domingo, mayo 01, 2016

Carlos Alberto Montaner sobre Donald Trump y las elecciones 2016 en EE:UU.: EL ÚLTIMO WASP (White Anglo-Saxon Protestant)

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano
Donald Trump no es representativo  de los mejores valores  que hicieron grande a esa nación. Donald Trump es un oportunista que aprovecha  la reacción a la  quiebra que de esos valores han hecho los medios de comunicación masiva, el cine, la educación  en los colleges y universidades norteamericanos  con su propaganda Gramsciana, el socialismo fabiano  del Presidente Barack Hussein Obama, etc. , a los que hay que añadirle  el rechazo a la actuación de la mayoría  del Senado y del Congreso de los EE.UU. en manos del Partido Republicano,  que no se han enfrentado verticalmente  a la política doméstica y exterior del  Ejecutivo en manos de Barack Hussein Obama, miembro del Partido Demócrata, uno de los  dos partidos políticos más votados en EE.UU. de los más de 30 partidos existentes en ese país.

Raúl y La Moringa de Los Partidos

 Por otra parte, ¿Queremos para EE.UU. una  copia de América Latina?

Hago la importante observación de que al independizarse de sus respectivas Metrópolis, las repúblicas sudamericanas eran más ricas que las Trece Colonias de Norteamérica. Al independizarse las repúblicas sudamericanas ellas fueron escenarios de guerras civiles más sangrientas y destructoras que sus guerras de independencia. No pocos de sus antiguos libertadores se convirtieron en dictaduras, enseñoreándose sobre sus pueblos. Recordemos las críticas de José Martí sobre el caudillismo. Pero esa visión  no es exclusiva de pensadores de la ¨derecha¨ política:


Carlos Marx en su carta a Federico Engels de fecha 14 de febrero de 1858 se refirió a Simón Bolívar como el "canalla más cobarde, brutal y miserable. Bolívar es el verdadero Soulouque", . En esa misma carta, Marx afirmó que Bolívar era un mito de la fantasía popular: "La fuerza creadora de los mitos, característica de la fantasía popular, en todas las épocas ha probado su eficacia inventando grandes hombres. El ejemplo más notable de este tipo es, sin duda, el de Simón Bolívar". En el extenso artículo de Carlos Marx titulado ´Bolivar y Ponte¨, publicado en el tomo III de The New American Cyclopedia y escrito en enero de 1858, aparecen sustentadas esas opiniones del socialista alemán sobre Simón Bolivar. Dicho artículo pueden leerlo en su totalidad en Baracutey Cubano . Sólo una persona como el finado Hugo Chávez  con total desconocimiento  de las ideas de Carlos Marx  era capaz de  hablar  de conjugar las ideas de Marx con las de Simón Bolivar, o quizás, las conocía, pero contaba con la ignorancia que de esas ideas tenía gran parte del pueblo chavista.

Debajo del artículo de  Carlos Alberto Montaner   añadí un fragmento donde José Martí el Apóstol de la Independencia Cubana expresa  los orígenes del comportamiento de la América española y el de la América inglesa: respectivamente ¨la del perro de presa¨ que arrebata las riquezas a otros   y  ¨la del arado¨,  que crea riquezas; aunque, como dice el dicho:  ¨en todas partes cuecen habas¨
José Martí;  ¨Del arado nació la América del Norte, y la Española, del perro de presa¨ 
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Tomado de http://www.urbandictionary.com

wasp
Avispa en idioma Inglés
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 WASP
1) stands for White Anglo-Saxon Protestant.
2) people who usually come from privileged background, typically in the New England area
3) abbreviation for Williams, Amherst, Swarthmore, and Pomona (the top four Liberal Arts Colleges in the nation. Strangely, those colleges are full of WASPs themselves)

The term is redundant because all Anglo-Saxons are white.

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Tomado de http://www.elblogdemontaner.com

EL ÚLTIMO WASP

Por Carlos Alberto Montaner
30 April 201

Es difícil detener a Donald Trump. Se le ha escapado al pelotón de aspirantes republicanos a la Casa Blanca.

