lunes, julio 19, 2021

Fallece en Cuba José Siro González Bacallao, Obispo Emérito de Pinar del Río, un obispo valiente cubano que fallece a los 90 años





Monseñor José Siro González Bacallao

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano 

En el año 2000, Monseñor José Siro González Bacallao entonces Obispo de la Diócesis de Pinar del Río dió, una vez más, un ejemplo de como UN OBISPO PUEDE HABLAR DE LOS PRESOS que no sea de manera  ambigua y que  verdaderamente sirva de aliento y consuelo a los presos y a sus familiares. Esta es una de las tantas razones por las cuales seguí, aunque el Código Canónico diga otra cosa, y sigo teniendo  a José Siro como mi Obispo y Pastor Diócesano; pero ahora en la Casa del Padre, en la Jerusalem Celestial, en el Paraiso junto al Señor de Señores  y Rey de Reyes. Monseñor Jorge Serpa, sucesor de José Siro, de ideas similares al ya finado Cardenal Ortega, desmanteló prácticamente toda la obra de José Siro en la Diócesis de Pinardel Río cuando tomó posesión de la Diócesis por José Siro haber llegado a los 75 años. Previamente habían promovido como Obispo de Matanzas al Padre Manuel Hilario de Céspedes García-Menocal ¨El Padre Manolo¨ que era en Pinar del Río el asesor de la prestigiosa revista Vitral y del Centro de Formación Cívica y Religiosa de la Diócesis de Pinar del Río apoyadas y alentadas por Monseñor José Siro, al igual que la desmantelada Hermandad de Ayuda al Preso y sus Familiares. La mitra puede transformar a algunos sacerdotes, a José Siro no lo cambió. .


Jubileo Hermandad del Preso.Bravas palabras del Obispo José Siro

( minuto 2:20 al 3:15)


Décimas de José Siro González Bacallao, Obispo Emérito de  la Diócesis de Pinar del Río,   al entonces recién nombrado Obispo  Jorge E. Serpa cuando el primero le hace entrega de la Diócesis  de Pinar del Río al segundo.

Escucha, hermano querido, escucha con atención,
esta breve explicación, de aqueste Obispo guajiro.

En mi primera visita
al Santo Padre de Roma,
sin perder punto ni coma
escuchó todas mis cuitas
con paternal sonrisita.
Yo le expresé con afán
los temores que me dan
toda mi preocupación
ÉI dijo con compasión
“cuide cola del caimán”.

Yo la cuidé con esmero
durante un período largo;
esta mañana te encargo
“seas un guardián certero
de ovejas y de corderos”.
A los lobos no les temas,
recuerda siempre aquel lema
de nuestro pastor eterno
“que las puertas del infierno
no prevalecen contra Ella”.

Te entrego este pectoral,
signo sagrado precioso,
como legado valioso,
como distintivo real
en tu labor pastoral.
De una cadena preciosa
y de una historia azarosa
serás séptimo testigo.
El Señor irá contigo
y esta Asamblea gozosa.
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(Monseñor Siro, en su última visita  al templo de San Brendan, Miami, donde presidió una misa, rodeado de antiguos feligreses pinareños, algunos de los cuales conoció al nacer y les administró algunos de los sacramentos)


(Monseñor Siro reunió en esa visita al templo de  San Brendan a muchos antiguos feligreses de la Diócesis de Pinar del Río que quisieron expresarle su cariño y gratitud. En esta foto sólo algunos de ellos)
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 Tomado de https://www.religiondigital.org/

Muere José Siro González Bacallao, un obispo valiente cubano

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Prelado emérito de Pinar del Río, a los 90 años

Su cadáver ha sido trasladado a la Catedral de Pinar del Río, para la Misa de Exequias y recibir santa sepultura en el Panteón de los Obispos del Cementerio Católico de la Alameda en la ciudad de Pinar del Río

Fue de los Obispos impulsores de la Reflexión Eclesial Cubana que preparaba a la Iglesia para el Encuentro Nacional Cubano (ENEC) en 1986 y años más tarde del (ECO) a los 10 años del (ENEC)

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Por Julio Pernús

 corresponsal en La Habana

19.07.2021

En la mañana del lunes 19 de julio de 2021, partió al encuentro con Dios, Mons. José Siro González Bacallao, sexto obispo de la diócesis de Pinar del Río, a la edad de 90 años y tras 67 como sacerdote.

