martes, diciembre 02, 2014

Dagoberto Valdés Hernández desde Cuba: Cuba y la transición española según Margallo: diferencias y coincidencias


Cuba y la transición española según Margallo: diferencias y coincidencias



 (El ministro Garcí­a-Margallo en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales, en La Habana. (EFE/MAEC))

Por Dagoberto Valdés Hernández
, Pinar del Río
Noviembre 28, 2014

 El canciller de España ha venido a Cuba y nos ha dejado una estupenda conferencia magistral sobre la transición española, sus experiencias junto al espíritu y las claves para el cambio.

Ya sabemos lo que todo el mundo nos recuerda: Cuba no es España, ni Polonia, ni Sudáfrica. Ninguna transición se parece a otras, no se pueden copiar las claves ni las fórmulas... Todos estos argumentos tienen doble filo: sirven para bajar a la realidad o para obstruir el intercambio de experiencias y el valioso testimonio.

Si ser pueblos diferentes, si tener historias diferentes, si tener circunstancias diferentes, impidiera que lo que viven unos pueda servir de experiencia y lección a otros, ¿para qué se escribe la historia universal? ¿Para qué la estudiamos en la escuela? ¿De qué sirve el intercambio cultural y las cumbres mundiales y regionales? ¿Para qué son las relaciones internacionales y para qué la cooperación entre los países?

Creo que la respuesta a todas estas preguntas pudiera centrarse en lo que tenemos en común todos los pueblos y culturas de la Tierra: todos somos seres humanos y todos los seres humanos somos iguales en dignidad, derechos y aspiraciones, aunque seamos todos diversos en lo demás. Gracias a Dios, como el propio Margallo dice en su conferencia citando a Marías:

"Es muy difícil convencerse de que el pluralismo es una riqueza, es muy difícil darse cuenta de que otros puedan tener un punto de vista distinto, del que se puede aprender y con el que hay que convivir... Como dice Julián Marías con acierto: "Los españoles no estamos de acuerdo -gracias a Dios-. Ningún pueblo lo está. El desacuerdo es inevitable y maravilloso, siempre que no roce la concordia, la decisión inquebrantable de no romper la convivencia."

La enjundiosa disertación termina con una palabra clave que es el centro y el fin de la vida social y política: la convivencia. "No romper la convivencia". Si el final se hace para resumir en una palabra la intención y el propósito, creo que el canciller español lo bordó.

Claro que la experiencia de unos seres humanos puede y debe servir para otros. No para copiar al calco sino para aprender y enmendar, para encauzar y no repetir errores. La historia es maestra es inspiración y todos debemos escucharla. Aún más cuando España y Cuba comparten cultura, historia, religión, lengua, luces y sombras. Todavía más cuando ahora nos tratamos como iguales en soberanía, derecho y cooperación.

Como cubano, he aprendido mucho de la transición española. Desde que el proyecto y revista Convivencia nacieron hace ocho años estudiamos el extraordinario serial de Victoria Prego sobre el cambio en la Península. Tuve el honor y la dicha de conocer y compartir con protagonistas de la transición como mi amigo y maestro Don Joaquín Ruiz-Giménez .

Ahora al leer y estudiar atentamente la conferencia magistral del canciller Margallo aprecio su experiencia, admiro su poder de síntesis y la vigencia del espíritu y las claves de la transición española y no me cabe duda en decir que este testimonio es una excelente lección de humanismo, educación cívica y visión política.

Al desgranar cada párrafo referido a España, no he podido como cubano impedir que mi mente y mi corazón fueran haciendo los paralelismos, las diferencias y las coincidencias. Respeto a cuantos puedan sacar diferentes conclusiones a las mías y coincido con aquellos que deseamos que el canciller español y demás visitantes de nuestro país se encuentren aquí en nuestra querida tierra con los cubanos que son parte del Estado y también los cubanos que forman parte de la sociedad civil. Eso es encontrar a Cuba entera, plural y diversa. Y, lamentablemente, eso no ha ocurrido tampoco en esta visita, como sí ha ocurrido cuando los cubanos visitamos España u otros países. Esto también deja claro dónde está el escollo.

Dicha esta medular diferencia, deseo destacar numerosas coincidencias entre el espíritu y las claves de la transición española según la conferencia del Sr. García-Margallo y las más legítimas aspiraciones de los cubanos.

De los cuatro temas consensuados por una mayoría significativa, moderada y creciente de la sociedad civil cubana pude encontrar tres diáfanamente no solo mencionados sino declarados como presupuestos o claves para el cambio pacífico:

1. La libertad de todos los presos por razones políticas, incluyendo aquellos que están bajo licencia extrapenal, dice el primer punto de la sociedad civil cubana. Margallo dice:

"La elaboración de la Constitución tampoco hubiese sido posible sin hacer tabla rasa de los delitos políticos cometidos durante el franquismo. Por eso se aprueba una amnistía tan generosa que permite que, por primera vez en nuestra historia democrática, no haya un solo preso por razones políticas."

2. Otro tema en el que existe consenso creciente en Cuba es la necesidad de ratificar e implementar los Pactos de Derechos Humanos de la ONU y los convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Margallo dice:

"El espíritu de la Transición va tomando cuerpo a través de las siguientes medidas: La primera que resulta clave fue la firma en septiembre de 1976, de los dos Pactos de Derechos Humanos de Naciones Unidas: por un lado, el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos, y, por el otro, el Pacto Internacional de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales. La firma -y posterior ratificación de estos Pactos unos meses después- es fundamental para el reingreso pleno de España en la comunidad de naciones. Estos instrumentos -junto a la adhesión a la normativa de la Organización Internacional del Trabajo (OIT)- son elementos imprescindibles, no solo para la defensa de los derechos del ciudadano, sino también para marcar la pauta de la actuación de las instituciones."

