martes, octubre 20, 2009

Alberto Müller : El cubano, ¿más pro-norteamericano que nunca?

Tomado de http://convivenciacuba.es

Convivencia - Debate Público
lunes, 05 de octubre de 2009


El cubano, ¿más pro-norteamericano que nunca?


Por Alberto Müller


Sé que esta afirmación puede que no guste a los abanderados de ese socialismo anacrónico, autoritario y estatista, que ha regido en Cuba por las últimas cinco décadas, y que tantos sacrificios, prisiones y muertes ha provocado en la población cubana, pero a la vuelta del tiempo transcurrido, hoy los cubanos son más pro-norteamericanos que nunca.

Por eso llamó poderosamente la atención que Raúl Castro dijera ante el pleno de la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba, unos días después de su opaco y derrotista discurso del 26 de julio, que él no fue elegido para ‘instaurar nuevamente el capitalismo en la isla’.

Y esta sola mención refleja la ignorancia que tiene Raúl Castro de la realidad cubana, pues en una reciente encuesta del grupo ‘Veritas’ en Cuba que dirige el investigador Eugenio Leal, resulta que las simpatías por Barack Obama entre los cubanos alcanza un promedio superior al 50 por ciento, mientras que las preferencias por Raúl y Fidel Castro juntos, apenas alcanzaban el 20 por ciento de la población.

Por cierto y para que no haya ninguna confusión, este estudioso del escenario social de apellido Leal, no tiene ningún vínculo familiar ni ideológico con Eusebio Leal.

Habría que decir ante los temores de Raúl Castro, de que Cuba nunca fue un país capitalista ni pro-norteamericano a ultranza. Inclusive la legislación social y jurídica cubana inscrita en su Carta Magna de 1940, era una de las más avanzadas de América Latina, con marcadas tendencias a que el Estado protegiera las áreas más neurálgicas del país, como el azúcar y la educación.

Además, reconocía el ‘habeas corpus’, la presunción de la inocencia, la separación de poderes, la libertad religiosa, de reunión y de expresión, que en la Isla se perdieron en las constituciones comunistas y pro-soviéticas del último medio siglo.

Tampoco se puede afirmar que en la historia republicana cubana las relaciones de Estados Unidos con Cuba fueran siempre de matices color de rosa, por lo que usamos sólo algunos ejemplos puntuales:

La Enmienda Platt, ese colgajo intervencionista de los Estados Unidos a la Constitución cubana del 1901, fue siempre mayoritariamente rechazado por el pueblo cubano.

El interventor Charles Magoon, que sustituyó a William Taft, cuando el presidente Estrada Palma pidió la intervención americana en Cuba (1906), fue realmente grosero y despótico con los cubanos.

Posteriormente Summer Welles fue inoportuno e intervencionista cuando conspiró en contra de la Pentarquía (1933) nombrada y liderada por Ramón Grau San Martín, para sustituir al gobierno dictatorial del general Gerardo Machado.

(Fulgencio Batista y el presidente Dwight Eisenhower )

Y durante la dictadura de Fulgencio Batista (1952-1958), el gobierno de Estados Unidos primero apoyó al gobierno militar y finalmente le retiró su apoyo, lo que aceleró el triunfo revolucionario de 1959.

Cuba, antes del desvío sorpresivo e inconsulto del proceso revolucionario hacia el totalitarismo comunista, aunque respetuosa de la propiedad privada, del Estado de Derecho, de las libertades cívicas y de relaciones soberanas con otros estados igualmente soberanos, nunca fue un país pro-norteamericano ni pro capitalista.

Pero paradójicamente y saltando a investigaciones más recientes realizadas en Cuba, vemos con satisfacción, que más de un 70 por ciento de la juventud cubana de intramuros, rechaza el socialismo autoritario que impera en la Isla, bajo el mando actualmente de Raúl Castro.

Inclusive el famoso cantautor cubano, Pablo Milanés, hace unos meses estremeció a la opinión pública nacional e internacional, en una entrevista concedida en España, cuando declaró que no confía en ningún dirigente cubano que tenga más de 75 años de edad.

Milanés añadió en su declaración que se debe pasar el mando a las nuevas generaciones, porque el socialismo castrista se estancó y las ideas revolucionarios de antaño se han vuelto reaccionarias y no dejan avanzar a la nueva generación.

