sábado, abril 02, 2016

IVÁN GARCÍA desde Cuba: El disidente Fidel Castro y la política oficial en Cuba

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

 No es la primera vez que se sientan en la misma mesa,  de negociaciones  o  de otra naturaleza) politicos de EE.UU. y talibanes Castristas:  las negociaciones  cuando los prisioneros de Bahia de Cochinos,  la liberacion de varios miles de presos politicos cubanos en la decada de los  70,  Vernon  Walters reunidos con talibanes Castristas, Senador McGovern y Fidel, Jimmy Carter y Fidel, delegaciones de senadores y congresistas antiembargo reunidos  con  politicos castristas desde hace decadas, etc.. No he conocido, salvo Joe Garcia, politicos de origen cubano  en la mesa con talibanes. He conocido de empresarios cubanos y cubanoamericanos reunidos

En Cuba Castrista han existido y existen " organismos especializados en encuestas y preocupaciones ciudadanas" , pero esos organismos son de la dictadura, hacen su trabajo discretamente y no hace publicas los resultados de esas encuestas; para la tirania la gran mayoria de ellas son secretos de Estado.

La tirania Castrista  desde 1959 han jugado al " Castro bueno y al Castro terrible" y sin ningun  titubeo han intercambiado los papeles entre los dos Castro para alcanzar los diferentes objetivos que se han planteado. Los Castristas de linea dura se alinean al lado del  " Castroterrible" en ese momento, los Castristas reformistas se alineal al lado  del " Castro bueno"  o pragmatico y la gran parte del pueblo que no es Castrista, se alegra de  que  en ese momento esta " gobernando" el  Castro menos malo.

Por cierto, el supuesto pragmatismo de Raul Castro no se vio al reprimir con mas violencia que la habitual a la  marcha TodosMarchamos el dia de la llegada de Obama a Cuba y con la presencia de muchos organos de prensa.
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El disidente Fidel Castro y la política oficial en Cuba

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El panorama después del 17D ha traído a un nuevo protagonista al debate que con sus propuestas disiente del discurso oficial
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Por IVÁN GARCÍA
LA HABANA
Especial

A veces los extremos se tocan. Parecía improbable que un día, políticos estadounidenses, algunos de origen cubano, se sentaran en la misma mesa con una pandilla de talibanes que pretenden erigirse como guardianes de la fe de todos los residentes en la República de Cuba.

En el duelo dialéctico, que motiva a observar con anteojos desde un palco, un impresentable Donald Trump luce liberal ante la retranca política en uno y otro lado del Estrecho de la Florida.

En la narrativa política siempre existe un peligro latente: perder el sentido de la realidad. Y eso está pasando ahora mismo. Según todas las encuestas en Cuba y en Estados Unidos, una mayoría se decanta por relaciones respetuosas y negocios entre ambas naciones.

Se supone que los líderes políticos y de opinión, de cualquier tendencia, estén al servicio público y no al revés. Pero en el sutil juego de ajedrez después del 17 de diciembre de 2014, ya comienzan a erigirse -y enquistarse- barricadas.

La autocracia castrista intenta vender una imagen victoriosa después de sus conflictos de la Guerra Fría con 'el imperialismo yanqui'. Es el primer escollo. Si se va a dialogar proclamándose ganador de antemano, la negoción se intóxica.

Claro que el régimen verde olivo tiene legítimas propuestas al colocar a debate el embargo, la devolución de la base militar de Guantánamo o sus peticiones de indemnizaciones económicas.

Lo otro son perretas. Si sienten demasiado orgullo y consideran que no deben rebajar su dignidad ni su status quo, Estados Unidos no tiene por qué sentir complejo para exponer su vocación por la democracia y el respeto a los derechos humanos, tal como ellos lo entienden.

Programas para fortalecer a los emprendedores privados y la débil sociedad civil cubana, no son injerencistas cuando se hacen a la luz pública. La añeja autocracia también despliega su habilidad diplomática y de influencia en territorio 'enemigo' de acuerdo con sus intereses estratégicos.


Lo bueno de un clima de distensión es que todos pueden sentarse a discutir y exponer de manera civilizada sus posiciones. Lo malo es excluir a diversas facciones o ignorarlas. Y en ese terreno Cuba pierde. A ninguna organización en favor del levantamiento del embargo, se le impide hacer lobby político en Estados Unidos.

