sábado, agosto 14, 2010

UNA DE PORRISTAS, CHIVATOS Y LINCHAMIENTOS

Nota del Bloguista


En las opiniones de Gabriel García Márquez de las fotos de Walker Evans de 1932 en La Habana hay mucho de subjetividad. Los cubanos sabemos que muchas personas de La Habana dejaban de comer bien a cambio de vestirse mejor. El negro de la foto famosa puede ser de un cubano endomingado ( un domingo) que está esperando en una cita; puede ser un chulo o un sargento político, etc., y la cara de guapería podía ser producto de muchas cosas, entre ellas la desconfianza, ya que la cosa en 1932 estaba ¨en candela ¨. No se excluye la posibilidad que plantea GGM pero no debemos quedarnos en esa posibilidad.

Cuando la caida de Machado, producto más de la conspiración entre estudiantes y parte del ejército, que de la huelga general llamada por el comunista Rubén Martínez Villena, hubo personas asesinadas por las turbas que no habían sido ni porristas ni chivatos pero habían sido machadistas. Rubén Martínez Villena era hijo de una persona que había sido Ministro de Educación de uno de los primeros gobiernos republicanos, pactó en esa huelga general con el régimen machadista y ese error se conoce como ¨el error de agosto ¨; Martinez Villena estaba muy enfermo y a los pocos meses murió. La huelga siguió porque ya otras fuerzas la lidereaban.

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UNA DE PORRISTAS


Por Luis Cino

Periodista independiente.
luicino2004@yahoo.com

Arroyo Naranjo, La Habana, 12 de agosto de 2010 (PD) Probablemente la primera foto de un porrista en Cuba fue tomada, sin que ese fuera su propósito, por el fotógrafo norteamericano Walker Evans en 1932.

En muchas de las fotos tomadas por Evans durante su fructífera estancia de tres semanas en la capital cubana, hay la presencia constante, fantasmagórica e inquietante de un negro de unos 40 años, vestido con saco y pantalón blanco, corbata negra y blanca y sombrero de pajilla. Parado en una céntrica esquina de la ciudad, “viendo pasar a medio mundo”. Su mirada dura parece seguirnos desde la fotografía.

El escritor Guillermo Cabrera Infante opinaba que el negro vestido de blanco pudo ser un porrista de Machado. Según él, “se ve peligroso tal vez porque esté tan bien vestido”. Evans lo bautizó “el ciudadano de La Habana”. Se equivocó el fotógrafo. Un porrista no es un ciudadano cualquiera, ni siquiera en La Habana.

Es posible que el negro vestido de blanco (que obviamente, por la corbata oscura, no era “iyabó”) la mayor oportunidad de salir de un inmundo solar habanero, dejar de comer harina y boniato y vestir bien que tuvo en su vida fue integrarse a la Liga Patriótica y convertirse en uno de los porristas al servicio del régimen del general Gerardo Machado. Si fue así, puede haber terminado mal. Se me ocurre que el negro fantasmal pudo terminar despedazado en la calle, linchado por las turbas el 12 de agosto de 1933, cuando cayó la dictadura de Machado. La segunda vez, la de verdad.

Lo digo porque la dictadura de Gerardo Machado tuvo el raro y letal privilegio de desplomarse dos veces. La primera vez fue mentira, casi como un ensayo. El 7 de agosto, policías y porristas masacraron en las calles a los que celebraban la falsa huida del dictador. El día 12, cuando Machado voló a Nassau con sus adversarios pisándole los talones y disparando sus revólveres, el pueblo lo tuvo que pensar dos veces antes de lanzarse a las calles. Pero fue solo eso: dos veces.

Tal vez la canícula del mes más caliente del año en Cuba tuvo algo que ver en el encarnizamiento de las venganzas contra los esbirros. Agosto de 1933 fue una sangrienta temporada, pero se olvidó rápido. Los atroces finales de decenas de porristas y chivatos no desestimularon a sus émulos por venir.

Nunca faltan quienes sirvan con tesón a las dictaduras, como si estas fueran eternas. Ayer, los porristas de la Liga Patriótica (pomposo que era para los títulos el General Egregio). En los años 50, los chivatos de Batista pagados con 33 pesos. Hoy, los energúmenos y también chivatos de las Brigadas de Respuesta Rápida, coreografiados por el Departamento de Seguridad del Estado y con merienda garantizada por el Partido Único que gritan, entre otras linduras, “esta calle es de Fidel”.

Seguramente el diluvio (no aclaró si de sangre, mierda o de ambas cosas) que sobrevendría tras él, augurado por el general Machado en la escalerilla del avión, incluía la presencia a perpetuidad en nuestro paisaje de porristas y chivatos. Una triste tara nacional de la que el negro del traje blanco de la colección de fotos habaneras de Walker Evans puede ser uno de sus símbolos.



luicino2004@yahoo.com

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La Habana en los años 30s. Observen la ropa de las personas, incluyendo hasta las de los ¨billeteros¨ o vendedores de billetes de la Lotería Nacional