martes, febrero 13, 2007

LAS CRISIS IMPORTADAS

Tomado de Cuba Encuentro.com

Las crisis importadas

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¿Se darán cuenta los gobiernos latinoamericanos que no pueden ignorar los peligros que amenazan al continente con la alianza Chávez/Ahmadineyad?
lunes 12 de febrero de 2007 6:00:00
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Por Elizabeth Burgos, París

En octubre de 1962, la osadía de Fidel Castro de convertir Cuba en una base soviética dotada de misiles nucleares, puso al mundo al borde de una guerra nuclear. Este hecho obedeció a la alianza que estableció con la URSS: el enemigo de tu enemigo es mi amigo. Además de que su dinámica guerrera lo incitaba a integrar la Isla en la dinámica de la Guerra Fría y, de paso, así arrastraba consigo a toda América Latina.

Entonces, el enfrentamiento se daba entre las dos grandes potencias: Estados Unidos y la URSS. Hoy el escenario bélico de enfrentamiento con Estados Unidos se ha desplazado al Cercano y Medio Oriente. Y por supuesto, el presidente de Venezuela, fiel a la dinámica de identificación mimética con el líder cubano, tenía que buscarse un escenario similar que le permitiera vivir la experiencia de una crisis internacional, por lo que ha suscrito una alianza con aquellos que mantienen la actitud de mayor beligerancia hacia Estados Unidos: Irán, Siria y, de paso, se frota con Hezbolá.

En un lúcido artículo publicado en el diario francés Libération, Alfredo Valladao, miembro del Instituto de Estudios Políticos de París, analiza la alianza estratégica de Hugo Chávez con Ahmadineyad, y de igual manera, su acercamiento con Siria. Sirviendo de Celestina ante Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega, Chávez ha logrado que estos se sumen también a la alianza. Ahmadineyad hasta le hizo el honor a Correa de asistir a la toma de posesión en Quito.

El analista francés se inquieta por las graves consecuencias que esta alianza, sobre la base del antiamericanismo de dos radicalismos políticos —el fundamentalismo chiíta del presidente iraní y el populismo bolivariano del jefe del Estado venezolano, que representan el ala radical de la OPEP—, puede traer a la región suramericana. Una región golpeada por conflictos internos, pero sin relación con la gravedad de los conflictos bélicos, regionales y nacionales —limpiezas étnicas, enfrentamientos religiosos— que han azotado África, Yugoslavia y el Cercano y Medio Oriente.

Sin embargo, una alianza estratégica de esa naturaleza puede importar a América Latina los problemas que aquejan al Cercano Oriente y comprometer la seguridad interna de esas naciones. La influencia iraní puede hacerse sentir como una amenaza en el seno de las comunidades judías, las de origen libanés cristianas o sunitas, o las de origen palestino opuestas a Hamas, las cuales conviven en América latina.

De boca de un oficial estadounidense escuché la preocupación de Washington ante la presencia de Hezbolá en América del Sur y, en particular, por la alianza que esa organización habría establecido con las FARC de Colombia, mediante la cual estas, a cambio de droga, son dotadas de armamento por Hezbolá.

Un llamado a los gobernantes de la región

Más que un análisis, el articulista francés parece más bien querer hacer un llamado a los gobernantes de la región, que hasta ahora han mantenido una actitud condescendiente ante el presidente venezolano —petrodólares obligan— ignorando sus desplantes y el perverso totalitarismo constitucional que se está montando en Venezuela. Actitud muy similar a la de los mandatarios europeos ante los dictadores y reyezuelos africanos que disponen de ingentes riquezas: petróleo, diamantes, marfil, que son argumentos suficientes para mantener en la discreción cualquier genocidio o violaciones graves a los derechos humanos.

Ningún jefe de Estado latinoamericano ha cuestionado jamás la alianza del gobierno de Venezuela con un jefe de Estado que dice hará desaparecer Israel del mapa, que convocó un coloquio de "expertos" en Teherán para demostrar la inexistencia de los crímenes nazis y de la Shoah, que financia los grupos más radicales del terrorismo integrista para usarlos como instrumentos de su política exterior, y cuyo propósito de dotarse del arma nuclear es para imponerse como poder hegemónico en la región. ¿Cuál será la actitud cuando tengan que tomar posición ante la escalada ya en marcha, esta vez de Estados Unidos y Europa, contra Irán? ¿Se darán cuenta, antes de que no sea demasiado tarde, los países latinoamericanos que no integran la alianza Chávez/Ahmadineyad, que no pueden seguir fingiendo ignorar los peligros que amenazan al continente?