miércoles, marzo 07, 2018

Jorge Ignacio Domínguez relevante cubanólogo de la Universidad de Harvard y admirador del extinto tirano Fidel Castro es nvestigado por acoso sexual y anuncia su retiro

Tomado de https://www.martinoticias.com

Cubanólogo de Harvard investigado por acoso sexual anuncia su retiro

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Unas diez mujeres inspiradas por el movimiento #MeToo dicen haber sido víctimas durante décadas del hostigamiento del catedrático, un reconocido latinoamericanista y especialista en asuntos cubanos. "He tratado de comportarme honorablemente", afirma Domínguez.
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Jorge I. Domínguez.

Con información de Chronicle of Higher Education
 y
 The Washington Post

El conocido cubanólogo, latinoamericanista y profesor de Gobierno de la Universidad de Harvard Jorge I. Domínguez, anunció su retiro este martes tras alegaciones de que el catedrático acosó sexualmente a numerosas mujeres en ese centro universitario.

Dominguez, quien había sido suspendido temporalmente por la Facultad de Artes y Ciencias mientras se investigaba el caso, renunció igualmente a sus cargos administrativos en esa institución, señaló The Harvard Crimson.

Domínguez, quien fuera llamado una vez por la publicación Foreign Affairsel decano de los cubanólogos estadounidenses”, fue en febrero el foco de un reportaje de la publicación Chronicle of Higher Education en el que una colega bajo su supervisión, Terry Karl, reveló detalles de un presunto hostigamiento sexual continuado que la obligó a abandonar la universidad después de que sus reiteradas quejas no fueran debidamente atendidas.

(Jorge I. Domínguez)

Karl, entonces profesora auxiliar de Gobierno, se reunió con directivos de Harvard, escribió a los administradores, exigió que se reportaran mejor estos casos y presentó una queja ante la Comisión de Igualdad de Oportunidades de Empleo. Finalmente decidió que no podía trabajar en los mismos círculos que Domínguez y abandonó la universidad. El académico de origen cubano fue disciplinado, pero se le permitió permanecer en la facultad e incluso fue más tarde promovido.

En la pieza publicada la semana pasada en Chronicle unas diez mujeres dijeron haber sufrido similar acoso sexual por parte del académico en las décadas que siguieron, aunque indicaron que la forma en que fue manejada la queja de Karl les disuadió de presentar las propias. El reciente movimiento #MeToo ayudó a conectarse a estas mujeres y sacar sus historias a la luz.

Domínguez se negó a comentar sobre las acusaciones de Karl y no negó específicamente ninguno de los recuerdos de las mujeres, pero aseguró a Chronicle: "He tratado de comportarme honorablemente en todas mis relaciones (…) Intento comunicarme de manera respetuosa y efectiva. No voy por ahí haciendo avances sexuales".

Profesor en el departamento de Gobierno y presidente de la Academia de Harvard para Estudios Internacionales y por Área, Jorge Domínguez es un reconocido especialista en América Latina y ha enseñado en esa prestigiosa universidad durante décadas. Fuera del recinto fue uno de los fundadores del grupo de estudios Diálogo Interamericano y presidente de Latin American Studies Association (LASA).

Ha publicado numerosos libros y estudios sobre Cuba, con títulos como Cuba: Order and Revolution; To Make a World Safe for Revolution: Cuba's Foreign Policy; Social Policies and Decentralization in Cuba: Change in the Context of 21st Century, y The Cuban Economy in a New Era: An Agenda for Change toward Durable Development.