La convención final será en julio. Aunque el establishment republicano se oponga con muy buenas razones, Trump llegará a los 1237 delegados que le exige el reglamento, o con una cifra tan cercana que hace casi imposible sustituirlo por otro candidato sin dividir profundamente al viejo partido cofundado por Lincoln.

Para entender el fenómeno Trump hay que releer el libro de Samuel P. Huntington Who are we? The Challenges to America´s National Identity (2004). Algo así como: ¿Quiénes somos nosotros? Los retos a la identidad nacional de Estados Unidos. Huntington (1927-2008) fue un sabio profesor de Harvard y uno de los mejores pensadores norteamericanos de las últimas décadas. Tuve el honor de colaborar con él y Larry Harrison en Culture Matters, uno de sus últimos libros.

La tesis central de Who are we? es que Estados Unidos es una expresión de los protestantes reformistas ingleses que colonizaron al país y le imprimieron su sesgo civilizador. Aquellos fundadores no eran inmigrantes que llegaban a formar parte de un mundo establecido. Fueron los creadores de una sociedad nueva, parcialmente diferente a la que habían dejado en Europa.

Esa sociedad fue forjada con valores, creencias y costumbres aportadas por los peregrinos: el temor al dios de los cristianos, el autogobierno, la responsabilidad personal, la rectitud de carácter, el individualismo, el aprecio por la propiedad privada y la libre empresa, la democracia representativa, la meritocracia, el trabajo intenso, y la sujeción al imperio de unas leyes que teóricamente afectaban a todos los habitantes por igual.

No había entonces –agrego– un elemento que hoy se llama “conciencia social” (rechazo a la esclavitud, preocupación por los derechos humanos, por el bienestar de los pobres o por el maltrato a las mujeres y a otras minorías). Ese factor no arraigó en la historia hasta el siglo XIX, y lo hizo primero en Europa como consecuencia de la evolución moral de algunos de los elementos constitutivos del mundo occidental como, por ejemplo, la efectiva prédica de los cuáqueros.

(Donald Trump)

Sobre ese sustrato británico-protestante-reformista se asentaron luego los alemanes, los judíos polacos, los italianos, y el resto de los pueblos europeos que inmigraron a Estados Unidos y se mezclaron en este crisol o melting-pot de razas y etnias decididas a perseguir en lengua inglesa el sueño americano.

Con los años, fue decantándose la aparición de una aristocracia social sin privilegios, pero con muchas relaciones, secreta y parcialmente excluyente y despreciativa, a la que algún sociólogo, de manera muy imprecisa, le llamó los WASP: los white, anglo-saxon, protestants. Constituían, oficiosa y orgullosamente, el patriciado de la nación americana.

De acuerdo con esta lectura de la historia del país, este segmento de la población, proporcionalmente más pequeño con cada ola migratoria que llegaba, era el vivero de los grandes empresarios, académicos, científicos y políticos exitosos, en donde se juntaban no sólo las personas de origen británico, sino, finalmente, los de cualquier país del norte de Europa: holandeses, alemanes, y escandinavos. Era una enorme casta, calificada como positiva, que le daba sentido y forma a cierta identidad norteamericana originalmente desovada por los ingleses.

Trump es el último WASP y trata de representar a ese Estados Unidos que ya no existe, como intuía y temía Huntington que sucedería, sabedor de que el signo de cualquier sociedad acaba siendo el de la mayoría de las personas que la componen (lo que explicaba su temor a los hispanos, especialmente a los mexicanos por su decisivo peso demográfico).

Este enorme país de 322 millones de habitantes, tan diferente al de 1620 cuando arribó el Mayflower, o al de los 4 millones que existían en 1776 cuando se inició la aventura republicana, dotado de una inmensa variedad humana, hoy se asemeja a un arcoíris en el que conviven blancos, afroamericanos, asiáticos, hispanos, creyentes y no creyentes, en el que se valora mucho más la tolerancia hacia las minorías, sin juzgar sus preferencias sexuales, que los valores y principios que uniformaban a los peregrinos y constituían un verdadero credo o catecismo del “buen americano”.

