domingo, octubre 11, 2015

La bomba de Julio Iglesias. Nicolás Águila sobre el ingrato cantante Julio Iglesias. En entrevista del diario El País a Julio Iglesias: ¨Antes no podías ir (a Cuba), te ponían bombas en Miami. Pero sí, me veo haciendo allí un unplugged, grabando sones y boleros¨


Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Se dice  ¨es de bien nacido ser agradecido¨

En esta semana que termina hoy, oí en la tele que el cantante Julio Iglesias pensaba ya en retirarse. Ese próximo retiro, asi como  poseer  una gran fortuna  y el hecho de no ser hoy  tan rechazado por el Exilio cubano las  visitas de artistas  a Cuba a actuar  (como lo fue  décadas atrás, lo cual se manifestada con una gran baja en las  ventas disqueras de esos artistas) además del hecho que hoy raramente las personas compran discos  son, según mi opinión, los hechos por los cuales  Julio Iglesias decidirá  viajar en un futuro próximo  a Cuba.

Julio Iglesias  debe conocer   muy bien de cantantes, músicos y  artistas no cubanos que actuaban o vivían temporalmente en Miami (en especial puertorriqueños)   que fueron a Cuba a partir  de los años finales de la década de los años 60 del pasado siglo XX; esos artistas  fueron a festivales y a otras actividades artísticas  y nadie les puso en Miami o Puerto Rico  ningún bombazo. El caso más notorio fue el del gran salsero venezolano  Oscar de León en la década de los años 80.  En otras palabras: Julio Iglesias  especula de manera irresponsable.

El desconocimiento en España  de las causas y el desarrollo de la  Guerra de Cuba es proverbial y no es poco frecuente hasta  oir  que los EE.UU. fueron los que promovieron la guerra de Independencia  contra España.

Nausea escribió:

La ingratitud (por no decir algo más feo) de Iglesias no es nada nuevo. En el 2001, estando en Caracas para dar concierto allí, fue invitado a una recepción privada con Hugo Chávez y el entonces dictador chino, Jiang Zemin, que había llegado a Venezuela directamente de La Habana, donde había visitado a su amigo Fidel. Por supuesto el muy divertido encuentro fue reportado con fotos de los tres concurrentes muertos de risa, y como parte del entretenimiento, los tres cantaron a coro la famosa canción de Luis Aguilé, "Cuando salí de Cuba," la cual se había convertido en todo un himno del exilio cubano. No puedo asegurar si tal grotesca falta de respeto y de decencia fue hecha a conciencia o por ignorancia, pero ya por entonces Iglesias llevaba unos 20 años viviendo en Miami, y me cuesta trabajo creer que no sabía lo que estaba haciendo. De todos modos, cubanos de su conocimiento en Miami como los Estefan, por ejemplo, deben haberle dicho enseguida que había metido la pata de mala manera, pero que yo sepa nunca hubo disculpa alguna. Desde ese momento, no lo puedo ver ni en pintura, aunque nunca me gustó como cantante antes de eso. Luego, en el 2009, se declaró a favor del supuesto "concierto por la paz" en La Habana del lamentable Juanes y sus amiguitos, y ahora vuelve a la carga como cualquiera que busca leña de árbol caído. Nada, miseria humana.

Realpolitik escribió:

Sobra decir que Iglesias ha sido muchísimo más favorecido por los "terroristas" de Miami que los Rolling Stones o el cantante Sting, ambos muy interesados en cantar en la "normalizada" Cuba, pero Julito les ha pagado con muy mala moneda--en parte por malagradecido, pero creo que más por considerarse una suerte de dios muy por encima de ellos. Por supuesto que Iglesias ha tenido un gran éxito comercial, aunque ya su momento pasó por mucho que haga para "actualizarse." En resumen de cuentas, es un globo inflado, mucho gorgojeo con muy poca voz, y su "romanticismo" es puro kitsch. Mi madre, que detestaba los pujos, siempre lo despreció como cantante por encontrarlo amanerado, ficticio y eloquecidamente enamorado de sí mismo. Me apena que no se le haya salido al paso mucho antes que ahora, cuando ya está de retirada. Si el tipo cree que va a causar sensación en Cuba, siento informarle que al pueblo allí no le interesa lo que considera música de viejos, aunque posiblemente le guste a la gerontocracia gobernante.
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La bomba de Julio Iglesias

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Resulta que para este ingrato la ciudad que le propició el gran salto internacional es la dictadura, y no el régimen que lo incluyó en la lista negra de los cantantes prohibidos
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Por Nicolás Águila
Madrid
10 octubre, 2015

Julio Iglesias se nos pone estupendo. O más bien, bombástico. Quiere ir a Cuba para hacer “un unplugged, grabando sones y boleros con unos buenos músicos habaneros”. Antes no había podido ir —nos revela en una entrevista en ‘El País’— porque “te ponían bombas en Miami”.