No obstante, ha sido criticado por posturas condescendientes con el régimen de La Habana o alejadas de la dura realidad del pueblo de la isla. Meses después de que Fidel Castro enfermara gravemente en agosto del 2006, Domínguez escribió en “Foreign Affairs”:

“Honrar honra: frase noble de José Martí que ingresó al vocabulario cultural cubano hace más de un siglo. Honremos, pues, a Fidel Castro mientras observamos el sol poniente de su vida, no sólo quienes lo apoyaron, sino también quien, como yo, no lo hicimos. Él fue el transformador de un pueblo en una nación; quien modernizó decisivamente esa sociedad; quien mejor entendió que los cubanos querían ‘ser gente’, no sólo apéndices de Estados Unidos. Fue él quien comprendió que ese pueblo hipocondríaco requería más médicos y enfermeros por centímetro cuadrado que cualquier otro en la faz de la tierra. Fue él el arquitecto de una política de inversión en capital humano, que convierte a los niños cubanos en los campeones olímpicos de la educación latinoamericana y que, por tanto, permite vislumbrar un mejor futuro para Cuba. Fue el diseñador de una política que permite a los cubanos de todas las características raciales tener acceso a la salud pública, a la educación, a la dignidad que le corresponde a todo ser humano, al derecho a pensar que yo, mis hijos, y mis nietos, cualquiera que sea el color de la tez, merecemos el respeto y las mismas oportunidades que los demás. No fue él quien inventó que las mujeres tenían derechos igualitarios en la sociedad, pero sí un promotor de la igualdad de género en el desempeño ciudadano.

(Con información de Chronicle of Higher Education y The Washington Post)
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Publicados en Baracutey Cubano  en el 26 de enero de 2010 .

Nota del Bloguista

La admiración por un individuo o un proceso puede nublar el discernimiento y las conclusiones de las mentes más lúcidas. Carlos Marx escribió que la admiración de Hegel por el Estado prusiano le impidió ver lo que era evidente.

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La misma piedra

Por Miguel Fernández-Díaz
Pembroke Pines


Caroline Kennedy-Pipe empacó los resultados de su investigación sobre la política exterior soviética en Russia and the World, 1917-1991 (Londres: Bloomsbury Academic, 1998). Aparte de una breve referencia sobre el papel desempeñado en la invasión a Afganistán y menciones de pasada en otros dos episodios de la Guerra Fría, la KGB no afloró en este ejercicio de abolengo académico. Igual sucede con La política exterior de Cuba (1962-2009), de Jorge Ignacio Domínguez (Madrid: Colibrí, 2009), que incluye por lo menos dos observaciones imprecisas:

* Entre 1968 y finales de los 80, el Gobierno de Fidel Castro nunca adoptó nuevas medidas para oponerse a alguna política exterior de la Unión Soviética.
* Dentro de ese marco hegemónico, Cuba ejerció con frecuencia un liderazgo "revolucionario" que involucró a la URSS en aventuras internacionales, subvencionando a aliados en apuros en Angola, Etiopía, Nicaragua y otros lares…

Castro buscó capear el temporal provocado por sendos fracasos de la guerra de guerrillas en Latinoamérica y del hombre nuevo en Cuba, plegándose a la doctrina Brezhnev, que justificaba la invasión a Checoslovaquia. Para 1969 complacía a Moscú remplazando a Manuel (Barbarroja) Piñeiro con José Méndez Cominches al frente de la Dirección General de Inteligencia (DGI). Sin embargo, tal y como atestiguó uno de sus oficiales desertores, Orlando Castro Hidalgo, ante el Senado estadounidense (octubre 16, 1969), la tarea política esencial de exportar la revolución prosiguió adelante por medio de la Dirección de Liberación Nacional (DLN), que pasó enseguida a la historia del terrorismo y la subversión internacional como Departamento América (DA), siempre bajo el mando de Barbarroja.

