en Haití.

Una segunda perspectiva de la Enmienda Platt nos dice que:
1) Limitó en cierta medida, en cuanto a principios se refiere, la soberanía de Cuba, otorgándole a la república desde un punto de vista formal, una independencia restringida.

2) Creó una mentalidad de Patronato en ciertos segmentos del pueblo cubano mediante la cual, se esperaba que los norteamericanos fueran los que resolvieran nuestros problemas políticos. En otros segmentos de la población cubana, creó o acentuó un sentimiento nacionalista antinorteamericano.

La enmienda Platt nos privó de gozar de una independencia y soberanía total, pero también nos evitó grandes desastres y sufrimientos.

Manuel Sanguily como Ministro de Estado (responsabilidad que corresponde a la de Canciller o Ministro de Relaciones Exteriores en nuestros días) del gobierno de José Miguel Gómez, en su discurso en el teatro Polyteama, a poco más de una década de la imposición de la Enmienda Platt, expresó:

"Mantendrá el Gobierno las relaciones más cordiales en el orden diplomático y de los negocios, con las naciones amigas entre nosotros dignamente representadas, y sobre todo cultivará los grandes y vitales intereses que en franca y afectuosa correspondencia nos ligan a los Estados Unidos, no ya solo en consideración a las ventajas que deriva de ellos nuestra economía, sino por los incomparables servicios que el pueblo y el Gobierno americanos han prestado a la causa de la justicia, de la civilización y de nuestra nacional soberanía.

Y no os sorprenda esta sincera manifestación de quien siempre ha vivido inquieto y receloso en el temor de los grandes y los fuertes. Dos veces -una, por la ceguedad de nuestra vieja y orgullosa Metrópoli; otra por la ceguedad de enconos fratricidas-, vinieron aquí los americanos traídos por su fortuna o llamados por nuestras discordias, y siempre se retiraron de nuestro territorio, haciéndonos el doble beneficio de construir dos veces la república, y dejándonos en el corazón atribulado, desengaños y escarmientos; más en ambas ocasiones, motivos superiores de admiración y de gratitud por esa magnánima conducta que jamás en la historia habían observado los pueblos fuertes y triunfantes con los débiles, conturbados y decaídos
" (Ibarra, 312)

He escogido esas palabras de Manuel Sanguily en el teatro Polyteama, y no las de otro cualquier patriota o ciudadano, por la posición vertical que siempre mantuvo Sanguily en su quehacer político:
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 (Fragmento de  mi artículo UNA PRIMERA APROXIMACIÓN A LA REPÚBLICA (1902-1958) publicado en  Cuba en la revista Vitral, número 49, en el año 2002)

Al instaurarse la República en 1902, la labor de higienización continuó:

¨Los salubristas cubanos, bajo la dirección de Finlay (1902-1908), logran disminuir la mortalidad por tétanos infantil a partir de 1903; erradicar la fiebre amarilla definitivamente en 1908; establecer de manera permanente la vacunación contra la viruela; y elaborar una avanzada legislación en materia sanitaria. Más tarde, al discutirse una nueva ley sobre la estructura del poder ejecutivo en la Comisión Consultiva, se aprobó una Secretaría de Sanidad y Beneficencia, que unía a los departamentos nacionales de Sanidad y Beneficencia, y que entró en funciones el 28 de enero de 1909. Este fue el primer Ministerio de Salud Pública (MINSAP) de Cuba, y del mundo. ¨(Álvarez, 2)

En las dos primeras décadas la labor con respecto a la salud pública fue tal que:

"El país es uno de los más sanos del mundo, como lo demuestran, los datos del último censo, que consignan la proporción de 14,2 de fallecimientos por cada 1 000 habitantes y los publicados por la Cámara de Comercio Americana de la Habana, en su folleto de fines de 1924, que consigna sólo el 12, 54" (Estos últimos años Tomo I, 410)

En 1931 la esperanza de vida de los habitantes de Cuba era de aproximadamente 42 años (Atlas Demográfico de Cuba, 57)

En 1958 había aproximadamente 97 unidades hospitalarias, de ellas, 47 prestaban servicios en zonas rurales (Abreu, 40), y 52 casas de socorro municipales además de alguna que otra instalación a cargo del estado y 242 clínicas mutualistas, de ellas 96 en la capital (Anuario Estadístico, 565 y 566 y Álvarez, 2). Las clínicas mutualistas, uno de los representantes de la salud rentada (la otra representante eran las consultas particulares o privadas), eran instituciones que por una módica mensualidad se tenía derecho a consulta, ingreso y cirugía así como a medicamentos; las había de poco más de 2 pesos mensuales, que eran la mayoría, hasta algunas de 10 pesos. En los años cincuenta, aproximadamente millón y medio de personas estaban asociados a las clínicas mutualistas:

