domingo, abril 23, 2017

España no puede perder Cuba dos veces. Gabriela Cañas del diario español El País: Muchos mandatarios se han adelantado, pero el Gobierno de Rajoy parece decidido a recuperar el tiempo perdido con La Habana

Published on Apr 18, 2017
Federico Jiménez Losanto analiza el anuncio de que el Rey y Rajoy visitarán Cuba y recuerda cómo el PP ha abandonado su posición de defensa de la democracia. Federico califica de infame esa visita del Rey Felipe VI  y de Mariano  Rajoy  y  a España de palanganera del narcotráfico y de la prostitución que es lo único que da dinero en Cuba. Comienza ese análisis en el minuto  tres.

Federico a las 7: El Rey y Rajoy visitarán Cuba - 18/04/17


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España no puede perder Cuba dos veces

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Muchos mandatarios se han adelantado, pero el Gobierno de Rajoy parece decidido a recuperar el tiempo perdido con La Habana
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Por  Gabriela Cañas
21 ABR 2017

La diplomacia española tiene un grave problema: las estrategias a veces dependen más del color ideológico de quien ocupa La Moncloa que de los intereses de Estado. Otra característica que asoma de vez en cuando es su falta de reflejos. Ambas cosas se han dado la mano en las relaciones con Cuba.

Esta joya del Caribe que España perdió con dolor en 1898 dando lugar a un cataclismo nacional cargado de pesimismo ha sido en las últimas décadas un elemento de confrontación política interna que no ha hecho ningún bien a ninguna de las dos partes. Desde que Felipe González visitó la isla en 1986, Madrid inició una estrategia de alejamiento que culminó con la política de mano dura de José María Aznar. Este logró que en 1996 la Unión Europea adoptara una posición común de reducir al mínimo las relaciones diplomáticas. España, con 250 empresas radicadas en la isla, es el tercer socio comercial de Cuba y el primero europeo. Así que si había un país perjudicado por ese distanciamiento en nombre de los derechos humanos (un asunto que no parecía preocupar con otras naciones) ese era España. Dura posición que tampoco logró la apertura democrática del régimen.

(Alfonso Dastis y Bruno Rodríguez el pasado lunes en Madrid. Fernando Alvarado EFE)

Algo se mueve en Cuba y la comunidad internacional se ha apresurado a celebrarlo. En diciembre de 2014, Washington anunció el deshielo. El presidente francés François Hollande se marcó el tanto de ser el primer mandatario occidental en visitar la isla seis meses después. Le han seguido el expresidente americano Barack Obama, el vicecanciller alemán Sigmar Gabriel, el presidente chino Xi Jingping, la alta representante de la UE Federica Mogherini y hasta el Papa Francisco. ¿Y España? Sí, algunos ministros volaron a La Habana en este tiempo, pero la vieja metrópoli parecía estar entretenida en otras cosas mientras el resto del mundo intentaba hacer negocios en ese paraíso turístico dispuesto a abrirse de verdad a la economía de mercado y, quizá, en un futuro, a la democracia.

La falta de reflejos de España era evidente hasta que, por fin, la posición común europea pasó a mejor vida en 2016 y el mismo partido que fue de Aznar rectificaba el tiro intensificando las relaciones. El lunes pasado la diplomacia española acogía al canciller cubano Bruno Rodríguez en Madrid y aceptaba la invitación cursada al Rey y al presidente del Gobierno de visitar oficialmente la isla. El ministro de Exteriores Alfonso Dastis tiene razón. Más vale tarde que nunca. Dastis asegura que tal visita se realizará antes de que Castro abandone el poder, lo que tiene planeado para febrero del próximo año.

El tiempo apremia y el momento es óptimo, cuando Donald Trump sigue sin dar señales de querer revocar la política de apertura de su predecesor. ¿Será capaz de darse un poco de prisa el parsimonioso Mariano Rajoy? Otros peor posicionados se adelantan. España no puede perder Cuba; otra vez. Un veterano diplomático, mucho más moderado, lo expresa de otra manera: España está ya bien situada en la isla, pero podía estar mejor.
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ALGUNOS COMENTARIOS DEJADOS.