( Manuel Piñeiro Losada, ¨Barbarroja ¨, al fondo en el recibimiento al grupo de ¨Benigno,¨ Dariel Alarcón, a su regreso de la fracasada aventura guevarista en Bolivia; Dariel Alarcón es el primero a la izquierda )

Tampoco la URSS se involucró en aventuras internacionales como consecuencia del liderazgo revolucionario de Castro. Desde enero de 1961 Jruschov había formulado explícitamente la estrategia de "poner al imperialismo de rodillas" mediante revueltas en el Tercer Mundo. En su candidez, Domínguez se asemeja a Eric Hobsbawn, quien afirmó sin sonrojo que no había pruebas sobre planes de expansión del comunismo soviético antes de 1970 (Ages of Extremes, Londres: Abacus, 1995, página 436). Por el contrario, en el Archivo Mitrokhin consta el memo (julio 29, 1961) del jefe de la KGB Alexander Shelepin a Jruschov sobre la estrategia global contra el "principal adversario", que incluía levantamientos armados contra los "gobiernos reaccionarios" de Centroamérica y daría pie a la directiva política pertinente del Comité Central del PCUS.

Vayamos al caso ejemplar de la guerra civil en Angola: Castro tuvo la iniciativa de intervenir, pero el Kremlin no podía menos que acogerla con entusiasmo y destinarle ingentes recursos, porque entre las claves de su política exterior constaba que "África se había convertido en escenario duradero de la confrontación mundial entre los sistemas capitalista y socialista", como reportó enseguida el jefe de la Dirección de Inteligencia, Valdimir Kryuchkov, al jefe de la KGB, Yuri Andropov.

( Jorge Ignacio Domínguez )

Así como en 1976 la ayuda militar soviética había transformado a Somalia en la cuarta potencia militar del África subsahariana, Moscú viraría la tortilla no sólo porque Castro informó que, durante su visita en la primavera de 1977, había percibido el giro a la derecha del gobernante Siad Barre y, sobre todo, de su ministro del Interior, Ahmad Sulaymaan. El Kremlin ponderó también que, entre Somalia y Etiopía, era preferible el país con población diez veces mayor y mejor posición estratégica, aunque tuviera que retirar el apoyo al grupo de acaso más genuino corte marxista-leninista en el Cuerno Africano: el Frente Popular de Liberación de Eritrea.

Las cadenas vienen de lejos

Juan del Águila había atisbado ya en Revolution and Foreign Policy-Making: How Cuba Influences Nicaragua (Politics and Public Policy in Latin America, Boulder: Westview, 1984) que el DA implementaba las directrices de política exterior del Buró Político del PCC, cuando Jorge Ignacio Domínguez escribió, en Cuba's International Arena (Latin America Research Review, volumen 23, 1988), que el Centro de Estudios sobre América (CEA) era un think tank de académicos cubanos.

Así pasó por alto que al frente del CEA se encontraba, en aquel entonces, el oficial del DA Luis Suárez Salazar (CIA Directory, junio de 1987, página 8). Pero vayamos al grano. Castro creó para Barbarroja la DLN dentro del Ministerio del Interior (MININT), porque el acuerdo con Moscú fue que la DGI se dedicara al espionaje y la DLN, a exportar la revolución adonde no se comprometieran "los intereses del socialismo mundial".

Para diciembre de 1974, Castro reubicaba la DLN (como DA) en el Comité Central del Partido. Y Barbarroja reagrupó sus fuerzas (CIA Directory, junio de 1987, páginas 7-8) en cuatro secciones visibles (Centroamérica, Sudamérica, El Caribe y América del Norte), otras siete sin identificar y los centros de estudios de América Latina (CEAL) y sobre América (CEA).

(Manuel Piñeiro Losada poco antes de morir en un accidente automovilístico al salir de una fiesta pese a que él nunca tomaba y siempre tenía un chofer que era el que conducía; estaba supuestamente conduciendo en el momento del accidente )

Ambos centros pueden considerarse think tanks en el sentido de que algunos miembros de sus plantillas presentaban panfletos en conferencias de corte académico y emprendían investigaciones sobre puntos vulnerables de la seguridad nacional de Estados Unidos. A mediados de 1983 salió el primer número de Cuadernos de Nuestra América (CEA) y no sorprende que incluyera artículos como Tendencias anexionistas en el proceso político puertorriqueño e Intereses económicos involucrados en la producción militar de los Estados Unidos.

