viernes, septiembre 02, 2016

Fascistas no, comunistas (que es mucho peor). Eugenio Yáñez La dictadura totalitaria de los Castro en Cuba ladra tan fuerte porque tiene mucho miedo


Tomado de  http://www.cubaencuentro.com/

Fascistas no, comunistas (que es mucho peor)

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La dictadura ladra tan fuerte porque tiene mucho miedo
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Por Eugenio Yáñez
Miami
01/09/2016

Sin gritar “destrucción”, soltaron los perros de la guerra en Cuba. Para que ladren mucho. Porque la dictadura tiene miedo.

Lo que dejó Obama a su paso por La Habana fue realmente comején, como ya escribí antes. Sin saber qué hacer para contrarrestar el efecto de su visita, lo único que se le ocurre al régimen es boconear, alardear, amenazar. Lo de siempre: los perros ladran porque tienen miedo.

Después los defensores de la tiranía que se mueven por aquí argumentarán que se trata de “errores”, pretenderán manipular eufemismos para no llamar las cosas por su nombre, o vendrán con que no se dijo exactamente así, sino algo parecido que se ha interpretado fuera de contexto o confundido, como si las conductas comunistas, que dejan muy pequeñas a las fascistas, fueran simplemente errores de apreciación y no acciones concretas y específicas para destruir las libertades de los ciudadanos y la sociedad civil, como se hizo desde el mismo 1959 demoliendo la libertad de prensa y el tejido social y económico de la nación cubana.

El temor a Internet y al libre acceso de los cubanos a información sin censura tiene a los esbirros frenéticos, paranoicos: después de negarse a aceptar la instalación masiva de Wi-Fi en Cuba ofrecida por Google, califican de “subversivo” un evento abierto al público que se realizará en Miami con el objetivo de analizar la posibilidad de facilitar mayor acceso a la red de redes en Cuba, en el que participarán empresarios, periodistas independientes cubanos, emprendedores y ciudadanos en general.

Como parte de la ofensiva contra el sentido común, provocada por el gigantesco temor a que los cubanos conozcan las verdades que el partido comunista se empeña en ocultar desde siempre, las hienas realizan aquelarres contra cualquiera que exprese opiniones diferentes a las oficiales. Y personajillos de tercera categoría, inútiles e ineptos “cuadros profesionales”, actúan con completa impunidad, en un país donde no se respetan las leyes y los derechos de los ciudadanos han sido conculcados hace mucho tiempo.

Crucifican a quienes opinan diferente a mediocres como Randy Alonso, deshonesto y mediocre propagandista disfrazado de periodista y travestido burócrata de inmigración, que entrega o suprime nacionalidades como si fueran onzas de arroz en la libreta de racionamiento (lo de “abastecimientos” es pura falacia).

O exaltan a Aixa Hevia, flamante vicepresidenta primera de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), que propone expulsiones y deportaciones para quienes no comulguen con sus intolerantes criterios, como si en vez de gacetillera en una organización sin prestigio ni personalidad fuera bruja mayor con poderes para suspender primaveras o excomulgar a quienes, para ella, no tienen derecho a la vida o al pensamiento.

Cualquier organización de periodistas del mundo representa a sus miembros frente al resto de la sociedad. Menos en Cuba, donde la organización de periodistas es instrumento del partido comunista y la dictadura contra todos y cada uno de los periodistas del país.

Y aunque la función del periodista es informar, si lo que “informa” no es lo que establece el partido a través de sus censores, comete pecado mortal: pensar con criterio propio dentro de un coro de papagayos amaestrados.

“La revolución” cesanteó al periodista de Radio Holguín que hizo públicas las palabras de la subdirectora de Granma en una reunión de la UPEC sobre la “tormenta perfecta” que se estaba gestando ante la pasividad del régimen para resolver los problemas que afectan a la población. Y la flamante vicepresidenta se “pregunta” si tal periodista pretendía “buscarse un historial que le permita cruzar hacia los medios de Miami”. Típico recurso castro-comunista ese de “preguntarse” cuando interesa difamar y no se dispone de pruebas o evidencias para convertir en “no persona” a quien no resulte agradable a la dictadura.

Posteriormente, la señora Hevia arremetió contra el periodista uruguayo Fernando Ravsberg, que reside en Cuba hace más de veinte años, por haber entrevistado al periodista cesanteado. Considero a Ravsberg un periodista capaz, aunque no siempre coincido con sus puntos de vista, y creo que varias posiciones suyas dejan bastante que desear. Tampoco soy ajeno a que respetables periodistas independientes dentro de Cuba no simpatizan con sus artículos o sus puntos de vista. Pero en muchas ocasiones reproduzco artículos de él en Cubanálisis-El Think-Tank, porque aportan a la imprescindible información requerida para analizar la problemática cubana.

