sábado, febrero 17, 2018

Retratos 'chinos'. Zoé Valdés: Los retratos de Obama y su esposa Michele dejan un mal sabor de boca.

Tomado de https://www.libertaddigital.com

Retratos 'chinos'

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Los retratos de Obama y su esposa Michele dejan un mal sabor de boca.
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Por Zoé Valdés
2018-02-15

En el retrato de él aparecen, como fondo, una muy tupida vegetación, de un verde chillón carente del verdor húmedo de la selva, con algunas flores injertadas aquí y allá, y hasta una especie de gusarapos o espermatozoides que no tienen nada que ver, pero ahí están, supongamos que algún símbolo oculto poseerán. La piel es de un intenso marrón colorado, el pelo blanco y sedoso, los ojos claros, casi transparentes; en una mano se le pueden contar seis dedos, si sumamos el pulgar medio oculto.

Aparece sentado en una silla en apariencia sencilla, pero que tiene todo de trono ancestral africano. La posición es como mínimo extraña, en el sentido literal. Inclinado hacia delante, no es un hombre cómodo en su puesto, más bien se le observa posicionado a la expectativa, como el alumno al que de un momento a otro expulsarán de la clase, o como si lo aguijoneara un dolor, o estuviera reteniendo un retortijón. No representa a un hombre sosegado, en una posición cómoda, apoltronado, el cuerpo sostenido por el respaldo de la silla. No. Es un retrato inconsistente, de una persona que pretende demostrar todo lo contrario de lo que es, de una perseverante inconsistencia.

En el retrato de ella apreciamos todavía una mayor inconsistencia. Pero si ya en el otro la estética nos dejaba desconcertados por su falsedad y talante pretenciosos, en este la ausencia total de buen hacer nos deja perplejos y hasta avergonzados, debido a la mala factura y excesivo carácter ridículo de la pieza. Ella se encuentra también sentada, y también echada hacia delante, con una pierna cruzada cuya desproporción ha dado lugar a numerosos memes en las redes sociales. Su pelo es de un insólito agrisado oscuro, muy lacio, una fabulosa melena al estilo Elizabeth Taylor.

El rostro no es el suyo, las facciones se asemejan más a las de la top model Naomí Campbell, sólo que la piel, como la de ella, no es negra, es también gris, de un gris arratonado que la desmerece enormemente. Su rostro serio, sin una sola expresión que nos la haga cercana, expresa ese eterno descontento de la persona que jamás está satisfecha de sí misma, infeliz con sus raíces, desdichada con el color de su piel, avergonzada de su pelo, de sus manos, y reacia hasta con su sexualidad.

(Kehinde Wiley y una de sus obras. Imágenes y comentarios añadidos por el bloguista de Baracutey Cubano)

Es el retrato de una antimujer, envuelta en un vestido cuyo estampado es de una vulgaridad que, como bien se burlara el artista Pavel Lominchar, se asemeja a un mantel de Ikea. Y lo peor, al contrario del retrato del esposo, en este de ella los colores aparecen como diluidos, pálidos o desteñidos, como si de un instante a otro el retrato fuera a borrarse o a chorrearse, y a desaparecer.

Estoy refiriéndome –lo habrán adivinado a estas alturas– a los retratos presidenciales que firmaron Kehinde Wiley y Amy Sherald, encargados o adquiridos por la National Gallery y que formarán parte de la colección de retratos presidenciales de la Casa Blanca. No tengo ningún temor al asegurarles de manera clara que estamos ante dos obras de una mediocridad absoluta, que ni el peor alumno de primer año de la peor escuela de arte habría conseguido superar en inferioridad.

Lo peor, en el caso de Kehinde Wiley, es sabido que sus cuadros se los pintan en China, muy probable que los autores verdaderos sean estos nuevos esclavos chinos que ahora se han puesto de moda, a los que con toda seguridad el mal llamado artista les pagará muy mal, si es que les paga, visto la calidad de las obras. O sea, que ni el famoso pintor es pintor en verdad, y mucho menos es artista ni la cabeza de un guanajo. Sólo estampa su firma, y ni siquiera realiza un trazo, como no sea el del garabato de su nombre.