Su cadáver ha sido trasladado a la Catedral de Pinar del Río, para la Misa de Exequias y recibir santa sepultura en el Panteón de los Obispos del Cementerio Católico de la Alameda en la ciudad de Pinar del Río.

La vida de este pastor ha estado caracterizada por la entrega y la perseverancia a pesar de las duras pruebas que tuvo que enfrentar. Su recuerdo está también precedido por el acompañamiento al pueblo cubano en momentos difíciles y el apoyo a un laicado que se atrevió a denunciar desde la revista Vitral y el Centro de Formación Cívica Católica las injusticias sociales que se sucedían en la Isla.

Nació en el municipio de Candelaria, provincia de Artemisa, Diócesis de Pinar del Río, el 9 de diciembre de 1930 en el seno de una familia pobre pero rica en fe.

Deseo de ser fraile

Siendo joven le compartió a su párroco, el franciscano Mario Cuende, su deseo de ser fraile, pero luego de un correcto discernimiento entró al Seminario San Carlos y San Ambrosio para cursar los estudios como sacerdote diocesano. Fue el P. Mario quien lo acompañó en tan importante día. Tenía sólo 12 años de edad y este era su primer viaje a la Capital.

Terminado el primer curso (período 1944- 1945) pasó al Seminario El Buen Pastor, creado por el Cardenal Arteaga, donde concluyó sus estudios, siendo ordenado sacerdote el 28 de febrero de 1945. Celebró su primera Misa en Candelaria el 7 de marzo de ese mismo año.

Monseñor González Bacallao

Fue secretario del Obispo Mons. Evelio Díaz y Coadjutor de la Catedral de 1954 a 1957, año en que fue nombrado párroco de San Juan y Martínez, comunidad a la que sirvió durante 22 años.

Comenzó el duro período para la Iglesia Católica en Cuba con la expulsión de sacerdotes, cierre de escuelas y universidades pertenecientes a la Iglesia, así como la imposibilidad de construir templos, junto a otras dificultades.

Le siguió el éxodo espontáneo de muchos sacerdotes, religiosas y laicos, por tal motivo Mons. Evelio Díaz le encargó, junto con el P. Claudio Ojea, la atención de todas las parroquias de las vicarías central y oriental de la diócesis; y ellos lo aceptaban porque eran conscientes de la necesidad de mantener viva la llama de la evangelización en toda la región.

En 1966 el P. Siro trasladaba su trabajo pastoral al campo y se dedicaba durante casi 7 años (de 1966 a 1973) a sembrar tabaco, arroz, frijoles y viandas en la vega de Pancho Ravelo, un laico de la comunidad de San Juan y Martínez y al que consideraba su gran amigo. Allí podían encontrarlo de lunes a viernes, y los sábados y domingo atendía las pocas labores pastorales que era posible realizar.

Al tomar posesión Mons. Jaime Ortega Alamino, como Obispo de Pinar del Río en 1979, Mons. Siro fue llamado a trabajar a su lado como Vicario de la Diócesis y Párroco de la Catedral, donde estuvo hasta que el Papa Juan Pablo II lo eligió Obispo de la Diócesis, ordenado el 16 de mayo de 1982. En ese entonces la diócesis contaba con 11 sacerdotes y 7 religiosas.

Fue de los Obispos impulsores de la Reflexión Eclesial Cubana que preparaba a la Iglesia para el Encuentro Nacional Cubano (ENEC) en 1986 y años más tarde del (ECO) a los 10 años del (ENEC).

Visita de Juan Pablo II a Cuba

Uno de los momentos más relevantes de su período como pastor de esta grey fue la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba, quien accedió a su pedido de sobrevolar bendiciendo nuestra diócesis el 21 de enero de 1998 al llegar a tierras cubanas. Mons. Siro logró recoger 118. 700 firmas de petición entre los pinareños.