Para mí que la vida sigue igual, pero no tanto. Debe ser por eso que no acabo de entender por qué este y otros famosos deciden instalarse permanentemente en Miami (o sus islitas y cayos adyacentes), siendo como dicen que es una ciudad tan peligrosa, donde viene cualquiera y te pone un petardo en la retambufa.

Pero ese no es el quid de la cuestión. Ahora resulta que para este ingrato la ciudad que le propició el gran salto internacional es la dictadura, y no el régimen que lo incluyó en la lista negra de los cantantes prohibidos. Pues bien se sabe que, desde que en 1981 visitó el Chile de la junta militar para cantar en el Festival de Viña del Mar (no sé si será exageración, pero se corría que le había cantado en privado a la hija de Pinochet), los comisarios castristas tienen a don Julio en el ‘index cantorum cagatorum’, como decía un viejo colega en su latín macarrónico.

No manches, Julio, que tú no tienes tan buena voz. Cosa que por cierto él mismo reconoce en la entrevista citada: “Mira, soy un golfo que ha tenido mucha suerte… El secreto está en cantar con el corazón, aunque no tengas una gran voz“. No te pintes, galleguíbiri. Ni gran voz ni corazoncito tan romántico. Lo que tienes es mucha cara (la parte que enseñas, porque te pones de perfil para que no te vean el lado oscuro y perverso de tu personalidad).

Así que por este medio lo estoy anunciando. Esta vez sí que me voy a acompañar a Saavedra en su protesta de la calle 8. No hallaría estridente su emblemática aplanadora en esta ocasión. Al contrario, me parecería de una justicia poética insuperable.
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Julio Iglesias: “No tengo la necesidad de ponerme ‘cool”

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El cantante acaba de publicar 'Mexico', un recorrido por José Alfredo Jiménez y otros sublimes autores mexicanos
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Por Diego A. Manrique
Madrid
10 OCT 2015


 (Julio Iglesias, en una actuación del pasado mes de mayo en el Berklee College of Music de Boston. / © Brian Snyder / Reuters)

Entrevistar a Julio Iglesias tiene sus riesgos. Es un seductor nato y no le cuesta mucho engatusar a cualquier reportero, aunque este lleve la libreta cargada de preguntas con trampa. Inútil tomar precauciones, su cordialidad se impone desde el minuto cero. Llama desde México, en medio de una gira, e impone el tuteo.

Intento transmitirle que busco una conversación musical: rara vez se habla de música con quien finalmente es una de nuestras historias de éxito en ese campo. Julio entra al trapo inmediatamente, aunque se reconoce ajeno a la evolución de la música pop: “Yo me quedé en The Police y U2. Igual no me he comprado un disco en treinta años, aunque me gusta lo que oigo en el coche. Pero es más fácil pillarme disfrutando con mis clásicos, desde Elvis a Marvin Gaye”.

La percha para la entrevista es la publicación de Mexico (Sony Music), su recorrido por José Alfredo Jiménez y otros sublimes autores mexicanos. Le confieso mis dudas: un cancionero bravo ha quedado reducido a melaza, aunque altamente adictiva. Aparte de algo de acordeón y una fugaz marimba, aquello es sedosa música internacional, marca de la casa. Lo encaja sin problemas: “Ese era el propósito, no pretendía ser más charro que Vicente Fernández. Creo que no he sufrido tanto con ningún disco: lo he hecho todo, desde la producción a colaborar con los arreglos”.

Tratándose de un repertorio tan intenso, llama la atención el modo desmayado de cantar algunos versos, dejando desvanecerse las sílabas finales: “Para bien o para mal, ese es mi estilo. No, lo que pasa es que el disco engaña: usamos órgano Hammond pero también mucha base digital. Aislando las pistas, te encuentras con cosas no muy alejadas de la new age. Y te permites algunos caprichos, aunque esperaba que nadie se diera cuenta”.