Esta afirmación del autor de la famosa canción “Yolanda” confirma que no confía en Fidel ni en Raúl, ni en Machado Ventura ni en Ramiro Valdés, ni en Guillermo García ni en Juan Almeida, entre otros tantos, que forman la gerontocracia que gobierna a Cuba.

Esto también sugiere con fuerza un rechazo a las ideas socialistas estatistas que han predominado en Cuba, como mismo reflejan las mediciones de la opinión pública en la Isla de la empresa ‘Veritas’, que hemos mencionado.

Y todo este marco histórico explica la realidad socio-económica en Cuba, recién puesta al desnudo ante la opinión pública en el aniversario del 26 de Julio, por el mismo Raúl Castro, cuando dijo en su discurso ‘que sembrar frijoles era un asunto de seguridad nacional’, pero omitió que debido a la situación de zozobra y desencanto que padece el país, son muy pocos los que quieren trabajar con entusiasmo.

En esta ocasión reciente, Raúl Castro se atrevió a añadir a sus palabras, que no era cuestión de gritar ‘Patria o Muerte o ‘Abajo el Imperialismo’, sino de ‘salir a trabajar la tierra que está esperando por nuestro sudor’.

El mandatario cubano concluyó afirmando que el país no podía seguir gastando cientos y miles de millones de dólares en importar alimentos del exterior, que se pueden producir en la Isla.

Cuba es un país agrícola, por no decir un desastre agrícola, que importa el 80% de los alimentos de su canasta familiar y donde el 50 por ciento de sus tierras están improductivas.

Hay tres fenómenos sociales que golpean sin clemencia la caótica estructura de la economía cubana:

El primero sería el desempleo en Cuba, que es muy alto por la debilidad en las inversiones de capital. Esto sin contar que el empleo oficial disfrazado es altamente improductivo.

El segundo fenómeno sería el déficit de viviendas o el deterioro habitacional, que algunos expertos sitúan al nivel de alrededor de más de un millón de viviendas en todo el país.

El tercer aspecto que golpea a la economía cubana es la tasa de nacimientos, que es la más baja en la historia cubana en toda su existencia.

Cuba tiene hoy una población envejecida que presiona con servicios costosos a la empobrecida economía nacional, sin suficiente generación nueva de relevo que supla los niveles de producción doméstica.

Tal vez la solución económica y social cubana sea mucho más simple, que los temores expresados por Raúl Castro de regresar al capitalismo. Eso sí, en Cuba se requieren cambios en el sistema inoperante actual, como:

1.- Que se entregue a los campesinos las tierras improductivas en propiedad, no en usufructo. Al campesino no le agrada trabajar en tierras ajenas, prefiere trabajar su tierra.

2.- Que se permita el trabajo por cuenta propia y la creación de microempresas, que puedan contratar a sus empleados y vender sus productos al mercado libre, no a los ineficientes centros de acopio o de mercado estatal.

3.- Que se autorice a organizaciones no gubernamentales el ofrecimiento directo de préstamos a los agricultores y a las cooperativas.

4.- Que se entreguen títulos de propiedad a los individuos que están viviendo legalmente las viviendas, previa evaluación jurídica. Esto implicaría establecer un sistema de compra y venta de propiedades, manteniendo un registro adecuado no compulsivo.

5.- Que se ofrezcan desde entidades de préstamos autorizadas e independientes, créditos a los propietarios de las viviendas, pues esto estimularía la creación de microempresas.

6.- Que se termine con el sistema de ‘doble moneda’ por discriminatorio e ineficaz. No tiene ningún sentido de justicia social, que exista una moneda para los niveles gubernamentales, diplomáticos y con ciertos privilegios sociales, y otra moneda para el pueblo de abajo, que sólo sirve para gastar en la raquítica e insuficiente libreta de racionamiento.

7.- Que se liberalice todo el estamento económico, político y social del país, liberando en primera instancia a todos los prisioneros políticos y periodistas independientes.

La libertad de expresión y de organización, unidos al respeto por la dignidad de la persona humana, tienen que ser el fundamento existencial y moral de la nación cubana.

Entonces, comprobaremos que la libertad y la iniciativa privada son más poderosas que el socialismo autoritario y que ese temor paranoico que expresa el mandatario cubano por el capitalismo, no es racional ni real.