Es imposible aceptar pasivamente que la burócrata de la UPEC declare a sus anchas que “parece que la manera de proceder de este ‘profesional’ uruguayo comienza a incomodar a las personas decentes (…) cuando aparecen llamados en los espacios digitales a que saquen del país a alguien que constantemente se mimetiza como un camaleón”. Claro, “personas decentes” son solamente quienes coincidan con los puntos de vista oficiales, y los “llamados” a alejar del país a Ravsberg aparecen precisamente en espacios digitales controlados por los jefes y superiores de Aixa Hevia. Los demás somos “indecentes” si no nos incomodamos con las ideas del señor Ravsberg —aunque no las compartamos— o no apoyamos llamados a que lo saquen del país, eufemismo castro-comunista para evitar decir “deportación” o “expulsión”.

Destaco, sin embargo, algo en lo que no concuerdo con lo que dice Fernando Ravsberg, ni muchas personas en el mundo, y deseo expresarlo claramente. Tanto el mencionado personaje, como infinidad de personas, cuando se refieren a la brutalidad de los actos contra la libertad de pensamiento o las tentativas para aplastar cualquier pensamiento discordante, acusan de “fascistas” a sus ejecutores, y citan criterios de Joseph Goebbles, el ogro de la propaganda nazi, para compararlos con las actuaciones de la asalariada de la UPEC en el caso que nos ocupa, o de cualquier esbirro del pensamiento. Y en eso todas esas acusaciones se quedan cortas.

Porque nada de lo que ejecutó, teorizó o desarrolló Goebbels como cabecilla nazi era ajeno al comunismo de Lenin y el resto de la pandilla. Lenin y Fidel Castro tienen tantas o más declaraciones y acciones contra la libertad de pensamiento y la libertad en general que Goebbels o cualquiera de los suyos.

Considerar “fascistas” las conductas de la amanuense de la UPEC, de toda esa cobarde organización, de todo el aparato propagandístico castrista, o de cualquier represor del pensamiento en el mundo, es un error histórico.

Porque no son fascistas, sino comunistas. Que es mucho peor.

Al fin y al cabo, los fascistas aprendieron de los comunistas, de los bolcheviques y de la “revolución de Octubre”.

Que ni fue revolución ni ocurrió en Octubre.

© cubaencuentro.com
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ALGUNOS COMENTARIOS DEJADOS

Excelente articulo, creo que todos los cubanos deberian de leerlo, gracias.  
Fernando Fernández
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Published on Feb 11, 2015
“La verdadera historia de la Unión Soviética” narra uno de los más espantosos episodios del siglo XX: los crímenes cometidos por la Unión Soviética desde su nacimiento con Lenin, las masacres perpetradas por Stalin en los años 30 (como la hambruna de Ucrania que costó 7 MILLONES DE MUERTOS).

La verdadera historia de la Unión Soviética

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Tomado de http://www.antrophistoria.com

La Revolución de Octubre realmente fue en noviembre

Marinos revolucionarios que participaron en diversas acciones, durante la 'Revolución de Octubre', del lado del Comité Militar Revolucionario de Petrogrado y que constituían una de las fuerzas militares más favorables a los bolcheviques



La Revolución de Octubre fue en noviembre. Realmente, y según el actual calendario gregoriano, la Revolución de Octubre comenzó el 7 de noviembre, cuando Lenin se sublevó en Petrogrado contra el gobierno de Kerensky. Lo que ocurre es que Rusia se regía aún por el llamado calendario Juliano, obsoleto en el resto del mundo occidental desde el año 1582, según el cual la fecha correspondía al 25 de octubre.

Autor| José Antonio Cabezas Vigara
Vía| José Antonio Cabezas Vigara
Imagen| Wiki
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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Los bolcheviques  conducidos por Vladimir Ilich Lenin  no derrocaron al Zarismo sino al gobierno de Kerensky, pues ya el Zarismo había sido derrocado y al frente de Rusia estaba como Presidente el socialdemócrata Kerensky y  el Zar y sus familias estaban con vida y gozaban de buena salud. Los bolcheviques le dan un golpe de Estado al gobierno de Kerensky y asesinan al Zar, esposa, hijas e hijos, al médico, los sirvientes y los cocineros  así como a los perros del Zar. La toma del Palacio de Invierno  no fue nada a cómo aparece en la película El Acorazodo Potemkin, del cineasta Einsestein, de la misma manera que no hubo  la matanza en la escalinata de Odessa que aparece en esa película que en su momento fue sobrevalorada por los especialistas de cine, casi siempre de izquierdas, etc.,etc., etc.

