miércoles, julio 03, 2019

Waldo Acebo Meireles: Luyanó, mi barrio (I), Una breve historia. Gabriel Astengo escribe sobre BIGOTE E´GATO un personaje famoso de Luyanó por su vida nocturna y licenciosa entre otros detalles

Tomado de https://www.cubaencuentro.com


Luyanó, mi barrio (I)

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Una breve historia
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 (Límites del Luyanó histórico.)

Por Waldo Acebo Meireles
Miami
03/07/2019

“El terruño es la patria del corazón. De todos los
sentimientos humanos, ninguno es más natural que el
amor por la aldea, el valle o la barriada en que vivimos
los primeros años.”
José Ingenieros, Las fuerzas morales, 1925.

Los orígenes de Luyanó se remontan a mediados de los años 50 del siglo XIX cuando el Capitán General José Gutiérrez de la Concha e Irigoyen[1], un Capitán General más de triste recordación, autorizó el reparto[2] de las tierras ejidales, con ello surgen los Repartos de Iglesias, Caballero, Rodríguez, Pérez, Herrera, y Ojeda que conformaron el territorio básico e histórico de Luyanó; tres de esos poseedores de la tierra convertidos en sus propietarios por decisión del Capitán General, perpetuaron sus apellidos en los nombres de tres calles: Rodríguez; Pérez y Herrera, las cuales ya aparecen registradas en el mapa de La Habana de Esteban Pichardo[3] publicado en 1874, cinco años antes de su muerte.

Los límites de ese conjunto de repartos, a los cuales se le llamó Concha por muy poco tiempo, fueron al norte y este un camino vecinal llamado Camino del Alcoy que después se le denominó Calzada de Concha[4], al sur la Calzada de Luyanó y al oeste la Calzada de Jesús del Monte. El nombre de Luyanó procede del río que originalmente se le conoció con el nombre, posiblemente de origen indígena, Uyanó[5]. Cómo este Uyanó pasó a ser Luyanó, pues simplemente por algún copista, amanuense, escribano y menos probablemente por algún agrimensor ya que estos eran en extremo cuidadosos, que le añadió una L al Uyanó; lo mismo pasó, entre otros ejemplos, con el arroyo Polo que con el correr de los años se convirtió en Arroyo Apolo.

La Calzada de Luyanó era de suma importancia en el siglo XIX ya que se convertía en la continuación de la Calzada de Güines una de las vías de entrada de los azucares a La Habana para su exportación. El encuentro entre esas dos calzadas se producía en el puente Alcoy[6] donde existía un portazgo similar al que se encontraba en el encuentro entre la Calzada del Bejucal, la de Jesús del Monte y la del Batabanó. En ese portazgo no solo se cobraba por los derechos de entrada —el portazgo— sino que se producía el cambio de las carretas tiradas por bueyes a los carretones tirados por mulas, ya que por razones de seguridad los bueyes no podían entrar a la capital.

Tanto en un portazgo como en el otro el ir y venir de viajeros, transeúntes, barriles de azúcar y otras mercancías generaba una concentración de animales, carretas y carretones, y personas, entre las cuales los esclavos no eran minoría, era una zona muy bulliciosa con lugares para comer, tomar un refrigerio o dormir una noche, o una siesta; habían artesanos, carpinteros, herreros, talabarteros para arreglar cualquier desperfecto en los medios de transporte, herrar caballos y mulos, etc., es decir un sinfín de actividades y de negocios.[7]

Es de interés el hecho que varias calles de Luyanó antes de los años 70 del siglo XIX, según el mapa de Pichardo ya mencionado, tenían nombres relacionados con el movimiento reformista y su ideología como: Municipio, Justicia, Acierto, Reforma, Fábrica, Compromiso, Fomento[8], Arango[9] y Villanueva[10], es decir que el pensamiento reformista no lo podemos encasillar en los años 20-30 del siglo XIX ellos tuvieron una trascendencia más allá de esa etapa como indican el bautismo de esas calles, las cuales han mantenido sus nombre hasta el día de hoy.