¨ Desde la primera mitad del siglo XIX comienzan a fundarse casas de salud privadas y, en la segunda mitad, las asociaciones regionales españolas de ayuda mutua fundan, también, casas de salud mutualistas; ambas consolidan su labor en el presente siglo. Estos dos llamados sistemas de salud (privado y mutualista) tendrían a su cargo, con el SNS estatal (Sistema Nacional de Salud), la atención médica de la población cubana ..." (Álvarez,2)

La Salud en la República, al igual que la Educación, Sistema Judicial, Seguridad Social, Sistema Tributario, Sistema Electoral (salvo en las elecciones de 1901), Sindicalismo, etc., tuvieron siempre su identidad propia, diferenciándose mucho de sus homólogos norteamericanos, lo cual avala la identidad propia que tuvo la República cubana nacida en 1902. Es mi criterio personal que el antiguo Sistema de Salud cubano tenía algunas características muy superiores al Sistema de Salud norteamericano.

En 1958 la tasa bruta de mortalidad de la población era del 6,4 por cada mil habitantes (Zuaznábar, 1) pese a la situación política y de confrontación armada que existía en el país; en 1953 había sido de 6,3 por cada mil habitantes. Esa tasa ubicaba a Cuba entre los países de menor tasa de América Latina y con índices que solamente alcanzaron muchas de sus repúblicas hermanas iberoamericanas veinte años después (Anuario Estadístico de 1988,629 ). La esperanza de vida al nacer era de 58.8 años y la mortalidad infantil en menores de un año era de 32,5 por cada mil nacidos vivos, la cual desde principios de siglo seguía una tendencia decreciente (Zuaznábar, 1) pese al existente rechazo social al recurso del aborto, rechazo que existía hasta en casos en que se presentaran malformaciones fetales en el embarazo, y la no invención todavía en el mundo de algunas pruebas de análisis de laboratorio clínico o algunos instrumentos de la electromedicina(como es, por ejemplo, el equipo de ultrasonido) los cuales permiten detectar tempranamente problemas serios en el embarazo. La esperanza de vida de 58.8 años era superior en esa época a la de muchos países de América Latina y el Caribe, y mayor que las que alcanzaron veinte años después todos los países de África, salvo Argelia y Túnez (Anuario Estadístico 1988, 627). La cifra de mortalidad infantil cubana de 32,5 correspondiente a 1958 era todavía en la primera mitad de los años ochenta mejor que la de muchos países de Latinoamérica en esos años: Paraguay (45,0), Ecuador (69,5), Brasil (70,6), Méjico (53), Colombia (50), Bolivia (124,4), Honduras (82), Perú (98,6), Argentina (35,3), El Salvador (35,1) y Guyana (36,2) (Anuario Estadístico de 1988, 629). América Latina en su conjunto presentó aún en el año 2001 la cifra de 32 (Granma, 5). Cuba en estos dos últimos parámetros tenía índices pertenecientes al Primer Mundo de esos años según los datos de la UNICEF que aparecen en la Tabla de la página 16 del Material de Estudio Nro. 3 del Ministerio de Educación; los valores de Cuba en 1958 en estos dos parámetros con respecto de los Países en Desarrollo y Países menos Desarrollados fueron similares o mejores que los que ellos presentaron en 1992: En China y Vietnam la mortalidad infantil en 1996 era respectivamente de 34 y 40 por mil nacidos vivos (Robaina, 35).

La población cubana en 1958 era de aproximadamente 6 763 736 habitantes y había en el país 6 286 médicos ( sin incluir estomatólogos ) y un total de 32 501 camas y de ellas 28 536 de asistencia médica (Anuario Estadístico de 1988, 564 y 569). Del total de camas de servicio hospitalario 10 643 pertenecían al servicio estatal, servicio en el cual laboraban 1 125 médicos (Zuaznábar, 5). El 51% de las camas de los hospitales estaban situadas en la capital del país (Abreu, 40). Los números de habitantes por cama (237) y de habitantes por médico (1076) en 1958 eran mejores que los de la mayoría de los países latinoamericanos en esa época y más aún, que los que tuvieron esos países aproximadamente 20 años después como se puede comprobar observando la página 675 del Anuario Estadístico de 1988. Observando las cifras de aproximadamente el año 1980 diré, que solamente Puerto Rico (789), Argentina (521), Uruguay (533) y Venezuela (888) tuvieron mejores índices de habitantes por médico que el que tuvo Cuba en 1958; el resto lo tuvieron peor. Al comparar las cifras de aproximadamente el año 1980 con relación al número de habitantes por camas diré que solamente Argentina (176 ), Puerto Rico (229) y Guyana (215) tuvieron mejores índices que el que tuvo Cuba en 1958; el resto de los países latinoamericanos todavía en el año 1980 presentaron índices peores que el que presentó Cuba en 1958. En la Cuba de 1958 el número de camas de asistencia médica por cada 100 000 habitantes era de 422, En América Latina en su conjunto y en estos momentos (año 2002) es solamente de 220 camas (Granma, 5).

