sábado, enero 28, 2017

La Cheka, la máquina del terror de la revolución rusa de octubre de 1917. El Terror Rojo

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

 Sobre la Inquisición añado:

Durate siglos el Estado y la Iglesia estuvieron muy relacionadas y  manifestarse o atentar contra uno era manifestarse y atentar contra el otro.  En el concilio de Tolosa (1229) se estableció un tribunal extraordinario conformado por jueces delegados del Pontífice que estaban encargados de juzgar a los herejes; veamos un ejemplo: en http://www.mgar.net/var/inqui2.htm se lee:

 El último ajusticiado en España fue el maestro Cayetano Antonio Ripoll, ahorcado en valencia el 31 de julio de 1826. Trece años antes las Cortes de Cádiz habían suspendido este tipo de actividades del Santo Oficio, pero con las reformas absolutistas de Fernando VII se crearon las Juntas de Fe. El Tribunal de la Fe del Arzobispado de Valencia, presidido por Simón López García lo declaró hereje y lo condenó a muerte por leer libros de la Ilustración francesa, sospecha de masón, no llevar a sus alumnos a misa y sustituir el tradicional saludo de «Ave María» por el de «Alabado sea Dios».

Historiadores contemporáneos
Henry Kamen, The Spanish Inquisition: A Historical Revision. (Yale University Press, 1998); ISBN 0-300-07880-3

En cartas de Lenin fechadas en 1919 ó 1920, según palabras del escritor y periodista Carlos Alberto Montaner registradas en un video, el líder bolchevique expresó :

¨Fusilen y ejecuten  inocentes porque hasta que todos no se sientan en peligro no habrá posibilidad de instaurar el régimen que nosotros queremos instaurar¨

Sobre El Libro Negro del Comunismo pueden leer AQUÍ.

Sobre el basamento Marxista del Nazismo (no por gusto se llamó Nacional Socialismo) pueden leer AQUÍ.
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Fragmentos tomados  de https://es.wikipedia.org/wiki/Terror_Rojo_(Rusia)

Terror Rojo

El líder comunista Grigori Zinóviev declaró a mediados de septiembre de 1918:

(Grigori Zinoviev cuando años después fue preso, desterrado y fusilado junto a Kámenev por orden de Stalin; se cumplio aquello de ¨quién a hierro mata a hierro muere¨. Fotos y comentarios añadidos por el bloguista de Baracutey Cubano)

    Para superar a nuestros enemigos, debemos tener nuestro militarismo socialista propio. Tenemos que llevar con nosotros 90 de los 100 millones de habitantes de la Rusia soviética. En cuanto al resto, no tenemos nada que decirles. Deben ser aniquilados. (5)
(5) George Leggett. The Cheka: Lenin's Political Police Oxford University Press, 1986. ISBN 0-19-822862-7, p. 114
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El 8 de agosto de 1918, Vladímir Ilich Lenin escribió a Fiódorov para expresarle la necesidad de terror de masas para "construir el orden revolucionario".

(Vladimir I. Ulianov ¨Lenin¨)

    En Nizhni está claro que se prepara una rebelión de los guardias blancos. Debemos ejercer todo esfuerzo posible para que tres dictadores (Usted, Markin, etc) de manera inmediata introduzcan el terror de las masas, disparen y eliminen cientos de prostitutas, soldados borrachos, antiguos oficiales, etc. No se puede perder un minuto.(6)

(6) Lenin. Obras Completas. Tomo L. Pág. 52 (en ruso)
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El 15 de octubre un trabajador de la Checa, Gleb Bokiy, resumió que el Terror Rojo había terminado oficialmente, informó que en Petrogrado 800 supuestos enemigos habían sido fusilados y encarcelados otro 6.229.7 Las bajas en los dos primeros meses fueron entre 10.000 y 15.000 sobre la base de listas del sumario personas ejecutadas publicada en el periódico Checa Semanal y otros pulsos oficiales.