Si en la población cubana hoy existe una tendencia evidente en pro de Barack Obama y los Estados Unidos, es por el desastre de un socialismo estatista que ha hundido a Cuba en la miseria más espantosa y en la opresión más desgarrante.
**********************
Alberto Müller
Intelectual cubano. Escritor y Periodista.
Vive en Miami.
albmul@bellsouth.net

************
ALGUNOS PUNTOS DE VISTAS DE CARÁCTER HISTÓRICO DE ESTE BLOGGUISTA SOBRE ALGUNAS AFIRMACIONES QUE HACE EN ESTE ARTÍCULO MI ADMIRADO PATRIOTA Y PERIODISTA ALBERTO MüLLER

( Estos puntos de vistas fueron extraidos de mis artículos Enmienda Platt y República y
Situación previa y segunda intervención, artículos publicados en la revista Vitral en sus números 48 y 50 respectivamente cuando yo estaba todavía en Cuba. La revista Vitral puede leerse en http://www.vitral.org )

I) ¨La Enmienda Platt, ese colgajo intervencionista de los Estados Unidos a la Constitución cubana del 1901, fue siempre mayoritariamente rechazado por el pueblo cubano.¨

Ese ¨colgajo ¨ tiene este balance:

El balance de la Enmienda Platt es muy controversial. Considero que sus consecuencias deben analizarse desde al menos dos perspectivas o ángulos diferentes. Una primera perspectiva nos dice que la mencionada enmienda:

1) Propició el aumento significativo de las inversiones extranjeras en un país totalmente destruido necesitado de las mismas. La mencionada enmienda garantizaba, en cierto medida, el ambiente de paz necesario para el desarrollo de las inversiones en el país.

2) Contribuyó grandemente para que no sucedieran en Cuba, largas y sangrientas guerras fratricidas similares a la ocurrida durante y después de la independencia en muchas repúblicas hispanoamericanas y en Haití, o como la ocurrida en los propios Estados Unidos con la guerra de Secesión.

( Elihu Root, verdadero padre de la Enmienda Platt; había sido gobernador de Matanzas, en determinado período de la primera intervención norteamerica en Cuba )

3) Limitó significativamente la posibilidad de una agresión extracontinental por parte de las potencias europeas como la efectuada por Alemania, con la ayuda de Inglaterra, a Venezuela en 1901 mediante los bombardeos a La Guaira, Maracaibo y Puerto Cabello, por ésta no pagar las deudas adquiridas con un poderoso consorcio alemán. Anteriormente, en 1897, la marina alemana ya había realizado demostraciones de fuerza en Haití.

Una segunda perspectiva de la Enmienda Platt nos dice que:

1) Limitó en cierta medida, en cuanto a principios se refiere, la soberanía de Cuba, otorgándole a la república desde un punto de vista formal, una independencia restringida.

2) Creó una mentalidad de Patronato en ciertos segmentos del pueblo cubano mediante la cual, se esperaba que los norteamericanos fueran los que resolvieran nuestros problemas políticos. En otros segmentos de la población cubana, creó o acentuó un sentimiento nacionalista antinorteamericano.

La enmienda Platt nos privó de gozar de una independencia y soberanía total, pero también nos evitó grandes desastres y sufrimientos.

Manuel Sanguily como Ministro de Estado (responsabilidad que corresponde a la de Canciller o Ministro de Relaciones Exteriores en nuestros días) del gobierno de José Miguel Gómez, en su discurso en el teatro Polyteama, a poco más de una década de la imposición de la Enmienda Platt, expresó:

"Mantendrá el Gobierno las relaciones más cordiales en el orden diplomático y de los negocios, con las naciones amigas entre nosotros dignamente representadas, y sobre todo cultivará los grandes y vitales intereses que en franca y afectuosa correspondencia nos ligan a los Estados Unidos, no ya solo en consideración a las ventajas que deriva de ellos nuestra economía, sino por los incomparables servicios que el pueblo y el Gobierno americanos han prestado a la causa de la justicia, de la civilización y de nuestra nacional soberanía.

( Manuel Sanguily )

Y no os sorprenda esta sincera manifestación de quien siempre ha vivido inquieto y receloso en el temor de los grandes y los fuertes. Dos veces -una, por la ceguedad de nuestra vieja y orgullosa Metrópoli; otra por la ceguedad de enconos fratricidas-, vinieron aquí los americanos traídos por su fortuna o llamados por nuestras discordias, y siempre se retiraron de nuestro territorio, haciéndonos el doble beneficio de construir dos veces la república, y dejándonos en el corazón atribulado, desengaños y escarmientos; más en ambas ocasiones, motivos superiores de admiración y de gratitud por esa magnánima conducta que jamás en la historia habían observado los pueblos fuertes y triunfantes con los débiles, conturbados y decaídos" (Ibarra, 312)

