jueves, febrero 14, 2019

Historia y estilo: doble juicio revolucionario. Arnaldo M. Fernández: El juicio en Santiago descollaría por el revuelo mediático de la absolución seguida por la marcha atrás al empuje de la palabra televisada y radial de Fidel Castro


Historia y estilo: doble juicio revolucionario

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El juicio en Santiago descollaría por el revuelo mediático de la absolución seguida por la marcha atrás al empuje de la palabra televisada y radial de Fidel Castro
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 Banquillo de los acusados en el juicio a los aviadores, necánicos de aviación, etc.

Por Arnaldo M. Fernández
Broward
13/02/2019

Del 13 de febrero al 2 de marzo de 1959 fueron juzgados 43 aviadores de la Fuerza Aérea del Ejército (FAE) batistiano en la Causa 127-59 del Tribunal Revolucionario [1] de Santiago de Cuba. Tras el fallo absolutorio, el fiscal Antonio Cejas interpuso recurso de revisión. El 5 de marzo principió nuevo a juicio ante tribunal superior, que terminaría con 2 absoluciones y penas de 30, 20 y 2 años de cárcel a 19, 10 y 12 acusados, respectivamente.

Nada tuvo de ilegal que estos aviadores arrostraran dos juicios por los mismos hechos. Dentro del orden jurídico entonces vigente [2], la Ley Procesal Penal de la República en Armas (1896) autorizaba al fiscal para interponer recurso de revisión y así dar pie a otro juicio (Artículo 100). Sólo que el tribunal de revisión [3] se desentendió de otra norma (Artículo 107): respetar los hechos que el tribunal de primera instancia [4] había declarado probados:

“Aviones de la dictadura piloteados por los acusados de este proceso, así como por otros que abandonaron el territorio nacional (…), ametrallaron en unas oportunidades y bombardearon en otras, o ambas a la vez, distintos puntos [como] Sagua de Tánamo, Ocujal de Mayarí, San Benito, Bayate, La Prueba, Maffo, San Luis, Calabaza, Mayarí Arriba, San Antonio del Sur y otros, causando 8 muertos, 16 heridos [y] daños” (…) Muchos de [estos puntos eran] objetivos militares [y] con las pruebas [presentadas en juicio] no ha podido justificarse [sin] la menor duda quiénes o quién de los acusados (..) produjeron las muertes, lesiones y daños”.

Fundamento jurídico del fallo absolutorio

Desde la primera sesión del primer juicio, el ambiente estaba caldeado. La prensa local circuló el reportaje “Sagua [de Tánamo], la Lídice cubana” para fraguar analogía con el nazismo. No en balde el fiscal se bajó con que los aviadores habían perpetrado hasta genocidio. Los acusados se abstuvieron de declarar y la defensa [5] se encargó de vapulear los argumentos del fiscal y a sus testigos de cargo. El tribunal de primera instancia razonaría que:

    Los hechos “no constituyen los delitos de asesinato, homicidio, lesiones y daños [ni] de genocidio [ya] que los pilotos no tuvieron la intención de matar [ni otra] dolosa”
    Los jueces tienen que “absolver en los casos en que no se hubiera producido una prueba plena que llevase a su ánimo la certeza que exige la ley [y] en el presente caso no se ha producido (…) esa convicción o certeza necesaria para imponerle a los encartados no ya la pena capital, sino ninguna otra de privación de libertad”.

Fundamento antijurídico del fallo condenatorio

Así y todo, Fidel Castro se explayó por televisión y radio contra la absolución e incluso mandó a su ministro de Defensa, Augusto Martínez Sánchez, como fiscal de relevo al segundo juicio [6]. El 3 de marzo de 1959, los abogados defensores escribieron a Castro protestando por haberse calificado públicamente “de asesinos a quienes han exonerado y declarados inocentes por un Tribunal Revolucionario”. El Colegio de Abogados de Santiago de Cuba, “como contribución a la justicia revolucionaria, publicó las leyes penales [que] permite[n] al fiscal interponer recursos revisión, [pero con] respeto a los hechos probados”. Al comenzar el segundo juicio, el Colegio de Abogados de La Habana respaldó a su homólogo de Santiago e insistió en “que se respeten los hechos que la sentencia recurrida declara probados”.