Su labor pastoral se ve reflejada en la creación del Pre- Seminario P. Félix Varela, en San Juan y Martínez, para acompañar a jóvenes que optaban por seguir a Cristo de forma radical a través del sacerdocio.

El obispo de Pinar del Río

(José Siro, segundo de derecha a izquierda)

La creación del Centro Misionero en Candelaria “César Balbín”, el Centro de Formación Cívica y Religiosa, las Escuelas de Verano para Catequistas, la incorporación de comunidades religiosas femeninas al servicio pastoral en Pinar del Río, la construcción de la Casa Diocesana Nuestra Señora de Loreto, entre otras labores, nacieron durante sus años de pastoreo en suelo pinareño.

En el mes de noviembre del 2006, el Papa Benedicto XVI aceptó su renuncia a la edad de 77 años, retirándose al poblado de Mantua, en el extremo más occidental de Pinar del Río, donde vivió hasta el final en su amada Granja San José.

Sentado en el taburete

Hablar de Mons. Siro es fácil para quienes lo conocimos sentado en su taburete frente a la carpintería del Obispado o en el patio de la Casa Diocesana, donde podíamos ir a compartir con él tanto de la vida personal como eclesial, y siempre recibiríamos un buen consejo, acompañado de una sonrisa que animaba y su forma cariñosa de dirigirse a quien fuera llamándolo “Hijito”, porque así fue siempre para todos: un padre bueno que supo ser fiel hasta el final al Buen Dios que lo escogió como acostumbra a hacer: de entre los humildes y sencillos, para encomendarle una tarea de titanes, porque a la vez da la fuerza necesaria para poder realizarla; sólo hay que confiar en Él.

Ahora que estás disfrutando de la Resurrección que tanto nos anunciaste, continúa orando por nosotros al Padre, por esta Iglesia Cubana que has amado y a la que te has entregado desde el corazón; por tu diócesis de Pinar del Río, donde sembraste en medio de tormentas y buenos tiempos, para que Cristo fuera siempre el centro en el corazón de cada uno de sus hijos.

Descansa en paz, Padre Siro.

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VIII Aniversario revista Vitral. Palabras del Obispo José Siro. 22 de junio 2002

Palabras del Obispo  José Siro  en el homenaje  que la Hermandad del Preso y su Familiares  le ofreció en su última Visita Pastoral. Año 2004

Parte 1


Parte 2



Descanse en Paz un obispo santo:

MONS. JOSÉ SIRO GONZÁLEZ BACALLAO

Nota de exequias de Mons. Siro

El Padre ha querido entregar la corona de gloria a uno de sus hijos más fieles.
Texto: Equipo de comunicación de la Diócesis de Pinar del Río

Diócesis de Pinar del Río, 19 de julio de 2021./  En la mañana de este 19 de julio de 2021, partió al encuentro con Dios Mons. José Siro González Bacallao, sexto obispo de la diócesis de Pinar del Río, a la edad de 90 años y 67 como sacerdote.

Su cadáver será trasladado a la Catedral de Pinar del Río, para la Misa de Exequias y recibir santa sepultura en el Panteón de los Obispos del Cementerio Católico de la Alameda en la ciudad de Pinar del Río.

La vida de este pastor ha estado caracterizada por la entrega y la perseverancia a pesar de las duras pruebas que tuvo que enfrentar. 

Nació en el municipio de Candelaria, provincia de Artemisa, Diócesis de Pinar del Río, el 9 de diciembre de 1930 en el seno de una familia pobre pero rica en fe. 

Siendo joven le compartió a su párroco, el franciscano Mario Cuende, su deseo de ser fraile, pero luego de un correcto discernimiento entró al Seminario San Carlos y San Ambrosio para cursar los estudios como sacerdote diocesano. Fue el P. Mario quien lo acompañó en tan importante día. Tenía sólo 12 años de edad y este era su primer viaje a la Capital. 

Terminado el primer curso (período 1944- 1945) pasó al Seminario El Buen Pastor, creado por el Cardenal Arteaga, donde concluyó sus estudios, siendo ordenado sacerdote el 28 de febrero de 1945. Celebró su primera Misa en Candelaria el 7 de marzo de ese mismo año.