Entretanto, otros miembros de la plantilla del CEA pasarían a ejercer la diplomacia en países clave, como Luís Hernández Ojeda en Nicaragua, o se encargarían de negocios más sublimes, como Fernando Comas, quien coordinó el suministro de armas al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) desde Costa Rica y asesoró a Filiberto Ojeada para unificar a los cinco grupos terroristas más importantes de Puerto Rico.

En su artículo Cuba y la crisis en América Central (Contemporary Marxism 10, 1985), el CEAista Juan Valdés Paz recalcó que la política exterior de Cuba tenía el "objetivo permanente" de lograr la unidad de los pueblos latinoamericanos y caribeños. Agregó sin sonrojo que se trataba de la unidad de los "movimientos revolucionarios". Esa política no se formula por el Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX), sino por el Buró Político. De ahí que la mínima desviación CEAista de 1996 desembocara en el cierre de las escotillas del tanque pensante.

En su precitado artículo, Jorge I. Domínguez soslayó que Barbarroja gozaba de autoridad hasta para designar embajadores en países de relevancia estratégica para el castrismo y dar el visto bueno a casi todos los demás nombramientos de funcionarios diplomáticos en la región, tal como reportó Jay Mallin en Cuban Intelligence Elite Pushes Subversions in Americas (Washington Times, agosto 25 de 1983, página 7A).

En su más reciente libro, Domínguez ignora la simple indicación de Pamela S. Falk en Cuban Foreign Policy: Caribbean Tempest (Lexington, Lexington Books, 1986): que la política exterior de Castro estriba en promover su revolución, ya sea por medio de la diplomacia o de la subversión.
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El Comienzo de un Fin*

Por Jorge I. Domínguez**

Resumen: A pocos días de cumplir 80 años comenzó el ocaso de la vida del presidente del Consejo de Estado de la República de Cuba, Fidel Castro Ruz. Tras una hemorragia intestinal delega sus poderes políticos y militares. Así, resulta factible considerar que Raúl Castro pueda llegar a ser presidente, no por encargo de su hermano sino por sus propias capacidades. Al promover la transición económica, aumentará las probabilidades de una eventual apertura política.

Pocos días después de la celebración pública del 53 aniversario de su entrada en el panteón histórico de Cuba, mediante el ataque que encabezó contra el cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, y a pocos días de cumplir 80 años, comenzó el ocaso de la vida del presidente del Consejo de Estado de la República de Cuba, Fidel Castro Ruz. Tras una hemorragia intestinal delega sus poderes políticos y militares.

En el momento en que escribo, no sé cuál es su estado de salud. Según los partes oficiales, se recupera. Su educación en colegio de jesuitas quizás le permita pensar en su resurrección una y otra vez: después del Moncada, después del naufragio del barco Granma (que inició por accidente la guerra revolucionaria), después de la victoria asombrosa en Playa Girón, después de la crisis de octubre de 1962, después de...

Fidel Castro hace rato dejó de ser meramente parte de la historia, y se convirtió en un mito mundialmente compartido de la segunda mitad del siglo XX. ¿Quién no reconoce su foto? ¿Quién no le reconoce como un descendiente lineal de Don Quijote que se enfrenta a gigantes? ¿Y, quién, aún, en su Buró Político, en su Consejo de Ministros, en su equipo personal, no sabe que esos gigantes fueron a veces imaginarios, a veces molinos de viento?