Según el escritor Donald Rayfield, el comunista húngaro Béla Kun, con la aprobación de Lenin, habría hecho ejecutar a 50.000 prisioneros de guerra blancos tras la derrota del general Piotr Wrangel a manos de los anarquistas del Ejercito Negro, a finales de 1920.(10)

(10)  Donald Rayfield. Stalin and His Hangmen: The Tyrant and Those Who Killed for Him. Random House, 2004. ISBN 0-375-50632-2, p. 83
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El 16 de marzo de 1919, la Checa irrumpió en la fábrica Putílov. Más de 900 trabajadores que fueron a la huelga fueron detenidos. Más de 200 de ellos fueron ejecutados sin juicio durante los días posteriores

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La Cheka, la máquina del terror

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Los bolcheviques aplicaron métodos despiadados para aniquilar incluso a los sospechosos. Era habitual que a las expediciones de la Cheka a unaregión les asignase un cupo de contrarrevolucionarios para liquidar. Los enviados solían superar los números.
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Por Pedro Fernández Barbadillo
2017-01-25

La Inquisición española existió entre 1480 y 1820; en estos tres siglos y medio las condenadas a muerte fueron, según Joseph Pérez (Breve historia de la Inquisición en España) inferiores a las 10.000, de las que no todas se cumplían fuese por arrepentimiento, por muerte o por huida del reo. Los investigadores Jaime Contreras y Gustav Henningsen calculan los ejecutados entre 1540 y 1700 en sólo 810, ya que la mayoría de las penas de muerte se dictaron entre finales del siglo XV y principios del XV

De la revolución bolchevique (1917-1918), la guerra civil posterior (1917-1923) y el régimen comunista, que se prolongó hasta 1989, el número de muertos por la maquinaria policiaca y judicial roja se desconoce por su amplitud: genocidios planificados, deportaciones en masa, trabajo esclavo, purgas en el partido, hambrunas provocadas…

Pese a la realidad, los datos y los documentos, se puede reivindicar impunemente la revolución rusa, incluso mintiendo, como han hecho el concejal Carlos Sánchez Mato y el diputado Alberto Garzón. Sin embargo, éstos se indignarían si alguien explicase la magnitud real de la Inquisición.

¨Cuando las tropas blancas entraron en Kiev encontraron unos 5.000 cadáveres atribuidos a la acción de los chekistas y, también, 7.000 desaparecidos.¨

En febrero de 1917, los alemanes habían introducido a Lenin y sus camaradas en Rusia, después de sacarlos de Suiza, con la finalidad de que causasen disturbios y debilitasen el esfuerzo militar del ejército zarista. En el caos de ese año, después de la abdicación del emperador, el centrista y masón Kerenski, presidente del Gobierno provisional, recurrió a las milicias comunistas para reprimir un golpe de Estado de derechas en el verano, pero fue a su vez derrocado en octubre. Kerenski fue uno de los pocos protagonistas de esos años que tuvo la suerte de poder escapar de Rusia y gozar de una larga vida en Francia y Estados Unidos; falleció en 1970 y la Iglesia Ortodoxa rusa no quiso recibirlo en ningún cementerio.

‘Limpiar’ la retaguardia

Inmediatamente, los bolcheviques se prepararon para conservar el poder por todos los medios. Cuando las elecciones a la asamblea constituyente (noviembre de 1917), dejaron a los comunistas como tercer partido, éstos dieron un golpe de Estado y la cerraron en enero de 1918.



Entierro de Uritski, Petrogrado, 1918. La pancarta dice: "Muerte a los burgueses y sus adláteres. ¡Viva el Terror Rojo!".

La guerra civil se extendía por el país. Contra los bolcheviques no sólo luchaban los rusos monárquicos, sino también otros grupos políticos, diversas nacionalidades, los prisioneros checos y, en el frente, los alemanes y los austriacos. Para combatirlos, Trotski levantó el Ejército Rojo. Y para ‘limpiar’ la retaguardia Lenin y su camarilla fundaron una institución que durante casi un siglo ha sido sinónimo de tortura y muerte.