La absolución reforzó la corriente de opinión “Inocentes los Aviadores”, que venía corriendo desde que el testigo de la defensa René García —quien después de servir en la FAE había pasado a Cubana de Aviación— sostuvo que los aviadores cumplían órdenes de los jefes de operaciones de las tropas en tierra y estos serían los únicos culpables de crímenes de guerra si mandaron a la aviación a atacar objetivos civiles.

No obstante, todavía en mayo de 1959 el periodista Agustín Tamargo, a quien nadie puede tachar de títere de Castro, daba contracandela a esa corriente con su nota “¡He aquí la obra de los ‘inocentes’ aviadores’!”. Tamargo puso en entredicho incluso el saldo mortal acreditado por el tribunal de primera instancia. Sólo en el central Manatí, alegó, la FAE había matado a 10 y herido a otros tantos. Tamargo remachó con mordaz observación al pie de las fotos que publicó en calidad de pruebas: “No serán muy jurídicas, pero son sin embargo bien elocuentes” [7].

Detrás de la fachada

La suerte estaba echada por lo menos desde que Fidel Castro largara su discurso en la empresa petrolera Shell el 6 de febrero de 1959. Allí y entonces puntualizó: “A ningún arma se tuvo nunca tanto odio como se tuvo contra la aviación. Los rebeldes veíamos a los aviadores de la dictadura como los peores elementos”. Unos 75 aviadores de la FAE caerían en el jamo de los tribunales revolucionarios de Santiago, La Habana, Santa Clara y Camagüey.

El juicio en Santiago descollaría por el revuelo mediático de la absolución seguida por la marcha atrás al empuje de la palabra televisada y radial de Castro. Tras bambalinas sobrevinieron otras peripecias que el piloto Carlos Lazo relata en Inocentes los aviadores (2001).

Cierta noche los presos del vivac de Santiago fueron llevados a una rastra. Esa tarde el abogado José Valls había confiado a Lazo por entre las rejas: “Hoy se va a cometer algo tremendo; todos ustedes aquí fueron condenados a muerte y esta noche se cumple la sentencia”. No obstante, el jefe del vivac, capitán Eddy Fernández, sacó de repente a los aviadores de aquel trasiego nocturno para traerlos de vuelta a sus celdas.

Más tarde explicaría que fue por “una llamada de Raúl Castro”. Los aviadores presos allí iban a ser juzgados junto con otros que venían de La Habana. Los demás reos sacados del vivac aquella noche deben ser los fusilados el 12 de enero de 1959 en el campo de tiro de San Juan.

Nada más que se anunció el juicio a los aviadores en Santiago, corrió el rumor de que las penas serían de muerte para los pilotos, 20 años para los artilleros y 10 años para los mecánicos. Así fueron solicitadas por el fiscal Cejas, pero el arzobispo de Santiago de Cuba, Enrique Pérez Serantes, logró abordar a Castro en la playa de Tarará para convencerlo de bajar la parada sancionadora sin pena de muerte. El tribunal de revisión procedería en consecuencia.

Los aviadores absueltos en el primer juicio no quedaron en libertad, sino que pasaron del vivac a la Prisión de Boniato a la espera del segundo juicio. Al concluir este, aquellos definitivamente condenados se trasladaron por ferrocarril a La Habana. De los fosos del Castillo del Príncipe pasarían a las circulares del Presidio Nacional de Isla de Pinos.

