sábado, septiembre 19, 2009

FIDEL CASTRO: HIGIENE PERSONAL

Higiene personalJustify Full


Por Alejandro Rios

Debe haber sido en El archipiélago GULAG o en otro libro sobre los totalitarismos de similar importancia donde leí la anécdota que refiere la comparecencia de Stalin durante un acto político y de cómo al final los aplausos se extendieron más allá de la norma porque nadie se atrevía a ser el primero en dejar de hacerlo.

Muchas personas se preguntan por qué un hombre con la fortuna de Fidel Castro y todo el sistema médico de Cuba a su disposición, exhibe, desde hace años, una dentadura tan mal construida que, incluso, deja mucho que desear en términos higiénicos. Circunstancia que se agravó en su más reciente presentación en video, donde, al parecer ya no ostenta ni la carrilera dental superior.

Muchos aseguran que quienes lo rodean nunca se han atrevido a llamarle la atención sobre el precario estado de su dentición postiza porque la reacción pudiera ser contraproducente. Los dictadores suelen no escuchar consejos y los amanuenses sólo le dicen lo que quieren oír.

Otro asunto que llama poderosamente la atención sobre la higiene personal del anciano gobernante jubilado son sus uñas extremadamente largas. No pudiera ser que las usa para rasgar la guitarra porque se sabe que el hombre tiene el oído totalmente cuadrado, además de ser patón y rechazar casi patológicamente la música popular, el arte más universal de sus congéneres.

Más allá de asistir a una función del ballet de su longeva aliada Alicia Alonso, impelido por el ministro de Cultura, me atrevería a asegurar que no existen referencias de Castro sobre Benny Moré, Ernesto Lecuona o los Van Van, que, incluso, tuvieron la deferencia de nombrar la orquesta con uno de sus tantos fracasos económicos y sociales.

Ni hablar de la barba que siempre fue rala y descuidada y hoy exhibe unos pocos vellos atomizados. El corte de cabello parece hecho por un agente de la CIA y le da un viso diabólico a su frente, que se ha ensanchado. La desequilibrada imagen personal entre la cabeza y su fragilidad corpórea indica que nadie le ha sugerido al comandante la posibilidad de domar lo hirsuto de sus mechones con un poco de brillantina a la vieja usanza.

La ``cáscara guarda el palo'' dice el refrán sobre la posibilidad de simular cierta limpieza aún sin haber jugado agua. La cáscara de Castro durante años fue su aburrido traje verde olivo donde tantos sudores y hedores habrán quedado a buen resguardo del ojo público.

El disfraz épico, sin embargo, dejó de usarlo con la dolencia que lo aqueja desde hace tres años. El planchado atuendo militar ha dado paso a trajinados monos deportivos de diversas marcas capitalistas.

La más reciente aparición, sin embargo, ensaya una aproximación más familiar al tirano, como de abuelo buena gente. Aparece enfundado en una vulgar camisa Yumurí, que solía ser la marca más distinguida de la moda cubana, las que podían ser compradas en casos excepcionales como los de un viaje al exterior al integrar una delegación oficial o raras veces en las tiendas por el cupón F-2 de la desaparecida libreta de racionamiento de productos industriales.

Que el implacable dictador termine sus días delgado como un esqueleto flotando en una Yumurí, con una dentadura que parece una caja de bolas y el cabello en desorden, resulta ser una de las más curiosas y bienvenidas paradojas de la historia. Expresa también su estado de decadencia.