La MASACRE al Zar y a su familia.

 La masacre de la familia del Zar Nicolás Romanov es una gran mancha de Lenin pero no la más grande: la más grande es la Revolución de Octubre de 1917. La masacre del Zar y su familia es una gran mancha ni siquiera viéndola como una venganza por el fusilamiento de su hermano, pues su hermano estaba involucrado en un complot para matar al Zar; además, Lenin asesinó a mujeres, niñas y niños que no tuvieron absolutamente  nada que ver con la muerte de su hermano. Lenin tenia miedo (recordemos que Lenin estuvo en el exilio en los momentos de más peligro;  León Trosky fue el que se ocupó de estar en Rusia conspirando in situs)   y quería sembrar, aún más, el terror bolchevique; Fidel y Raul Castro también sembraron el terror  al triunfo de la Revolución durante décadas con los  fusilamientos y largas condenas de cárcel. En los años finales de la década del 70 o principios de la década de los 80 del pasado siglo XX se publicó la novela Diamantes para la dictadura del proletariado, de Yulian Semionov, el autor del bestseller 17 instantes de una primavera, y en el se narra la masacre de la familia Romanov y otras personas. Semionov posteriormente  fue un activista prodemocracia. Yo le pregunté en esos años a un amigo mio que estaba haciendo el doctorado en Moscú si la gente en la URSS hablaba de ese asesinato y me dijo que nadie hablaba y que eso no le interesaba a nadie... años después la realidad lo desmintió con la cobertura y la gran muchedumbre que acompañó el  entierro de lo que quedaba de los restos de la familia Romanov. En Cuba pasará lo mism con muchos hechos del período Castrista.

(Olga, Tatiana, María y Anastasia Romanov)

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La gran mancha de Lenín

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EL 17 de julio de 1918, Yákov Yurovski, ejecutó las órdenes de Lenin: asesinar al Zar Nicolás y a toda su familia. En 1998, sus restos fueron sepultados en el panteón de los Zares. El águila bicéfala, símbolo de la Rusia Imperial, fue colocada de nuevo en el Palacio de Invierno, donde aún se exhibe la momia de Lenin
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Por Tania Díaz Castro
Febrero 5, 2015
LA HABANA, Cuba. — El más terrible y espantoso de los crímenes, ocurrido en el convulso período de principios del siglo pasado, lo cometió Vladimir Ilich Lenin, el hombre que años después, por decisión gubernamental, se convirtió en guía y modelo de los revolucionarios del régimen castrista.
Cuando Fidel Castro fue entrevistado en 1977 por la periodista norteamericana Barbara Walters, dijo: ¨Lenin fue un hombre extraordinario en todos los aspectos y no hay ninguna mancha en toda su vida¨.
Aquellos que conocen la historia de aquel crimen, se preguntan cómo es posible que una persona que, según dice, jamás miente, sea capaz de decir tan garrafal embuste. Sobre todo si en la prensa escrita, a partir del triunfo bolchevique de Rusia, se pudo conocer cómo ocurrió el asesinato de la familia Romanov y quien fue el principal asesino.ç
Ocurrió el 17 de julio de 1918. Esa noche, Yákov Yurovski, jefe de un pelotón de fusilamiento del recién creado régimen revolucionario, ejecutó las órdenes de Lenin: asesinar al Zar Nicolás y a toda su familia.