Entre las medidas del nuevo Gobierno rojo hay algunas sorprendentes, como la relajación de los requisitos para el divorcio y la instauración del aborto libre y gratuito (pensadas para destruir la familia a largo plazo), y otras que no lo son tanto si tenemos en cuenta la situación en que se hallaban. Entre éstas sobresale la siniestra Comisión Extraordinaria, la Cheka, una policía política con poderes omnímodos para investigar, juzgar y ejecutar. La instauró Lenin en diciembre de 1917 mediante un decreto y nombró al polaco Félix Dzerzhinski como su primer director. El Ejército Rojo se fundó en enero de 1918, por lo que para los bolcheviques era más importante aterrorizar al enemigo interior y civil que defenderse el enemigo exterior y militar.

En una semana más condenas que en 90 años de zares

De la misma manera que el camino que conduce a Auschwitz comienza en las leyes raciales de Núremberg (1935), que establecían quién era judío y que el judío no podía mezclarse con el alemán, los genocidios que perpetran los comunistas en todo el mundo (ningún partido comunista ha alcanzado el gobierno por medios pacíficos) se encuentran en la doctrina y el lenguaje empleado por Lenin y sus seguidores. Aparecen conceptos como "enemigo del pueblo", "enemigo de clase", "contrarrevolucionario", "hombre nuevo", "reeducación", "terror socialista", "voluntad de hierro bolchevique", "patria del proletariado", "opresores", o "gulag", a los se añaden otros ajustados a circunstancias históricas y los diferentes países, como "kulak", "gusano", "quintacolumnista", "monarcofascista", o "espía trotskista (o japonés, o inglés, o…)", que ampararon el exterminio de millones.

Entre 1825 y 1917, todas las condenas de muerte dictadas por los tribunales civiles y militares del régimen zarista en asuntos de orden político ascendieron a 6.321, de las que 1.310 (un 20%) se dictaron sólo en 1906, como reacción al año revolucionario de 1905. En su primer año de funcionamiento, había semanas en que la Cheka bolchevique duplicaba o triplicaba el número de sentencias de muerte de 92 años de monarquía.

Dzerzhinski, con el conocimiento de Lenin y los demás bolcheviques, como Kamenev, Zinoniev, Bujarin, Trotsky y Nadezhda Krúpskay, aplicó métodos despiadados para aniquilar incluso a los sospechosos. Era habitual que a las expediciones de la Cheka destinadas a una ciudad o región les asignase un cupo de contrarrevolucionarios para liquidar. Los enviados, movidos por su celo bolchevique, solían superar los números.

El chequista letón Jan Lacis destacó en la represión de Kiev en 1919. Elaboró argucias como montar un falso consulado de Brasil y hacer correr el rumor de que el cónsul vendía visados´. La Cheka local arrestaba a quienes acudían a la oficina buscando una vía de escapar de la orgía de sangre. Cuando las tropas blancas entraron en Kiev encontraron unos 5.000 cadáveres atribuidos a la acción de los chekistas y, también, 7.000 desaparecidos.

El órgano de batalla del Partido

Lacis fundó un periódico, La Espada Roja, en el que definía así a la organización a la que servía (Donald Rayfield, en Stalin y los verdugos):

    La Cheka no es sólo un órgano de investigación: es el órgano de batalla del partido del futuro. (…) No juzga al enemigo, lo golpea. No demuestra ninguna piedad (…) Nosotros, como los israelitas, tenemos que construir el Reino del Futuro bajo el temor constante al ataque del enemigo.

(Félix E. Dzerzhinski, primer jefe de la Cheká)

La máquina montada por Lenin y Dzerzhinski siguió reclamando sangre en los años siguientes. Stalin la llevó a su punto culminante de terror en la URSS y otros camaradas, como Pol Pot en Camboya y Mao en China, la difundieron por el mundo, para "alumbrar la revolución"; también llegó a España, traída por los consejeros soviéticos del Frente Popular durante la guerra civil.

Los argumentos con los que los bolcheviques de entonces, todos los comunistas habidos y por haber y los compañeros de viaje han justificado o disculpado (según el grado de admiración, complicidad o idiotez) el gulag y la Cheka son la pobreza y la tiranía que había en Rusia.

