jueves, agosto 08, 2013

Luis Cino Álvarez desde Cuba: La disidencia y el pecado original que le quieren endilgar

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La disidencia y el pecado original que le quieren endilgar


 Por Luis Cino Álvarez   
 08 de Agosto de 2013

Cuba actualidad, Arroyo Naranjo, La Habana, (PD) Aunque ya debiera estar inmunizado contra el desconcierto en estos tiempos que corren, luego de leer en Havana Times un artículo de Vicente Morín Aguado titulado "La juventud ante el pecado original", quedé aturdido.

Tan aturdido como cuando me bajo de una guagua, atestada y casi sin ventanillas, en la que he viajado durante más de una hora, del Calvario al Vedado, a 32 grados de temperatura y a ritmo de reguetón.

Dicho artículo, aunque por su título pudiera ser tomado por una moralizante disquisición etaria-teológica, no tiene que ver con la expulsión del paraíso por la cuestión de la manzana y la serpiente que refiere el Génesis bíblico. Tampoco con aquella canción de Pablito Milanés de los años 90 donde el cantautor defendía los derechos de los gays y les sugería a los mandarines homofóbicos que no se equivocaran otra vez, que ellos no eran Dios.

El artículo de Morín Aguado trata de la desconexión de los jóvenes cubanos de ahora mismo con la revolución y la contrarrevolución, que supongo que son los términos con los que el autor se sienta más cómodo –por convención, costumbre o inercia- para referirse a la dictadura y a los que se le oponen. El pecado original a que se refiere Morín es de los segundos: haber apostado por los yanquis. No importa que la apuesta haya sido hecha hace más de medio siglo, cuando el nuevo régimen se uncía al carro de la Unión Soviética.

Morín Aguado sigue aferrado a los tiempos de Kennedy y Khrushov, y lo que es peor, cargando de anacronismos, errores y culpas ajenas y añejas a la disidencia de ahora mismo.

"Los opositores al castrismo están pagando su pecado original, esa deuda con la historia que no quieren saldar, obstinados en tiempos idos, apartados de la realidad", escribe Morín.

Como habla Morín Aguado de tanto desfase, obstinación e irrealidad, uno no sabe a qué "opositores al castrismo" se refiere, si a los congresistas cubano-americanos que estamos de acuerdo en que no nos representan a los cubanos de acá, que no fuimos sus electores; a batistianos como los que Reinaldo Taladrid saca de los cementerios para asustar con el retroceso y la revancha que implicaría un eventual cambio; o a los burócratas y corruptos del gobierno que traban -porque no les convienen- las reformas raulistas que no son tales reformas, y cuyas conductas los ingenuos y los maniáticos de la meta-jerga castrista se empeñan en calificar como "contrarrevolucionarias".

Llama la atención con cuánta ligereza juzgan a los opositores y disidentes algunos recién asomados del capullo que hacen sus primeros pininos con poses de irreverentes y libertarios siempre que ello no implique rupturas traumáticas con los presupuestos básicos de lo que hasta la semana pasada llamaban "la revolución" y que ahora con tanto birlibirloque, perfeccionamiento mercantilista-timbirichero del socialismo y confusión de lenguas, ya no saben cómo coño nombrar " sin que suene demasiado feo.

Uno se pregunta si lo que saben estas personas que opinan tan festinadamente de los disidentes y que los hace sentir tanta aprensión por ellos, será algo más que las sandeces que dicen el Granma, los blogs oficialistas y las damas y los caballeros de la Mesa Redonda.

Para la mayoría de estos personajes, su desconfianza por la disidencia, de la que no quieren saber ni que les cuenten, y por Miami, del que solo quieren los dólares y la pacotilla, les sirve para justificar su miedo y su inacción. Así de sencillo.

Advierte Morín Aguado: "Con la vara que midas, te medirán". Y tiene razón, úsese el sistema de medidas que sea. Aun los quipus de los incas, similares a los nudos hechos en una cuerda de ahorcado –o de maniatado con Síndrome de Estocolmo- por las medias verdades interesadas de ciertos oportunistas.

Siempre que escucho argumentos como estos, sospecho que lo que se busca es tirar la toalla al régimen y concederle un conteo de protección.

Diga lo que diga Morín, y por mucho que simplifique la historia de la batalla de Santa Clara, el Che y los casquitos, que un pueblo esté harto de una dictadura no basta para que esta se termine.

Concluye Morín Aguado con un párrafo por el que adivino que le gusta –como a mí- la narrativa de Jesús Díaz: "En Cuba la juventud se ha zafado definitivamente del pasado, claro, no tiene la herencia del pecado original, aunque está en la obligación de encontrar respuestas a la situación actual, un tema cuya solución pasa por recordar los años duros y las iniciales de la tierra."

No logro entender si Morín Aguado celebra la apática indefensión y el marasmo de los jóvenes cubanos. Muy jodidos están si "luchan por un Nike o un DK NY". No sé por qué necesariamente tendrían que escuchar los reclamos de los congresistas cubano-americanos que de aprobarse afectarían todavía más sus precarias vidas o leer como zombis el periódico Granma. ¿Acaso, como repiten los muchachos de mi barrio, no hay más ná?

Para Cuba actualidad: luicino2012@gmail.com