(EL zarevich Alexis con su madre la emperatriz Alejandra)
Encerrada la familia imperial en un sótano, Yurovski fue el primero en disparar al Zar. Acción seguida los demás asesinos dispararon a su esposa Alejandra, al pequeño zarévich Alex, a las cuatro hijas adolescentes, al doctor Botkin, médico de cabecera, a tres criados: el cocinero Kharitonov, la doncella Demitova, a Trukp, y a los perros de compañía de la casa imperial. En el indiscriminado tiroteo, las balas chocaban contra las paredes de la habitación. Cuando cesaron los tiros, vivos algunos y quejándose, fueron rematados con disparos en la cabeza.
Según palabras de Fidel Castro, expresadas en el 144 aniversario del natalicio de Vladímir Ilich Lenin, el pasado 22 de abril, las ideas del asesino bolchevique ¨…encontraron en nuestro país una tierra fecunda y hombres que se inspiraron en su ejemplo¨. Es cierto. Inspirados en Lenin, hay muchos ejemplos.
Jamás. En más de medio siglo de dictadura de Fidel Castro, el caudillo cubano ha mencionado en sus miles de discursos que Vladimir Ilich Lenin fuera el que ordenó el asesinato de la familia Romanov. Tampoco que su régimen político haya sido producto de un golpe de estado, al frente de una minoría de simpatizantes. Mucho menos que su dictadura totalitaria se desmoronara por ineficiente y que sus estatuas fueran derribadas a golpes de mandarria de manos de trabajadores e intelectuales, en numerosos países del este europeo.
En la prensa cubana, monopolizada por la dictadura castrista, jamás hemos podido leer sobre el asesinato de la familia del Zar.
Lo ocurrido alrededor de este hecho, continúa oculto en la Cuba de Fidel. Según noticias divulgadas por las mismas agencias rusas de prensa, los cuerpos de la familia asesinada fueron encontrados en 1979, gracias a las Memorias de Yákov Yurovski, escritas mientras ocupaba altos cargos políticos bajo el régimen de José Stalin. Yurovski murió en 1938. Sus memorias fueron clasificadas como documento confidencial de la KGB, por el agente Putin, luego presidente de Rusia, para que se ignoraran los detalles del asesinato.
En 1998 la Iglesia Ortodoxa rusa decidió canonizar a la familia Romanov y sus restos fueron sepultados en 1998 en el panteón de los Zares, en la fortaleza de San Pedro y San Pablo, en San Petersburgo. El águila bicéfala, símbolo de la Rusia Imperial, fue colocada de nuevo a la entrada del famoso Palacio de Invierno, donde aún se exhibe la momia de Lenin, pese a que una gran parte del pueblo ruso ha pedido sea retirada.
En el 2007, el prestigioso historiador ruso Eduard Radzinski, expresó a la prensa: ¨…Los rusos deben saldar sus cuentas con el pasado, enterrando también a Lenin, puesto que sólo entonces podremos desarrollarnos como una sociedad normal¨.
Existen importantes escritos sobre el crimen de Lenin aún sin publicar, cuyos autores, Gueli Riábov y Alexander Avdonin, seguramente están esperando que Rusia goce al fin de una sociedad normal, para darlos a conocer.

Video con fotos en colores de la familia del Zar.

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Tomado de http://es.rbth.com

El destino de los asesinos del último zar

Por Yan Shenkman,
Rusia Hoy
15 de julio de 2013


 (El sótano de la casa de Ipatiev trás la ejecución de la familia Romanov. Fuente: Archivo)