Honrar honra: frase noble de José Martí que ingresó al vocabulario cultural cubano hace más de un siglo. Honremos, pues, a Fidel Castro mientras observamos el sol poniente de su vida, no sólo quienes lo apoyaron, sino también quien, como yo, no lo hicimos. Él fue el transformador de un pueblo en una nación; quien modernizó decisivamente esa sociedad; quien mejor entendió que los cubanos querían "ser gente," no sólo apéndices de Estados Unidos. Fue él quien comprendió que ese pueblo hipocondríaco requería más médicos y enfermeros por centímetro cuadrado que cualquier otro en la faz de la tierra. Fue él el arquitecto de una política de inversión en capital humano, que convierte a los niños cubanos en los campeones olímpicos de la educación latinoamericana y que, por tanto, permite vislumbrar un mejor futuro para Cuba. Fue el diseñador de una política que permite a los cubanos de todas las características raciales tener acceso a la salud pública, a la educación, a la dignidad que le corresponde a todo ser humano, al derecho a pensar que yo, mis hijos, y mis nietos, cualquiera que sea el color de la tez, merecemos el respeto y las mismas oportunidades que los demás. No fue él quien inventó que las mujeres tenían derechos igualitarios en la sociedad, pero sí un promotor de la igualdad de género en el desempeño ciudadano.

Fue el responsable de un gesto que la humanidad agradece: poner en riesgo la sangre de sus soldados por la causa noble de contribuir poderosamente a impedir que el régimen racista del apartheid sudafricano se expandiera sobre Angola. Fue él, igualmente, quien se merece el reconocimiento por contribuir al fin del apartheid en Sudáfrica, a la independencia de Namibia y a defender la independencia de Angola. El día que Fidel muera, las banderas de esos países africanos deberán reflejar duelo nacional.

¿Fue cruel? Sí. ¿Fue dictador? Sí. ¿Atropelló el poder público? Sí. ¿Cometió crímenes en nombre de la revolución, la patria, la soberanía nacional y el socialismo? Sí. ¿Fue un obstáculo para la prosperidad de los cubanos, el ejercicio de los derechos humanos de ese pueblo, y la realización de una democracia plena? Sí. Y, la historia, ¿lo absolverá, como dijo en 1953 que así sería? No. Pero no entremos en más detalles. Honrar honra, y es preciso que en este artículo más renglones se dediquen a honrar a la figura más importante de la historia de Cuba, a la única persona en la historia de ese país con trascendencia mundial. Ámesele, u ódiesele, merece respeto.

¿Qué pasó, entonces, el 31 de julio de 2006 cuando, por primera vez, se comprendió que, en algún momento, habrá una Cuba sin Fidel? El gobierno de Estados Unidos confesó públicamente su desconocimiento de lo que estaba ocurriendo en Cuba. Jorge Más Santos, figura clave de la Fundación Nacional Cubano Americana, una de las más políticas y económicamente poderosas organizaciones de la diáspora cubana, instó a la población en Cuba a sublevarse con las armas en la mano. Raúl Castro fracasó en su primera prueba de fuego como el sucesor de su hermano. En vez de comparecer en televisión, escoltado por la bandera nacional, una palma real y la foto de su hermano, para garantizar a sus conciudadanos que la patria se salvaría, brilló por su ausencia.

Hubo un solo héroe en ese interludio del verano de 2006: un pueblo que ponderaba su futuro, honraba, inclusive quienes no lo querían, a su presidente, y demostraba su preferencia por la paz y una Cuba para los cubanos, no para Miami ni Washington.

Con Fidel en el hospital, los sucesos no permiten atisbar la realidad futura de Cuba sino uno de sus futuros posibles. Fidel designa a quien quiere que gobierne Cuba: no es George W. Bush, ni tampoco algún cubano que no viva en Cuba; es su hermano, pero no sólo su hermano, quien ya tiene 75 años, sino una dirección colegiada que incluye a dos grupos de personas. En el primero, con responsabilidad ejecutiva, se encuentran los siguientes miembros del Buró Político del Partido Comunista de Cuba (PCC): José Ramón Balaguer, Carlos Lage, Esteban Lazo y José Ramón Machado. En el segundo grupo, con responsabilidades financieras, encontramos de nuevo a Lage y a Francisco Soberón, y a Felipe Pérez Roque. Con la excepción de Soberón, presidente del Banco Central, quien asume responsabilidades financieras importantes en este escenario de sucesión, todos los demás son designados por sus características políticas, no por sus destrezas profesionales.