(¿Qué pasaría si un pintor anglosajón pintara a una mujer blanca cortándole la cabeza a una mujer negra)

En el otro caso, de Amy Sherald, no ha trascendido quién le pinta sus obras, o si las pinta ella misma, el caso es que de pintura, a juzgar por las formas y las perspectivas, sabe como yo sé de física nuclear.

Que los Obama hayan aceptado que estos dos pintores sean los que realicen sus retratos no reafirma más lo que ya sabíamos de ellos, su nivel cultural es bajo y su gusto es todavía peor. Pero que hayan permitido que les representen como blancos, rodeados y marcándoles con atributos de negros, dice mucho de la aprobación de un marcado racismo latente que no se basa solamente en el color de la piel, sino también en una especie de constante rechazo por lo mejor y más representativo de la cultura occidental. Veamos, en el cuadro de Obama, la selva y el trono africano, y en el de Michele, la vestimenta que anhelara lejanamente reflejar, aunque de manera equivocada, alguna herencia indumentaria tórrida, tropical, consiguiendo un efecto opuesto, pues sabemos que los trajes femeninos africanos poseen un colorido y unas significaciones en los que los mejores modistos occidentales se han inspirado debido a su autenticidad y buen gusto.

(Amy Sherald y Michele Obama)

Los retratos de Obama y su esposa Michele dejan un mal sabor de boca. No los representan en toda su fidelidad física, lo que pudiera significar una opción de los artistas, pero sí los representan de manera psicológica.

En ellos se percibe la baja estofa (que nada tiene que ver con la procedencia). Constituyen también los retratos de esta época, donde los verdaderos artistas tienden a desaparecer o viven ocultos y atemorizados detrás de los aprovechados que son los que firman y cobran.
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ALGUNOS COMENTARIOS DEJADOS
Ambos pintores son huevos que buscan sal, como tantos otros, y nadie obligó a los Obama a contratarlos. Por supuesto que los contrataron a propósito y con toda idea: tenían que ser negros, “radicales” y llamativos, porque había que mandar ciertos mensajes, provocar y definitivamente joder a cierta gente. Qué los resultados quedaran completamente fuera de tono con todos los anteriores retratos presidenciales era parte del plan, y así ha sido. Obama, aparte de donde haya nacido, es indiscutiblemente el menos americano de todos los presidentes de los EEUU, algo que no esconde y de lo cual parece estar muy orgulloso. Pero, en resumen de cuentas, el tipo y la mujercita no tienen culpa alguna. La culpa es de los que los pusieron en la Casa Blanca y los mantuvieron en ella por 8 años. Yo no tengo ningún problema con esta pareja, pero no me pregunten lo que pienso de sus partidarios.
Realpolitik



1 Comments:

At 4:20 p. m., Anonymous Realpolitik said...

Ambos pintores son huevos que buscan sal, como tantos otros, y nadie obligó a los Obama a contratarlos. Por supuesto que los contrataron a propósito y con toda idea: tenían que ser negros, “radicales” y llamativos, porque había que mandar ciertos mensajes, provocar y definitivamente joder a cierta gente. Qué los resultados quedaran completamente fuera de tono con todos los anteriores retratos presidenciales era parte del plan, y así ha sido. Obama, aparte de donde haya nacido, es indiscutiblemente el menos americano de todos los presidentes de los EEUU, algo que no esconde y de lo cual parece estar muy orgulloso. Pero, en resumen de cuentas, el tipo y la mujercita no tienen culpa alguna. La culpa es de los que los pusieron en la Casa Blanca y los mantuvieron en ella por 8 años. Yo no tengo ningún problema con esta pareja, pero no me pregunten lo que pienso de sus partidarios.

 

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