Ni a Arturo López-Levy, Edmundo García o Engage Cuba, los servicios especiales estadounidenses los acosan o reprimen por emitir sus criterios distintos. En la Florida ya no hay coches bombas destinados a la Alianza Martiana o el diario Progreso Semanal.

En esta partida de póker, los hermanos Castro ceden debido a su intolerancia. La oposición en la Isla no tiene poder de convocatoria (cómo van a tenerla si legalmente están prohibidos) ni un proyecto de Gobierno razonable en su agenda. Pero tienen derecho a existir y manifestarse pacíficamente.

En Cuba no existen organismos especializados en encuestas y preocupaciones ciudadanas. Por ello, las percepciones para un periodista o comunicador se basan en las charlas callejeras. Y sí, la mayoría de los cubanos ve con buenos ojos el nuevo trato y sintonizan con el discurso e imagen del presidente Barack Obama.

Es un hecho real: debido a casi seis décadas sin instituciones democráticas, prensa libre y tribunales independientes -sumado a una presentación agresiva del aparato difusor del gobierno hacia la oposición-, los cubanos de a pie anteponen sus reclamos económicos, salariales y sociales, a los de corte político.

El panorama después del 17D ha traído a un nuevo protagonista al debate que con sus propuestas disienten del discurso oficial. Tras la fumata blanca con el enemigo, se notan los costurones y las diferencias.

También las vacilaciones e inacciones. Al parecer, Raúl Castro se conforma con establecer relaciones diplomáticas con Estados Unidos y apoyar algunos negocios con empresas estatales.

Es evidente que al Gobierno de La Habana no le agrada la teoría de empoderar al trabajador privado. Por tanto, no ha autorizado ninguna medida que les permita crecer dentro de un marco jurídico apropiado y con autonomía para importar desde puertos estadounidenses.

Entre los talibanes criollos, despierta recelo cualquier negocio en el campo de la informatización con empresas líderes estadounidenses. Las propuestas de Google les suenan a alarma de combate.

El ala conservadora y timorata del partido comunista controla los medios oficiales y la propaganda política. Los que apuestan por avanzar, incluso dentro de los preceptos nacionalistas o marxistas, solo utilizan plataformas digitales, lo que rebaja su resonancia popular debido al limitado número de internautas en el país.

La aparición de Fidel

Y en medio de ese intercambio de ideas apareció Fidel Castro. Legalmente es un estadista jubilado. Pero su liderazgo histórico entre sus partidarios lo convierte en una especie de padre de los dioses.

La palabra de Castro siempre pesó más que la ley. Fue estratega ganadero, mariscal en la guerra civil africana, meteorólogo en jefe y director de una supuesta revolución energética.

Aunque parezcan disparatadas, sus opiniones son ucases, o un llamado al silencio para los más atrevidos en las filas revolucionarias.

Lo grave no es que escriba una delirante reflexión, intentando minimizar el impacto del discurso que Obama dirigió a los cubanos desde un teatro habanero. Lo preocupante se encierra en una línea. Cuando expresa que Cuba no necesita regalos de Estados Unidos.

De un plumazo, el comandante único se carga olímpicamente las opiniones populares y los criterios favorables al deshielo iniciado el 17D.

Dos son los escenarios posibles. O la nueva carga al machete de Fidel Castro tiene más de farol que de política oficial. O, el ex mandatario con su libelo, marca una matriz de opinión a seguir y un retroceso estratégico en las negociaciones entre Cuba y Estados Unidos.

Su aparición fue calculada. Un jarro de agua fría para los optimistas que vislumbraban, tras el discurso de Obama, un nuevo impulso al intercambio entre los dos países. También un cortafuegos a poco menos de un mes de inaugurarse el VII Congreso del Partido Comunista.

Las propuestas de Fidel ponen al desnudo ciertos titubeos en el gobierno de su hermano Raúl, que sigue cancaneado con el motor en baja. Según varias personas consultadas, la estrategia de Obama ha creado fisuras dentro del establishment isleño.

Ahora el cubano de a pie se pregunta, si no se necesita para nada al vecino del norte, por qué entonces se negoció el restablecimiento de relaciones diplomáticas y comerciales.

Por esta vez, Fidel Castro está de acuerdo con sus oponentes: aquellos disidentes que tildan la nueva situación como un contubernio entre Barack Obama y Raúl Castro.

Unos y otros, alejados del sentir popular. Los duros, en cualquier bando donde militen, siempre terminan por dinamitar las esperanzas.