He escogido esas palabras de Manuel Sanguily en el teatro Polyteama, y no las de otro cualquier patriota o ciudadano, por la posición vertical que siempre mantuvo Sanguily en su quehacer político:

Sanguily se opuso en un primer momento, como ya expresamos, a la imposición de la Enmienda Platt. Posteriormente, y ya en la República como miembro del Senado cubano, se opuso a la venta de tierras cubanas a capital norteamericano. En ese cargo de Secretario de Estado del Gobierno de José Miguel Gómez, se opuso de palabra y de hecho a la injerencia norteamericana en Méjico cuando el derrocamiento del presidente Francisco I. Madero y su sustitución por Victoriano Huerta, actitud que suscitó desavenencias con el gobierno norteamericano. Sanguily fue en su momento, él más fuerte y decidido opositor en el Senado cubano a la aprobación en 1903 del Tratado de Reciprocidad Comercial con los Estados Unidos (TRC). La verticalidad de Sanguily llegó hasta el punto de acusar públicamente de corrupto al gobierno de José Miguel Gómez (1909-1913), pese a pertenecer a su gabinete como Secretario de Estado.

El fundamento de la preocupación norteamericana por nuestra estabilidad republicana iba desde los más excelsos y enaltecedores sentimientos humanos de solidaridad, hasta la más fría y calculada preocupación por sus inversiones económicas y su seguridad nacional. En ese amplio espectro, es donde debemos situar los móviles que tuvieron las numerosas personalidades norteamericanas que intervinieron en la confección, aprobación y aplicación de la Enmienda Platt.


II) ¨El interventor Charles Magoon, que sustituyó a William Taft, cuando el presidente Estrada Palma pidió la intervención americana en Cuba (1906), fue realmente grosero y despótico con los cubanos. ¨

Es bueno señalar, antes de abordar lo dicho sobre Magoon :

El gobierno norteamericano, y en particular el Presidente Teodoro Roosevelt, estaba renuente a intervenir y agotó todos los medios a su alcance para evitar la intervención. Cartas y telegramas que avalan esto último se encuentran en el citado libro de la doctora Pichardo ( páginas 280 a la 285); también fragmentos de esos textos se encuentran en los artículos de mi autoría que aparecen en Vitral 44 y Vitral 48. Manuel Sanguily y Enrique José Varona declararon respectivamente, a raíz del deceso de Teodoro Roosevelt, al Heraldo de Cuba el siete de enero del 1919: “ ... ocurrió fatalmente la intervención de los americanos por culpas que no fueron suyas, pues que, al contrario, procuró cuando estuvo en sus manos, evitarlas ...” y “ ... nos dio su consejo sano y desapasionado en momentos de prueba para la nueva nación ...”.

El día 15, ocho barcos de la Armada norteamericana se aproximaron a costas cubanas. El 17 los principales jefes insurgentes se reunieron para decidir el cese de las hostilidades. El 19 llegaron a La Habana los comisionados norteamericanos (entre los que se encontraban el Secretario de Guerra William H. Taft y el Subsecretario de Estado Robert. Bacon) conjuntamente con una gran fuerza naval y expedicionaria y durante varios días se reunieron en un barco de esa fuerza naval con los dirigentes políticos cubanos más notables para oír a las partes beligerantes y encontrarle una salida a la situación que no fuera la intervención. Don Tomás permaneció intransigente con respecto a su decisión de renunciar.

Segunda intervención norteamericana

Estrada Palma presentó al Congreso su renuncia el 28 de septiembre del año 1906 y fue secundado, previa conjura, por el Vicepresidente Méndez Capote y por los secretarios de su gabinete. Por su parte, para hacer insoluble la solución dentro del marco republicano cubano, los miembros estradistas del Congreso determinaron ese mismo día, en horas de la noche, que no iban asistir más al salón de reuniones y con esta acción eliminaron ( por falta de quórum ) la posibilidad de que el Congreso eligiera un presidente interino. Las instituciones gubernamentales colapsaron con ellas, y por ellas, la primera república.

El Secretario Taft y el Presidente Roosevelt coincidieron en que el gobierno interventor en Cuba debía de estar en manos de civiles. Después de varias consultas, se seleccionó a la persona que en ese momento era gobernador civil de la zona del Canal de Panamá, el abogado norteamericano Charles E. Magoon, el cual gobernaría entre el 13 de octubre de 1906 hasta el 28 de enero de 1909; fecha en que asumió la Presidencia de Cuba, José Miguel Gómez quien fuera Mayor General del Ejército Libertador y miembro del Estado mayor de Serafín Sánchez y con antecedentes de lucha por la independencia cubana que se remontan a la Guerra de los Diez Años.

