miércoles, agosto 20, 2008

CONTRADICCIÓN EVIDENTE

Contradicción evidente



Por Oscar Espinosa Chepe


LA HABANA, Cuba, agosto (www.cubanet.org) - “Las “casas” se agolpan con su frágil aspecto. Sus paredes, de latones viejos y oxidados, cartones y pedazos de tablas, dejan en quien las mira una sensación de tristeza y desamparo.

“Apenas se podía divisar el panorama, entre cuestas, atajos y cercas irregulares que iban delimitando el territorio, “conquistado” por quienes un día decidieron marcharse de sus provincias para asentarse, sin ningún tipo de condiciones, en Ciudad de La Habana.¨

Esta descripción del barrio marginal Las Piedras, donde malviven cerca de 2 000 personas en el municipio San Miguel del Padrón, en Ciudad de La Habana, no fue descrito por periodistas independientes que cumplen largas sentencias de cárcel en condiciones infrahumanas. Es parte de un artículo titulado La Habana sumergida, aparecido en el diario Juventud Rebelde el pasado 3 de agosto, donde se narra la tragedia de cientos de miles de personas que se han trasladado a la capital “de todos los cubanos”, fundamentalmente desde las regiones más orientales, en búsqueda de cierto progreso y escapar de la extrema miseria.

Según este artículo, en La Habana existen 46 barrios marginales con chozas construidas con materiales recogidos en basureros y pisos de tierra. No tienen calles, sino vericuetos; no hay tendidos eléctricos normales, sino redes ilegales, cuando es posible; y el agua llega mediante conexiones igualmente ilegales o cargada en recipientes. Esas dificultades no constituyen un freno para que continúe la inmigración, porque si las dificultades en la urbe son enormes, incluso para los habaneros, en el resto del país la situación es mucho peor, especialmente en las provincias orientales Las Tunas, Holguín, Granma, Santiago de Cuba y sobre todo en Guantánamo.

( San Miguel del Padrón )

El gobierno, en vez de procurar el mejoramiento de las condiciones de vida en el interior del país, en 1997 puso en vigor el Decreto No. 217 sobre Migraciones Internas hacia la Capital. Eso no ha detenido la avalancha de personas, a pesar de los fuertes mecanismos de castigos a quienes lo violan, o sea, los indocumentados internos.

A menudo se realizan razias, se imponen multas y se retornan por la fuerza a los indocumentados a los lugares de origen, sin tener en consideración que esa medida viola el Artículo 43 de la Constitución vigente: “El Estado consagra el derecho conquistado por la Revolución de que los ciudadanos…. se domicilian en cualquier sector, zona o barrio de las ciudades y se alojan en cualquier hotel”.

Debe puntualizarse que además de la población residente en estas villas miseria reseñadas por Juventud Rebelde, en la capital existen decenas de miles de viviendas en pésimas condiciones habitacionales, en especial en las conocidas cuarterías o casas de vecindad, donde las personas viven en un hacinamiento extremo, por lo general en ambientes propicios para todo, menos para el desarrollo de las virtudes humanas. Un escenario, reproducido en las ciudades del interior con la llegada masiva de población de origen campesino, deseosa de escapar de la aún peor situación del campo cubano. Esto explica en alguna medida el despoblamiento de las áreas rurales, uno de los principales factores que han incidido en la impactante caída de la producción agropecuaria.

El incremento acelerado de los menesterosos ha propulsado el crecimiento de la corrupción y la marginalidad, y el fenómeno de que Cuba se haya transformado en uno de los países con mayor población penal del planeta, sexto lugar, con 487 reclusos por cien mil habitantes, según el Informe sobre Desarrollo Humano 2007-2008, confeccionado por el PNUD.

Considerando la triste realidad cubana y las discriminaciones a los ciudadanos residentes en el interior de la Isla, resulta absurda la Declaración de la Asamblea Nacional del Poder Popular sobre la Directiva Retorno de Inmigrantes adoptada por el Parlamento Europeo, el 18 de junio pasado. Objetivamente, esa Directiva resulta controvertida y podría lesionar la vida de millones de personas indocumentadas, llegadas al Viejo Continente en búsqueda de un mejor futuro, lo que deberá debatirse para encontrar las mejores soluciones, particularmente la promoción del desarrollo y condiciones dignas de existencia en sus lugares de origen para que no se vean forzadas a emigrar.

Cuba, con su draconiana política de migraciones internas, y el continuo éxodo masivo hacia el exterior que según las estadísticas oficiales arrojan en el período 2000-2007 la salida de más de 250 000 personas, mientras que millones desearían hacerlo, a pesar de las barreras para evitarlo, carece de moral alguna para criticar a la Unión Europea y estimular tensiones que contribuyen a crear más dificultades.

Las autoridades de la Isla, menos aún, tienen derecho a hablar sobre el complicado tema del llamado robo de cerebros, cuando en la sociedad cubana existe un total menosprecio y subutilización de la inteligencia y el talento humanos; una sociedad donde sólo se tiene en cuenta para el progreso individual el grado de sometimiento al Estado totalitario. Una sociedad donde un enorme porcentaje de especialistas tiene que dedicarse a trabajos muy inferiores a sus capacidades y especialización, a veces humillantes, para poder sobrevivir económicamente.

Correspondería al gobierno desarrollar el país, en lugar de emitir resoluciones discriminatorias de las personas por sus procedencias regionales, para que nadie se vea obligado a emigrar para escapar de la miseria, así como que los profesionales puedan con sus conocimientos alcanzar una vida digna y ser socialmente reconocidos.

Es hora de dejar de recomendar a los demás hacer lo que en Cuba está muy lejos de realizarse.