lunes, febrero 04, 2019

Zoé Milagros Valdés Martínez: MUSEO CUBANO DEL EXILIO INTRANSIGENTE.


MUSEO CUBANO DEL EXILIO INTRANSIGENTE.


Por Zoé Milagros Valdés Martínez
3 de febrero de 2019

Sobre el Museo ese de la Diáspora que casi siempre estaba cerrado cuando uno iba, o abierto sin un alma dentro que podías colarte y robar toda la basura que exhibían (salvo lo de Celia, aclaro).

Lo primero: cambiarle ese nombre ridículo que le endilgaron por complejistas para quedar bien con los artistejos de allá, los que en la primera de cambio borran a los artistas del exilio y al exilio mismo. De Museo Cubano de la Diáspora, ¿qué es eso de la diáspora que suena como a alergia de algo? No, señor, Museo Cubano del Exilio Intransigente, donde sólo se muestren obras de artistas del exilio, que hay muchos y buenos, ¡qué digo buenos! Grandiosos, y sobre todo mucho mejores que los que exportan en Aquella Mierdeta.

Lo segundo: poner una cabeza pensante al frente que sepa de arte de verdad y de gestionar las exposiciones con rapidez y eficacia, y no a un figurín político. Alguien que conozca de pintura y de esculturas, y no de escombros tirados en una esquina y/o de columpios colgados del techo, que eso no es un parque, ni un solar, es un museo. Esa cabeza pensante debiera tener una vice cabeza pensante, tan cultivada como la primera, que ponga en orden todo lo cultural vinculado a lo administrativo. Y, para finalizar, un buen montador, y no uno que se crea artista montando obras y al final aquello parezca que están lloviendo mojones acatarrados del techo, con las obras colgadas como Dios pintó a Perico. Última cosita: Iluminación de Museo, y no de Gogo, ¿entendido?

Pero lo primero es dignidad, y que ese museo lleve el nombre bien puesto, que basta ya de regalarle mangos bajitos a los inventicos del castrismo, porque además, solamente saldrán criticando y descontentos de Miami y del Museo que los acoge (cuando se les trata bien, más que bien), y por el contrario invariablemente hablarán maravillas de Cagonia, donde se les trata a punta e’pata, que es como ellos se merecen.

Ojalá no me desoigan una vez más.

Gracias.

Zoé Milagros Valdés Martínez