( Gobernador Charles Maggon )

El procedimiento utilizado por Magoon para limar las fricciones entre los políticos cubanos de distintas tendencias, fue otorgarles cargos públicos y prebendas de una manera tan poco discreta que no nos equivocaríamos si la calificáramos de escandalosa. Su gobierno se caracterizó por la ¨ botella ¨ ( no inventó la ¨ botella ¨, pues ella existía desde los tiempos de la colonia), el soborno, la duplicación - de 5 000 a 10 000- de los números de la Guardia Rural, los «gastos alegres», etc. Los dineros ahorrados por la administración de Estrada Palma (la entonces respetable cifra de 24 millones) se dilapidaron. Ese ahorro no sólo se esfumó: el gobierno de Magoon le dejó a Cuba una deuda de $ 50 millones. Los dineros, los cargos públicos y las prebendas fueron repartidos por Magoon entre todos, pero los liberales al ser el partido político más perjudicado por las acciones del anterior gobierno, según determinó la Comisión de la Paz, recibió más que los otros factores. El objetivo fundamental del Gobernador norteamericano Magoon, era evitar la explosión de una revuelta popular y eso lo logró a fuerza de dineros, cargos y prebendas.

No obstante, no toda la labor de Magoon fue negativa: desarrolló un gran plan de obras públicas de 30 millones de pesos, en particular carreteras y vías férreas, que benefició al país y a inversionistas amigos suyos; enfrentó con tolerancia y sentido democrático las numerosas huelgas obreras pacíficas que se presentaron durante su mandato, al reconocer el derecho a ese tipo de huelga. La primera, y a la vez la más famosa, fue la Huelga de la Moneda, llamada así porque los trabajadores pedían que sus salarios se pagaran en moneda norteamericana por la misma tarifa que hasta entonces se les pagaba en moneda española o francesa. En esos años todavía no existía la moneda nacional.

En ese ambiente de relajación pública Charles E. Magoon puso especial atención a las cuestiones jurídicas y legislativas que debían complementar a la Constitución de 1901 y que, según el gobierno norteamericano, habían sido una de las causas fundamentales de los sucesos que llevaron a “ la guerrita de agosto”. Y no estaban alejados de la verdad: las irregularidades, injusticias y presiones que cometieron elementos del Partido Moderado se llevaron a cabo básicamente por la falta de una buena legislación electoral y no existir una ley Orgánica del Poder Judicial que garantizara la independencia que le otorgaba a ese Poder, la Constitución de 1901.Los jueces, por ejemplo, en el proceso electoral no habían sido independientes de los partido políticos.

La historiadora Teresita Yglesia opina lo siguiente sobre la labor desarrollada por dicha comisión:
¨ No obstante las críticas, en especial a Mr. Magoon en años posteriores, la comisión creó las condiciones para la aplicación de la Constitución de la república ... Armonizó y reglamentó las funciones de los departamentos del Poder Ejecutivo además de intentar vigorizar la independencia del Poder Judicial... La falta, hasta entonces, de leyes reguladoras del funcionamiento de las provincias y los municipios – al igual que del Poder Ejecutivo- había facilitado durante el gobierno de Estrada Palma la destitución de los principales dirigentes locales y regionales por no estar afiliados al partido gobernante o por no ser simpatizantes de la reelección ... ¨ (Yglesia, 83)

Por su parte, la historiadora Hortensia Pichardo dio el siguiente criterio sobre el gobierno del abogado Magoon:

“ La administración de Magoon fue dispendiosa y corruptora, pero cuenta en su haber la tarea de preparar la restauración de la República, que culminó al traspasar el Poder al general José Miguel Gómez, limpiamente electo, el 28 de enero de 1909.” (Pichardo, 293)
Por último, quiero señalar que hay personas que caracterizan a Charles E. Magoon como un americano inepto, ajeno y distante de la realidad cubana. Deseo traer como botón de muestra estas palabras para que se valoren a través de ellas las capacidades del Gobernador Provisional.

