miércoles, octubre 15, 2014

Esteban Fernández: DE EXILIO A ESTERCOLERO

DE EXILIO A ESTERCOLERO

 

Por Esteban Fernández

Les hablé de los “asere que volá” que inundan al exilio. Pero hay algo peor que la vulgaridad: Hoy vamos a conversar sobre esos LUMPEN  y renacuajos que durante varias generaciones y décadas se pelearon con nosotros, nos persiguieron, nos acosaron, nos delataron, nos llevaron presos,  nos trataron como si fuéramos parias, intervinieron propiedades y negocios,  y no conformes con eso después que salíamos de Cuba se adueñaban de las casas, de los automóviles, y se burlaban de los padres nuestros que atrás quedaron diciéndoles “los inmensos trabajos que pasábamos en la nieve de New York o en las fábricas de Miami”.

Ahora vienen sus descendientes -la mayoría cómplices de la barbarie-  y actúan como si no hubiera pasado nada, arrogantes,  reuniendo unos dólares para cuando se termine el tiempo de espera pertinente regresar allá y darse abrazos con sus amigos los miembros del Comité de Defensa de su barrio.

Una de las cosas más interesantes, y separatistas, del proceso actual es la falta total de arrepentimiento de los que llegan al exilio después de haber gritado “paredón”. Hablo de los chivatos, de los que escupieron a los que salían por el puerto del Mariel y  de paso les echaban los perros para que los destrozaran a dentelladas. Y este ensayo no incumbe a los asesinos, ni a los miembros de los pelotones de fusilamientos, ni a los torturadores de Cien y Aldabó y de miles de prisiones de la Isla. A ESOS HAY QUE DARLES CEIBAS Y SOGAS.

Arriban a tierras de libertad sin un ápice de resquemor, a lo más que llegan es a evitar lo más posible codearse con sus compueblanos que los conocían como abusadores y perros de presa del régimen. Y no es por remordimientos sino por temor a que algún patriota les de sus merecidos sopapos.

Lo justo es que dieran un acto en un estadio de Miami, donde se reúnan miles de ellos y a voz en cuello dieran muestras  de contrición -de parte de ellos y de sus antepasados- y tratar de presentarse en los programas de entrevistas televisivas y señalar las hijodeputadas cometidas buscando que almas religiosas y de corazones caritativos y blandos se apiaden de ellos. Yo no -como decía el inolvidable Tito- yo no los perdono ¡porque no me da la gana!

Les cuento que uno de los principales motivos  -entre muchos- que yo me siento muy orgulloso de ser güinero es que a los actos del Municipio de Güines en Miami, ni al Círculo Güinero de Los Ángeles no pueden asistir los que fueron esbirros en nuestro pueblo. Porque los echamos a cajas destempladas.

Han pertenecido a los Guardafronteras, a los “Equipos de respuesta rápida” han estado dando golpes,  han vivido en casas incautadas a sus legítimos dueños, han sido interventores de negocios robados, han gritado mucho ¡Vivan Fidel y Raúl y que Viva la Revolución!  Y ahora se pasean por todas partes pero no le piden perdón a nadie.

Son los hijos y nietos de aquella claque castrista, que andan orgullosos de haberse graduado en la escuela vocacional Vladimir Lenin y de que estudiaron en Praga y Moscú,  y llegan aquí como si nada hubiera ocurrido, y lo que es peor sin retractarse de nada. Y ya estando en  tierra de libertad muerden las manos  que los acogen atacando a los Estados Unidos y al exilio histórico sin lanzar una leve crítica contra la tiranía. ¿Tiranía? Esa palabra no la conocen estos grandes copartícipes de la ignominia. Para ellos lo que ha ocurrido en Cuba es un largo carnaval con música de los Van Van y  Buena Fe junto a juegos de pelota de los Industriales. Y vienen a lo que ellos llaman “La Yuma” a hacer lo mismo, a vacilar, a vaguear, y a mandar y llevar fulas para allá.

Recorren todos y cada uno de los vericuetos del destierro cubano, están regados en la mayoría de las ciudades estadounidenses y en Europa. En Miami -desde luego- hacen ola.  Chivatientes, segurosos, milicianos, cederistas y hasta miembros del Ministerio del Interior andan sueltos y sin vacunar en el extranjero.

A los más conspicuos personajes los han entrevistado Pedro Sevcec, María Elvira Salazar y Oscar Haza y hablan de “Lo bien que viven los hermanos Castro, de los excesos de los generales, de los lujos de Punto Cero y de la Coronela”, pero ninguno se echa a llorar pidiendo clemencia por haber sido parte consciente de ese aparato diabólico.

Los herederos de las fortunas de la nomenclatura montan negocios en el exterior  sin sentir ni expresar rubor por la obra destructora de sus padres y abuelos. No se han dignado ni a reunirse con los familiares de los mártires. Debían hincarse y arrastrarse desde el aeropuerto de Miami hasta cada una de las casas donde viven los hijos de padres fusilados.

Son tantos que para verdaderamente limpiar a Cuba de castristas y acabar con sus tránsfugas, acólitos y parentela en el extranjero habría que realizar un verdadero genocidio, mientras a los que no tienen las manos manchadas de sangre debíamos mandarlos para Siberia. Pero como no vamos a hacer eso entonces sólo tenemos la prerrogativa de tirarlos a mondongo, ignorarlos,  y que no puedan nunca compartir  social ni privadamente con nosotros y jamás abrazarlos en son de amistad. Distancia y categoría.

1 Comments:

At 3:45 p. m., Anonymous Lector 1 said...

El castrismo fue posible y se ha mantenido tanto tiempo porque hubieron y hay demasiados cubanos dispuestos a seguirle la corriente. Si tal gentuza se ha prestado a lo que se ha prestado, es ingenuo esperar que se convierta como por arte de magia en gente decente. Pueden haber algunas excepciones, pero la gran mayoría no tiene remedio, o por lo menos no le interesa remediarse.

 

Publicar un comentario

<< Home