Efectivamente, ha colado: aseguran que México es número uno en España y en varios países latinoamericanos. Julio incluso ha nacionalizado mexicano a Joaquín Sabina, que aquí aporta su Y nos dieron las diez. Canción que tiene una hermana menor, grabada por Los Secretos; seguro que recuerdan Ojos de gata, donde Enrique Urquijo, partiendo del arranque inicial de Sabina, fallaba a la hora de consumar con la reina del bar y llegaba a una conclusión devastadora: “Pero cómo explicar/ que me vuelvo vulgar/ al bajarme de cada escenario”. ¿Se atrevería Julio Iglesias, latin lover, a cantar esos versos? “Hmmm, me lo pensaría pero eso no quiere decir que no conozca ese sentimiento, conciertos terribles en los que no conectas, momentos en que recurres a trucos fáciles”.

Un acierto paradójico es la inclusión de un corrido, Juan Charrasqueado, con tratamiento western. “Nadie se imaginaría que parto de la versión de Chavela Vargas, que me impactó. No encaja nada con las otras canciones pero, chico, retrata esa actitud tan mexicana ante la muerte. El protagonista es un fanfarrón que seguramente se lo iba buscando pero están esos versos que rompen la narración: ‘Creció la milpa por la lluvia en el potrero/ y las palomas van volando al pedregal/ bonitos toros llevan hoy al matadero/ que buen caballo va montando el caporal’. Ha ocurrido una tragedia pero la vida sigue”.

Oscila Julio entre un entusiasmo ilimitado y destellos de pesimismo: “Ando muy fastidiado con la espalda, ya no me puedo tirar meses encerrado en estudios de grabación. México es mi último disco al viejo estilo”. Al mismo tiempo, admira a un Charles Aznavour nonagenario, que sigue facturando álbumes muy cuidados: “Es como Dylan o esa gente, hay una necesidad de crear. ¿Yo? Soy más de directo. Si ahora mismo me ofrecieran una gira de un mes por China, firmaría sin mirar”.

De repente, especula con viajar a Cuba: “Antes no podías ir, te ponían bombas en Miami. Pero sí, me veo haciendo allí un unplugged, grabando sones y boleros con unos buenos músicos habaneros, siempre que no tardemos más de dos o tres días. Siento una conexión muy profunda con Cuba: parte de mi familia nació allí, descendientes de militares”.

Nos perdemos en disquisiciones sobre la Guerra de Cuba y cuesta devolverle a cuestiones musicales. El programa Hoy empieza todo, de Radio 3, sugería que Julio probara con el repertorio indie, temas que iban desde Xoel López a Iván Ferreiro: “¿De verdad? No me veo, se me está acabando el tiempo. Y tampoco tengo necesidad de ponerme cool, ¿se dice así?”.

Ya habrán advertido que resulta difícil atrapar a Julio Iglesias. Tiene palabras amables para sus compañeros españoles de profesión. Pero si se le pregunta por un modelo envidiable de carrera, despeja hábilmente hacia Brasil: “Admiro a Roberto Carlos, por haber superado la pérdida de su pierna, por su orquesta, por tantas cosas…”.

Una curiosidad: en muchas de sus portadas, Julio aparece mirando hacia abajo, con una leve sonrisa. ¿Es algo deliberado? “No, no. Pero me reconozco cuando parece que estoy riéndome de mi buena fortuna. Mira, soy un golfo que ha tenido mucha suerte. Rectifico, la suerte cuenta lo justo. El secreto está en cantar con el corazón, aunque no tengas una gran voz, pero luego usar la cabeza. La cabeza te dice cuál es tu lado bueno para ser fotografiado, qué espera la gente de ti, con quién te tienes que aliar, todo eso”.

Parece quedarse meditando. “Sí, es la inteligencia musical para capitalizar lo que tienes. El asunto es que yo canto para adentro, como hacían mis maestros: Sinatra, Nat King Cole, el Elvis melódico. Pero no intentes repartir porcentajes, traducirlo en una fórmula para el éxito. El arte de cantar, el arte de gustar no tiene lógica”.
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 Tomado de http://www.elmostrador.cl/

El día que Julio Iglesias intentó tocar en la ex cárcel pública de Valparaíso y le gritaron "¡hijo de puta!"

Por Katia Chornik
5 mayo 2014

(FRAGMENTO)

Las actuaciones de Iglesias no han sido siempre recibidas con clamor. En febrero de 1975, en plena dictadura de Pinochet, el artista se presentó en un lugar radicalmente distinto a los espectaculares escenarios donde suele actuar. La presentación ocurrió en la Cárcel de hombres de Valparaíso – una elección curiosa para un cantante acostumbrado a un público predominantemente femenino – y tuvo un final inesperado.

