domingo, septiembre 09, 2007

CHI CHI CHE-OUVENIRS

Tomado de El Nuevo Herald.com

Chi chi Che-ouvenirs

Por Mercedes Soler

En los últimos años el Che se ha puesto demasiado chi-chi. Que si Angelina Jolie se lo ha tatuado sabe Dios dónde, que si Johnny Depp se cuelga su imagen como medalla religiosa, que si Hollywood sigue sacando películas de bajos presupuestos, idealizando una leyenda romantizada, hasta fabricada, para sacar ventajas taquilleras. A la cinta Los diarios de motocicleta le fue tan bien que ya están haciendo otras versiones. Pronto se estrenarían dos filmes más. Todo porque la única vara con la que hoy miden a Guevara es con la del retorno en inversión. Claramente, un Che chi-chi, convertido en mito por la maquinaria propagandista de un régimen sin héroes y la ignorancia de un mundo despreocupado por la historia se traduce en derroche de ganancias. Si una camiseta con la foto captada por Alberto Korda se puede vender por $5, sin que nadie tenga que pagar derechos de reproducción, y tantos tontos están dispuestos a comprarla, ¿porque no seguir explotando a quien una vez fuera el explotador?

Ahora Gustavo Villoldo, quien dirigió el operativo en Bolivia que acabó con la captura y muerte de Ernesto Guevara, se ha sumado a la maquinaria mercenaria que lucra con la memoria del Che. Me parece muy bien. Es más, se lo aplaudo. Si es que el Che realmente detestara tanto la codicia del imperialismo, y estuviese vivo, se le reventaría el hígado. Aunque lo dudo. Era demasiado ególatra. Las fotos que lo muestran jugando al golf después de la revolución y la fastuosa mansión que ocupó de sus verdaderos dueños en Tarará, comprueban que además de ser un cínico-sádico era también un hipócrita. Villoldo, como veterano de la invasión de Bahía de Cochinos, que además perdió a su padre debido a la revolución comunista, conoció de cerca al vil carni-che-ro. Y está más que en su derecho de reclamarle partido a su intervención en esta historia.

No obstante, el hecho de que el antiguo agente de la CIA haya guardado una carpeta con algunos objetos que identificaban al enfermizo argentino da crédito de lo mucho y muy rápido que ascendió la imagen del barbudo y de lo tanto que la revolución cubana llegó a captar la imaginación. Villoldo sabía que se encontraba ante una figura histórica. Por lo tanto, se quedó con algunos trofeos de guerra. Es natural. Ahora subastará las huellas dactilares tomadas al cadáver, el mapa que utilizó para perseguir a su presa, los telegramas intercambiados con el entonces presidente boliviano René Barrientos, los mensajes interceptados entre Guevara y sus veintitantos seguidores, que ni siquiera fueron insurrectos porque el Che no logró reclutar a un solo campesino boliviano y el galardón mayor: un mechón de pelo que debe guardar el secreto genético para algún día identificar el verdadero esqueleto de Guevara.

Los que más de cerca y con rabia seguirán el martillo de esta puja seguramente serán sus herederos. Los que a diferencia de otros descendientes cuyos padres dan para vender camisetas como por ejemplo el de Lisa Marie Presley, que le saca unos $40 millones anuales al legado de Elvis, no tienen cómo reclamar su patrimonio prostituido. Si pudieran, ya lo estarían haciendo. Porque el comunismo hasta a ellos les ha costado. Una de las hijas de Guevara con Aleida March acaba de adquirir la ciudadanía argentina para que sus hijos ''pudieran viajar a Europa evitando los engorrosos trámites y visados''. Pero no deberían molestarse. Algún ''tesorito'' habrán guardado, algo para también comerciar con la imagen que tan hábilmente les han expropiado los ''imperialistas''. Quizás todavía guarden una bota ensangrentada, una pistola ejecutora o hasta las centenas de firmas, que mercadeadas creativamente pudiesen pasar por autógrafos, con las que Guevara plasmó sus nefastas órdenes de fusilamientos frente al paredón.

Lo interesante de esta liquidación radicará no tanto en el monto que obtengan los objetos, sino en ver quién desembolsa la plata para acariciar los recuerdos de un asesino en serie. Robert Redford, quien dirigió Diarios, podría querer depositar el mechón a los pies de su Oscar, en un altar al dinero. Carlos Santana, quien vende rock inspirado en mujeres que practican la magia negra, podría atárselo al cuello de talismán. Y tanto Gael García como Benicio del Toro, que tanto han defendido el símbolo de sus dramatizaciones en el celuloide, sin duda tendrán interés personal en comprarse alguno que otro Che-ouvenir. Si no son ellos, seguramente no faltarán los desorientados que buscarán avaros un trocito de dios falso para venerar.

Ojalá que la venta alcance no miles, sino cientos de miles. Que Villoldo se haga rico por traficar con lo macabro. Ya es hora de que sea un exiliado cubano el que se beneficie de la funesta adoración de este producto de mercadería.

mercedesenelnuevo@gmail.com