viernes, diciembre 26, 2014

Esteban Fernández: DESPUÉS DE NOCHEBUENA

DESPUÉS DE NOCHEBUENA

Por Esteban Fernández
25 de diciembre 2014

Al acostarme a dormir tratando de digerir la deliciosa comida de mi  Nochebuena guajira -desprovista de lujos y de productos americanos ni españoles-  consistente sencillamente en lechón, congrí, yuca, plátanos maduros fritos, pan cubano y de postre dulce guayaba con queso amarillo y buñuelos, me costó mucho trabajo conciliar el sueño recordando la comida típica nuestra, esa que mis hijas y nietos llaman con cariño “cuban food”. Ahora lo que pienso es que tuve una indigestión. Más que recordar yo creo que estuve delirando.

Lo primero que me atormentaba -además de la llenura y  las agruras-era pensar en algo increíble para mí: ¿Cómo es posible que Fidel Castro ha logrado implantar una libreta de racionamiento por casi 55  años en nuestro país con una población que siempre fue extremadamente glotona? Porque yo les voy a decir a ustedes una cosa: SI ALGO NOS GUSTA A NOSOTROS LOS CUBANOS ES COMER. Y comer bien.

Me venía a la mente que aquí en el exilio no nos gusta mucho comer “junk food”, ni McDonalds, ni Burger King. Para los cubanos “no es comer por comer” sino que nos encanta disfrutar de la comida. Todo eso me vino a la mente.  Mientras allá la gente se ha pasado más de 50 años haciendo colas para que les den dos papas podridas. Desde luego, ahora parece que los disidentes- que se están jugando la vida- están comiendo un poco mejor. Ver la foto de 14 y medio abajo.




Pero volviendo a mis divagaciones estaba pensando que nosotros comemos un “millón de cosas” diferentes que el resto de la humanidad. Por ejemplo, desde que el cubano abre los ojos diariamente ya la cubana le pregunta: “Viejo ¿quieres desayunar?”  Ahí el cubano se da importancia, se hace el que lo está pensando, orina, se lava la cara y las manos, y al fin dice: “Si, mi amor hazme algo”. Y ese “algo” es DIFERENTE QUE LO QUE DESAYUNA EL RESTO DE LA HUMANIDAD.

Ese “algo” usted sabe que es: café con leche y pan con mantequilla. Todo cubano está claro, desde que tiene uso de razón, en que el día no es día si no se inicia con un buen café con leche y pan con mantequilla.

Y encima de eso meditaba que hay montones de cosas nuestras que nos echamos a la boca sin darle mucha importancia (sin darle mucho “coco”) y al convivir con el resto de los ciudadanos del mundo (conglomerados en los Estados Unidos) nos damos cuenta que ellos no conocen esas cosas ni les pasa por la mente comerlos.

Por ejemplo, el ajiaco. A nosotros (si hace mucho tiempo que no comemos ese delicioso plato) nos encanta decir delante de la gente: “¡Oye, qué ganas tengo de comerme un buen ajiaco!” Absolutamente nadie sabe lo que estamos hablando. Me reí pensando que yo nunca he tenido el capricho de comerme un quimbombó porque no me gusta para nada.

Esa noche me cayó el barrenillo de preguntarme ya casi a la una de la madrugada: ¿A quién en todo el universo se le ocurre la idea y el deseo de tomarse una Malta Hatuey con leche condensada? Y al terminar empinarse la lata. Sólo a nosotros. Todos y cada uno de los cubanos tenemos el antojo de decir “Hoy tengo ganas de comerme unos casquitos de guayaba con queso crema”. Sólo mis compatriotas pueden comprenderme. Todo el que ha vivido con una cubana en estado sabe que es capaz de decir a las tres de la mañana: “Viejo, tráeme una ensalada de berro y un helado de mantecado”.

No conciliaba el sueño cavilando ¿Cómo el tirano ha podido lograr (desde luego, yo sé que fue y es a sangre y fuego) que hayan muchos cubanos allá que se pasan años sin poder comerse un trozo de bisté ni un boliche mechado cuando lo cierto es que nosotros prácticamente “vivimos para comer”?

Me acordaba de mi madre que TODAVÍA NO HABÍA TERMINADO DE TRAGAR EL ÚLTIMO BOCADO y ya le pregunta a la familia: “Oigan ¿y qué quieren comer mañana?” A la mente me llegaba el recuerdo del boniatillo, del crocante habanero, de los mamoncillos, del panqué de Jamaica, de la harina con huevo frito, del bacalao a la vizcaína, de los churros.

Increíblemente que yo todavía con la barriga llena recordaba lo mucho que nosotros los cubanos disfrutamos de la paella de El Colmao, que hace rato dejó de ser española para ser nuestra,  y del mejor arroz frito-según Charlie Bravo- cocinado por  Alfredo Pong. Y ¿quiénes en todo el planeta tierra dicen: “Hoy voy a comer arroz  con picadillo y yuca”? O pedir: “No, chica, no quiero nada, sólo dame unas malanguitas aplastadas”.

Esa noche recordé que la primera vez que yo fui a un restaurante mexicano en Los Ángeles abrí el menú y el camarero me preguntó “¿Desea tortillas?”. Me sonreí, cerré el menú y le dije: “Oh, que bueno, ya no tengo que ver más el menú, déme UNA BUENA TORTILLA” El joven se creyó que me burlaba de él.

Y me quedé dormido y lo más inaudito del caso fue que la mañana de Navidad me sentía como que todo lo antes dicho lo  había soñado. Fue en realidad una pesadilla llena de tostones,  fufú de plátano, papas rellenas, croquetas, pastelitos de guayaba, el boniato relleno de tasajo del Versailles de Miami,  el guarapo, las fritas, los sándwiches cubanos y los tamalitos que hacía Olga. Sinceramente yo creo que todo fue una larga alucinación producto del gran atracón que me dí. Y me reí pensando: “La próxima Nochebuena voy a comerme una ensalada ligera” Y esto último si se lo hubiera dicho a Migdalia la esposa de Hugo Byrne me hubiera contestado: “Eso que se lo crea quien no te conozca

1 Comments:

At 9:55 a. m., Anonymous Anónimo said...

Don Esteban fue Ud. quien tomó la foto del recuerdo?

 

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