Cuando Trump asegura que “hará grande y poderoso nuevamente a Estados Unidos”, pese a que el país es, con mucho, la primera potencia del planeta en casi todos los órdenes, es porque tiene la percepción de un mundo, el suyo, el de los WASP, que se desvanece irremisiblemente y cree que puede rescatarlo y restablecerlo.

La suya es una causa perdida. La respuesta al Who are we? hoy es muy diferente al de hace pocas décadas. Por eso gobierna Barack Obama, el senador Ted Cruz le pisa los talones y una mujer probablemente se le enfrentará en los comicios. Estados Unidos, sencillamente, es otra cosa. La hegemonía de los WASP forma parte de un pasado irrecuperable.
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Añadido por el bloguista de Baracutey Cubano

MADRE AMÉRICA

Por José Martí
(fragmento)


De lo más vehemente de la libertad nació en días apostólicos la América del Norte. No querían los hombres nuevos, coronados de luz, inclinar ante ninguna otra su corona. De todas partes, al ímpetu de la frente, soltaba hecho pedazos, en las naciones nacidas de la agrupación de pueblos pequeños, el yugo de la razón humana, envilecida en los imperios creados a punta de lanza, o de diplomacia, por la gran república que se alocó con el poder; nacieron los derechos modernos de las comarcas pequeñas y autóctonas; que habían elaborado en el combate continuo su carácter libre, y preferían las cuevas independientes a la prosperidad servil. A fundar la república le dijo al rey que venia, uno que no se le quitaba el sombrero y le decía de tú. Con mujeres y con hijos se fían al mar, y sobre la mesa de roble del camarín fundan su comunidad, los cuarenta y uno de la Flor de Mayo. Cargan mosquetes, para defender las siembras; el trigo que comen, lo aran; suelo sin tiranos es lo que buscan, para el alma sin tiranos. Viene, de fieltro y blusón, el puritano intolerante e integérrimo, que odia el lujo, porque por él prevarican los hombres; viene el cuáquero, de calzas y chupa, y con los árboles que derriba, levanta la escuela; viene el católico, perseguido por su fe, y funda un Estado donde no se puede perseguir por su fe a nadie; viene el caballero, de fusta y sombrero de plumas, y su mismo hábito de mandar esclavos le da altivez de rey para defender su liberta. Alguno trae en su barca una negrada que vender, o un fanático que quema a las brujas, o un gobernador que no quiere oír hablar de escuelas; lo que los barcos traen es gente de universidad y de letras, suecos místicos, alemanes fervientes, hugonotes francos, escoceses altivos, bátavos económicos; traen arados, semillas, telares, arpas, salmos, libros. En la casa hecha por sus manos vivían, señores y siervos de sí propios; y de la fatiga de bregar con la naturaleza se consolaba el colono valeroso al ver venir, de delantal y cofia, a la anciana del hogar, con la bendición en los ojos, y en la mano la bandeja de los dulces caseros, mientras una hija abría el libro de los himnos, y preludiaba otra vez en el salterio o en el clavicordio. La escuela era de memoria y azotes; pero el ir a ella por la nieve era la escuela mejor. Y cuando, de cara al viento, iban de dos en dos por los caminos, ellos de cuero y escopeta, ellas de bayeta y devocionario, a oír iban al reverendo nuevo, que le negaba al gobernador el poder en las cosas privadas de la religión; iban a elegir sus jueces, o a residenciarlos. De fuera no venía la casta inmunda. La autoridad era de todos, y la daban a quien se la querían dar. Sus ediles elegían, y sus gobernadores. Si le pesaba al gobernador convocar al consejo, por sobre él lo convocaban los "hombres libres". Allá, por los bosques, el aventurero taciturno caza hombres y lobos, y no duerme bien sino cuando tiene de almohada un tronco recién caído o un indio muerto. Y en las mansiones solariegas del Sur todo es minué y bujías, y coro de negros cuando viene el coche del señor, y copa de plata para el buen Madera. Pero no había acto de la vida que no fuera pábulo de la libertad en la colonias republicanas que, más que cartas reales, recibieron del rey certificados de independencia. Y cuando el inglés, por darla de amo, les impone un tributo que ellas no se quieren imponer, el guante que le echaron al rostro las colonias fue el que el inglés mismo había puesto en sus manos. A su héroe, le traen el caballo a la puerta. Él pueblo que luego había de negarse a ayudar, acepta ayuda. La libertad que triunfa es como él, señorial y sectaria, de puño de encaje y de dosel de terciopelo, más de la localidad que de la humanidad, una libertad que bambolea, egoísta e injusta, sobre los hombros de una raza esclava, que antes de un siglo echa en tierra las andas de una sacudida; ¡y surge, con un hacha en la mano, el leñador de ojos piadosos, entre el estruendo y el polvo que levantan al caer las cadenas de un millón de hombres emancipados! Por entre los cimientos desencajados en la estupenda convulsión se pasea, codiciosa y soberbia, la victoria; reaparecen acentuados por la guerra, los factores que constituyeron la nación; y junto al cadáver del caballero, muerto sobre sus esclavos, luchan por el predominio en la república, y en el universo, el peregrino que no consentía señor sobre él, ni criado bajo él, ni más conquistas que la que hace el grano en la tierra y el amor en los corazones, -y el aventurero sagaz y rampante, hecho a adquirir y adelantar en la selva, sin más ley que su deseo, ni más límite que el de su brazo, compañero solitario y temible del leopardo y el águila.