Magoon y la anexión de Cuba a los Estados Unidos

En el Informe de la Administración Provisional desde el 13 de octubre de 1906 hasta el 10 de diciembre de 1907, elaborado por el Gobernador Provisional Charles E. Magoon, éste da interesantes criterios sobre la opinión de los cubanos sobre la anexión de Cuba a los Estados Unidos.

“Durante los primeros meses de la Administración Provisional se agitó mucho el problema de si era conveniente conseguir la anexión de Cuba a los Estados Unidos, o el establecimiento de un protectorado por los Estados Unidos sobre esta Isla. A pesar de que repetidas veces se ha afirmado rotundamente lo contrario, una gran mayoría de los cubanos abriga el temor de que los Estados Unidos desean y piensan anexarse la isla. Esta idea perjudica los planes de los Estados Unidos a favor de Cuba y continuará siendo un estorbo a la ejecución de las obligaciones del tratado por medio del cual los Estados Unidos garantizan y protegen la soberanía de la República de Cuba. Estos temores tienen un origen natural y comprensible. Los cubanos con razón consideran su Isla la más rica en recursos y la de más benigno clima en esta parte del hemisferio occidental, si no del mundo; recuerdan la lucha que España sostuvo por conservarla, y, como todo aquél que tiene en gran estimación sus bienes no puede comprender que haya quienes no la ambicionen; se dan cuenta de la importancia estratégica de Cuba, desde un punto de vista militar, para los Estados Unidos, y están acostumbrados, durante siglos de dominación española, a verlo todo subordinado a las necesidades militares; también, a su manera de ver, el tráfico y el comercio de los Estados Unidos se beneficiarían con la anexión de la Isla. Los cubanos tienen la mayor fe en el Presidente Roosevelt y en su Gobierno; muchos de ellos comprenden que el sentimiento público y muchos de los importantes intereses especiales de los Estados Unidos están opuestos a la anexión, tanto ahora como más adelante; saben que la resolución Conjunta adoptada en abril de 1898 por el Congreso de los Estados Unidos de ´que el pueblo de la isla de Cuba es y de derecho debe ser libre e independiente ´, es parte de la legislación permanente de los Estados Unidos y que fue necesario hacer uso de la facultad de la nación, de hacer la guerra, para obligar al reconocimiento de esta declaración; pero, a pesar de todo, ese temor sigue latente, especialmente entre la clase ignorante; esto viene, en gran parte, de que periódicamente vienen agitando el problema los residentes de la Isla que desean la anexión, y de que, de esos mismos temores del pueblo, se valen numerosos agitadores y politicastros que de ese modo tratan de aumentar sus intereses personales o su prestigio. Si fuera posible calmar por completo esos temores y hacer que todo el pueblo de Cuba comprendiera lo sincero y firmemente que el pueblo de los Estados Unidos desea e intenta que la soberanía independiente de la República de Cuba sea conservada, y que el Gobierno de la Isla sea desempeñado por funcionarios elegidos por los ciudadanos de la República, muchas dificultades de la situación cubana quedarían descartadas por completo; pero han sido tantas las seguridades que se han dado por parte de los Estados Unidos, y éstas han quedado ya de tal modo cristalizadas en forma de legislación del propio Congreso, en las estipulaciones de tratados y en la palabra internacional empeñada, que ya no es posible añadir más.

Indudablemente, el deseo de ponerse bajo la jurisdicción y dirección del Gobierno de los Estados Unidos continúa vivo entre el gran contingente extranjero y un corto número de cubanos que poseen bienes y temen se repitan los desórdenes. Una abrumadora mayoría de cubanos no está dispuesta a abdicar su independencia y soberanía; para conquistarla prácticamente todos los cubanos de esta generación se unieron a la revolución contra España. El arraigo de este sentimiento en el pecho de los cubanos me inspira la confianza de que llegarán a lograr un gobierno bueno y estable ... ” (Pichardo, 302-303)

Bibliografía
1) La Neocolonia, organización y crisis desde 1899 hasta 1940, Organización de la república neocolonial (capítulo II), Teresita Yglesia, La Neocolonia, Instituto de Historia de Cuba, Editora Política, La Habana, 1998
2) Documentos para la Historia de Cuba (Tomo II), Hortensia Pichardo, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1976
3)Diccionario Enciclopédico Hispano Americano (DEHA) tomo XXVI, Boston 1928
4) Cien años de Historia de Cuba, La primera república: (1899-1921), Leopoldo Fornés,Editorial Verbum, Madrid, 2000
5) Cuba: 1898-1921. Partidos Políticos y Clases Sociales, Jorge Ibarra, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1992