miércoles, enero 02, 2008

CUBA. DIARIO DE SESIONES

Tomado de

En Cuba se reunió la Asamblea Nacional del Poder Popular, supuestamente el principal órgano de poder del Estado. Como de costumbre, poco aportan sus sesiones, ya sean ordinarias o extraordinarias -da lo mismo- a la situación del país. Por ello estoy seguro de que la gran mayoría de los ciudadanos no saben ni de qué hablan los diputados cuando se reúnen; pensarán que es una reunión rutinaria del Partido Comunista o un mitin dimagen1e reafirmación revolucionaria. La naturaleza, el almanaque o una reflexión del Comandante tienen mayor incidencia política en Cuba que el propio parlamento. Y no estoy exagerando.

Es cierto que a nivel mundial los parlamentos se han alejado de la que fuera su principal función: crear leyes. Hay ejecutivos cada vez más fuertes y con amplias facultades en materia de elaboración de normas jurídicas. Realidad de la que paradójicamente no se escapan aquellos sistemas considerados parlamentarios puros, en los que el parlamento debiera tener mayor importancia. En ellos el Gobierno es elegido en el parlamento como resultado de la obtención de una mayoría de escaños por parte de su agrupación o de su configuración mediante pactos. Precisamente esa mayoría que inviste al presidente del gobierno será su sostén, que concretamente se traduce en la aprobación, a veces acrítica, de todos sus proyectos de leyes y propuestas, incluidos los presupuestos. Al funcionar el parlamento en base a mayorías, con partidos que suelen exigir férrea disciplina a sus diputados a la hora de votar, el papel de la oposición en este sentido queda muy limitado. Hay países donde la mayoría de las leyes –más del 90% de éstas- son a propuesta del ejecutivo. Visto esto, entonces no es Cuba el único país que tiene un parlamento irrelevante.

Resulta que en paralelo a este debilitamiento de la función legislativa de los parlamentos, que habría podido convertirlos en meros tramitadores de proyectos de leyes procedentes del ejecutivo, se han intensificado otras muy importantes para la democracia: el control y la fiscalización. En un Estado democrático puede que el gobierno logre con los escaños que le sostienen o apoyan, aprobar la mayoría de sus propuestas susceptibles de dicho trámite. Sin embargo, aún contando con estos apoyos le sería difícil silenciar a la oposición que cuestiona y fiscaliza con pleno derecho en el parlamento. El caso español es un claro ejemplo: en el Congreso de los Diputados los momentos políticos más importantes o que más interés despiertan en los medios son las sesiones de control a los ministros y al presidente del Gobierno. Es el momento de la oposición y del debate público, muchas veces candente.

Para ejercer la función de control existen diferentes instrumentos que los grupos parlamentarios, principalmente los de oposición, pueden utilizar: las preguntas, las interpelaciones, las peticiones de comparecencias de miembros del gobierno, las resoluciones o mociones no de ley, las solicitudes de información, las comisiones de investigación, etc. También se puede agregar a la lista el Debate del Estado de la Nación, que se ha establecido de manera consuetudinaria en algunos países.

Si esto que hemos señalado es lo que está salvando al parlamento de convertirse en algo obsoleto, si es el cuestionamiento, control, escrutinio y colaboración por parte de la oposición a la actividad del gobierno lo que le da sentido a su existencia, qué podemos decir de un parlamento como el cubano en el que no hay oposición, dónde todo se aprueba por unanimidad y las sesiones son clausuradas al ritmo de loas al máximo líder.

Finalmente, desde la antigüedad, los edificios que acogen la actividad estatal y política evocan mediante su arquitectura la dignidad y el respeto por dichos desempeños. Por ello vemos que los edificios que albergan a los parlamentos, gobiernos o tribunales superiores suelen ser majestuosos, de grandes columnas y bien ubicados. Si los ojos son el reflejo del alma, estos edificios son el reflejo de la seriedad del Estado. En ese sentido, da pena ver como el parlamento cubano se reúne en el mismo lugar –El Palacio de las Convenciones- donde se realizan múltiples eventos sobre temas que van desde los más sublimes hasta los más ridículos. Mientras, nuestro imponente Capitolio, que en su día acogió a grandes parlamentarios, es utilizado como centro de exposiciones. Pero repito, lo uno es reflejo de lo otro… Además, ¿qué importan las instituciones si todavía tenemos máximos líderes?


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* Licenciado en Derecho, Master en Derecho Mercantil (USMA- Panamá), Master en Derecho Internacional y Relaciones Internacionales (UCM- Madrid), Master en Acción Política (UFV-Colegio de Abogados de Madrid-FAES)