lunes, marzo 13, 2017

De la narrativa de María Victoria Olavarrieta: Pañales para los niños de la Edad de Oro

Pañales para los niños de la Edad de Oro

Por María Victoria Olavarrieta
 8 de marzo de 2017

La Edad de Oro es un hospicio en La Habana que acoge a 200 pacientes encefalopáticos, algunos con retraso mental. Hay 8 niños entre 7 y 15 años; 10 adultos mayores de 60 y el resto entre 40 y 50 años. Sólo 10 pacientes caminan y comen sin ayuda. De ellos, 50 pueden relacionarse, pero me confirma una antigua empleada que de lo que todos entienden es de amor y alegría.

La administración del hogar está a cargo del Ministerio de Salud Pública, con una nueva directora que dicen que es buenísima. Sus trabajadores son personas muy pobres. Esta institución gubernamental es una de las pocas donde el gobierno ha permitido la presencia de religiosas.

Mi primer encuentro con los niños de este hogar fue en 1991 en un festival que Sor Marta Calvo, la “hermana sirviente” (así le llaman a la superiora “Las Hijas de la Caridad”) me pidió que ayudara a organizar en el Hogar de Ancianos de Paula, para invitar a los niños de La Edad de Oro. A todos los pacientes les llaman “niños” sin tener en cuenta la edad que tengan.

Recuerdo que estas monjitas solían ir los domingos a echarle una mano a sus compañeras de La Edad de Oro. El ausentismo de sus empleados los fines de semana era sabido y no alcanzaban brazos para atender a tantos enfermos ni corazón para resistir las precarias condiciones del lugar. En YouTube se pueden ver videos, fotos y artículos.

En su visita a Cuba en el 2015, el Papa Francisco celebró las Vísperas con sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas en la catedral de La Habana. Ese domingo 22 de septiembre a las 5:15 pm, Radio Paz transmitió en directo todo el encuentro. Mientras escuchaba mi corazón se alborotó cuando intervino una de las monjitas que sirve actualmente en La Edad de Oro; era de las nuevas. Ella hablaba en La Habana y yo lloraba en Miami. Pero cuando empiezo a escuchar sus palabras, que parecían un poema, bello, sí, pero perdía la oportunidad de denunciar la verdad al Papa y al mundo que estaba escuchando en vivo… ese era el momento de decir que:
  •  Los niños duermen desnudos porque no hay pañales. 
  • La mayoría de los enfermos están desnutridos.
  •  No se les puede llevar regalos porque todo se lo roban. No juzgo (robar en Cuba es un mecanismo de supervivencia).
  • No hay suficiente personal paramédico para cargar, bañar y alimentar a los enfermos. La necesidad de “cargadores” es urgente, las monjas ya no pueden más, hay pacientes, por su peso corporal y condiciones, muy difíciles de mover.
  •  El edificio no tiene elevador para trasladar a los enfermos.
  •  El gobierno nunca ha aceptado dejar la administración en manos de las Hijas de la Caridad, a pesar de todas las veces que ellas lo han pedido.
En cuanto terminó la transmisión, llamé por teléfono a mi hermana Laura, lloré mi frustración y comprendí que esta monjita no pudo hacer otra cosa. Me toca a mí, que no le debo obediencia más que a Dios, y que ya estoy aprendiendo a vivir en libertad y estoy fuera de Cuba, hablar por ella.
Ahora que tanta gente está yendo a Cuba, les propongo a los turistas que visitan La Habana hacer una obra de caridad. No se vayan de la isla sin llevar unos pañales a los niños de La Edad de Oro, Calzada del Cerro # 1352, por favor. Muñecos de peluche y zapatos plásticos serían muy bien acogidos también.

Profesora de Español y Literatura.