sábado, septiembre 26, 2009

Juanes, Bosé, Tañón y los perros: crónica de un atardecer en La Habana

Tomado de http://lacomunidad.elpais.com/lulo-cubilo

Juanes, Bosé, Tañón y los perros: crónica de un atardecer en La Habana

Por Lionel Lejardi


Desde las 14:00H del sabado 19 de septiembre de 2009 (24 horas antes del inicio del concierto), todo el Dispositivo de Seguridad y Contención (represión estatal) se mantenía en alerta plena. Los comparsas que harían de "pueblo", preferentemente los jóvenes, estaban citados en los Comités de Zona (Comités de Defensa de la Revolución), Escuelas, Oficinas, Cuarteles, Talleres, etc., para las 02:00H de la madrugada del día 20. Apuntaban a asegurarse de que todo espacio disponible alrededor de las tarimas, estuviera en manos de los adeptos al gobierno. Aspiraban a que el número de incidencias apreciables fuera el mínimo, bloqueable y reprimible desde sus inicios, tal si el evento sucediera en cualquier otro país normal. Sólo que Cuba, les advieron los exiliados cubanos, no era un país normal sino cavernario. Ello, Juanes y su Combo lo constataron sorpresivamente; al ser golpeados por el dispositivo policíaco que los envolvió desde el inicio, y el cual hizo crisis apenas hicieron el segundo desayuno en el Hotel Nacional de La Habana.

La Biblioteca Nacional, al fondo del escenario, fungiría de camerino a los artistas y músicos, invitados, personal de vigilancia y apoyo (el visible), etc. El Ministerio de Comunicaciones, al lado del de Seguridad del Estado, seria centro del dispositivo (el invisible) de apoyo en caso de contingencias, revueltas, protestas, etc. Comidas, ropas, médicos, tropas de asalto (de civil), transporte, armamentos, dispositivos antimotines y el resto de retaguardia del plan militar, estarían sujetos a la supervisión y mando de un viceministro de los Servicios Inteligencia. El Dr. Fidel Castro Rúz, no deseaba que ni un puntó ni una coma, cayeran fuera de lugar. Más ahora, que ya tenía redondeado su retorno triunfal al ruedo político.

Una unidad especial de retaguardia merodeaba desde semanas antes, a los visitantes aceptados, como Juanes y su Combo (en los lugares y países donde fueran detectados) y también permanecia alerta para los no programados que se deslizaran a husmear en la Granja. Una de esas penetraciones contra el régimen,fue la realizada con osadia extrema aunque reprimida con violencia, por el argentino y animador de la TV miamense, Javier Ceriani.

Los mejores cuadros de la Inteligencia integrados por artistas, cuadros del partido, especialistas en vigilancia visual, transmisión y escucha y otros mezclados entre la muchedumbre, fueron movilizados. Batallones de jóvenes komsomoles de ambos sexos y aquellos que lucieran mejor alimentados y entrenados, estimados como "cuadros limpios"; sin contaminaciones orgiásticas conocidas, con la alta dirigencia del partido, civiles o militares, cumplirían su objetivo: no ser detectados por los visitantes e invitados, a los cuales vigilarían. Ellos formarían tres anillos de contención alrededor de las tarimas. Por supuesto, los simpáticos portorriqueños, venezolanos, haitianos, dominicanos, americanos, etc. residentes y otros visitantes a Cuba –ni por sus antecedentes anti norteamericanos y fidelidad irrestricta a la izquierda– quedarían excluidos de la acción de cacheo.