En 1918 los bolcheviques fusilaron a los once miembros de la familia Romanov. Los principales implicados en aquel pelotón de ejecución ostentaron una posición respetable dentro de la sociedad soviética.
A día de hoy, 95 años después del asesinato de la familia real rusa, no se sabe a ciencia cierta cuántos asesinos estuvieron involucrados en el regicidio. Según una versión, fueron ocho los implicados en el regicidio. Conforme a otra, el número se eleva a once, tantos como víctimas de la matanza.
Los que desempeñaron un papel más relevante en el pelotón de ejecución fueron Yákov Yurovski y Medvédev-Kudrin.
Según Yurovski, él disparó mortalmente contra el zar. La participación de este, que era judío, en el regicidio permitió afirmar después a los nacionalistas que “a nuestra padrecito el zar lo mataron los ‘inorodtsy’ (habitantes no rusos durante el zarismo)”. En realidad, los ‘inorodtsy’ eran sólo dos: él y el fusilero letón Tselms, cuya participación en el asesinato no está definitivamente probada.
(Yákov Mijáilovich Yurovski en 1918)
Yurovski, de profesión joyero, se propuso encontrar los diamantes de la familia real en la noche de la ejecución. Y, en efecto, los encontró: después de registrar los cadáveres descubrieron que entre la ropa de las hijas del zar habían cosido abundantes joyas (pesaban más de ocho kilos).
Yurovski entregó todos los objetos de valor al comandante del Kremlin de Moscú. Los primeros bolcheviques eran gente bastante desinteresada en el plano material, pero de una crueldad infinita.
En la hoja de servicios de Yurovski, figuran los cargos de presidente de la Cheká provincial de los Urales, Jefe del Tesoro del Estado Soviético (Gosjran) y director del Museo Politécnico de Moscú. Todos ellos eran puestos de muy alto rango y de importancia estratégica en los primeros años del gobierno soviético.
(Yákov Mijáilovich Yurovski años más tarde)
Murió en el hospital del Kremlin cuando ser atendido allí era un privilegio reservado a muy pocos, especialmente destacados funcionarios del Estado. El diagnóstico: una úlcera péptica. Según testigos presenciales, su agonía fue dolorosa.
Una cuestión de orgullo y la redacción de las memorias  
Algunos de los asesinos del zar eran amigos entre sí y se veían a menudo. Yurovski, Goloschekin y Medvédev, todos ellos participantes en la ejecución, a veces rememoraban el crimen mientras tomaban una taza de té.
Les gustaba hablar especialmente de quién había sido el primero en disparar aquella noche. Una vez, Yurovski llegó al encuentro con aire triunfal. Había recibido un libro publicado en Occidente, donde, blanco sobre negro, se leía que él era el asesino de Nicolás II. Estaba pletórico de felicidad.
Mijaíl Aleksándrovich Medvédev-Kudrin (1891-1964) también ocupó cargos de relevancia después de la revolución. Durante un tiempo fue ayudante del jefe de la 1ª Sección Especial del NKVD de la URSS.
En 1930, se dedicó a dar charlas sobre el regicidio en los institutos superiores provinciales. A finales de la década de 1950 se le asignó una pensión personal de 4.500 rublos, una cifra alta para la época. En un encuentro con estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad Estatal de Moscú (MGU) rememoró con sumo placer cómo, en 1918, él y sus compañeros bolcheviques ahorraron cartuchos y remataron con bayonetas a los enemigos de la clase trabajadora.
Medvédev alcanzó el rango de coronel. Antes de morir dejó escritas unas memorias detalladas sobre el asesinato de la familia real rusa. El manuscrito, titulado “Torbellinos hostiles”, estaba dirigido al entonces dirigente de la URSS, Nikita Jruschov, pero nunca se publicó.
(Mijaíl Aleksándrovich Medvédev-Kudrin)
En esas memorias impugna el papel dirigente de Yurovski y se atribuye el mérito principal en la aniquilación de la familia del zar. Medvédev fue enterrado con honores militares en el cementerio de Novodévichi, la necrópolis más prestigiosa de Rusia. En su testamento, Medvédev legó la pistola Browning con que mató a Nicolás II a Nikita Jruschov.
Después de la muerte de Medvédev, su hijo convenció al de Nikulin para que grabaran sus testimonios sobre los acontecimientos de la noche del regicidio en un estudio de radio.
Se cree que Nikulin fue un mero testigo que identificó los cadáveres de los miembros de la familia Romanov. No obstante, su hijo declaró al respecto: “Me acuerdo de que, en 1936, cuando yo todavía era pequeño, Yákov Mijáilovich Yurovski vino a vernos y escribió algo… Recuerdo que estaba precisando algunos datos con mi padre, a veces, por lo que recuerdo, discutían… Sobre quién fue el primero en disparar contra Nicolás II… Mi padre decía que era él quien había disparado primero, pero Yurovski lo rebatía, afirmaba que había sido él…”.
Otro miembro del pelotón de ejecución, Radzinski, grabó sus recuerdos en un magnetófono: “Un hombre bajó al agua con cuerdas y sacó los cadáveres. El primero que sacaron fue el de Nicolás. El agua estaba tan fría que los rostros de los cadáveres estaban sonrojados, como si estuvieran vivos… El camión se atascó en un lodazal, y a duras penas avanzábamos… Y de pronto tuvimos una idea y actuamos en consecuencia… Decidimos que no encontraríamos un lugar mejor… Excavamos en el lodazal… sumergimos los cadáveres en ácido sulfúrico… Los desfiguramos… Cerca había una vía férrea… Llevamos las traviesas podridas para camuflar la tumba. Enterramos en el lodazal sólo a algunos de los ejecutados, a los otros los quemamos… Quemamos el cadáver de Nicolás, me acuerdo… Y el de Botkin también… Y creo que el de Alexis…”.
A principios de la década de 1980, a Yuri Andrópov, entonces jefe del KGB, le gustaba escuchar algunas tardes los testimonios de los regicidas. Según se dice, estas grabaciones se conservan todavía hoy en los archivos del Comité para la Seguridad del Estado.

1 Comments:

At 2:14 p. m., Blogger Fernando Fernandez said...

Excelente articulo, creo que todos los cubanos deberian de leerlo, gracias.

 

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