sábado, noviembre 03, 2018

Esteban Fernández: EL LIBRO QUE NUNCA SALDRÁ

EL LIBRO QUE NUNCA SALDRÁ



Por Esteban Fernández
2 de noviembre de 2018

Sí, les voy a hablar de mi libro que nunca va a publicarse y les explico el motivo: A través de muchísimos años cientos de cubanos me han tratado de entusiasmar para que yo recopile mis escritos y haga un libro.

Los que me han embullado durante mis 50 años escribiendo siempre han basado sus buenos deseos en que YO CONOZCO MUY BIEN LA IDIOSINCRASIA CUBANA y puedo explayarme al respecto.

Y yo respondo que es al revés: es precisamente por conocer tan bien a mis compatriotas que no me lanzo a publicar el libro. Porque el 90 por ciento de los cubanos no compra libros. Al  7 por ciento que leen libros, les encanta que se los presten y si son amigos del autor entonces aspiran a que se los regalen y se los dediquen. Y un tres por ciento – donde supongo está usted que me está leyendo en este instante- me lo compraría.

De los que durante medio siglo me han tratado de empujar a producir un libro se han muerto por lo menos un 70 ciento.  Sólo quedan varias docenas de simpatizantes míos que todavía insisten en que me lance en ese esfuerzo.

¿Cómo se debe hacer un libro? ¿Cuál es la forma correcta?: Hay que ser verdaderamente famoso y poseer algo súper importante que contar y entonces que una empresa editorial diga: “Le voy a dar un adelanto de las ganancias, tráigame todo el material, nosotros hacemos el libro, le hacemos propaganda, lo vendemos y le damos un elevado por ciento de las ganancias”. De lo contrario, lo que yo haría es un “Vanity Book” al contrario del que hizo Barbara Bush sobre su perra Millie y fue un best seller.

Yo hice un libro sobre mi pueblo. Se llamó “Güines de mis Recuerdos”, me gasté un par de miles de dólares, me desgañité asistiendo a cuanto acto cubano, reunión, convivio, fiestas particulares, bodas, bautizos y cumpleaños. Hasta fui a un “Baby Shower”. Yo solito andaba proponiéndoselo a todo el que me encontraba.

Fui a Miami a vendérselo a mis coterráneos, y les cuento que era una época donde nuestro exilio estaba atestado de patriotas y pululaban las actividades cubanas. Vendí 400 libros -a puro pulmón- y perdí unos 600 dólares.

Para ponerles un ejemplo bueno de alguien que es mejor escritor que yo, Roberto Luque Escalona, y para que ustedes vean cómo funciona la cosa entre nosotros los cubanos.

Roberto escribió un libro sobre Rolando Masferrer, Alberto Barco lo compró en Florida y lo leyó, se los prestó a Carlos Hurtado, Carlos lo leyó y me lo envió para acá, yo lo leí y se los pasé a 15 amigos. Es decir que lo leímos como 18 personas y Luque debe haber recibido 5 dólares más o menos.

Lo más cerca que estuve de lanzarme en esa empresa fue por una proposición de Zoé Valdés, simplemente porque ella es una triunfadora en ese género y sabe cómo se hace inteligentemente este proceso. Pero la cosa no cuajó. No recuerdo el motivo, pero estoy seguro que la culpa fue mía por mi eterna indecisión al respecto.

Si por casualidad hay alguien que discrepe de mí, que confía en el éxito seguro de mi libro, le puedo vender un mamotreto con mis escritos en 5 mil dólares. Y no tiene que darme ni un solo dólar de las pingües ganancias.

De lo contrario yo siempre les indico a mis hijas de que esa es su herencia y de que dentro de 21 años cuando me muera se los venden a los siete patriotas cubanos que queden vivos.