Fue secretario del Obispo Mons. Evelio Díaz y Coadjutor de la Catedral de 1954 a 1957, año en que fue nombrado párroco de San Juan y Martínez, comunidad a la que sirvió durante 22 años.
Comenzó el duro período para la Iglesia Católica en Cuba con la expulsión de sacerdotes, cierre de escuelas y universidades pertenecientes a la Iglesia, así como la imposibilidad de construir templos, junto a otras dificultades. 

Le siguió el éxodo espontáneo de muchos sacerdotes, religiosas y laicos, por tal motivo Mons. Evelio Díaz le encargó, junto con el P. Claudio Ojea, la atención de todas las parroquias de las vicarías central y oriental de la diócesis; y ellos lo aceptaban porque eran conscientes de la necesidad de mantener viva la llama de la evangelización en toda la región.

En 1966 el P. Siro trasladaba su trabajo pastoral al campo y se dedicaba durante casi 7 años (de 1966 a 1973) a sembrar tabaco, arroz, frijoles y viandas en la vega de Pancho Ravelo, un laico de la comunidad de San Juan y Martínez y al que consideraba su gran amigo. Allí podían encontrarlo de lunes a viernes, y los sábados y domingo atendía las pocas labores pastorales que era posible realizar.
Al tomar posesión Mons. Jaime Ortega Alamino, como Obispo de Pinar del Río en 1979, Mons. Siro fue llamado a trabajar a su lado como Vicario de la Diócesis y Párroco de la Catedral, donde estuvo hasta que el Papa Juan Pablo II lo eligió Obispo de la Diócesis, ordenado el 16 de mayo de 1982. En ese entonces la diócesis contaba con 11 sacerdotes y 7 religiosas.

Fue de los Obispos impulsores de la Reflexión Eclesial Cubana que preparaba a la Iglesia para el Encuentro Nacional Cubano (ENEC) en 1986 y años más tarde del (ECO) a los 10 años del (ENEC).
Uno de los momentos más relevantes de su período como pastor de esta grey fue la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba, quien accedió a su pedido de sobrevolar bendiciendo nuestra diócesis el 21 de enero de 1998 al llegar a tierras cubanas. Mons. Siro logró recoger 118. 700 firmas de petición entre los pinareños.

Su labor pastoral se ve reflejada en la creación del Pre- Seminario P. Félix Varela, en San Juan y Martínez, para acompañar a jóvenes que optaban por seguir a Cristo de forma radical a través del sacerdocio. 

La creación del Centro Misionero en Candelaria “César Balbín”, el Centro de Formación Cívica y Religiosa, las Escuelas de Verano para Catequistas, la incorporación de comunidades religiosas femeninas al servicio pastoral en Pinar del Río, la construcción de la Casa Diocesana Nuestra Señora de Loreto, entre otras labores, nacieron durante sus años de pastoreo en suelo pinareño.

En el mes de noviembre del 2006, el Papa  Benedicto XVI  aceptó su renuncia a la edad de 77 años, retirándose al poblado de Mantua, en el extremo más occidental de Pinar del Río, donde vivió hasta el final en su amada Granja San José.

Hablar de Mons. Siro es fácil para quienes lo conocimos sentado en su taburete frente a la carpintería del Obispado o en el patio de la Casa Diocesana, donde podíamos ir a compartir con él tanto de la vida personal como eclesial, y siempre recibiríamos un buen consejo, acompañado de una sonrisa que animaba y su forma cariñosa de dirigirse a quien fuera llamándolo “Hijito”, porque así fue siempre para todos: un padre bueno que supo ser fiel hasta el final al Buen Dios que lo escogió como acostumbra a hacer: de entre los humildes y sencillos, para encomendarle una tarea de titanes, porque a la vez da la fuerza necesaria para poder realizarla; sólo hay que confiar en Él.

