viernes, agosto 14, 2009

Si filmas en Cuba, la crítica social es inevitable

«Si filmas en Cuba, la crítica social es inevitable»

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El realizador Jeffrey Puentes habla con CUBAENCUENTRO.com de sus 'atípicos' documentales sobre una comunidad católica de Pinar del Río.
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Por Max Barbosa
Miami | 14/08/2009



El cineasta Jeffrey Puentes García (Candelaria, Pinar del Río, 1976) concibió y dirigió tres singulares documentales sobre la comunidad católica de su pueblo natal.

25 Km (19 minutos, 2005) aborda el peregrinar de dos mujeres con historias difíciles, a través del campo, para asistir a misa. 72 horas (27 minutos, 2007) mira el carnaval de Candelaria desde el punto de vista de un sacerdote y de una madre y su hija que alquilan camas en su casa. Para subir al cielo (24 minutos, 2008) muestra los preparativos de una Eucaristía en plena campiña.

Puentes, quien hoy vive en Estados Unidos, estudió dirección en el Instituto Superior de Arte (ISA), en La Habana. El haberse vinculado con apenas 17 años al clausurado Centro de Formación Cívico y Religiosa de la Diócesis de Pinar del Río —dirigido por Dagoberto Valdés—, y la influencia del entonces obispo de la diócesis, monseñor José Ciro González Bacallao, le permitieron reflejar la realidad local con un toque de esperanza ante la hecatombe.

(El cineasta Jeffrey Puentes García en Miami. (MB) )

Has dicho que tus documentales son atípicos

Sí. Tratamos de no enfocarlos, cercarlos o inducirlos como documentales propiamente católicos, de ahí la aceptación por los creyentes y no creyentes.

Mis compañeros de aula me decían que no creían en nada, y menos en la religión católica; sin embargo, los sensibilizaban esas mujeres de 25 km que caminan una distancia tan larga para ir a misa, independientemente del buen sonido, fotografía y edición del material. "No nos interesa el tema, pero tiene valores", argumentaban.

Por eso la oficialidad tuvo que aguantarse. Había muchas dudas sobre si se estrenaban o no los documentales. Siempre comenté en el desaparecido Centro Cívico de Pinar del Río que, como dialogar con ellos (el gobierno) es difícil, hay que ir con todas las armas para que no te cercenen, trabajar lo más profesional posible, tener una buena investigación a la hora de presentar el proyecto.

Recuerdo un documental sobre monseñor Boza Más Vidal que presentaron en una muestra de nuevos realizadores y lo cortaron. Yo comenté que era porque se trataba de un cura. "No, es que es malo", me contestaron.

Entonces, ¿deberíamos pensar que en Cuba hay cierta libertad de expresión?

Particularmente, yo no creo en la libertad de expresión plena en ningún lugar del mundo. Siempre hay lugares donde puedes decir cosas y lugares donde no puedes decirlas. En Cuba no hay. Uno tiene que ser muy sinuoso. Como dice la Biblia, "prudente como la serpiente, sencillo como paloma".

En 25 km hay quince horas filmadas y el documental dura 19 minutos. Quité entrevistas, no quería que nadie hablara, utilicé el recurso de dar las cosas mediante imágenes. No quería tijeras.

Esos tres documentales fueron hechos para pasar la censura, fueron muy estudiados, estuve meses editándolos.

Creo que la imagen de las mujeres de 25 km dice más que las mil palabras que ellas pudieran decir, además de las diversas lecturas que provocan.

Me dijeron que le estaba tirando fuerte al gobierno. "Yo no, eso es lo que tú ves — contestaba—. Es como un cuentecito: unas mujeres que caminan kilómetros para ir a rezar".

"Sí, pero esos carteles en la carretera 'La patria necesita sacrificios', 'Sólo vencen los que luchan y resisten'", me decían. Les respondía que yo no había puesto los carteles, estaban ahí. Si vamos a cualquier otro lugar veremos "Tome Coca-Cola". Mis documentales no dicen "Abajo Fidel".

La política en Cuba está en todo y, desde que filmas, la crítica social es inevitable. Por eso la ausencia de textos, y también por llegar a otros públicos. Si en Hong Kong ven los documentales, que los entiendan por la imagen sin necesidad de subtitular.

También tuve en cuenta el ateísmo reinante en mi generación. Si esas mujeres comenzaban a rezar o a expresar su fe, quizás el espectador diría: "no estoy para eso".

¿Qué recuerdos conservas del Centro de Formación Cívico y Religioso de Pinar del Río?

Allí me presentaron una Iglesia diferente, con un compromiso social más fuerte, que decía las cosas en la cara, comprometida con el pueblo. Me pareció fantástico a mis 17 años.

En Candelaria fui como el representante del Centro. Me dio una visión más humana. Dagoberto Valdés, al ver 72 horas, comentó que los cineastas somos dioses. "Yo llevo 13 años escribiendo en Vitral lo que tú relatas en 27 minutos", me dijo. Penosamente, Vitral desapareció junto con el Centro.

El año 2007 parece ser importante. Te graduaste en el ISA, recibiste premios. ¿Nunca te discriminaron por ser católico?

Le pedía mucho a Dios. Siempre había como un miedo porque yo profesaba la fe en Candelaria y en Pinar del Río. Llevaba una especie de doble vida: allá y en La Habana, aunque no se movía un solo pelo de mi cabeza sin que la seguridad lo supiera.

Pienso que sabían quién era yo, porque pertenecía al Centro Cívico. Tenía temor de que no me dejaran filmar más.

Nunca me dijeron nada; yo tampoco dije nada aunque tuviera problemas. En la filmación de 72 horas, aparecieron personas aparentando estar embriagadas, que se comportaron desagradablemente. Cuando me preguntaron en el ICAIC cómo me iba, dije que me trataban muy bien.