La indumentaria blanca identificativa, se desuniformó con la entrega a los agentes y militantes de gorras, pañuelos y "T-Shirts" con mangas y sin mangas, de color blanco inmaculado; algunas con logos sin significación, pero señalables para la policía. La indumentaria nítida de la ropa nueva, era imposible en el cubano corriente. Dos círculos de seguridad fueron desplegados en los bordes exteriores, reforzados en las tres o cuatro entradas a la plaza. La presencia de agentes y amazonas, fornidos, serían la persuasión de profesionales en artes marciales, "porteros" en los círculos exteriores, bloqueando a los opositares que intentaran perforar la pared humanana del bunker policíaco. Otros, vigilarían las vías peatonales laterales. Los francotiradores, en sus lugares habituales, no eran para proteger objetivos de alto rango político en las tarimas, sino que estarían atentos a las actividades de la muchedumbre.

Nadie del pueblo llano, tendría acceso al área dentro de un radio de 300 metros a la redonda, de las tarimas, que fuera consentido por los "porteros". Cada azotea y piso de los edificios altos estaría vigilado. Ya con el dispositivo cuadrado, desde tres horas antes del inicio del concierto, se informaría al Number One: Castro, no "el Pequeño" sino el Primer Secretario del PCC y otras excéteras, de que "todo estaba en orden".

Un detalle escandaloso, temido por el régimen que sucediera en público: a pocas horas antes al inicio del concierto, estando frente a los elevadores en el Hotel Nacional de La Habana; Juanes, Miguel Bosé y la Tañón (entre otros testigos), cada uno por su lado, discutían acaloradamente con una funcionaria del régimen (Ivette), sobre el incumplimiento o transgresión por parte de los comunista, de lo acordado. Los castrista habían colocado vallas alrededor de las tarimas, reservadas para su gente. Juanes, llamó a una conferencia de prensa, que puso a temblar a los anfitriones. La Tañón y otros participantes observaban en cautelosa espera, la respuesta de los funcionarios quienes trataban de reducir y sacar del lugar a los quejosos, Juanes y Bosé.

Los funcionarios temían el escándalo frente a la prensa. Los órganos de "influencia política", en el argot de la seguridad interior cubano; alertaron de que la multitud se les iría de las manos, tal como durante el maleconazo de abril 5 del 1994. Nadie se atrevería a decirle a la muchedumbre de que no habría Juanes, Bosé, Tañón, Lizzette, Orishas y los otros artistas; y que todo seria sustituído por sus viejas momias (komsomoles > 65 años). Cerrar las entradas a la Plaza, decidieron los funcionarios. Fue cuando los artistas principales explotaron.

Resultado y lo cierto es que la fuerte discusión se recrudeció y Juanes le reclamó a los funcionario sobre la escandalosa vigilancia (una táctica japonesa, refinada por la por la Stasi, maestros de la Seguridad isleña) de que se sienten objeto, desde que llegaron a la isla el viernes 18 de septiembre. (Lo que sigue es tomado textual de la radioemisora WXDJ 95.7 FM "El Sol" y publicado por el matutino "El Nuevo Herald", ambos de Miami, USA).

–¡Esto se acabó, nos vamos de Cuba, ya! Estamos muy molestos, muy molestos. Vinimos a cantar a la gente joven de Cuba y por eso estamos aquí. Pero hemos encontrado una barrera muy fuerte y ¡esto se acabó! –se escuchó exclamar a Juanes.

Su interlocutor le responde que "ha sido muy dificil para nosotros recibirlos", pero Juanes sigue manifestando su inconformidad. Y trataron de llevarlo a una habitacion.

–Acabo de darme cuenta de que la persona que me sirve el desayuno y maneja mi taxi se apareció en el concierto y ahora está allí detras, tomando notas –anadió Juanes. –Y yo no voy a volver a mi habitación.

Los artistas, muy emocionados y anonadados, no atinaban a entender aquella situación represiva por parte de quienes estaban acostumbrados a zarandear las vidas ajenas, despreciando con arrogancias a los nacionales, y con la que se encontraban de bruces por primera vez en su vida. "Entonces, los exiliados cubanos no exageraron -pensaron-, tenían razón plena".