Si bien es cierto que se transfiere a Balaguer, actual ministro de Salud Pública, la responsabilidad principal sobre ese tema, no es menos cierto que Balaguer ha sido principalmente un político y que su especialidad es la ortodoxia ideológica y el entorno internacional de Cuba. Machado y Lazo puede que sepan de educación, pero son especialistas, respectivamente, en la organización interna del partido y el gobierno de las provincias. Lage, médico por entrenamiento al igual que Balaguer y Machado, es responsable de los asuntos económicos desde hace 15 años y ahora se encarga de los temas energéticos. Pérez Roque, líder juvenil del partido en su juventud, ha sido el canciller. Es decir, a todos, menos a Soberón, se les ha seleccionado por razones políticas, no por su conocimiento profesional del asunto que ahora se les asigna.

Ese gobierno colegiado, sin embargo, lo encabeza Raúl Castro. ¿Quién es este hombre poco conocido? En cualquier otro país del mundo, si no hubiera vivido bajo la sombra de su hermano mayor, reconoceríamos que es una figura de grandes logros profesionales. Es Raúl Castro el arquitecto de la institución más eficaz en la historia de Cuba, es decir, las Fuerzas Armadas Revolucionarios (FAR). Fue Raúl Castro quien transformó a un puñado de semianalfabetos en una fuerza profesional, disciplinada, muy bien entrenada, fiel y eficaz, capaz de lograr tres veces en África lo que Estados Unidos no logró en Vietnam, lo que la Unión Soviética no logró en Afganistán: las FAR de Raúl Castro ganaron las tres guerras que pelearon en el continente africano. No hubo ningún otro ejército de país comunista, durante la Guerra Fría, que lograra desplegarse, con éxito, a miles de kilómetros de su patria.

Sin embargo, Raúl Castro no ha sido un mero "militarote". Fue Raúl, y no Fidel, quien se dedicó a la cuidadosa y pertinente construcción, núcleo por núcleo, del PCC, institución civil hermana de las FAR, cuyo buen funcionamiento se requerirá para gobernar Cuba. Fue Raúl, y no Fidel, quien intentó con esmero mejorar el mediocre funcionamiento de los ministerios del gobierno. Fue Raúl, en medio de la grave y desesperante crisis de 1994, quien rompió públicamente con Fidel y abogó por la liberalización de los mercados agrícolas porque, como claramente indicó en aquel momento en su calidad de ministro de las FAR, la principal amenaza a la seguridad nacional de Cuba era la incapacidad en aquella coyuntura de alimentar al pueblo.

Raúl Castro conoce, por lo tanto, personalmente y de cara a cara, a toda la plana mayor de las fuerzas armadas, del Comité Central del partido y de la burocracia gubernamental; es decir, las mil personas, más o menos, que son miembros de la élite cubana con poder de influir en esta primera transferencia de mando después de Fidel. Es la suma de sus logros profesionales, su capacidad de trazar y ejecutar una estrategia, su reputación de ser alguien que logra lo que se propone y su participación en las redes de poder en Cuba, lo que constituye las bases políticas para encabezar esta sucesión presidencial.

Raúl Castro también ha sido innovador. A principios de la década de 1990 supo hacer frente a la crisis que golpeó a la Cuba comunista por el derrumbe de la Unión Soviética: redujo el personal de las fuerzas armadas, reorganizó su forma de actuar y redujo su presupuesto. La reducción del peso de las fuerzas armadas sobre la economía y la sociedad cubana no es un tema importante de la agenda del futuro, es ya un logro de Raúl Castro.