Este episodio poco conocido de Iglesias permanece vivo en la memoria de varios ex presos políticos que se encontraban recluidos en ese recinto 39 años atrás, a quienes he entrevistado en relación a mi investigación musicológica “Sonidos de la memoria: Música y cautiverio político en el Chile de Pinochet”. En cambio, al preguntarle a Iglesias acerca del episodio en la Cárcel, el artista respondió que no conservaba ningún recuerdo de éste

La Cárcel de Valparaíso

Durante la dictadura de Pinochet, la Cárcel de Valparaíso (actualmente el Parque Cultural de Valparaíso) fue el principal recinto de detención de la V Región. Los presos vivían una situación de constante hacinamiento y estaban separados en tres galerías, generalmente dependiendo del delito. En la primera estaban los reos culpados de crímenes financieros, en su mayoría provenientes de clase socioeconómica entre media y alta. En el segundo piso se encontraban los condenados por delitos comunes, pertenecientes a estratos modestos. En la última galería se hallaban los presos políticos, que incluían obreros, marinos constitucionalistas, artistas, estudiantes y profesores universitarios, periodistas y abogados, entre otros profesionales.

Iglesias en la Cárcel


La actuación de Iglesias fue ideada por un reo condenado por estafas. Como tenía gran influencia, consiguió que su ídolo – que se encontraba en la V Región con motivo del Festival de la Canción de Viña del Mar – aceptara hacer una presentación entre rejas. Los detalles del cómo se logró el acuerdo son inciertos. Posiblemente el preso se valió de aliados dentro y fuera de la prisión, que estaban conectados con el artista.

(Ex cárcel pública de ValparaísO. Foto: Mario Cordero Cedraschi(

Se anunció la venida de Iglesias dos días antes que ocurriera. Entre los presos comunes había gran expectación. Los reos políticos tenían una postura distinta: “No estábamos ni ahí con Julio Iglesias: nos preocupaba nuestra situación, nuestra salud, la política”, comenta Mauricio.

La construcción del escenario estuvo a cargo de los presos de la segunda galería, y comenzó la noche anterior al día del evento, con tal estrépito que mantuvo despierto al resto del penal. Álvaro se sorprendió cuando vio el escenario terminado. En lugar de hallarse en un espacio amplio como por ejemplo el patio, estaba en la primera galería que era muy estrecha. El escenario era de dimensiones mínimas: aproximadamente tres metros de largo por dos de ancho. Tenía un solo micrófono, y de mala calidad. Álvaro pensó: “ahí Iglesias no va a cantar”.

El espectáculo estaba programado para las 10 AM. Ese día, Gendarmería ignoró sus propios estatutos de disciplina: realizó la cuenta de presos sólo una vez, en lugar de tres. Este cambio de rutina nunca había ocurrido antes, ni siquiera cuando apareció el General Sergio Arellano Stark, comandante de la fatídica “Caravana de la Muerte”.

Las autoridades intentaron congregar a todos los reos frente al escenario. Los presos comunes accedieron pero los presos políticos se rebelaron y permanecieron en su galería, desde donde observaron todos los pormenores.

Iglesias apareció con mucho retraso, a las 4 PM, acompañado de una comitiva de alrededor de veinte personas. El cantante portaba una chomba chilota.

Cuando hizo su entrada el cantante, los presos comunes se alborotaron, pidiendo canciones y autógrafos. Cuando finalmente se restableció el orden, Iglesias se dirigió al público y según cuenta Redolés, el artista español se mandó un par de frases que no cayeron nada de bien.

Mauricio y Álvaro recuerdan sus palabras: “Aparentemente soy un hombre libre pero en realidad soy un prisionero de mis compromisos, de cantar aquí y allá, de los hoteles, los aviones. Las fans no me dejan en paz. Os entiendo muy bien. Os traigo un abrazo de fraternidad y espero que recuperéis la libertad lo más pronto posible.”

(Imagen añadida por el bloguista de Baracutey Cubano)

Las palabras del artista no fueron bien recibidas. Los presos políticos se ofendieron mucho: “Él se estaba riendo de nosotros. Comenzamos a gritarle epítetos espontáneos al unísono: ¡buena, concha de tu madre! ¡hijo de puta! y de ahí para adelante. Iglesias tenía cara de sorpresa, miraba para todos lados, estaba desconcertado”, recuerda Álvaro. Mauricio añade: “Iglesias preguntó: y vosotros allá arriba, ¿por qué estáis tan enojados? Alguien le explicó que había presos políticos.

