martes, junio 03, 2008

LA TARJETA BLANCA DE MAURICIO VICENT

Tomado del blog El Tono de la Voz, de Jorge Ferrer


La tarjeta blanca de Mauricio Vicent

Por Jorge Ferrer
02/06/2008 17:45

Leo que se cumplen 100 días desde que Raúl Castro se convirtió en presidente de los Consejos de Estado y de Ministros. La Nación hace balance de los «cambios» que termina con esa lista escasa y risible. La del microondas, el celular y el deuvedé. Y menciona las expectativas, claro. Los cubanos hablan ahora de expectativas como antes hablaban del queso crema.

Pero también se cumple por estos días mes y medio de que Mauricio Vicent ganara una primera plana en El País con titular que escribió al dictado del oficial «que lo atiende».

¿Se acuerdan?

Aquella fue una apuesta arriesgada del diario de PRISA. El espacio en las primeras planas vale ahí carísimo, ya se sabe. Y adviértase que no iba arrinconada. Tan sólo un dato estadístico relevante acerca del pinchazo de la burbuja inmobiliaria logró encaramarse más alto. ¡Todo un notición! ¡Avanza la apertura!

Nuestro prosthetic cuban –recuérdese que Mauricio se fue a Cuba más bien jovencito, estudió allá psicología y proclama a los cuatro vientos que se siente cubano– vendió a su periódico la exclusiva de que el levantamiento de las prohibiciones a los cubanos para entrar y salir del caimán eran inminentes. (Ya he dicho aquí que tal simplificación en los trámites migratorios me parece «cambio» menor en lo que a la Cuba futura se refiere, pero es evidente que hay muchos cubanos, dentro y fuera del país, que se beneficiarían.)

El caso es que hace mes y medio El País se fue con la de trapo que le lanzaban a Mauricio y tituló: «Cuba avanza en su apertura y elimina trabas para viajar». ¡Adviértase que titularon en presente, cuando la situación merecía al menos subjuntivo!

«¿Hay algo de cierto en eso?», pregunté a la mañana siguiente a gente enterada de los andares del aplatanado corresponsal. A partir de lo conversado, la situación parece haberse desarrollado más o menos así: Mauricio había pedido garantías de que la puesta en vigor se iba a producir en una semana y le dijeron que nananina. Que de garantías, nada. Pero le insinuaron que el anuncio no tardaría más de dos semanas. Y que, en el peor de los casos, la cosa se resolvía en un mes. Eran garantías escasas, escasísimas, pero a Mauricio le dijeron que querían ver eso en primera plana de El País. Y Mauricio cumplió, porque el Mauri siempre cumple con los encargados de renovar su credencial. Con los amos de su vida de cubano postizo. En su caso, servidumbre voluntaria, por cierto.

No sé qué tretas usó Mauricio para convencer al jefe de redacción para que elevara a primera plana del 18 de abril noticia que podía tardar semanas en producirse. Lo logró.

Hoy es 2 de junio. Ha pasado mes y medio desde que el corresponsal de El País en La Habana coló en la primera plana del primer diario en español un titular enviado por una dictadura.

Y hoy es lunes. El día perfecto para despedir a un empleado ineficaz y mentiroso. A un asalariado que transmite a Madrid lo que desde La Habana le dictan. (Si se le ocurriera negar que escribió esa noticia al dictado de la máquina propagandística del raulismo y sostiene que lo hizo movido por su olfato periodístico, mejor que mejor: perro de presa desprovisto de olfato tampoco podría reclamar indemnización por despido.)

Porque el cuartico migratorio, a fecha de hoy, sigue igualito, mientras Mauricio Vicent, Corresponsal Vitalicio, permanece con la orejita presta a ver qué le dictan los mayimbes de país que adora.

¡Que le gusta Cuba? Pues, qué viva allá. ¿Quién se lo va a impedir? No será más que otro entre los miles y miles de españoles que Cuba haya acogido en el último siglo y medio.

Pero que el diario El País lo siga manteniendo en esa corresponsalía es una falta de respeto a lectores y suscriptores. Denle la tarjeta blanca, por favor, y las gracias por los servicios prestados, un concepto por el que La Habana tiene mucho más que agradecerle.