    La única virtud que puede tener la hijeputez es ser franca y abierta, sin tapujos ni disimulos. La persona que ha escrito esta repugnante bajeza y el medio que se la aprueba y difunde (que viene siendo el New York Times de España) tienen esa virtud. Es muy poco, por supuesto, pero el mismo Jesucristo dijo que era preferible ser caliente o frío a ser tibio, y aquí no hay tibieza alguna. Si alguien todavía dudaba la insondable hijeputez española, esto no deja lugar a dudas. Nos queda la opción digna y decente: corresponderle como se merece, pero no solamente con desprecio, sino con hechos que lo demuestren.

ombre
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Me encanta lo del “dolor” de España al perder su joya en 1898, pero los cientos de miles de muertos por el genocidio de Weyler para no perderla no vienen al caso (y dicho sea de paso, todavía existe la Plaza Weyler en Santa Cruz de Tenerife en Canarias, que parece nunca le ha molestado a nadie). Es sólo un caso de una valiosa propiedad perdida, una gallina que daba huevos de oro, y por supuesto todo intento de recuperar o compensar la pérdida vale. Todo. Lo que sea y como sea. El asunto es seguirle sacando máximo provecho a Cuba, que para eso está hoy como estuvo por siglos.

No me choca tanto lo que dice la autora de esta miserable vileza en El País como la forma en que lo dice, el tono. Simplemente afirma lo que se sabe perfectamente hace muchísimo rato, pero lo expresa como si fuera lo más normal, natural y razonable del mundo. Me recuerda a Hannah Arendt y su gran frase: la banalidad del mal. Al menos ahora comprendo perfectamente lo que significa puta madre.

Desde cierto punto de vista, este es un cuadro sicológico fascinante, aunque bien patológico. La cosa es tan obvia que supongo que los mismos españoles se den cuenta de su “problema,” pero evidentemente los tiene sin cuidado. Santocielo, el asco—y eso que, en gran medida, los cubanos españoles somos.

ombre


2 Comments:

At 6:56 p. m., Anonymous ombre said...

La única virtud que puede tener la hijeputez es ser franca y abierta, sin tapujos ni disimulos. La persona que ha escrito esta repugnante bajeza y el medio que se la aprueba y difunde (que viene siendo el New York Times de España) tienen esa virtud. Es muy poco, por supuesto, pero el mismo Jesucristo dijo que era preferible ser caliente o frío a ser tibio, y aquí no hay tibieza alguna. Si alguien todavía dudaba la insondable hijeputez española, esto no deja lugar a dudas. Nos queda la opción digna y decente: corresponderle como se merece, pero no solamente con desprecio, sino con hechos que lo demuestren.

 
At 7:02 p. m., Anonymous ombre said...

Me encanta lo del “dolor” de España al perder su joya en 1898, pero los cientos de miles de muertos por el genocidio de Weyler para no perderla no vienen al caso (y dicho sea de paso, todavía existe la Plaza Weyler en Santa Cruz de Tenerife en Canarias, que parece nunca le ha molestado a nadie). Es sólo un caso de una valiosa propiedad perdida, una gallina que daba huevos de oro, y por supuesto todo intento de recuperar o compensar la pérdida vale. Todo. Lo que sea y como sea. El asunto es seguirle sacando máximo provecho a Cuba, que para eso está hoy como estuvo por siglos.

No me choca tanto lo que dice la autora de esta miserable vileza en El País como la forma en que lo dice, el tono. Simplemente afirma lo que se sabe perfectamente hace muchísimo rato, pero lo expresa como si fuera lo más normal, natural y razonable del mundo. Me recuerda a Hannah Arendt y su gran frase: la banalidad del mal. Al menos ahora comprendo perfectamente lo que significa puta madre.

Desde cierto punto de vista, este es un cuadro sicológico fascinante, aunque bien patológico. La cosa es tan obvia que supongo que los mismos españoles se den cuenta de su “problema,” pero evidentemente los tiene sin cuidado. Santocielo, el asco—y eso que, en gran medida, los cubanos españoles somos.

 

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