Coda

El 15 de abril de 1959 se notició que el presidente del tribunal de primera instancia, Félix Pena, se había suicidado de un tiro en el pecho dentro de un auto estacionado en la esquina de Calle 21 y 84 (Marianao). El jefe de la Fuerza Aérea, Pedro Luis Díaz-Lanz, declaró a la prensa que había dejado una carta para explicar su trágica decisión por motivos personales. Pena tenía fijada boda para el miércoles 22 de abril y previsto viajar a Bonn (Alemania) como agregado militar de la embajada cubana [8]. Le tocó perder, igual que a Cuba.

Notas

[1] Para una espléndida confusión entre tribunales revolucionarios y populares, así como visión simplona de sus jueces, escúchese el tramo 20:03-20:40 del audio de la primera parte de la serie “Cuba 60 años” (RTV Martí).
[2] La Ley No. 39 (Gaceta Oficial No. 16, de 2 de febrero de 1959) racionalizó el tinglado de la jurisdicción militar especial para juzgar a los agentes y colaboradores de la tiranía batistiana sobre la base del Reglamento No. 1 del Alto Mando del Ejército Rebelde, de 21 de febrero de 1958. Como derecho supletorio, esto es: siempre que fuera necesario para llenar las lagunas de aquel reglamento sin contradecirlo, se resucitaron las leyes penales mambisas de 28 de julio de 1896 y se mantuvieron las leyes penales en vigor a la caída de Batista: el Código de Defensa Social (1936/38) y la Ley de Enjuiciamiento Criminal (1882).
[3] El presidente fue Manuel “Barbarroja” Piñeiro y los vocales: Demetrio Montseny, Pedro Luis Diaz Lanz, Carlos Iglesias y Belarmino Castilla.
[4] Presidió Félix Pena y actuaron como vocales Adalberto Parúas y Antonio Michel Yabor. Este marchó al exilio y aquel caería preso para enrumbar por la misma vía dos décadas después.
[5] Integrada por los abogados Arístides D’Acosta [defensor del capitán Jesús Sosa Blanco, enjuiciado espectacularmente en la Ciudad Deportiva y fusilado el 18 de febrero de1959], Carlos Peña, Recadero García y Jorge Pagliery [quienes habían actuado en el juicio del Moncada, el último de los tres como defensor de Melba Hernández], así como Sigfrido Solís, Luis Aguiar y Augusto Portuondo.
[6] “Sorprende a Fidel la absolución de los pilotos”, Revolución, 3 de marzo de 1959 / “Nuevo Fiscal en el juicio a aviadores,” Revolución, 4 de marzo de 1959.
[7] Bohemia, 24 de mayo de 1959. En la sesión judicial del 20 de febrero de 1959, el perito Eloy Núñez, jefe del Departamento de Fotografía de la FAE, había dictaminado que no apreció “cráteres” en el terreno ni balazos “en los techos de las casas”, sino “marcas de paredes de casas destruidas que aparentemente son impactos de balas, [sin poder] precisar si fueron hechos de arriba hacia abajo”.
[8] Diario de la Marina, 15 de abril de 1959.

© cubaencuentro.com
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 Tomado de http://www.autentico.org/oa09174.php

«EL JUICIO DE LOS AVIADORES»

Ing. José A. Adán

El 2 de marzo de 1959, en Santiago de Cuba, el Tribunal Revolucionario que juzgó a 43 miembros de la Fuerza Aérea de Batista, absolvió a todos los acusados. El Presidente del Tribunal, Comandante del E.R. Félix Pena, leyó el fallo:

Considerando que este Tribunal, consciente de la responsabilidad que asume ante la Revolución, ante el pueblo y ante a Historia, por convencido de la nobleza de su proceder, e inspirado por los postulados democráticos, que de honestidad, amor, equidad y justicia, han inspirado este movimiento revolucionario, ejemplo digno para todos los pueblos de América y del mundo.

Fallamos que debemos absolver y absolvemos a todos y cada uno de los acusados en este proceso, disponiendo al propio tiempo la libertad de los mismos, solo por esta causa, debiendo dictar al efecto todos los despachos que fueren necesario para el cumplimiento de esta resolución, así como la notificación de la misma a todas y cada una de las partes.