Ahora que estás disfrutando de la Resurrección que tanto nos anunciaste, continúa orando por nosotros al Padre, por esta Iglesia Cubana que has amado y a la que te has entregado desde el corazón; por tu diócesis de Pinar del Río, donde sembraste en medio de tormentas y buenos tiempos, para que Cristo fuera siempre el centro en el corazón de cada uno de sus hijos. 

Descansa en paz, Padre Siro.
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evista Vitral No. 74 * año XIII * julio-agosto de 2006


LA BIBLIOTECA DIOCESANA DE PINAR DEL RÍO SIN LOCAL: ¡CÓMO PASA EL TIEMPO!

Por Monseñor José Siro González Bacallao *


Recuerdo con el calor y la viveza de los años de adolescente aquel bello edificio de dos plantas, con sus frescas y claras galerías, su amplio patio interior para practicar diversos deportes, sus claras y ventiladas aulas, sus interesantes laboratorios, las confortables habitaciones de los 6 profesores y responsables de la educación, los venerables Padres Escolapios, los cuatro dormitorios de los diversos alumnos provenientes de distintos pueblos de la provincia, su espléndida y devota capilla, lugar de los grandes encuentros: primeras comuniones, Misas de solemnidades y graduaciones, encuentros con el Sr. Obispo... ese era el Colegio de los Escolapios... Allí se educaban los hijos de los ricos, como se decía entonces, y los hijos de los pobres, los muchachos de piel blanca y los de piel obscura, los que pagaban su matrícula y los que nadie sabía que eran becados, porque sus padres no podían pagar ni siquiera una modesta cuota. Qué gran labor, qué magnífica educación... Así pasaron las generaciones desde los comienzos del siglo XX hasta que con el poder revolucionario y la intervención de los colegios, terminó aquella realidad. ...Había transcurrido más de medio siglo... Cómo pasa el tiempo.

Pasaron los días, pasaron los meses, pasaron los años, aquel bello edificio se fue deteriorando , y mientras el siempre recordado P. Jaime, antiguo Rector del Colegio y único de los padres que no fue expulsado, mantuvo a “sangre y fuego”, como dice el dicho, la propiedad y uso de la histórica capilla.
Pasó el tiempo, el P. Jaime fue llamado por sus superiores a La Habana.

Nosotros independizamos totalmente el local de la capilla del resto del edificio, lo arreglamos con el gusto y las condiciones que exigía su nuevo servicio, el de Biblioteca Diocesana.

Entre tanto el bello y confortable edificio del colegio que había prestado diversos servicios educativos se iba deteriorando rápidamente.


( Vista actual del edificio, antiguo Colegio de los Escolapios, y su costado izquierdo primera planta, único local que quedó al servicio de la Iglesia cuando la intervención de los colegios, aquí funcionaba la Biblioteca Diocesana.)


Pasaba el tiempo; la Biblioteca, ahora llamada por los Superiores Escolapios, “Biblioteca Padre Jaime”, continuaba prestando sus servicios de orden pastoral, social y educativo.. Se iba incrementando con nuevos volúmenes de todas las materias. Allí se dieron conferencias magistrales, interesantes encuentros, cine-debates de gran contenido, presentación de interesantes libros, lugar de encuentros ínter diocesanos y latinoamericanos,...

Pasaba el tiempo, la biblioteca continuaba prestando su interesante servicio a los fieles y a toda la población, que acudía al recinto a consultar obras, estudiar pasajes, ampliar conocimientos y buscar el tesoro de la sabiduría y a las personas que acudían a sacar fotocopias de sus documentos.

Mientras, continuaba en vertiginoso deterioro el edificio tan bien construido. Solo se mantenía en buen estado lo que fuera capilla que cuidábamos con delicado esmero.

Pasó el tiempo y un día comenzaron a quitar repellos en el viejo y destruido edificio en cuyo pórtico se veía crecer un desafiante jagüey que parecía decir: “en mí no se fijan”. Continuaron desarbolando las pocas puertas y ventanas que quedaban... Acudieron a mí los responsables de la Biblioteca preocupados por el rumbo que tomaban las cosas y por el implacable ritmo de demolición...

Acudimos a las autoridades que dijeron que se pretendía hacer una gran reparación, pero eso no tocaba a nuestra parte.