3. Quizá uno de los más importantes temas de consenso en el tejido independiente de la sociedad cubana es precisamente el reconocimiento de la sociedad civil como interlocutor válido. Margallo lo señala como una de las claves de la Transición:

"Un mandato social: establecer la concordia. Cuando hablo de un mandato social, quiero expresar una realidad que era muy poderosa en aquellos años: la sociedad civil toma la palabra prometida por el Rey y Suárez, y se convierte en actor principal de la Transición, trasladando en todo momento su deseo de concordia.

Es decir, la actitud aperturista y el reconocimiento por el gobierno del papel de la sociedad civil como interlocutor se ven premiados por una respuesta generalizada a favor del acuerdo, la reconciliación y la concordia.

Lo sintetizó muy elocuentemente Adolfo Suárez, en 1976, al decir:

"Pertenezco por convicción y talante a una mayoría de ciudadanos que desea hablar un lenguaje moderado, de concordia y conciliación".

Pudiéramos mencionar otros temas en los que encontré coincidencias y experiencias para el aprendizaje del grado de humanismo de inspiración cristiana que resumen sus reflexiones. No quisiera dejar de mencionar otros tres:

4. La clave primera y principal que debe ser acogida y acatada por todos, Estado y ciudadanos: El principio del respeto a la legalidad, el consenso y los métodos pacíficos: "La Transición española fue posible en virtud de un principio (el respeto a la legalidad), gracias a un método (el consenso) y, sobre todo, porque todos decidimos evitar la confrontación y establecer la concordia civil."

5. La importancia de la libertad de asociación y expresión como presupuestos para que los ciudadanos puedan decidir por sí mismos con formación ética y cívica e información plural: "Uno de los aciertos del cambio en España fue que lo que primero se recuperó fueron las libertades de asociación y de expresión. Esas libertades, ejercidas por todo aquel que quisiera, durante el año y medio anterior a las primeras elecciones democráticas, facilita un intercambio nacional de pareceres y crea una opinión pública madura, que fue a votar luego con conocimiento de causa. Es decir, primero llega la libertad y, luego, el ejercicio democrático del voto."

6. Y por último, pero no menos importante, el proceso para elegir un parlamento plural, que buscara sanar las heridas, cerrar la etapa y comenzar una nueva. Celebrar una Asamblea Constituyente y redactar una nueva Constitución donde, como dijera José Martí, "quepamos todos". Para ello el Ministro de Exteriores de España cita largamente a una reconocida filósofa y profesora cristiana, Adela Cortina, autora del libro "La ética de la sociedad civil" (Editorial Anaya,1994) un texto que invito a leer y que nos dice que ninguna de estas seis claves para una transición pacífica sería posible sin una ética de mínimos y sin educar en valores morales y cívicos. Así la presenta el Sr. Margallo:
"Se eligió un parlamento que elaboró una nueva Constitución... Los líderes políticos buscaron el bien común. Renunciaron los que tenían la mayoría a imponer a la minoría una Constitución partidista. Quisimos hacer una Constitución para todos. Escogimos de la memoria y de la historia aquello que favorecía la integración, no lo que dividía a la sociedad. No quisimos convertir el parlamento en el lugar donde se debatía la historia.

El siguiente texto de la filósofa Adela Cortina expone muy acertadamente cómo es posible replicar esa tarea en cualquier punto de nuestro mundo global:

"Todos los códigos morales realmente vivos consideran que es injusto que las gentes mueran de hambre o de sed, cuando hay medios más que suficientes para que todos vivan con dignidad. Que es injusto que algunos carezcan de vivienda, que no tengan atención sanitaria, que no reciban una educación de calidad, que queden abandonados cuando ya son ancianos o están enfermos. Que es injusto que una persona no pueda expresarse libremente, asociarse con quien lo desee, desplazarse por un territorio, que nadie le defienda si es acusado. Que es injusto que unos hombres hagan esclavos a otros, que unas personas sean consideradas inferiores a otras por su religión, por su sexo o por su raza. Que son injustos la violencia del maltrato, los castigos físicos, la tortura y el terrorismo."

Naturalmente, la construcción de una ética cívica tiene grandes dificultades. La tentación de monopolizarla o de imponer un proyecto único a todos los ciudadanos es grande. Y lo es tanto por parte del Estado como por parte de todos los grupos que creen tener algo que ofertar.

Considero que en Cuba existen grupos y personas serias, competentes y responsables, tanto en sus instituciones como en su sociedad civil, que tienen mucho que ofertar a la reconstrucción del país según el alma propia de la nación cubana. Debemos crear los espacios de libertad y participación que recojan e institucionalicen todos esos proyectos y sueños de paz, justicia, libertad y prosperidad para Cuba.

Todos estos temas en los que hemos encontrado coincidencias con la experiencia española de la Transición han sido largamente estudiados, consensuados y demandados por nosotros los cubanos y cubanas desde hace muchos años. Salen de nuestras propias necesidades y aspiraciones. Nadie ha venido a dictárnoslo, ni siquiera a sugerírnoslo. No sería ético ni aceptable. Pero encontrar diferencias y puntos coincidentes con pueblos hermanos es conveniente y sabio.

El respeto a nuestra identidad cultural y a la soberanía ciudadana y nacional del pueblo cubano que ha demostrado el canciller español ha sido paradigmático. Nadie puede ni debe hacer por nosotros lo que nos toca hacer por derecho y por deber. Una vez más resuenan en nuestras mentes y corazones aquellas repetidas palabras del Papa san Juan Pablo II en su visita a Cuba en 1998: "Ustedes son y deben ser los protagonistas de su propia historia personal y nacional".

Hagámoslo.