Mira, si la Iglesia me hubiera regalado una caja de arroz, yo no la habría aceptado porque habrían comenzado las dificultades.

¿Y de dónde sacaron el dinero para filmar?

De los premios. Un documental me llevó al otro. Mi familia muchas veces me apoyaba con la comida, el equipo no cobraba. Pero a la Iglesia no podía aceptarle nada, y menos a la pinareña, porque me habrían acusado de usar "dinero del imperio".

El documental que yo soñé hacer primero fue 72 horas. De pronto, surgió un premio de 10.000 pesos cubanos, de la Asociación Hermanos Sainz por presentar un proyecto.

Nunca pertenecí a la Asociación, pero el presidente de audiovisuales estaba en mi aula del ISA.

Como teníamos que hacer documentales sin cámaras, sin dinero, sin nada, ellos convocan a presentar proyectos para otorgar ese premio. Yo tenía el guión de 25 km más adelantado, y lo entregué. A los tres meses me informaron que había ganado.

Pedí el dinero prestado a mi familia para comenzar a rodar. A los siete meses me dieron los 10.000 pesos cubanos.

Hice el documental con mucho miedo, era la primera vez que rodaba.

En cuanto a las historias de tus documentales, ¿cómo surge la idea de las dos mujeres de 25 km?

Las conozco de toda mi vida, dan clases de catecismo en la iglesia de Candelaria a la que asistía desde niño. Son solteras, no tienen hijos. Las visitaba durante el verano.

Para mí es normal que ellas caminen esa distancia o vivan sin electricidad, debido a que las conocí así; pero para otros, no.

La filmación fue muy difícil. Los técnicos eran de La Habana, nunca habían caminado entre lomas; lo que se podía hacer en una hora, se hacía en dos. Llevé un equipo numeroso en especies, como en el Arca de Noé: dos camarógrafos, dos sonidistas… por mi preocupación de que alguien sufriera un accidente.

Además, estas mujeres son bien especiales. Tienen un mundo interior muy grande, pero no dejan entrar a cualquiera. Las visitamos varias veces antes de iniciar el trabajo para que el equipo se relacionara con ellas.

Era imposible hacer una puesta en escena porque ellas tienen su tiempo muy definido. Si la mayor le echa comida a los puercos a las once de la mañana, en ese instante tienes que salir detrás con la cámara. Es su forma de vida.

El padre estuvo preso unos cuantos años por matar una res, y en la cárcel se volvió maníaco-depresivo. Salió porque intentó suicidarse varias veces. La madre las crió, en cierta forma, para que cuidaran de él además de trabajar en la finca.

La situación política del padre provocó la marginación social de ellas, sólo la Iglesia les abrió las puertas. En el año 2000 el padre consiguió quitarse la vida.

En Cuba se han realizado muchos documentales sobre los carnavales, ¿cuál es la diferencia de 72 horas con respecto a los demás?

Si 25 kilómetros era riesgoso, 72 horas lo era el doble. El tema es muy manido, vi todos los documentales que lo bordan, no sólo los de Cuba.

Candelaria no tenía tradición de carnaval antes de la Revolución, se realizaban verbenas patronales. Hacia Pinar del Río emigraron muchos canarios, las costumbres eran diferentes a las de Oriente, por ejemplo. El carnaval fue un invento de unificar todo.

Mi documental es un pretexto para contar la historia de una madre, su hija y el cura del pueblo; de mostrar cómo, durante la fiesta, viven aislados, hacinados por ganar un poco de dinero. Las mujeres alquilan camas en su casa para los que vienen de otros sitios.

Tiene millones de lecturas. Para mí es un reflejo de las relaciones de la Iglesia con el Estado, de cómo funcionan. Desde que tengo uso de razón, oigo al padre Iván quejarse de los carnavales por las groserías, la gente orinando en la orilla de la parroquia porque no hay un respeto a ese espacio.

También trato la relación del negro con la Iglesia —muchos creen que sólo practican la santería—, así como la relación de la iglesia pinareña con el pueblo, a su lado, no de espaldas.

Para subir al cielo es el más esperanzador de los tres documentales porque los niños lo protagonizan. Es inocencia, ternura, es ir a los orígenes, a esa Iglesia que propone el Concilio Vaticano II. Tiene más que ver con la fe auténtica, no con los grandes templos, porque celebran la misa al aire libre.

Es una respuesta a 72 horas. Si allí les imponen un carnaval, aquí el accionar es por generación espontánea. Destaco el paisaje pinareño, que no es sólo el Valle de Viñales.

Al estrenar tus documentales en la muestra de cine cubano La Isla en Peso, en Miami, comentaste que en 72 horas demostrabas que hay partes de la sociedad cubana que pueden ser salvables.

Creo que eso está en los tres documentales. En Cuba los documentales que no están censurados son las loas al sistema; los que lo están, tratan de prostitutas y otros temas recurrentes, que en Europa y aquí mismo, en la televisión (de Miami), son como carne de cañón.

¿Por qué hablar siempre de lo feo y no de los valores?. Yo los defino como una resistencia. Los protagonistas no son disidentes, no son blogueros, no son opositores pacíficos. Su oposición está en el día a día. En no hacer lo que hace la masa, como ovejas en un redil. Quise destacar, también, la feminidad de la mujer cubana.

¿Cómo llegas a Estados Unidos?

En 2008, a través de la frontera mexicana.

¿Y a México?

Por una beca del Centro de Producción Cinematográfica Filmar lo Inefable, en Guadalajara.

¿Algún proyecto entre manos?

Varios, pero no hablaré de ellos hasta que no consiga financiamiento.

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