sábado, julio 29, 2017

Juan Gonzalez Febles desde Cuba: Memoria del dolor


VÍCTIMAS MORTALES EN LA MASACRE CASTRISTA DEL REMOLCADOR 13 DE MARZO  EL 13 DE JULIO DE 1994




Tomado de https://primaveradigital.org

Memoria del dolor

Por Juan Gonzalez Febles
25 Julio, 2017

Lawton, La Habana, Juan González, (PD) Sería justo construir cenotafios dedicados a las víctimas del remolcador 13 de Marzo, hundido frente al Malecón habanero un aciago 13 de julio de 1994, junto a otros monumentos que recordaran además, a todos los balseros que a lo largo de la noche oscura castrista, perdieron la vida en busca de libertad, junto a los fusilados, los encarcelados, los muertos en las cárceles dantescas del castrismo o a manos de esbirros asalariados del Ministerio del Miedo, perdón del Interior..

Más allá de responsabilidades que pretenden ser diluidas, en esta y otras tragedias cubanas, la primera causa de estas estuvo dada en la desesperanza de los que aún prefieren arrostrar los azares del mar embravecido del Estrecho de la Florida en busca de libertad y el derecho de al menos buscar la felicidad, en vez de lucharlos en las calles de todos los cubanos, frente a esbirros asalariados, solo capaces de demostrar su valía frente a civiles desarmados..

Esta desesperanza fue creada por un sistema cruel, inviable, incompetente e impopular.

Otra causa estaría en la violación del derecho a salir y entrar libremente del país impuesta por el autócrata en jefe y su régimen militar totalitario. Violación que algunos dieron por terminada con la supuesta Reforma Migratoria de 2012. Solo que hoy, abolida la tarjeta blanca, la violación del derecho a entrar y salir libremente es llevada adelante por esbirros asalariados de la policía Seguridad del Estado (DSE) que no necesitan leyes, tarjetas, ni cosa alguna que no sean sus pistolas y las ordenes criminales que se avienen a cumplir.

Sobre las responsabilidades diluidas, todo parece indicar que los únicos culpables de aquella tragedia fueron los capitanes de los ‘Polargo’ que cumplieron la orden criminal de hundir al remolcador que les fue impartida. Ni el jefe en funciones de la jefatura de Tropas Guardafronteras, ni los que estuvieron a cargo de la Capitanía del puerto habanero la noche de los hechos, rendirán cuenta del crimen en que están encartados. Mucho menos quienes, o quien desde “los más altos niveles de dirección política del país”, impartieron la orden criminal.

Un olvido que nada tiene de compasivo cae sobre este hecho, del que oficialmente no se habla en los medios oficiales al servicio del hoy ONU y euro-legitimado régimen militar totalitario de La Habana.

No se trata de que este hecho sea el único de esta naturaleza de que se tenga noticia. La misma fuerza aérea que derribó las avionetas de la organización humanitaria Hermanos al Rescate se reafirmó en revolucionaria cuando en algún momento alguien le ordenó dejar caer sacos de arena desde helicópteros militares sobre balsas tripuladas por inmigrantes ilegales; el propósito fue hundirlas y que sus tripulantes solo se unieran en el fondo del océano, con la libertad que buscaron.

En estos tiempos que corren de negocios, legitimaciones y normalizaciones, quizás alguien debería retomar la memoria de todos los que han muerto por el mandato de un gobierno totalitario, impopular e ilegítimo. Muchos cenotafios deberían honrar la memoria de las víctimas anónimas, sacrificadas a la gloria incierta del futuro miserable, estancado y sin salida que devino en este hoy de pesadillas.

Recordemos el Maleconazo y como desde el hotel Deauville en Malecón y Galiano, hubo una ametralladora de trípode que apuntó a civiles desarmados que gritaban libertad y que felizmente no abrió fuego.

La memoria del dolor por más de cinco décadas perdidas está más presente que nunca. De nada sirve que el ex dictador Fidel Castro deambule por el infierno en compañía de su fría y nunca eficiente máquina de matar y otros de ese corte. La memoria del dolor que impuso, continúa presente en Cuba y en el dolor de cada cubano dentro y fuera de Cuba.
j.gonzalez.febles@gmail.com; Juan González