La prevalencia de la Lepra en 1958 era de 0,7 por cada mil habitantes (Informe Anual 1976, Anexo p. 46). Las tasas de morbilidad por cada 100 000 habitantes de muchas enfermedades en la Cuba de finales de los años cincuenta eran también mejores que las de muchos países latinoamericanos: Tuberculosis (18,2); Difteria (2,4); Escarlatina (0,1). No se habían presentado casos de Fiebre Amarilla, Tifoidea y Peste Bubónica; al comenzar la República, la Tifoidea, por ejemplo, había presentado una morbilidad de 5,1 por mil habitantes. Las cifras de morbilidad de Viruela, Tifus, Tosferina, Sarampión, Sífilis y Hidrofobia eran de las mejores en América Latina. Las siguientes tasas de muerte por 100 000 habitantes en el año 1958, salvo que se especifique otro año, apoyan lo anterior: Fiebre Tifoidea (0,4); Tétanos (3,0); Tuberculosis en 1959 (16,6); Poliomielitis aguda (0,1); Sarampión (0,4); Meningitis no meningococcica (2,1); Paludismo (0,4); Difteria en 1959 (0,9); suicidio o lesiones autoinfligidas (13,9); accidentes de vehiculo de motor y otros accidentes de transporte (7,2); defunciones maternas (125,3) y defunciones maternas por aborto (9,3). Las dos últimas tasas son por cada 100 000 nacidos vivos. (Informe Anual de 1976, Anexos 36-43). La tasa de mortalidad materna de Cuba en 1958 de 125,3 era mejor que las que aún aparecen en el año 1992 para Países en Desarrollo (350) y Países menos Desarrollados (590) en la Tabla mencionada del Material de Estudio del MINED.

Todo esto debemos de enmarcarlo en el desarrollo incipiente que existía de las vacunas y, en general, del desarrollo de las Ciencias Médicas en esa época a nivel mundial (por ejemplo, la vacuna antipoliomielítica que se aplica en Cuba desde hace cuatro décadas fue creada por Albert Sabin a principios de la década de los sesenta), aunque debo recordar que en esos años los niños de entonces recibimos de manera masiva y gratuita en las escuelas, yo era alumno de escuela pública, las vacunas contra el tétanos y el tifus. Existen cifras de una muy citada encuesta de 1957 de la Agrupación Católica Universitaria realizada a una muestra de 2 500 familias de obreros agrícolas que difieren mucho de esos índices (Pino, 119-120) y que a mí personalmente, me hacen cuestionar la representatividad de la muestra o la fiabilidad de las fuentes indirectas por mí consultadas sobre esa investigación, aunque conozca que en el ambiente rural las cifras de morbilidad y mortalidad de muchas enfermedades eran muy superiores a las que se presentaban en el entorno urbano. La prostitución, de la que se habla en el Análisis Globalizador, se había reducido extraordinariamente pese a la propaganda de algunas agencias de viajes extranjeras, publicadas también en algunas revistas extranjeras, que promocionaban a Cuba como el burdel de América. El bajo índice de enfermedades venéreas que presentaba el país y la información aparecida en el periódico El Mundo del 14 de febrero de 1958 que plantea, que aproximadamente 11 000 personas vivían de la prostitución, hablan del bajo índice de prostitución del país. Debo aclarar que en esa cifra se encuentran: los dueños de casas, burdeles y bares, las matronas, los proxenetas, el personal de servicio y limpieza, los policías corruptos, etc. y los llamados inversionistas, que eran los que echaban a andar el negocio (Abreu, 49). Esa actividad se llevaba a cabo generalmente en zonas muy específicas y era criticada y rechazada socialmente.

En 1958 los gastos del presupuesto del Estado para la salud pública fueron el 5,3% (18 millones) del total de gastos del presupuesto nacional para ese año (Zuaznábar, 107).

Los tres sistemas nacionales de salud (estatal, privado y mutualista) existentes al triunfo de la Revolución de 1959, no cubrían las zonas rurales más apartadas del país. En 1959 se inició la construcción acelerada de 50 hospitales rurales (Informe Anual 1976, 22). A finales de la década de los cincuenta, la muerte por enfermedades diarréicas agudas, muertes fácilmente evitables, ocupaba el tercer lugar entre las causas de muerte para todos los grupos de edades y en primer lugar para los menores de un año (Informe Anual 1976, 45); esta situación continuó hasta 1963 en que ocupó el quinto lugar con el 6,0% del total de defunciones del país. La corrupción administrativa en el sistema nacional de salud estatal provocaba que se dieran tristes situaciones como, por ejemplo, la del hospital psiquiátrico ubicado en la localidad de Mazorra; otra mácula en ese sistema de salud estatal es que frecuentemente se utilizó la asistencia médica (en particular los ingresos hospitalarios) con fines políticos dada la existencia de un sistema pluripartidista con elecciones periódicas y el oportunismo de algunas personas.

