domingo, marzo 30, 2008

ME NIEGO A CAMINAR DE ESPALDAS

Tomado del recién creado ,pero relevante , sitio http://www.patriadigital.com/

Me niego a caminar de espaldas


Por Luife Galeano

Me niego a caminar de espaldas aceptando moldes caducos, situaciones anacrónicas y comportamientos kafkianos. No acepto que los culumbrones progresistas me intoxiquen con argumentos desenfocados, ni traten de hacerme comulgar con ruedas de molino. Me manifiesto como hombre libre que soy y que expresa su pensamiento en libertad. No quiero doblegarme ni aceptar los hechos como inevitables. Me desmarco de las orientaciones del líder absoluto ya obsoleto; disco rayado que se repite hasta la saciedad derrochando tinta reflexiva. ¿Cómo no hacerlo? Quiero apoyar tranquilo la cabeza sobre la almohada.

Niego las novedosas aperturas que nos brinda el Asere Supremo porque representan espejismos, máximas falsarias, de imposible realización. Ya sé que es inevitable fantasear con los adelantos que penden del anzuelo progresista. Cuarenta y nueve años de privaciones justificarían este malentendido aire libertario, pero ahí radica el error. No podemos adocenarnos con los bienes de consumo cuando a pocos kilómetros, en propio suelo cubano, se recluyen en cárceles a otros que utilizaron sus computadoras para clamar por la Libertad; que se comunicaron por celulares para denunciar los atropellos y que, en varias ocasiones, escondieron sus escritos en vetustos electrodomésticos para preservarlos del asedio represor. Si las computadoras ahora son legales, desencadenen a aquellos que las utilizaron en su momento. Si tener en propiedad hoy en día un teléfono celular se despenaliza, entonces liberen a quienes se manifestaron por dicho medio. Si mercar productos pasa a manos privadas, el delito de entonces ya no es tal.

Quizás, y de ahí provenga mi error, resulta que lo que nos propone este gobierno es que disfrutemos las computadoras; lo que no podemos es escribir. Tal vez, sí estemos autorizados y enseñemos nuestros Nokias y Motorolas a los vecinos mientras disfrutamos de sus politonos más exitosos. Lo que ocurre, compañero, es que todavía no podemos hablar. Seguro que estoy errado porque los bienes de consumo se propagarán por la isla a mayor velocidad que los televisores Panda y las ollas a presión. Debe ser que todavía no me he percatado de que el chavito y los fulas son las monedas corrientes en las que cobra el trabajador cubano y que los pesos ?esos que valen veinticuatro veces menos? han periclitado y que cualquier comentario al respecto proviene de los amargados contestatarios a sueldo de la CIA.

Después de tanto exilio, señores, me quieren trafulcar las entendederas con jitanjáforas que pregonan las excelsas condiciones de vida ?eso sí, paso a paso? gracias al consumismo desaforado de bienes materiales. ¿Cuánto cuesta, entonces, la Libertad? ¿Una computadora sin acceso a Internet? Tal vez una tostadora o, quizás, un carro sin gasolina o un millón de fulas para gastarlo en las Diplotiendas. ¡Por favor!, no me carezcan de los objetos garantes de la felicidad extrema. Por lo visto, en esta ?castroenteritis?que se propaga pertinaz, los pobladores de la isla podrán abandonarse a los placeres materiales cuales zombis, dando pábulo a la vesania. Así, a partir de ahora, caminarán de espaldas, mirando para atrás, mientras se despetroncan por el precipicio.

Yo, sin embargo, me niego a caminar de espaldas. Me niego a utilizar la falsilla que guíe mis líneas sobre las páginas en blanco. Quiero caminar sin cadenas que me dejen sumido en afrentas y oprobios. Quiero del clarín escuchar el sonido y utilizar las armas democráticas. Quiero hacer sonar las palabras, emplear la justicia y proponer un cauce en el que todos los cubanos podamos vivir en armonía. Sin presos ni venganzas; sin repudios; con la fuerza de la razón. No sé si la Patria me contemplará orgullosa ni lo busco. Sólo temo la muerte de la Libertad y el triunfo del inmovilismo intransigente que habla de consumos exacerbados y grandes negocios lucrativos.

¡Qué lástima! Miré a mí alrededor y vi que todos eran pobres. Sólo tenían dinero.

1 Comments:

At 5:16 p. m., Anonymous Anónimo said...

Un fuerte aplauso para este escritor y este escrito, ha llegado al meollo del verdadero problema, los cubanos estamos siendo engañados una vez mas por la bota castrista, el desaliento y la incredulidad hacen mella en mi ser libertario, pues veo sin remedio como nuevamente los carneros siguen sin remedio la ruta creada por los perros
Que Viva Cuba Algun dia Libre

 

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