Al comienzo de un libro que nos trajeron los Reyes Magos, El ocaso de la aristocracia rusa, se dan unas cifras sobre el desarrollo económico del imperio, cuya base social y económica seguía siendo agrícola, pero que se encontraba en la senda de la industrialización. Antes de la Gran Guerra, Rusia era la quinta potencia industrial del mundo, superaba a Francia en la producción de acero e igualaba a Estados Unidos en la de petróleo. La red de ferrocarriles pasó de unos 1.400 kilómetros en 1850 a 64.000 en 1905. La línea de ferrocarril más larga del mundo era el Transiberiano y también la telefónica, que unía San Petersburgo y Moscú. Todos esos avances los destruyeron la guerra mundial y, sobre todo, la revolución.

Como escribió Nicolás Gómez Dávila: "Para detestar las revoluciones el hombre inteligente no espera que comiencen las matanzas".
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Tomado de https://www.youtube.com

   “La verdadera historia de la Unión Soviética” narra uno de los más espantosos episodios del siglo XX: los crímenes cometidos por la Unión Soviética desde su nacimiento con Lenin, las masacres perpetradas por Stalin en los años 30 (como la hambruna de Ucrania que costó 7 MILLONES DE MUERTOS). El Comunismo mató - a lo largo de su historia - más de 240 MILLONES DE PERSONAS. “La verdadera historia de la Unión Soviética” contrasta el paralelismo entre las dos ideologías totalitarias que más muertes han causado en la Historia de la Humanidad: el Nazismo (hija del comunismo) y el COMUNISMO. En ambos casos –se explica en el documental- se trata de crear un “Nuevo Hombre”. Esto implica que ninguno de esos dos sistemas están de acuerdo con la naturaleza del ser humano, tal y como es: en el primer caso –el nacional socialismo- se basa en la biología (racismo) para tratar de extirpar a los individuos que no encajan con el ideal ario. En el otro caso –el comunismo- se basa en la depuración de individuos indeseables mediante otra ciencia, la sociología. Ambos totalitarismos, pues, fundamentarían sus respectivas atrocidades en supuestos y falsos fundamentos científicos. Así, para la obtención del “Hombre Nuevo” en una perfecta sociedad futura, todo estaría permitido: el asesinato masivo –de razas, de enemigos políticos, de “indeseables”, de “inadaptados”, el genocidio, en definitiva, sería un método más.

La verdadera historia de la Unión Soviética




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Los fraudes de la Revolución de Octubre
Por Luis Cino Àlvarez
8 noviembre, 2016
León Trosky, el fundador del Ejército Rojo,  y su guardia personal