Otros nombres hacen referencia a accidentes geográficos: Atarés, Ensenada, Guasabacoa, de evidente ascendencia aborigen, son calles que corren de sur a norte apuntando al lugar que le ha prestado su nombre. Casi la mitad de Luyanó aparece en el mapa señalado con sus calles nombradas y trazadas, pero ello no es indicativo de que ya en esa época estuviesen pobladas.

Para 1929, de acuerdo a un mapa de ese año[11], todas las calles de Luyanó estaban trazadas, pero eso tampoco quiere decir que estuviesen pavimentadas, solo unas pocas estaban recubiertas con adoquines como, por ejemplo: Reforma, Fábrica, Villanueva, Rosa Enríquez y Municipio, las tres primeras atraviesen el barrio de norte a sur y la última de este a oeste. Sin embargo, curiosamente, casi todas tenían aceras. Para los años 60’ del siglo XX se completó la pavimentación con asfalto de todas las calles.

En 1878 se crea el Señorío con el título de Conde San Rafael de Luyanó que ocupó Adolfo de Quesada y Arango de Horé[12] hasta su muerte en 1881, heredándolo su viuda y a la muerte de la misma quedó vacío, no era más que un título honorífico sin mayores consecuencias ni ventajas, salvo aquello de lucirlo en los encuentros sociales.

Luyanó se inserta en la historia nacional con dos hechos, el primero ocurrió en 1868 y se le conoce como ‘El Grito de Luyanó’, el mismo se produjo el 2 de noviembre de ese año, con el fin de secundar, en el occidente de la Isla, el alzamiento de Carlos Manuel de Céspedes. Desgraciadamente el intento estuvo mal concebido y peor organizado y fracasó. El segundo hecho fue el combate que se originó el 9 de agosto de 1931 entre las fuerzas policiales de Machado y el Capitán del Ejército Libertador Manuel del Pino y su amigo Felipe Cabezas que se atrincheraron en una fábrica de medias, que existía en Luyanó, donde escondían armas para la lucha contra Machado; el combate duró más de tres horas ocasionándole varias bajas a la policía, los revolucionarios fueron masacrados al acabárseles las municiones.

Luyanó recibió y dio cobijo a inmigrantes gallegos tanto en el siglo XIX como en el XX, la presencia gallega en la barriada le va a dar origen a la Casa de Salud La Benéfica que ya aparece en el mapa de Pichardo citado, por lo tanto, resulta anterior a la constitución del Centro Gallego que se produjo en 1879, posteriormente se fundaría la clínica mutualista Hijas de Galicia, a estas dos clínicas nos referiremos más adelante. Lo mismo ocurrió con el Cerro que dio cobijo a los asturianos y a la clínica mutualista de los asturianos La Covadonga y donde mi tío-abuelo vivía y fundó una fábrica de fósforo dándole empleo a vecinos y a sus coterráneos emigrados.

En el territorio de Luyanó se establecieron diversas fábricas, talleres y almacenes, eso determinó la conformación de la población que mayoritariamente era de obreros y empleados, con la presencia minoritaria de miembros de la clase media que podían ser los dueños o encargados de esos negocios, también por los comerciantes que fueron asentando sus negocios en una localidad que resultaba atractiva por el creciente número de residentes que ganaban un jornal o salario.

La planta habitacional de Luyanó era, fundamentalmente de casas de un solo piso[13], de ladrillo, colindantes unas con otras, las casas de dos pisos de inicios del siglo XX tenían en la planta baja un negocio, generalmente una “bodega”, pocas casas de madera y techos de tejas subsisten en particular se encuentran, salvo excepciones, en la zona inicial de desarrollo de la barriada. Las pocas casas de vecindad o “solares” existentes fueron construidas específicamente para esos fines como solución para la población de más bajos ingresos, la otra solución fueron los llamados “pasajes” que generalmente, al fondo de casas de mayor prestancia, brindaban una solución más digna y de menos hacinamiento, con los baños y cocinas individuales. Para los años 50 se construyeron varios edificios de apartamentos, pero ninguno superó las tres plantas y generalmente tenían espacios en la planta baja para establecer diferentes negocios o comercios.