Así, por nuestra sentencia pronunciamos, mandamos y firmamos ante mí que certifico . Comandante Félix Pena presidente, Antonio Michel Yabor, doctor Adalberto Paruas Toll, vocales; procurador Nicolás Bello, secretario.

Los presos fueron conducidos a la Cárcel de Santiago de Cuba. Esa misma noche Fidel Castro, mediante la radio y la televisón, anuló el fallo y nombró un nuevo Tribunal: Fiscal al Ministro de Defensa, comandante Augusto Martínez Sánchez; presidente al comandante Manuel Piñeiro Losada, Barbaroja y vocales a a los comandantes Pedro Luis Diaz Lanz, Carlos Iglesias Fonseca,-Nicaragua-, Demetrio Montseni-Villa y Belarmino Castilla-Aníbal.

Por supuesto los acusados fueron condenados en el nuevo juicio. Así comenzó Fidel Castro a Gobernar mediante la radio y la televsión, sin tomar en cuenta a los organismos integrantes del estado.

RENUNCIA DEL COMANDANTE ANTONIO MICHEL YABOR

Se transcriben los párrafos más importantes de la carta.

"Tras largo proceso de maduración me veo obligado a tomar la más dura y dolorosa decisión de mi vida. Hoy, después de ocho años dedicado a luchar fervorosamente por mi patria , tras haber compartido dos años de prisión contigo, luego de múltiples vicisitudes y riesgos que culminaron con la hermosa lucha de la Sierra Maestra, me veo compelido a renunciar a mi puesto en la Fuerza Aérea Revolucionaria y a tomar, una vez más, el triste camino del exilio.

(Antonio Michel Yabor)

Yo por mi parte he visto con creciente dolor como las mismas fuerzas que combatieron al Comandante Pena y lo llevaron al sacrificio de su vida , han ido ganando potencia dia a dia hasta convertirse en los factores decisivos y determinanates del actual momento; como las mas limpias aspiraciones de la Revolución son sustituídas por planes de factura extraña que apuntan a un plano totalitario; como popo a poco los que no comparten esos planes son desplazados o eliminados. Por estas y otras cosas no me queda otro remedio que renunciar y el exilio.

Se que los grupos que ahora medran y prosperan a tu lado y que cuentan con tu decidido apoyo pondrán en juego su eficiente maquinaria de difamación para presentarme como un traidor. Quiero, por tanto, que esta única oportunidad de explicarme, deje constancia de mi postura radical e invariable. Las ideas que me llevaron al clandestinaje desde el año 1952, las que me alentaron a soportar las torturas y vejaciones de las cárceles de la Tiranía, las que me lanzaron al riesgo de mi vida y la lucha armada en las montañas, las sigo teniendo tan firmes y erguidas como siempre. Sigo aspirando a una patria justa donde cada ciudadano tenga derecho al respeto sean cuales fueran sus ideas, donde haya tribunales que juzguen antes de condenar, donde las clases humildes progresen sin demagogías ni innecesaria destrucción de riquezas, donde se abran oportunidades de trabajo para todos los cubanos y no se sacrifiquen esas oportunidades para asumir posturas internacionales que solo convienen a una potencia extrajera. Considero que eran los ideales proclamados por la Revolución. Y que, por tanto, traidor es quien se desvíe de ellos o quien desvía la Revolución hacia régimenes políticos cuya estructura dictatorial todos parecíamos repudiar antes del triunfo. No puedo serlo yo, que por manternerlos me tengo que que marchar de nuevo de una patria a la que tanto quiero y por cuya libertad hice y di todo lo que pude.

Ni la prensa extranjera, ni el viejo enemigo que combatí tan encarnizadamente me tendrán nunca en sus filas. Sigo siendo un revolucionario integral, pero de la verdadera Revolución, de la de Pena, de la cubana, de la que soñabamos todos en las limpias mañanas de la Sierra.

De la que a pesar de todos los engaños , ha de triunfar definitivamente.
fdo. Antonio Michel Yabor