miércoles, abril 15, 2015

Aldo Rosado-Tuero sobre Cuba: LA MALDAD DE LOS MUNDIALISTAS, LA HIPOCRESÍA DE OBAMA, EL CINISMO DE LOS COMUNISTAS Y LA INGENUIDAD E IGNORANCIA DE MI PUEBLO.


LA MALDAD DE LOS MUNDIALISTAS, LA HIPOCRESÍA DE OBAMA, EL CINISMO DE LOS COMUNISTAS Y LA INGENUIDAD E IGNORANCIA DE MI PUEBLO.

Por Aldo Rosado-Tuero

La combinación de las cuatro cosas mencionadas en el título de este artículo, son las que han hecho posible que el Foro de Sao Paulo haya logrado la arrolladora victoria, consolidada públicamente en Panamá.

Ya para nadie medianamente inteligente es un secreto que tras años de metódico trabajo de infiltración, las fuerzas obscuras conjuntadas por los que han venido preparando las condiciones para el establecimiento del tan anunciado—y denunciado—Nuevo Orden Mundial, actúan a cara descubierta, sin necesidad de guardar las apariencias. América entera ya responde al unísono a los mandatos del CFR, sin que exista un solo mandatario con dignidad para salvar el honor de los pueblos de este Hemisferio.

Todos los gobiernos, con el de Estados Unidos al frente, se han entregado atados de pies y manos a los designios de los que aspiran a implantar en el mundo entero su engendro diabólico. Hasta tal grado ha llegado la sumisión y la entrega, que mientras todos los mandatarios presentes en la Cumbre estuvieron limitados sus discursos a 8 minutos y se les avisaba a todos cuando estaba al cumplirse su tiempo, pero el tirano asesino que oprime a los cubanos, no solo hizo uso de la palabra por la friolera—nunca vista en una Cumbre—de 49 minutos, sino que lo hizo ante la complacencia y los aplausos de los otros mandatarios asistentes. Iberoamérica se cubrió de excremento ante la bravuconada de Raúl Castro, aceptada cobardemente por todos los allí reunidos. Tan mal anda esta parte del mundo que no existe ni siquiera un Presidente que haya salvado la dignidad del Hemisferio, exigiendo—al menos—el cumplimiento de lo estipulado

Obama—marxista y racista—no solo convalidó los crímenes de la más longeva tiranía en la historia de nuestro Continente, sino que tuvo la osadía de decidir por sí mismo quienes son las personas que representan a la “oposición al castrato”. ¿Quién demonios se cree que es el presidente de los EE.UU. para decidir los destinos de nuestro pueblo, atándolo a la ideología nefasta de la que él es un fiel seguidor? ¿Cómo y cuándo se eligió a Manuel Cuesta Morúa para presentarlo en la Cumbre como la persona que representa a Cuba? La verdad hay que decirla sin cortapisas, a costa de cualquier contingencia que gritarla pueda traer. Obama, en una demostración de que en ٞél prima no solo su ideología marxista, sino su racismo, escogió a Cuesta Morúa, simplemente porque es marxista y negro como él. Esa es la verdad que muchos no se atreven a decir. En Cuba hay opositores con mucho más prestigio que Cuesta Morúa y a esos no se les da ni siquiera la oportunidad de asistir a este tipo de actos, pero todo indica que es Cuesta Morúa el escogido para la mojiganga electoral y el arreglo “tipo pacto del Zanjón” que se avecina.

A los cubanos dignos que aún creen en la salvación de la Nación y la supervivencia de una patria libre, soberana, con libertad y justicia social para todos, solo nos queda un  camino: Rechazar con todas nuestras fuerzas los tutelajes y padrinazgos de gobiernos extranjeros. En nuestra búsqueda de la justicia tenemos que dejar bien claro que no somos asalariados de nadie. Hay que buscar aliados, no jefes.

Eso—aceptar ser subordinados de gobiernos extranjeros, en lugar de aliados respetables—ha sido la gran equivocación cometida por los que dirigían a la oposición al castrismo, desde los primeros años, cuando se nos impusieron lideraturas nombradas de dedo desde Washington.

Muchos considerarán que ya es demasiado tarde para cambiar las cosas, pero aun quedamos—en Cuba y en extranjero—cubanos que estamos dispuestos a recomenzar la lucha, estableciendo reglas de conducta y diciéndole a nuestro pueblo y a los aliados de otros países que podamos encontrar en el camino, que no estamos dispuestos a sacrificar ni un ápice de nuestra independencia; que estamos dispuestos a discutir estrategias, tácticas de lucha y forma de implementar nuestra oposición, pero como aliados y amigos, NUNCA COMO SUBORDINADOS A SUELDO.

Por otro lado, se impone también que comencemos a instalar en la mente de los cubanos que no todo es pedir derechos, sino que también hay que aprender a cumplir con los deberes que todo ciudadano útil y honrado tiene para con su Patria, su familia y sus conciudadanos. Nuestra lucha no es solo por los “derechos humanos”, sino por el restablecimiento y restauración de los valores fundamentales que hacen a las naciones libres y dignas de vivir en ellas y luchar por que cumpla el destino en lo universal que les corresponda.

Aunque muchos desalentados no lo crean, aún hay tiempo de salvar a Cuba del abismo en que se planea hundirla en este contubernio o mojiganga entre el marxismo-capitalismo, que aspira a convertirla en una cochina factoría de mano de obra esclava, sin sindicatos que defiendan los derechos de los obreros.

Nunca es demasiado tarde para salvar el honor de nuestro pueblo y mostrarle al mundo que aún existe una legión de cubanos que están dispuestos a poner a CUBA EN MARCHA