Las características del desarrollo de Luyanó limitaron la presencia de zonas de recreo existiendo solamente dos parques uno, el más concurrido, en la calle Fabrica, por ese nombre se le conoce, con frondosos árboles, asientos de madera y poseyó un bello pabellón que daba a la calle Justicia, hoy desaparecido, sus anchas aceras exteriores e interiores permitían los juegos infantiles. El otro en su límite norte bordeando la Calzada de Concha.

Pero eran las calles sin pavimentar el recurso habitual para los juegos, salvo que fuesen juego de pelota “al duro”, entonces quedan los llamados placeres, que eran espacios sin construir, entre ellos el más utilizados era el “placer de chocolate”, este ocupaba toda una manzana donde solo existía una casa de madera en la esquina de Velázquez y Fábrica, habitada por una familia negra, quizás de ahí el nombre, el único problema era que en los meses de enero a marzo la comparsa El Alacrán ocupaba el lugar para sus ensayos, cercaban casi todo el terreno con paredes de yaguas que evitaban no solo el paso sino la vista de los ensayos, cobraban a los que quisieran entrar a mirar. Otro placer era donde sentaba su carpa de dos palos el circo de barrio Montalvo en el se mantenía por dos semanas, o un mes, según la concurrencia que tuviesen.

En esos casos quedaba el placer del “blanquizar” que era más pequeño y a inicios de los 50 fue utilizado para construir el Centro Deportivo Pepe Barrientos que constaba con canchas de voleibol, básquet, gimnasio de boxeo, fisicoculturismo, etc., con baños y taquillas, por tanto, se acabó la pelota, pero había otras opciones. Pero si se insistía en jugar pelota entonces había que moverse fuera de Luyanó, hacia el placer de la calle Reyes o, con otros riesgos, al llamado “el arenal” que era colindante con Cayo Cruz, zona ganada a los mangles y a la zona cenagosa en la ensenada de Guasabacoa.

En cuanto a atención social poco aportaba Luyanó, una Casa de Socorro en la Calzada de Luyanó y una crèche que fue construida a inicios de los años 40, era una bella construcción estilo art deco, y le brindó cierto alivio a las madres trabajadoras de la zona, aún existe en la esquina de Villanueva y Arango. La Casa de Socorro no solo brindaba asistencia a emergencias también existían las consultas médicas y ofrecían el servicio de inyecciones y algunas medicinas gratuitamente.

El principal centro de salud en Luyanó era La Benéfica, que ya mencionamos, era una clínica mutualista del ‘Centro Gallego’ para varones, que por $2,85[14] mensuales, lo cual representaba el 4% del salario mínimo, brindaba atención médica, diversos especialistas, dentista, medicinas, cirugía, servicio de diagnóstico como análisis, rayos X, etc., además contaba con un gimnasio in situ con diversos equipos y baños turcos. La clínica estaba rodeada de jardines, fuentes y zonas arboladas. Además, la cuota que mencionamos daba derecho a la escuela primaria Concepción Arenal, a un balneario en las playas de Marianao y a todas las amenidades del Centro Gallego que incluían una biblioteca, los bailes sabatinos y dominicales y unas excelentes mesas de billar. Hijas de Galicia que era para el sexo femenino brindaba similares servicios, excepto el gimnasio.

Además de los centros de salud señalados existían dos clínicas para tratar problemas de las féminas, en las prácticas eran básicamente para realizar legrados que, aunque prohibidos, eran admitidos por las autoridades, uno era más económico y estaba en la esquina de la calle Pérez y Fábrica y el otro menos conspicuo, más elegante y por cierto mucho más caro en la Calzada de Luyanó.