La Tañón toma por el brazo a Juanes, quien junto a Bosé rabia de impotencia y lo aparta del lugar y le pidió que continuara con el concierto, por el compromiso con la juventud cubana. Otros les insisten por igual. En nada, el concierto "Paz sin fronteras" estuvo en peligro de no arrancar por culpa de los mastines que acosaban a sus presas. Al final, como por encantos, todos sintieron alejarse los ladridos enronquecidos de los cancerberos, pero ya apagados en lontananzas.

–Los perros siguen ladrando y ladrando, enloquecidos –apuntó la mujer más joven.

–Es señal de que cabalgamos –sentenció quijotesca, la más experimentada.

Los hijosdalgos, continuaron su rumbo hacia la Plaza donde el rumor franco del pueblo les aguardaba. Inmutables en su decisión. Y el concierto arrancó con todo éxito, con ladridos o sin ladridos.

–Dices que estas aquí desde las seis de la mañana –insistió el periodista de EFE a la turista regordeta, pero de cara angelical–. Dime, ¿cómo puedes mantenerte horas y bajo el sol, y sin agua? Tienes una sombrilla, tu ropa es de algodón con mangas, todo, algo bien raro. Luces fresca y con una mochila bien abultada. ¿Qué traes dentro?

–Bueno, es increíble que no hayan dispuesto el agua para para la gente. Pero sé como es la cosa aquí. Es que siempre alguien te alerta, y me traje lo mío.

–Quizás fue adrede para que quienes no fueran del gobierno, se fueran –apuntó sarcástico el periodista.

Ella, eufórica y esperanzada de la liviandad de su ser, le dicen, que flota en medio del desastre que la hace distinta a esos cubanos que la rondan, con una inmensa dentadura que no le cabía en la boca. Lo más importante: venía del DF repleta de dólares, para comprarse un marido y volver a México.

–Tengo agua mineral –explicó ella–, pastillas energéticas, pan de emparedados, mayonesa, queso, jamón, jugos hidratantes, cotex...bueno por si con el calor me baja la regla, servilletas, pampers, por si me cago (ella ríe de sus chistes, sin desenfado), un asiento trípode, mi sombrilla que tu ves...y otras cosas, en dólares, claro –concluyo ella, en medio de un rubor encantador.

El periodista hace un gesto al recibo de la señal del acto. Son las 14:00H, y éste concluye.–¿Y el resto de los cubanos, digo, los sin mochila? –inquiere el periodista.

–Yo no sé como aguantan. Ahorita me vine por un marido que quiera irse de aquí. Y de que me lo cargo, me lo cargo –confesó, en tono decidido.

A lo lejos, la voz de la Tañón se escuchó potente. Después, sobrevino el estruendo habitual y los escuchas del gobierno, levantaros sus orejas y rabos como les era habitual, para saber qué decían los del pueblo. Un joven negro, salido de donde nadie sabe donde, logró subirse e irrumpir en medio de la pasarela principal de la tarima, invitado por gestos Juanes. El "intruso" portaba una bandera cubana colgada de una asta y de inmediato (no estando éste en el programa, la enseña nacional no le valió de nada); el joven fue bajado a la fuerza por elementos de la seguridad, de los integrados entre los titulados "estudiantes excepcionales y privilegiados". Los mismos cuyos puestos fueron protestados por Juanes.

Ya a esas horas, el animador de la TV miamense de origen argentino; Javier Ceriani; yacía confinado, con sus papeles confiscados, en el Hotel Vedado de La Habana; dijo el después, ya a salvo en Miami; tras ser golpeado y encerrado en un carro jaula, por la policía. Motivo: desplegó en la Plaza Cívica "José Martí: (ahora Plaza de la Revolución) un cartel en el que pedía: "Libertad". Una palabra soez en Cuba.
Fin de la crónica.

© Lionel Lejardi. Septiembre, 2009
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

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Lionel Lejardi es Ing. Electricista. Investigador, historiador y analista de política nacional (EE.UU) e internacional. Estudia el Asunto Cubano y su influencia a escala planetaria.

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