domingo, agosto 21, 2011

Desde Cuba escribe Julio Antonio Aleaga Pesant: El agosto que cambió al mundo

Tomado de http://primaveradigital.org


El agosto que cambió al mundo


Por Julio Antonio Aleaga Pesant
18 de Agosto de 2011


El Vedado, La Habana, 18 de agosto de 2011 (PD) Los manifestantes de la Plaza Tianamen y el General Arnaldo Ochoa fueron las primeras víctimas. En la plaza china murieron asesinadas cuatro mil personas que pedían democracia y libertad, durante la primera semana de junio de 1989. En Cuba, el fusilamiento del general y otros tres militares, ese mismo verano, era la señal del dictador Fidel Castro a sus secuaces de que “nadie se podía mover”. Se anticipaban dos años al detonante de la implosión de un imperio decimonónico en tiempo postmoderno.

En anunciarlo se adelantaron dos personas, el reformista canciller soviético Eduard Shevarnadze, en diciembre de 1990 en declaraciones públicas, y Vladimir Kryuchkov en unas declaraciones poco conocidas y expresadas con motivo de su visita a Cuba en marzo de 1991, en la planta metalúrgica Antillana de Acero. Allí dijo, “no se preocupen a mediados del verano todo cambiará a nuestro favor”.

El domingo 18 de agosto de 1991, sobre las 21 horas de Cuba, Fidel Castro presidía el cierre de los Juegos Panamericanos de La Habana, donde Cuba obtuvo el primer lugar en medallas por países. Se veía entusiasta y eufórico. Muchos pensaron en los resultados deportivos. Los más entendidos comprendieron después que a esa misma hora los tanques de la División Tamanskaya y los efectivos de la Kantemirosvkaya avanzaban sobre Moscú y el golpe de estado contra el presidente Mijaíl Gorbachov estaba en marcha.

La contramarcha aplicada en la Unión Soviética a las reformistas perestroika (modernización) glasnot (transparencia) llegaba demasiado tarde. Cuatro meses después se desmoronaba el imperio “paraíso del proletariado”. Los comunistas chinos y cubanos, comprendieron antes el daño tangible que tales propuestas liberalizadoras les hacían a sus sistemas y no duraron en matar. También los vietnamitas lo comprendieron, pero hallaron la solución en la implantación del Du Moi (reforma).

Fidel Castro se la jugaba todas en ese “golpe”. Sería la reanimación de los subsidios soviéticos y la reactivación de una ideología que picaba en barrena, el fin del periodo especial en tiempo de paz, comenzado un año atrás y no terminado veintiún años después. Se restablecería su figura a nivel internacional como satélite de una gran potencia y resguardaría la seguridad militar de su estado policiaco contra el vecino del norte y la comunidad democrática internacional. Mantendría sus acuerdos secretos con las dictaduras militares suramericanas y sus apoyos mutuos en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Todo volvería a la normalidad.

Apagados los fuegos artificiales en el Estadio Panamericano en la Habana del Este, al amanecer del lunes, la maquinaria de propaganda se lanzó a apoyar al Comité Estatal de Emergencia Nacional, presidido por Guenadi Yanayev y con soportes en Boris Pugo y Dmitriv Yasov. El comentarista oficial Eduardo Dimas hablaba de calma en Moscú y de solo algunos “gamberros” que interrumpían el orden.

Las reformas comenzadas en 1985 por la elite política conformada por Egor Yakolev, Eduard Shevarnadze y Mijaíl Gorbachov, estaba detenida. El reacomodo de carga social hacia la economía, implantó un desabastecimiento aun mayor en los mercados y el descontento en la población. La burocracia comunista impedía la aplicación de las reformas sociales y económicas a nivel regional y local. El tema de las nacionalidades, una formulación colonialista del estado ruso sobre los vecinos, se convertía en pequeñas guerras civiles como en Nagorno-Karabaj, Azerbaiyán, Chechenia y las repúblicas pre bálticas (Letonia, Estonia y Lituania). La retirada de las tropas de Afganistán y de Europa Oriental tras la aplicación de la Doctrina Sinatra, aunque pragmáticas, correctas y aplaudidas desde el exterior, daban la impresión hacia el interior del desgajamiento de la potencia.

Por último, el enfrentamiento entre los reformistas, identificados entre los radicales (Boris Yeltsin) y los moderados (Mijaíl Gorbachov) dio razones al bunker conservador para pensar que era su momento. En el grupo de Yeltsin se encontraban Yegor Gaidar, Ivan Silayev y Ruslan Jasbulatov. Si estos dos hombres hubieran superado sus antipatías personales, la historia pudiera haber sido otra para Rusia y el mundo.

Y la historia fue otra. Los ciudadanos rusos, nucleados alrededor de Yeltsin y los reformistas radicales, defendieron la Casa Blanca (el parlamento), de paracaidistas, del ejército, MVD, Grupo Alfa y Vimpel, Unidad de Operaciones Especiales del RGB y el OMOM de Moscú. Tres días después, los insurrectos fueron arrestados y el Partido Comunista ilegalizado. Tres meses más tarde se disolvió uno de los grandes monstruos del siglo XX, la Unión soviética. Cuba, inmovilizada por la pléyade verde olivo, sufrió uno de los más terribles momentos de su historia.

aleagapesant@yahoo.es

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Masacre de Tiananmen
( a partir de la Parte 4 comienza la represión)

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