En ese tiempo, también desarrolló las empresas militares para lograr que las fuerzas armadas fueran económica y productivamente autosuficientes. Y desarrolló empresas para promover y servir al turismo que emplean a los jubilados de las fuerzas armadas y generan fondos para su dueño, es decir, el Estado cubano.

Raúl Castro es, sin embargo, un pésimo político en la palestra pública. No sabe siquiera cómo leer un discurso. Su estilo es aburrido o chillón, pero nunca convincente. Reconoce no ser una figura pública, sino el engendro de un régimen. Quizás por eso evitó comparecer en público durante tanto tiempo después de recibir la delegación de poderes de su hermano el 31 de julio pasado.

¿Cómo gobernar a una Cuba que no le conoce, a una Cuba que nunca le otorgará el galardón de líder carismático? Prosperidad. Cuando Raúl Castro ha visitado China, ha dedicado gran tiempo a intentar comprender cómo se explica y se produce el auge de esa economía. Crecimiento, crecimiento y crecimiento de la economía, son sus tres principales conclusiones para diseñar la estrategia para su posible futura presidencia, por derecho propio y, por supuesto, para retener, como en China y Vietnam, un sistema unipartidista bajo la égida de un partido comunista. En esta hipótesis, un Raúl Castro presidente cambiará los elementos fundamentales de la política macroeconómica en Cuba, rumbo a una rápida aproximación a una economía de mercado, pero retendrá las estructuras políticas que impidan un tránsito del régimen político a una democracia pluralista y representativa en que se respeten los derechos humanos.

Sus "aliados" incluirán aquellos en la diáspora cubana quienes, al exigir la lucha armada, alentarán a la gran mayoría cubana a rechazar una opción sangrienta. Un gobierno estadounidense, tan torpe como el actual, será también su aliado. Señalemos algunos ejemplos de esa torpeza. En el informe de gobierno de Estados Unidos publicado, precisamente, en julio de 2006, días antes de la delegación de mando de Fidel a Raúl, que prevé la asistencia que el gobierno brindaría a Cuba en el futuro, se menciona una asistencia para impedir las enfermedades infecciosas, sin darse cuenta de que el sistema de salud cubano puede brindar mejor tales lecciones al estadounidense.

Más asombroso es que Estados Unidos propone asistir a Cuba para hacer frente a los desastres naturales, sin tener en cuenta que Cuba es el país más eficaz del Caribe y del Golfo de México para enfrentarse con las depredaciones de los huracanes -- a diferencia del comportamiento de la administración Bush cuando el huracán Katrina destruyó Nueva Orleáns en 2005 -- . La diáspora cubana y el gobierno de Estados Unidos podrán desempeñar, en un futuro democrático de Cuba, un papel útil e importante, pero por el momento, entre el extremismo y la torpeza, contribuyen a postergar el momento de esa transición, generando más miedo de Estados Unidos que esperanza en la población cubana.

Así pues, resulta factible considerar que Raúl Castro puede llegar a ser presidente, no por encargo de su hermano sino por sus propias capacidades. Será una presidencia que evite la transición política pero, al promover la transición económica, aumentará las probabilidades de una eventual apertura política.

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* Foreign Affairs En Español, Octubre-Diciembre 2006

** Jorge I. Domínguez es profesor de la cátedra Antonio Madero Professor of Mexican Politics and Economics, y vicerrector para los asuntos internacionales, en Harvard University. Ha sido presidente de Latin American Studies Association (LASA). Entre otras publicaciones, es autor de Cuba: Order and Revolution y To Make a World Safe for Revolution, ambos editados por Harvard University Press.