Por el número de iglesias existente podemos poner en duda la religiosidad de los luyanosenses, existía una pequeña capilla católica en una escuela para niñas pobres, una también pequeña iglesia católica, Nuestra Señora de la Guardia, de planta neogótica, tres protestantes y un templo de los Testigos de Jehová. Las iglesias protestantes eran: una bautista en la Calzada de Luyanó, en un local adaptado, la anglicana o episcopal, establecida en los años 20 con una construcción de estilo ecléctico ubicada en Municipio y Ensenada, constaba de una pequeña escuela primaria, y la Presbiteriana, también establecida en los años 20 en la calle Santa Felicia entre Fábrica y Reforma, con una construcción estilo “misión” con elementos bizantinos. Igualmente constaba con una escuela primaria, considerada la mejor del barrio, con su campo deportivo y patrocinaba la única tropa de Boy Scout de la barriada.

Además de las escuelas señaladas existían otras laicas privadas y un kindergarten gratuito sufragado por el Partido Socialista Popular. La Escuela Publica # 24, en la esquina de Guasabacoa y Herrera, no solo brindaba enseñanza primaria, sino que sus clases nocturnas de inglés, mecanografía y secretariado eran muy concurridas por los jóvenes y adultos que buscaban elevar su posición social y por los interesados en las relaciones con el sexo opuesto. También esas clases eran impartidas en varios centros privados, además de algunas casas en que se ofrecían clases de piano.

Si por el número de iglesias no podemos determinar la religiosidad por el número de cines sí podemos afirmar que la población de Luyanó era profundamente cinéfila. Solamente en la Calzada de Luyanó existían cuatro cines: el Norma construido en los años 20 con un edificio con elementos art nouveau y columnas interiores que bloqueaban la pantalla según donde te sentaras, el Luyanó con un frente parcialmente construido de bloques de cristal y una fachada y techo curvilíneo como un hangar; el Atlas; y el Dora especializado en películas mexicanas, argentinas y españolas. Por la Calzada de Jesús del Monte estaban el Moderno y el Florida, ambos con aire acondicionado y proyectaban películas de estreno. Y en el interior del barrio el Ritz en donde los jueves que era el llamado “día de las mujeres” estas solo pagaban cinco centavos para ver dos películas y podían ser víctimas de rascabuchadores y a pocas cuadras el Fénix que originalmente se le llamó Ferroviario porque en su planta alta se encontraba ese sindicato y tenía una característica que lo hacía similar al cine Negrete, en el Paseo del Prado: era largo y carecía de balcony,[15] en este conocí los film noir del cine norteamericano.

Las comunicaciones en Luyanó eran excelentes a pesar de lo que ya señalamos de las calles sin pavimentar, una estación de ferrocarril estaba a dos cuadras de sus límites, y más de diez “rutas de guaguas” la bordeaban o lo atravesaban de norte a sur y de este a oeste utilizando las calles pavimentada, ello permitía enlazar a Luyanó con el resto de La Habana, con el Diezmero, Lawton, Víbora, Puentes Grandes, Vedado, Guanabacoa, San Miguel del Padrón, Jacomino, el Cotorro, etc. Además, existían varias de las llamadas “piqueras de taxis”.

En la cultura popular Luyanó tenía su representación, varias guarachas lo mencionan, la más famosa fue una de los años 40 en la que Daniel Santos con la Sonora Matancera cantaba aquello de: Bigote Gato / es un gran sujeto/ que vive allá por el Luyanó / tiene el pícaro / unos bigotes / que ya es de todos la admiración. Se insertaba también por más de un centro de práctica de la santería y por una fuerte presencia abakuá en el territorio y por ocasionales manifestaciones de congas y comparsas en sus calles.