Continuó funcionando la biblioteca, aunque con molestias de filtración e incomodidades y continuaron las obras de demolición en el edificio.

Pasaron los días, vinieron las lluvias, aumentaron las filtraciones y goteras y un “nefasto día” comprobamos que habían abierto boquetes en el techo de la biblioteca, sin avisarnos nada y con la única intención, sin dudas malévola, de obligarnos a abandonar el lugar.

No sé expresar los sentimientos que atormentaron mi alma, me preguntaba y, claro, no encontraba respuesta a ¿por qué hacen eso y ni siquiera me avisaron?

Tuvimos que recoger rápidamente los equipos. El jueves 12 de mayo del 2005 despacho con el Ideológico del Partido en la provincia y le alerto de las condiciones graves de la biblioteca. Toma nota y me dice que actuará. El martes 17 de mayo nos reunimos en la biblioteca; por parte del Estado: el Ideológico del Partido, el Jefe de Vivienda, el Responsable Provincial de Asuntos Religiosos, la representante del Gobierno Provincial, el ingeniero Jefe de Obras y el Responsable de la Obra. Por parte de la Iglesia: el Obispo; Rafael Capote, Director de la Biblioteca y Marcos, Responsable de la misma. Comienza hablando el Ideológico y me propone con maliciosa ignorancia o malévola intención que entregue los libros a la Biblioteca Estatal... lo miramos con asombro y no respondimos ni palabra, tan atrevida proposición no merecía ni respuesta, habló y habló y terminó diciendo que nos aconsejaba sacar los equipos y los libros con sus estantes, pues pronto comenzarían las obras de limpieza en ese recinto... Yo le dije al Ingeniero Jefe que nos había abierto un boquete en el techo de la biblioteca, lo cual era un acto de inaudito abuso de poder... se excusó como pudo... él no era más que un instrumento de aquella infame operación.

El ideológico, responsable de tan grave asunto, nos prometió solemnemente y ante sus compañeros testigos que antes del 15 de junio nos avisarían de alguna casa que tuviera las elementales condiciones y nosotros la adaptábamos hasta que se concluyeran las obras y volviéramos a nuestro local... el Jefe de Vivienda asintió y a ello se comprometieron asimismo los otros funcionarios que habían participado. Nosotros salimos ilusionados ante la seriedad de las palabras y el compromiso ratificado.

( En la foto: Rafael Capote, actual Director de la Biblioteca Diócesana, Sergio Lázaro Cabarrouy, Margarita Gálvez, Servando. cantante invitado, Monseñor José Siro, Cueto, funcionario de la Banca Internacional que dió esa noche un conversatorio sobre la operación Pedro Pan, Pedro Pablo Arencibia, responsable en aquellos momentos de la Biblioteca Diócesana y Editor hoy de Baracutey Cubano, María Caridad Gálvez, ¨Karina¨, Sra. Rosito, Dagoberto Valdés, Director de Vitral y del Centro Cívico, un Profesor del Centro Cívico y finalmente : Bomnín, uno de los correctores de Vitral )

Pasaron los días, ¡cómo pasa el tiempo!... a finales de junio comenzaron los responsables de la biblioteca a visitar periódicamente la Sede del Partido; les decían que pronto, después decía la recepcionista que no estaban los compañeros y así transcurrieron varias semanas y nadie respondía y les dije que no fueran más.

¡Cómo pasa el tiempo! Pronto se cumplirá un año de aquel infame e inaudito desalojo, que no tiene otro nombre, y la Diócesis continúa sin local para su biblioteca, los libros dispersos en varias casas de fieles que soportan con paciencia y delicadeza lo inoportuno de aquellos estantes y libros en sus pequeñas salas hogareñas.
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¡Cómo pasa el tiempo! Pero como decía el venerado Monseñor Adolfo Rodríguez, arzobispo de Camagüey: “¡Nadie sabe las vueltas que da una llave!”.
Mientras, pongo las cosas y el tiempo en manos del Señor que todo lo ve.

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* Obispo de la Diócesís de Pinar del Río

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