domingo, octubre 02, 2011

El costo de mi niñez

El costo de mi niñez



Por Esteban Fernández.
octubre 1, 2011



Una cosa que yo observo y comparo mucho, es lo caro que cuesta criar un niño ­en Estados Unidos hoy en día a diferencia de lo que costó mi niñez allá en Cuba. No sé usted, pero yo les costé muy barato a mis padres. Casi casi me criaron “gratis”. Y yo me imagino que la niñez de usted haya sido muy parecida a la mía, a no ser que usted fuera hijo de Julio Lobo.

Porque yo desconozco la crianza que tuvieron los hijos y nietos de millonarios como los Gómez Mena, los Sarrá, los Fanjúl, pero yo mas o menos (saco la cuenta grosso modo porque soy muy malo en matemáticas) considero que le debo haber costado a mis padres unos 150 pesos cubanos en los 16 años que viví junto a ellos.

Mi bicicleta Niágara (de uso), creo que costó unos 12 pesos, un guante de jugar pelota unos cuatro pesos, y la entrada al cine costaba 20 centavos. A pesar de que yo era asiduo a las tandas del cine Campoamor, no creo que el viejo haya invertido más de 20 pesos durante toda mi niñez. La “matinée”, que era mas temprano, costaba 10 centavos. Cuando comía afuera, iba a comerme una frita al frente del parque donde un señor de apellido Medina me las vendía a 10 centavos. La Coca Cola valía un medio, y tomaba bastantes, entonces en refrescos mis padres tuvieron que invertir unos 8 o 9 pesos.

En el patio de mi casa había una tremenda cría de gallinas. Esa era una gran fuente de alimentación. ¿Cuánto gastaron mis padres en esa cría? Nada. Al principio mi padre trajo un gallo y una gallina y de ahí se reprodujeron. Por eso yo le puse “Adán y Eva” a esa pareja y nunca nos la comimos.

Créame que el otro día yo le compré un par de tenis Vans a mi nieto (que solamente tiene seis años de edad) y me costaron 32 DOLARES. Les juro por lo más sagrado que esos 32 dólares son muchos mas billetes que los que gastaron mis padres en zapatos para mí durante toda mi infancia. Yo tenía (y siempre tuve) unos zapatos negros y otros carmelitas. Al doblar de mi casa había un zapatero al que iba y le decía: “Neno, ponle un par de media-suelas a estos zapatos”.

Es cierto que tuvieron que gastar “bastante” en mis constantes catarros. Creo que tuve unas 30 o 40 gripes, a dos pesos por visita del médico Papín Montes, saque usted la cuenta. Las medicinas eran “muestras” que regalaban el galeno.

Aquí, una computadora para el muchachito vale más que todos los patines y las carriolas de todos los muchachos de mi pueblo puestos juntos. Y los muchachitos gastan más en McDonalds y Burger King en una semana, que todos los bisté de palomilla que mi madre me cocinó en 15 años. Y cuando quería ahorrar, me decía: “Ahora voy al patio a ver si la gallina puso, y te hago un par de huevitos fritos”.

¿Cuánto cuesta aquí alimentar a un perro? Bueno, pues yo le compraba a mi perra Yeti, “un día si, y un día no”, un corazón de res que costaba 40 centavos. Es decir, que mi mascota le salía a mis padres en 20 centavos diarios. Y no van a creerme, pero a veces mis padres se quejaban. Todos mis “Reyes Magos”, y estoy seguro que los suyos también, costaron muchísimo menos que una simple visita de “Santa Claus” a la casa más humilde de California.

¿Ustedes no han visto la enorme cantidad de libros que aquí llevan los estudiantes a las escuelas? Parece que necesitan una rastra para poderlos llevar a las clases. Total, después uno les pregunta: “¿Donde queda Canadá?” y no saben si cerca de Rusia o en el Caribe.

Mientras tanto, yo creo que mis viejos deben haberse gastado unos 14 pesos en mis lápices, plumas y papeles. Y ¡hasta en el Instituto de Segunda Enseñanza, (que era gratis) me prestaban los libros! Créanme, que yo vivo ETERNAMENTE AGRADECIDO por los 150 pesos que con muchos sacrificios mis padres se gastaron en mí. Y averigüe usted cuanto agradecen los muchachos de aquí la FORTUNA QUE SE GASTA EN ELLOS.