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Una observación sobre el mundo al advenimiento de la República de Cuba (1902)
(Fragmento donde no se abordan los casos de África, Asia y otras regiones)

Por Pablo J. Hernández

Los particulares pormenores en que surgió laRepública de Cuba a inicios del siglo xx han motivado, por lo regular, interpretaciones severas, por parte de historiadores y cronistas que han indagado en nuestros avatares. El virtual protectorado establecido por el consabido apéndice constitucional de 1901, a favor del gobierno norteamericano, sobre los asuntos del nuevo estado antillano, ha sido interpretado con las apropiadas reservas que en nuestros tiempos despiertan semejantes conductas internacionales del pasado. Cierto es que la soberanía cubana, como entidad política constituida, estuvo limitada por una influencia clara e indiscutible y condicionada por la sempiterna posibilidad de una intervención armada del poderoso vecino hemisférico, un vistazo a las  circunstancias mundiales de la época  pudiera, a la vez que ilustrarnos sobre la proliferación de semejantes prácticas en las relaciones interestatales, servir para que intentemos interpretar nuestros procesos históricos con un tinte menos incriminativo, quizás.

Si en ambas Américas podían celebrarse como mayoría aquellas naciones políticamente soberanas desde los Estados Unidos hasta Chile, o con un grado ejemplar de autogobierno dentro de una entidad imperial (Canadá), y aunque no estuvieran ausentes reivindicaciones de corte cultural como la de las comunidades francófonas canadienses o los indígenas mayas del Yucatán oriental, este cuadro continental no era precisamente la norma, ni siquiera en el civilizado continente europeo. América era el único continente donde las grandes potencias imperiales habían disminuido su presencia territorial desde 1860, controlando el 27,2% del espacio hemisférico.

En efecto, a inicios de la centuria, las cuestiones étnicas, religiosas y políticas que originaron no pocos de los conflictos pasados y futuros, aún estaban sin resolver en gran parte del globo, al mismo tiempo que ondeaba la bandera tricolor en el habanero Palacio de los Capitanes Generales. Con su enmienda a la carta fundamental, los cubanos habían alcanzado en 1902 una de las aspiraciones que entonces o eran una lejana posibilidad o apenas un triste recuerdo ante el peso de los ambiciosos poderes mundiales: Cuba accedía a la independencia tras casi un siglo de turbulencias, y eso le confería una apreciable singularidad en un mundo donde la corriente parecía inclinarse al signo contrario.

1. aspiraciones y posibilidades

Intentemos ilustrar la anterior aseveración en varios continentes. Si miramos al centro cultural, político y económico mundial de entonces, Europa, veríamos que pueblos más antiguos, cultivados y ansiosos de un lugar, no disfrutaban de la posición que estrenaban nuestros compatriotas de antaño: Finlandia, pueblo orgulloso, era apenas un territorio autónomo dentro del Imperio Ruso y sus aspiraciones nacionalistas le llevarían en pocos años a la supresión de estas limitadas concesiones. Algo más afortunados al tratar con una potencia más benévola, los habitantes de Noruega, unidos desde 1815 a Suecia, aspiraban conseguir un estado nacional desde fines del siglo anterior, y aún esperarían tres años para conseguir su completa separación de la monarquía sueca. Bohemia, hogar de la comunidad checa, era parte del patrimonio imperial austriaco, en tanto que Polonia, de larga y esforzada historia, era apenas una tierra repartida entre alemanes y rusos, y sometida por éstos a uno de los más despóticos sistemas de la época. Los magiares compartían constitucionalmente con la comunidad germana el imperio de los Habsburgos: la extensa Austria-Hungría, pero muchos de ellos intentaban erigirse en otra potencia centroeuropea para preocupación de sus vecinos serbios y rumanos. Constituirse en estados, entre las comunidades de Lituania o los musulmanes de Albania, era mera especulación para los respectivos nacionalistas. Por su lado el balcánico reino de Serbia tenia entre sus proyectos estratégicos la incorporación de todos los pueblos eslavos de los Balcanes, algo que —alentado discretamente por Rusia—, despertaba inquietudes entre las grandes potencias, y no escaso desasosiego entre los croatas, montenegrinos, turcos, griegos y búlgaros. Irlanda, Macedonia y Bosnia constituían serios problemas étnico-políticos sin soluciones aparentes. Las ricas y pobladas provincias de Alsacia y Lorena seguían constituyendo un contencioso político-étnico sin solución que alimentaba la animosidad de Francia contra Alemania.