[1] Gobernador de la Capitanía de Cuba en tres ocasiones 1850-1852; 1854-1859 y 1874-1875, por sus servicios recibió los nombramientos de marqués de La Habana, vizconde de Cuba, grande de España de primera clase.
[2] La palabra “reparto”, en el caso cubano y particularmente habanero, designa un fenómeno económico y social, es el “reparto” en pequeñas parcelas de una finca rústica, con el propósito de urbanizarla. Este término es un cubanismo ya que en España y en la América hispana, a ese mismo fenómeno y sus resultados se le conoce como: colonia, fraccionamiento, urbanización, unidad habitacional, villa, etc., sólo en Nicaragua y El Salvador se utiliza con el mismo significado que en Cuba.
[3] Pichardo y Tapia, Esteban. Plano de la Habana. Ed. José Valdepares 1874.
[4] En los años 50 del siglo XX se intentó rectificar ese nombre llamándosele oficialmente Ramón Pintó en recordación de un anexionista condenado al garrote vil por Concha, en la práctica, como ha ocurrido con decenas de calles habaneras, el pueblo le siguió llamando por su nombre original.
[5] En las Actas Capitulares encontramos que en el cabildo de 21 de agosto de 1551 aparece que el gobernador Pérez de Angulo pide le hagan merced de una caballería de tierra, “en el Ancón de la mar deste puerto”, que queda perfectamente localizada al determinarse que linda esa estancia “con el Uyanó”; ensenada que recibió posteriormente el nombre de Buasabacoa, más tarde a esa ensenada se le llamó Guasabacoa. En un plano de 1750 copiado en 1911 por el agrimensor Arturo Espinosa aún aparece señalado “Río del Uyanó”.
[6] Este Puente tomó su nombre de Federico Roncali (Conde de Alcoy) que precedió a Concha como Capitán General en los años de 1848 a 1850.
[7] Aunque esos portazgos fueron perdiendo su importancia con el desarrollo de los ferrocarriles en los años 50’del siglo XX tanto en La Palma como en la Virgen del Camino se mantenía ese aire de feria, de miles de transeúntes que cruzaban a diario y encontraban un lugar de descanso, para tomar un refrigerio o para cambiar de un medio de transporte a otro.
[8] Por la Junta de Fomento.
[9] Por Francisco María de la Luz de Arango y Parreño.
[10] Por Claudio Martínez de Pinillos y Ceballos II Conde de Villanueva y I Vizconde de Valvanera.
[11] Rojo García, Francisco. Plano General de la Ciudad de La Habana y sus alrededores. Cultural S.A. 1929
[12] Destacado músico criollo que dejó varias obras para piano entre ellas varias contradanzas.
[13] Las necesidades habitacionales no resueltas en los últimos 60 años han generado las construcciones de plantas adicionales muchas de ellas precarias.
[14] Representan unos 25 USD actuales imposibles de pagar en la Cuba de hoy.
[15] De acuerdo a la información que tengo de esos cines nada queda.

© cubaencuentro.com
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Parte del Luyanó actual  al sur de la Calzada de Luyanó donde se ve la Loma del Burro
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Daniel Santos & Sonora Matancera - Bigote de Gato ©1949




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Tomado de https://www.youtube.com/



Por Gabriel Astengo
Agosto 14, 2013

Daniel Santos, acompañado de la mítica Sonora Matancera, nos ofrece la popular guaracha, "Bigote e' Gato", del compositor cubano Jesús Guerra, donde se hace alusion a ese simpatico y original personaje, enquistado para siempre en la historia habanera. Su interprete, Daniel Santos, cuyo verdadero nombre era, Daniel Doroteo de los Santos Betancourt, nacio en Santurce, Puerto Rico, el 5 de febrero de 1916 y fue considerado como uno de los grandes intérpretes de géneros tropicales como el bolero y la guaracha. Tuvo por sobrenombres artísticos El Jefe y El Inquieto Anacobero.

Por su parte, Carlos Manuel Pérez Rodríguez, a quien pocas personas lo relacionarán con su nombre y apellido real, ya que pasó a la historia de La Habana como "Bigote e' Gato", nació en Santullano de Las Regueras, Asturias, España, donde su madre fue a dar a luz a casa de sus padres y una vez pasado el parto volvió al domicilio conyugal en Llamero (Candamo) el 13 de diciembre de 1910. Despues del nacimiento de Carlos Manuel, pronto la familia emigró hacia Cuba. Carlos Manuel era hijo de Gumersindo Pérez y de María Rodríguez.