Y ¿cómo no recordar, para gloria de los que han sabido vencer a pesar de ellos, los orígenes confusos, y manchados de sangre, de nuestra América, aunque al recuerdo leal, y hoy más que nunca necesario, le pueda poner la tacha de vejez inoportuna aquel a quien la luz de nuestra gloria, de la gloria de nuestra independencia, estorbase para el oficio de comprometerla o rebajarla? Del arado nació la América del Norte, y la Española, del perro de presa. Una guerra fanática sacó de la poesía de sus palacios aéreos al moro debilitado en la riqueza, y la soldadesca sobrante, criado con el vino crudo y el odio a los herejes, se echó, de coraza y arcabuz, sobre el indio de peto de algodón. Llenos venían los barcos de caballeros de media loriga, de segundones desheredados, de alféreces rebeldes, de licenciados y clérigos hambrones. Traen culebrinas, rodelas, picas, quijotes, capacetes, espaldares, yelmos, perros. Ponen la espada a los cuatro vientos, declaran la tierra del rey, y entran a saco en los templos de oro. Cortés atrae a Moctezuma al palacio que debe a su generosidad o a su prudencia, y en su propio palacio lo pone preso. La simple Anacaona convida a su fiesta a Ovando, a que viera el jardín de su país, y sus danzas alegres, y sus doncellas; y los soldados de Ovando se sacan de debajo del disfraz las espadas, y se quedan con la tierra de Anacaona. Por entre las divisiones y celos de la gente india adelanta en América el conquistador; por entre aztecas y tlaxcaltecas llega Cortés a la canoa de Cuauhtémoc; por entre quichés y zutujiles vence Alvarado en Guatemala; por entre tunjas y bocrotaes adelanta Quesada por Colombia; por entre los de Atahualpa y los de Huáscar pasa Pizarro en el Perú; en el pecho del último indio valeroso clavan, a la luz de los templos incendiados, el estandarte rojo del Santo Oficio. La mujeres, las roban. De cantos tenía sus caminos el indio libre, y después del español no había más caminos que el que abría la vaca husmeando el pasto, o el indio que iba llorando en su treno la angustia de que se hubiesen vuelto hombres los lobos. Lo que come el encomendero, el indio lo trabaja; como flores que se quedan sin aroma, caen muertos los indios; con los indios que mueren se ciegan las minas. De los recortes de las casullas se hace rico un sacristán. De paseo van los señores; o a quemar en el brasero el estandarte del rey; o a cercenarse las cabezas por peleas y virreyes y oidores, o celos de capitanes; y al pie del estribo lleva el amo dos indios de pajes, y dos mozos de espuela. De España nombran al virrey, el regente, el cabildo. Los cabildos que hacían, los firmaban con el hierro con que herraban las vacas. El alcalde manda que no entre el gobernador en la villa, por los males que le tiene hechos a la república, y que los regidores se persiguen al entrar en el cabildo, y que al indio que eche el caballo a galopar se le den veinticinco azotes. Los hijos que nacen, aprenden a leer en carteles de toros y en décimas de salteadores. "Quimeras despreciables" les enseñan en los colegios de entes y categorías. Y cuando la muchedumbre se junta en las calles, es para ir de cola de las tarascas que llevan el pregón; o para hablar, muy quedo, de