Cuando hizo su entrada el cantante, los presos comunes se alborotaron, pidiendo canciones y autógrafos. Cuando finalmente se restableció el orden, Iglesias se dirigió al público y según cuenta el cantante Mauricio Redolés, quien era uno de los presos políticos que estaba en el lugar, el artista español se mandó un par de frases que no cayeron nada de bien.

El manager anunció que Iglesias se iría. Y se marchó sin haber cantado ni una sola canción.”

Para Álvaro, el episodio fue “el acontecimiento más absurdo que he visto en mi vida. Iglesias fue muy caradura, se fue sin decir nada”. Los presos políticos temieron que hubiera represión pero no ocurrió. “Ni siquiera los patos malos reaccionaron mal a nuestros abucheos. También se sentían ofendidos.”

¿Por qué Julio Iglesias había aceptado cantar en una lúgubre cárcel de hombres, estando acostumbrado a grandes escenarios y al clamor de un público mayoritariamente femenino? ¿Estaría motivado por curiosidad, un impulso benéfico o un deseo de publicidad? ¿Tendría en su mente al cantante de música country Johnny Cash, cuyas grabaciones de conciertos en cárceles estadounidenses “Johnny Cash at Folsom Prison” (1968) y “Johnny Cash at San Quentin” (1969) le valieron los primeros puestos en los rankings Billboard y ventas de discos superiores a las de los Beatles? ¿Y por qué Iglesias se marchó? Quizá el enterarse de la existencia de presos políticos en aquella cárcel causó su partida. Tal vez la mala acogida que tuvieron sus palabras, o las condiciones mediocres del escenario fueran el detonante. 1

3 Comments:

At 5:29 p. m., Anonymous Nausea said...

La ingratitud (por no decir algo más feo) de Iglesias no es nada nuevo. En el 2001, estando en Caracas para dar concierto allí, fue invitado a una recepción privada con Hugo Chávez y el entonces dictador chino, Jiang Zemin, que había llegado a Venezuela directamente de La Habana, donde había visitado a su amigo Fidel. Por supuesto el muy divertido encuentro fue reportado con fotos de los tres concurrentes muertos de risa, y como parte del entretenimiento, los tres cantaron a coro la famosa canción de Luis Aguilé, "Cuando salí de Cuba," la cual se había convertido en todo un himno del exilio cubano. No puedo asegurar si tal grotesca falta de respeto y de decencia fue hecha a conciencia o por ignorancia, pero ya por entonces Iglesias llevaba unos 20 años viviendo en Miami, y me cuesta trabajo creer que no sabía lo que estaba haciendo. De todos modos, cubanos de su conocimiento en Miami como los Estefan, por ejemplo, deben haberle dicho enseguida que había metido la pata de mala manera, pero que yo sepa nunca hubo disculpa alguna. Desde ese momento, no lo puedo ver ni en pintura, aunque nunca me gustó como cantante antes de eso. Luego, en el 2009, se declaró a favor del supuesto "concierto por la paz" en La Habana del lamentable Juanes y sus amiguitos, y ahora vuelve a la carga como cualquiera que busca leña de árbol caído. Nada, miseria humana.

 
At 5:41 p. m., Anonymous Nausea said...

Un enlace a una foto de la fiestecita en Caracas del 2001 mencionada arriba:

http://ep01.epimg.net/diario/imagenes/2001/04/19/internacional/987631216_850215_0000000000_sumario_normal.jpg

 
At 6:19 p. m., Anonymous Realpolitik said...

Sobra decir que Iglesias ha sido muchísimo más favorecido por los "terroristas" de Miami que los Rolling Stones o el cantante Sting, ambos muy interesados en cantar en la "normalizada" Cuba, pero Julito les ha pagado con muy mala moneda--en parte por malagradecido, pero creo que más por considerarse una suerte de dios muy por encima de ellos. Por supuesto que Iglesias ha tenido un gran éxito comercial, aunque ya su momento pasó por mucho que haga para "actualizarse." En resumen de cuentas, es un globo inflado, mucho gorgojeo con muy poca voz, y su "romanticismo" es puro kitsch. Mi madre, que detestaba los pujos, siempre lo despreció como cantante por encontrarlo amanerado, ficticio y eloquecidamente enamorado de sí mismo. Me apena que no se le haya salido al paso mucho antes que ahora, cuando ya está de retirada. Si el tipo cree que va a causar sensación en Cuba, siento informarle que al pueblo allí no le interesa lo que considera música de viejos, aunque posiblemente le guste a la gerontocracia gobernante.

 

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