Hay que señalar que Bigote e' Gato, formó parte de un grupo insustituible de personajes que habitaron las calles y por tanto del paisaje urbano de La Habana en el siglo XX: El Caballero de París (barbudo albo, cuyo nombre original solo conocían unos pocos, José María López Lledín, nacido en Vilaseca (Fonsagrada-Lugo) a finales de 1899, Tarzán, La Macorina, El Andarín Carvajal, Juan Charrasqueado y La Marquesa.

Pero solo Bigote e' Gato, La Macorina y El Caballero de París alcanzaron la gloria de que afamados compositores y cantantes les dedicaran una canción. A Lledín lo elevó a las musas Barbarito Díaz con el danzon "De Paris un Caballero", Abelardo Barroso y la Orquesta Sensacion divulgaron la historia de La Macorina y al candamín le dedicó una guaracha con su nombre, el compositor boricua Jesús Guerra, cantada por su compatriota Daniel Santos y acompañado de la mítica Sonora Matancera...la que comenzaba diciendo..."Bigote e' Gato es un gran sujeto, que vive alla por el Luyanó..."


 
El escritor cubano Luis Sexto  define a "Bigote" como hombre cuerdo, experto en licorerías (inventor de cócteles extraños), presidente del Club de Noctámbulos, que contaba con quinientos miembros entre mujeres y hombres y en donde no se podía discutir ni de religión, ni de razas y que cada mes organizaba una cena erótica a las 3 de la mañana con el mismo menú: rabo de toro ardiente, lengua estofada y fruta bomba con queso. También formó parte del programa televisivo denominado Tribunal de los Locos y fue campeón de carreras de cacharros (coches desvencijados y 'tuneados' con toda suerte de cuerdas, maderas, latas y alambres). Él participaba con un Chevrolet (Chevi) de 1923 y con este mismo auto se paseaba cada domingo por el Malecón acompañado de hermosas mujeres, en especial mulatas, por las que sentía especial querencia.

Pero sobre todo fue sicólogo, filósofo y buena persona, con aquel que necesitaba de su ayuda, moral o material. Por su bodega habanera situada en Teniente Rey 308, a escasa media cuadra de la Drogueria Sarra', pasaba lo mejor de cada casa, unos para verlo, otros para comer y beber gratis y todos para oír sus reflexiones en voz alta. El lema de la casa era 'Conozca a Cuba primero, visite a Bigote Gato después'. Federico García Lorca estuvo allí en una de sus nocturnas y faranduleras escapadas habaneras en marzo de 1930.

Hablando de los cócteles sui generis del candamín asturiano, destacan los denominados 'Atila frente a Roma', 'Espérame en el Cielo' y 'Cuba en Llamas', sin que faltase el denominado 'Bigote e' Gato'. También recomendaba a enamorados en crisis física o síquica ante al acto amatorio, su receta escatológica y afrodisíaca para recuperar el vigor perdido con la siguiente composición: raíz de garañón, jengibre, ron, ajo, limón y extracto de cerebro de gorrión, adicionándole gónadas de gallo joven de cresta enhiesta «porque si no, el resultado es contrario»... ¡Todo un coñón asturiano donde los haya!

El pintor Emilio Fernández de la Vega, que ilustró un libro sobre su vida le recuerda con unos bigotes negros largos y engominados, como «manubrios de bicicleta» y cubierto con una vieja y raída boina que sus amigos decían era la misma que portaba cuando desembarcó en La Habana en su adolescencia.

Bigote tuvo un hijo poeta al que llamaban Profundo, que vive en Hialeah, Florida, EEUU. En Madrid vive actualmente su nieto Javier, hijo de Profundo y su esposa Nora.

Bigote e' Gato, no habrá necesitado de alas para trasladarse al cielo cuando murió en La Habana el 12 de julio de 2002, casi con cien años de edad. Las dos aspas de su bigote de manubrio le habrán servido para volar definitivamente y seguro, a las espumas indelebles de la memoria cubana.




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