las picanterías de la tapada y el oidor; o para ir a la quema del portugués; cien picas y mosquetes van delante, y detrás los dominicos con la cruz blanca, y los grandes de vara y espadín, con la capilla bordada de hilo de oro; y en hombros los baúles de huesos, con llamas a los lados; y los culpables con la cuerda al cuello, y las culpas escritas en la coroza de la cabeza; y los contumaces con el sambenito pintado de imágenes del enemigo; y la prohombría, y el señor obispo, y el clero mayor; y en la iglesia, entre dos tronos, a la luz vívida de los cirios, el altar negro; afuera la hoguera. Por la noche, baile. El glorioso criollo cae bañado en sangre, cada vez que busca remedio a su vergüenza, sin más guía ni modelo que su honor, hoy en Caracas, mañana en Quito, luego con los comuneros del Socorro o compra cuerpo a cuerpo, en Cochabamba el derecho de tener regidores del país; o muere, como el admirable Antequera profesando su fe en el cadalso del Paraguay iluminado el rostro por la dicha o al desfallecer al pie del Chimborazo "exhorta a las razas a que afiancen su dignidad". El primer criollo que le nace al español, el hijo de la Malinche, fue un rebelde. La hija de Juan de Mena que lleva el luto de su padre, se viste de fiesta con todas sus joyas, porque es día de honor para la humanidad, el día en que Arteaga muere! ¿Qué sucede de pronto, que el mundo se para a oír, a maravillarse, a venerar? ¡De debajo de la capucha de Torquemada sale, ensangrentado y acero en mano, el continente redimido! Libres se declaran los pueblos todos de América a la vez. Surge Bolívar, con su cohorte de astros. Los volcanes, sacudiendo los flancos con estruendo, lo aclaman y publican. A caballo, la América entera. Y resuenan en la noche, con todas las estrellas encendidas, por llanos y por montes, los cascos redentores. Hablándoles a sus indios va el clérigo de México. Con la lanza en la boca pasan la corriente desnuda los indios venezolanos. Los rotos de Chile marchan juntos, brazo en brazo, con los choles del Perú. Con el gorro frigio del liberto van los negros cantando, detrás del estandarte azul. De poncho y bota de potro, ondeando las bolas, van, a escaparse de triunfo, los escuadrones de gauchos. Cabalgan, suelto el cabello, los pehuenches, resucitados, voleando sobre la cabeza la chuza emplumada. Pintados de guerrear vienen tendidos sobre el cuellos los araucos, con la lanza de tacuarilla coronada de pluma de colores; y al alba, cuando la luz virgen se derrama por los despeñaderos, se ve a San Martín, allá sobre la nieve, cresta del monte y corona de la revolución, que va, envuelto en su capa de batalla, cruzando los Andes. ¿Adónde va la América, y quién la junta y guía? Sola, y como un solo pueblo, se levanta. Sola pelea. Vencerá, sola.
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ALGUNOS COMENTARIOS DEJADOS 

¿Nos vamos a parecer más a América Latina?
Buena suerte a EEUU con el imperio de las otras étnias.
Teresa

2 Comments:

At 1:31 p. m., Blogger Teresa said...

¿Nos vamos a parecer más a América Latina?

 
At 5:07 p. m., Blogger Teresa said...

Buena suerte a EEUU con el imperio de las otras atnias.

 

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