lunes, marzo 27, 2006

HERIDAS, PASADO Y CICATRICES


Heridas, pasado y cicatrices



MANUEL VÁZQUEZ PORTAL

Las heridas de ayer son las cicatrices de hoy. Las heridas de hoy serán las cicatrices de mañana. Y dolieron y duelen por igual porque han sido infligidas con la misma crueldad. El más alto ideal humano sería que el mañana fuera un tiempo sin heridas. De ese modo nadie tendría cicatrices que ostentar como estigmas o como galardones. Pero desgraciadamente el ser humano parece empeñado en seguirse desgarrando. Y quizás sea la lucha por el poder el mayor surtidor de sufrimientos. Pareciera que el ser humano no sabe vivir sin desear imponer su individualidad sobre las otras, y para lograrlo ansía el poder como vía para hacer su voluntad. Entonces las heridas y cicatrices se tornan blasones de luchas que cuando son coronadas por la victoria se transfiguran en dagas tan hirientes como las anteriores. No se llega al poder para herir, sino para que no se hiera más. Cuando el poder deje de ser una solapa para herir impunemente, y gobernar no sea otra cosa que un deber ciudadano, quizás se alcance un mundo sin heridas.

Cada época impone sus maneras. No es con el pasado que se fabrica el hoy, mucho menos el mañana. La vida corre, vibra, se escapa, deja ensueños sin cumplir y cicatrices indelebles. Las cicatrices son heridas sólo en el recuerdo, ya no sangran ni duelen sino en la memoria. Pero están ahí donde una mano bárbara la causó. Los ensueños del pasado son en el presente sólo nostalgias. Pero están ahí, pugnando aún por realizarse. Las cicatrices y los ensueños pueden trocarse brújula pero nunca la ruta única y prefijada. Hay nuevos patógenos, nuevos convalecientes y nuevos ensueños de sanidad. Estudiar el ungüento que una vez sanó la vieja herida no significa que ha de usarse otra vez. En esa fórmula de alquimista antiguo pueden estar las sustancias del nuevo elíxir, pero hay que permitir que el químico nuevo la aplique con método nuevo sobre la herida nueva. La cicatriz es ya experiencia; la herida, reto para el nuevo médico. Han de unirse cicatriz antigua y herida nueva, alquimista antiguo y químico nuevo para encontrar la medicina del mañana.

Caer en la trampa del poeta español Jorge Manrique al creer que todo tiempo pasado fue mejor es darle pábulo al estatismo. Sacralizar el pasado es retrancar el presente, intentar impedir el futuro que de todos modos llegará con fuerza arrolladora. Pretender el aceleramiento del futuro, otorgándole preeminencia al ímpetu, con delirantes afanes de precognición sin darle espacio al sedimento histórico es fabricar máquinas de muerte. Las revoluciones abortan la necesaria mixtura entre experiencia e ímpetu, y por eso han sido y son imperfectas, y con su ímpetu devastador provocan más heridas. Las evoluciones que, por supuesto, son susceptibles de mejoramientos, han demostrado que en su espiral de ascenso han dejado menos dolores, menos cicatrices. No son los raptos épicos los más constructivos y por tanto venerables de la historia, aunque a veces nos fascinen las leyendas heroicas. Los más bellos palacios de las evoluciones han sido destruidos por las cabalgatas de las revoluciones.

No se trata, desde luego, de esperar apaciblemente la milagrosa aparición de la panacea. No es en la pasividad donde se encuentran las soluciones, pero tampoco en la exacerbación de la violencia. Sólo los que llegaron al poder por medio de la violencia creen que con ella construirán un mundo nuevo, y en su perversidad erigen solamente un mundo de cicatrices, mientras se escudan en las heridas que les causó el pasado.

No permitamos que las heridas nuestras se conviertan en motivo para plagar de cicatrices el futuro. Demostrémosle al gobernante violento y sempiterno que no es con las heridas que él nos causó que construiremos el futuro, que su pasado no es nuestro pasado, que nuestro pasado es él y que, efectivamente, al pasado no volveremos jamás.

No volveremos a los fusilamientos y a los juicios sumarísimos sin garantías procesales, no volveremos a encerrar jóvenes en campos de concentraciones llamados UMAP, no volveremos a desarraigar familias enteras y hacerlas vivir en ''pueblos cautivos'', no volveremos a azuzar las turbas para que humillen y golpeen a quienes sólo deseaban escapar del infierno en que había transformado la isla, no volveremos a exportar guerrillas a América y África, no volveremos a encarcelar a opositores pacíficos y periodistas independientes, no volveremos a la cartilla de racionamientos ni a los ''camellos'', no volveremos al partido único y a la voluntad única.

Al pasado no volveremos jamás porque el pasado es él. Habremos de construir un futuro sin que les hagamos padecer a quienes lo habiten las cicatrices que nos produjo el futuro que él nos prometió y que es todavía ese hoy horroroso que padecemos.


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