Luis Cino Álvarez desde Cuba: Miguel Díaz-Canel potencial sucesor del tirano Raúl Castro ha matado las ilusiones
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"Tan inmovilista y retranquero se mostró Díaz-Canel, que en lugar suyo pudiera lo mismo haber disertado el ríspido Ramiro Valdés o el mismísimo Machado Ventura", dice el autor sobre la presentación del potencial sucesor de Raúl Castro ante militantes del PCC.
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Por Luis Cino Álvarez
Agosto 24, 2017

Díaz-Canel, en pose de mandante carcelario, con voz más firme de lo habitual, se mostró bastante amenazante. Y no solo con respecto a la oposición abierta. En el mismo saco de “los proyectos subversivos” –como los calificó- y de “la contrarrevolución”, echó también a los leales opositores de Cuba Posible, a los periodistas oficialistas que colaboran con medios no estatales, a los centristas y otros actores ideológicamente corridos –no importa si se proclaman dentro de la revolución. Y por si fuera poco, también advirtió que no se permitirá la consolidación de un sector privado que pudiera independizarse del Estado y tornarse en agente de cambio.
Y todo en un tono que recordaba más el de un oficial del Departamento de Seguridad del Estado que el de un tecnócrata de la partidocracia. Tan inmovilista y retranquero se mostró Díaz-Canel, que en lugar suyo pudiera lo mismo haber disertado el ríspido Ramiro Valdés o el mismísimo Machado Ventura de no estar tan ocupado por remendar los desastres de la agricultura.
Si un medio tan light respecto al régimen como OnCuba irrita a Díaz-Canel, ya podemos imaginar lo que piensa de CubaNet, Martí Noticias, entre otros, y lo que nos depara a los periodistas independientes.
¿Será que el supuesto designado para la sucesión, si quiere llegar a febrero de 2018, no podía quedarse corto en la dureza del discurso? ¿Cómo iba a desilusionar a los ancianitos comecandela que mantienen encendida la mecha, aun a riesgo de que todo les reviente en las manos?
No hay por qué elucubrar y esperar sorpresas de Díaz-Canel. Por lo pronto, ya cantó jugada y de veras que da grima. Es más de lo mismo. Sin mucha variación en la partitura.
No había por qué esperar otra cosa, por qué empeñarse en querer olfatear un Gorbachov o un Deng Xiao Ping en Díaz-Canel. En la escuela de cuadros debe haber aprendido que este tipo de sistema no admite reformas sin que se deshilache y se vayan las costuras; que a los ratones, por mucho que lo imploren, no se les puede dar queso, porque luego quieren agua y después piden más queso, y seguirán pidiéndolo hasta que se agote la despensa.
En realidad, solo los ilusos habituales, los dados al wishful thinking, los demasiado optimistas, albergaban ilusiones con Díaz-Canel. Podrá haberse mostrado liberal con los gays y los rockeros del Mejunje en su natal Santa Clara, cuando aún no había engordado, montaba bicicleta y se parecía a Richard Gere, pero en Holguín, cuando era primer secretario provincial del Partido Comunista, no vaciló en ordenar desalojos de barrios marginales: parece que prefería el marabú al llega y pon.
Desde ahora, por adelantado, cual si fuera un general más, y de los pretorianos, anuncia que quiere el aula tranquila y en orden, y que no dudará en ordenar a la Seguridad del Estado, luego de conseguir la extinción de la disidencia, que se ocupe de los indisciplinados, los modorros y los desviacionistas. Y puede que después, tan dado como es a las redes sociales, trine en Twitter, cual guapo de barrio, que “no hay por qué hacer la menor concesión a los imperialistas yanquis”.
Díaz-Canel pertenece a otra generación más joven, pero como en sus tiempos de camilito, sigue disciplinado, obediente a las órdenes. Y muy atento a lo que le dicta su instinto de conservación. Parece que hasta ahora no le ha fallado. No en vano llegó a donde está.
luicino2012@gmail.com
(Publicado originalmente por Cubanet el 24/08/2017)
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