jueves, julio 08, 2010

SOBRE POSIBLE EXCARCELACIÓN DE 52 PRESOS POLÍTICOS EN CUBA: ¿Tenemos motivos para estar felices?

Tomado de http://hypcuba.wordpress.com


¿Tenemos motivos para estar felices?

Julio 8, 2010


Por Elías Amor Bravo

Todo depende de cómo se mire. El anuncio realizado por la jerarquía de la Iglesia católica de Cuba de que Raúl Castro va a liberar a 52 prisioneros políticos y les permitirá abandonar la isla, se ha interpretado como una concesión sin precedentes del régimen para lograr la modificación de la Posición Común de la Unión Europea.

Lo primero es ver que realmente se producen las liberaciones. Conociendo al castrismo, es normal que todo el mundo mantenga un cierto escepticismo. Y que luego el régimen no vuelva a encerrar en la cárcel a otros tantos, manteniendo esa presión sobre la sociedad y el miedo a la prisión, garantía de su supervivencia en el poder.

Posteriormente, es preciso analizar en qué estado se encuentran esos detenidos. Si se observa la salud de Ariel Sigler, tras su excarcelación semanas atrás, es evidente que las prisiones de Raúl Castro son cualquier cosa menos lugares de placer. Sería conveniente que una comisión médica internacional, con apoyo de las organizaciones de derechos humanos, realizara un análisis del estado de salud de cada uno de los posibles liberados, para exigir responsabilidades al régimen en su momento.

También habría que reflexionar por qué ciudadanos de un país cuyo único delito es pedir libertad y derechos humanos, se tienen que ver obligados al destierro, y no pueden quedarse en Cuba para continuar sus actividades lícitas y humanitarias. Es decir, ¿por qué una vez más el régimen castrista tiene que salirse con la suya eliminando físicamente todo aquello que no comparte su descabellado proyecto o se mantiene en silencio?

Y finalmente, hay que preguntarse qué piensa Fidel. Es extraño que el hermano escritor no haya abierto la boca en todo este proceso para desacreditar públicamente a Raúl Castro. O está gravemente enfermo, o piensa que todo esto no le va demasiado, y que ha llegado la hora de no movilizar a los suyos. O tal vez, que ya no le quedan apoyos salvo en los sectores más radicales y envejecidos. Vaya usted a saber. Cualquier cosa puede ocurrir en un país en el que la falta de libertad de información y la ausencia de transparencia informativa, convierten la búsqueda de referencias en una empresa ciertamente difícil. Basta leer las páginas de Granma para observar la notable distancia que separa a la información oficial de lo que se está difundiendo en los medios de comunicación internacionales sobre la situación de Cuba y los presos políticos.

Por último, a qué conclusión ha llegado Raúl Castro para observar que ya no puede negociar más con presos políticos. La muerte de Orlando Zapata el 23 de febrero pasado marca un punto de inflexión en esta estrategia, que ya se ha acabado. La sociedad cubana se mueve. Empezando por la jerarquía de la Iglesia, empeñada en salvar a ciudadanos inocentes por razones humanitarias, pero ahí está la fila de rockeros, de hip hoperos que lo mismo cantan en La Habana que en Miami, las Damas de Blanco, las organizaciones de defensa de los derechos humanos, los blogueros que nos informan de la realidad cotidiana y de las miserias, los informes de economistas independientes, la labor de la prensa alternativa, las cooperativas agrícolas y sus éxitos productivos, ahí está la nueva sociedad civil de Cuba que demanda prosperidad y humanismo para el futuro, y que ya está harta de tanta movilización y estupidez.

El riesgo que se corre es que esos sectores dinámicos y de progreso frenen en sus demandas de cambio y conviertan a Raúl Castro en un mal menor que hay que aceptar. Desde aquí les decimos que no. Que la transición a la democracia es posible pero no con los Castro. La transformación económica y social de Cuba, su conversión en una sociedad occidental moderna y competitiva, como la que todos soñamos, supone el desmantelamiento de todas las instituciones creadas por estos viejos aventureros del siglo pasado qua han perdido todos los reflejos y apoyos internacionales, salvo los Moratinos de turno.

Tiempo hay hasta septiembre para esperar que otro “maleconazo” imprevisible como el de agosto de 1994 sacuda las calles de La Habana y de las principales ciudades del país. La penuria, la miseria económica, la falta de oportunidades y de expectativas dura ya demasiados años, y los sectores que están presionando al raulismo castrista para que haga cambios, incluso esos funcionarios de la nomenclatura que en silencio piden cambios y transformaciones sustanciales, no salgan a la calle para poner fin de forma violenta a un régimen incapaz de ver más allá de los dos años.

Volviendo de nuevo al principio. Por supuesto que nos alegramos de la libertad de los compatriotas presos, pero el mundo civilizado, la Unión Europea, Estados Unidos, las organizaciones internacionales, no debe aceptar por más tiempo este modelo de negociación del castrismo, más propio de bandas de cuatreros dedicados al robo y la extorsión, que de quiénes reclaman para sí respeto institucional.

Hay que poner fin a esta estrategia de negociación del régimen castrista que, durante sus más de 50 años de existencia, ha recurrido en múltiples ocasiones para suavizar o eliminar las tensiones sociales que afronta. Al hacerlo así, despiertan una simpatía que no debe existir con quién envía a prisión a inocentes, a la vez que gana tiempo.