sábado, septiembre 13, 2008

ENTRE BALSEROS Y MALECONAZOS

Diario Las Americas

Publicado el 09-13-2008

Entre balseros y maleconazos
Por Pablo Alfonso

Mientras en este lado del Estrecho, tirios y troyanos continúan sus discusiones bizantinas sobre cómo, cuándo y por qué ayudar a los damnificados de Gustav y Ike; a lo largo de toda Cuba el drama es más real, con dimensiones de tragedia nacional.

Para quienes lo perdieron todo, la búsqueda de causas, razones y culpables es por ahora una cuestión secundaria. Para los que ahora mismo tienen “el cielo como techo, el suelo como lecho” y la incertidumbre enclaustrada en un gigantesco signo de interrogación, la política ideológica no significa mucho.

Se trata primero de subsistir y después de analizar. Allá el señor Descartes con su “cogito ergo sum”; su “pienso luego existo”. Los cubanos que juntan los pedazos de escombros para reconstruir lo que un día fue su vivienda, pueden decir con Ortega y Gasset:: “La verdad es que no existo porque pienso sino al contrario, pienso porque existo, porque la vida me plantea crudos problemas inexorables.”

Una vez cumplido mi aporte a la bobería bizantina pasemos a la página de las realidades.

Washington y La Habana continúan, por ahora, con las manos atadas por el diferendo político que los envuelve hace medio siglo. Subrayo el “por ahora”, porque pienso que las realidades por venir en los próximos días podrían sobrepasar “las posiciones de principios” y los compromisos políticos.

La mesa está servida… y el menú que espera a los comensales que se sentarán en torno a ella es amplio y variado.

Incluye una isla de doce millones de habitantes, a 90 millas de Estados Unidos y en la cual, casi la tercera parte de su población quedó devastada por Gustav y Ike. No hay que olvidar que a sólo esa distancia de la isla, radican casi dos millones de cubanos de origen o ascendencia, con fuertes vínculos familiares y emotivos, con los damnificados.

En el menú de la miseria se ofrecen 300 mil viviendas destruidas total o parcialmente. En su mayoría, casuchas de tablas carcomidas por el tiempo y el desamparo en que han vivido por medio siglo los pueblos del interior de la isla.

Hay que agregar 700 mil toneladas de alimentos perdidos que obligaran al régimen cubano a un mayor sistema de racionamiento a la población. La lista se complementan con daños todavía incalculables en las redes de comunicación y de energía eléctrica, y las instalaciones que apuntalaban a la economía cubana.

La cúpula gobernante cubana está desconcertada. Desde su refugio secreto Fidel Castro emborrona cuartillas de remembranzas. Su hermano Raúl, el general presidente, se limita a hablar por teléfono mientras envía a sus emisarios a contabilizar los daños y calmar a la población. Granma nos muestra en su primera plana al vice Machado Ventura, vestido con una fina guayabera de hilo -planchada y almidonada con esmero- en medio de los damnificados sudorosos, maltrechos y malvestidos.

Con discreción pero con urgencia Cuba acaba de aceptar unos tres millones de dólares que dona la ONU para paliar la desgracia. “Es la primera vez ciertamente (que Cuba acepta) en la que cualquiera tenga memoria,” dijo el subsecretario general para Asuntos Humanitarios, John Colmes. “Creo que es una indicación de que tan seria es la situación en Cuba.”

La ayuda de las Naciones Unidas a Cuba se sumó a la de España, que envió 16 toneladas de suministros, los 500,000 dólares donados por Timor Oriental, una ayuda rusa no cuantificada y los 300,000 dólares de China. De las toneladas de suministros prometidas por Venezuela no hay noticias. El presidente Hugo Chávez, mandó primero a sus generales a evaluar los daños, pero todavía no hay respuesta.

Cuba volverá al llamado Período Especial que enfrentó hace 15 años atrás. No es un buen pronóstico para los cubanos en la isla. Tampoco es un buen pronóstico para Estados Unidos.

La línea que hoy traza la diferencia entre un alboroto popular como el Maleconazo de 1994 y una protesta popular en toda regla es muy fina. No hay que dudar que la dictadura haga uso, en cualquier momento, de la claúsula constitucional de 1992 que le permite decretar un estado de emergencia.

Las consecuencias que se derivarían para Washington de un éxodo masivo de balseros no es necesario detallarlas.

Fonte: Identificada en el texto
http://www.cubalibredigital.com