Arroyo Naranjo, La Habana, Luis Cino (PD) El próximo año, por estos mismos días, la Revolución de Octubre, que en realidad ocurrió en noviembre, cumplirá un siglo.
Dicha revolución, que no ocurrió exactamente como la contaron, fue uno de los mayores fraudes de la historia.
No fue una revolución, sino más bien un golpe de estado, que no derrocó al zar Nicolás II, quien había abdicado cuatro meses antes, sino al gobierno republicano y democrático de Kerensky.
El artífice del movimiento no fue Lenin: fue Trostky. Lenin solo fue el estratega, pero su estrategia no fue la utilizada, sino la táctica golpista de Trostky.
Por cierto, ni Lenin ni Trostky eran sus verdaderos apellidos. El primero se llamaba Vladimir Ilich Ulianov, y el segundo, Lev Davidovich Bronstein.
Lenin, el teórico de la revolución, se mostró vacilante e indeciso durante la sublevación de San Petersburgo. Con disfraz, peluca y afeitado, se ocultó en la barriada industrial de Wiborg casi hasta el último momento.
En contra de la estrategia insurreccional trazada por Lenin, los destacamentos de choque de Trostky tomaron todos los centros vitales de San Petersburgo.
(León Trosky y Vladimir Ilich ¨Lenin¨)
En una habitación contigua al salón del instituto Smolny, donde se celebraba el Segundo Congreso de los Soviets, Lenin con su disfraz, aguardó con aprensión el desarrollo de los acontecimientos hasta que Trostky lo increpó: “¿Por qué sigue usted disfrazado? Los vencedores no se ocultan. Lleva usted 24 horas de retraso”.
Fue entonces que Lenin, cansado, nervioso y sin peluca, seguido por Trostky, penetró en la sala del congreso. Se convirtió así en el dictador del nuevo estado.
Con una interpretación distorsionada y caprichosa de las ideas de Marx y bajo la consigna de “Todo el poder para los Soviets”, Lenin instauró la llamada “dictadura del proletariado”.
El Poder Soviético fue una ficción. No fue el gobierno de los Consejos Obreros, como había propuesto Lenin inicialmente, sino la dictadura del Partido Comunista.
Luego, el Comité Central sustituyó al Partido Comunista. El Buró Político, creado provisionalmente durante la guerra civil, suplantó al Comité Central. Lenin, luego de imponerse al Politburó, organizaría un súper estado policial de burócratas y militares.
Trostky, que al frente del Ejército Rojo garantizó a sangre y fuego, la supervivencia del estado soviético, fue uno de los grandes perdedores de la revolución rusa. Exiliado en México, fue asesinado por órdenes de Stalin, el sucesor de Lenin.
El supuesto “primer estado de obreros y campesinos” creado por Lenin, con el uso del terror rojo como herramienta principal, originó una monstruosa pesadilla totalitaria que se prolongaría hasta la desintegración de la Unión Soviética, en el verano de 1991.
luicino2012@gmail.com; Luis Cino
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La Revolución Rusa (completo)

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Tomado de http://es.rbth.com

El destino de los asesinos del último zar

Por Yan Shenkman,
Rusia Hoy
15 de julio de 2013


 (El sótano de la casa de Ipatiev trás la ejecución de la familia Romanov. Fuente: Archivo)

 
El Zar y su familia. Junto a todos ellos fueron también  fusilados el médico, los servientes y hasta los perros de la familia. Foto y comentario añadidos por el  por el bloguista de Baracutey Cubano.

En 1918 los bolcheviques fusilaron a los once miembros de la familia Romanov. Los principales implicados en aquel pelotón de ejecución ostentaron una posición respetable dentro de la sociedad soviética.
A día de hoy, 95 años después del asesinato de la familia real rusa, no se sabe a ciencia cierta cuántos asesinos estuvieron involucrados en el regicidio. Según una versión, fueron ocho los implicados en el regicidio. Conforme a otra, el número se eleva a once, tantos como víctimas de la matanza. 
Los que desempeñaron un papel más relevante en el pelotón de ejecución fueron Yákov Yurovski y Medvédev-Kudrin. 
Según Yurovski, él disparó mortalmente contra el zar. La participación de este, que era judío, en el regicidio permitió afirmar después a los nacionalistas que “a nuestra padrecito el zar lo mataron los ‘inorodtsy’ (habitantes no rusos durante el zarismo)”. En realidad, los ‘inorodtsy’ eran sólo dos: él y el fusilero letón Tselms, cuya participación en el asesinato no está definitivamente probada.
(Yákov Mijáilovich Yurovski en 1918)
Yurovski, de profesión joyero, se propuso encontrar los diamantes de la familia real en la noche de la ejecución. Y, en efecto, los encontró: después de registrar los cadáveres descubrieron que entre la ropa de las hijas del zar habían cosido abundantes joyas (pesaban más de ocho kilos). 
Yurovski entregó todos los objetos de valor al comandante del Kremlin de Moscú. Los primeros bolcheviques eran gente bastante desinteresada en el plano material, pero de una crueldad infinita. 
En la hoja de servicios de Yurovski, figuran los cargos de presidente de la Cheká provincial de los Urales, Jefe del Tesoro del Estado Soviético (Gosjran) y director del Museo Politécnico de Moscú. Todos ellos eran puestos de muy alto rango y de importancia estratégica en los primeros años del gobierno soviético.
(Yákov Mijáilovich Yurovski años más tarde)
Murió en el hospital del Kremlin cuando ser atendido allí era un privilegio reservado a muy pocos, especialmente destacados funcionarios del Estado. El diagnóstico: una úlcera péptica. Según testigos presenciales, su agonía fue dolorosa.
Una cuestión de orgullo y la redacción de las memorias  
Algunos de los asesinos del zar eran amigos entre sí y se veían a menudo. Yurovski, Goloschekin y Medvédev, todos ellos participantes en la ejecución, a veces rememoraban el crimen mientras tomaban una taza de té. 
Les gustaba hablar especialmente de quién había sido el primero en disparar aquella noche. Una vez, Yurovski llegó al encuentro con aire triunfal. Había recibido un libro publicado en Occidente, donde, blanco sobre negro, se leía que él era el asesino de Nicolás II. Estaba pletórico de felicidad. 
Mijaíl Aleksándrovich Medvédev-Kudrin (1891-1964) también ocupó cargos de relevancia después de la revolución. Durante un tiempo fue ayudante del jefe de la 1ª Sección Especial del NKVD de la URSS. 
En 1930, se dedicó a dar charlas sobre el regicidio en los institutos superiores provinciales. A finales de la década de 1950 se le asignó una pensión personal de 4.500 rublos, una cifra alta para la época. En un encuentro con estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad Estatal de Moscú (MGU) rememoró con sumo placer cómo, en 1918, él y sus compañeros bolcheviques ahorraron cartuchos y remataron con bayonetas a los enemigos de la clase trabajadora. 
Medvédev alcanzó el rango de coronel. Antes de morir dejó escritas unas memorias detalladas sobre el asesinato de la familia real rusa. El manuscrito, titulado “Torbellinos hostiles”, estaba dirigido al entonces dirigente de la URSS, Nikita Jruschov, pero nunca se publicó.
(Mijaíl Aleksándrovich Medvédev-Kudrin) 
En esas memorias impugna el papel dirigente de Yurovski y se atribuye el mérito principal en la aniquilación de la familia del zar. Medvédev fue enterrado con honores militares en el cementerio de Novodévichi, la necrópolis más prestigiosa de Rusia. En su testamento, Medvédev legó la pistola Browning con que mató a Nicolás II a Nikita Jruschov.
Después de la muerte de Medvédev, su hijo convenció al de Nikulin para que grabaran sus testimonios sobre los acontecimientos de la noche del regicidio en un estudio de radio.
Se cree que Nikulin fue un mero testigo que identificó los cadáveres de los miembros de la familia Romanov. No obstante, su hijo declaró al respecto: “Me acuerdo de que, en 1936, cuando yo todavía era pequeño, Yákov Mijáilovich Yurovski vino a vernos y escribió algo… Recuerdo que estaba precisando algunos datos con mi padre, a veces, por lo que recuerdo, discutían… Sobre quién fue el primero en disparar contra Nicolás II… Mi padre decía que era él quien había disparado primero, pero Yurovski lo rebatía, afirmaba que había sido él…”.
Otro miembro del pelotón de ejecución, Radzinski, grabó sus recuerdos en un magnetófono: “Un hombre bajó al agua con cuerdas y sacó los cadáveres. El primero que sacaron fue el de Nicolás. El agua estaba tan fría que los rostros de los cadáveres estaban sonrojados, como si estuvieran vivos… El camión se atascó en un lodazal, y a duras penas avanzábamos… Y de pronto tuvimos una idea y actuamos en consecuencia… Decidimos que no encontraríamos un lugar mejor… Excavamos en el lodazal… sumergimos los cadáveres en ácido sulfúrico… Los desfiguramos… Cerca había una vía férrea… Llevamos las traviesas podridas para camuflar la tumba. Enterramos en el lodazal sólo a algunos de los ejecutados, a los otros los quemamos… Quemamos el cadáver de Nicolás, me acuerdo… Y el de Botkin también… Y creo que el de Alexis…”.
A principios de la década de 1980, a Yuri Andrópov, entonces jefe del KGB, le gustaba escuchar algunas tardes los testimonios de los regicidas. Según se dice, estas grabaciones se conservan todavía hoy en los archivos del Comité para la Seguridad del Estado.