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ALGUNOS COMENTARIOS DEJADOS

Se trata de un vulgar rascabucheador con diploma, con el agravante de abuso de su posición. Harvard sabe de la pata que el tipo cojea desde 1983, cuando hubo denuncia formal y fue encontrado culpable de ¨serious misconduct¨; pero no le hicieron gran cosa, y la que se fue de Harvard fue la víctima, no el encumbrado profesor. Evidentemente, como el proverbial perro huevero, siguió en las mismas, y ya hay 18 mujeres que lo acusan de acoso sexual (de acuerdo al Washington Post). No digo yo si se retira, porque si no lo iban a retirar (aunque Harvard es tan culpable como el sujeto, igual que la gente de Hollywood con el Weinstein). Nada, que a cada cerdo le llega su San Martín.
Realpolitik
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Y que nadie se olvide que este hombre fue un asesor importante de Julio Frenk, el presidente de la Universidad de Miami, con respecto al desmantelamiento del Centro de Estudios Cubanos (ICCAS) en UM, pues el tipo funge de gran ¨experto¨ en asuntos cubanos. Vamos a ver si Frenk se atreve a decir algo sobre lo acontecido con su amiguito, aunque no creo que diga ni esta boca es mía.
Realpolitik
*********   
La clasica mezcla para "hornear un pastel izquierdista"......el profesor Dominguez, Harvard, acoso sexual, Fidel Castro y por supuesto Bill Clinton......que otro ingrediente puede ser necesario para tanta basofia, inmundicia y pudricion ?? *************RES IPSA LOQUITUR***********
Angel Riguero
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De acuerdo al Miami Herald, las 18 mujeres que han acusado a Domínguez de acoso sexual incluyen colegas y estudiantes. Los casos reportados van desde 1978 al 2015, y muchos fueron reportados directamente a la administración de Harvard, que no parece haberle dado gran importancia hasta ahora, cuando no le queda otro remedio dado el clima actual con respecto a este tipo de cosa.

Domínguez nació en Cuba en 1945 y se fue en 1960. Su libro más reciente (publicado en 2017) sobre el tema cubano fue escrito en colaboración con varios académicos cubanos en la isla, o sea, gente indudable y forzosamente comprometida con el régimen castrista de cuyo andamiaje forman parte.

Julio Frenk, presidente de UM, le encargó a Domínguez que escribiera un reporte con recomendaciones sobre lo que se debe de hacer con respecto al Centro de Estudios Cubanos (ICCAS) de UM, pero no está claro si eso fue antes o después que Frenk desmantelara el ICCAS. De cualquier modo, no queda duda que Frenk se ha valido del asesoramiento de Domínguez, y por supuesto no hay manera de saber lo que ha transcurrido entre ellos en privado. Tampoco me queda duda de que Frenk le daría mucha más importancia a las recomendaciones de alguien como Domínguez que a las de "esa gente" del exilio.

Ya veremos, pero sobra decir que nada de esto huele bien.
Realpolitik


5 Comments:

At 2:56 p. m., Blogger Angel Riguero said...

La clasica mezcla para "hornear un pastel izquierdista"......el profesor Dominguez, Harvard,
acoso sexual, Fidel Castro y por supuesto Bill Clinton......que otro ingrediente puede ser
necesario para tanta basofia, inmundicia y pudricion ??

*************RES IPSA LOQUITUR***********

 
At 3:42 p. m., Anonymous Realpolitik said...

Se trata de un vulgar rascabucheador con diploma, con el agravante de abuso de su posición. Harvard sabe de la pata que el tipo cojea desde 1983, cuando hubo denuncia formal y fue encontrado culpable de "serious misconduct," pero no le hicieron gran cosa, y la que se fue de Harvard fue la víctima, no el encumbrado profesor. Evidentemente, como el proverbial perro huevero, siguió en las mismas, y ya hay 18 mujeres que lo acusan de acoso sexual (de acuerdo al Washington Post). No digo yo si se retira, porque si no lo iban a retirar (aunque Harvard es tan culpable como el sujeto, igual que la gente de Hollywood con el Weinstein).

Nada, que a cada cerdo le llega su San Martín.

 
At 3:47 p. m., Anonymous Realpolitik said...

Y que nadie se olvide que este hombre fue un asesor importante de Julio Frenk, el presidente de la Universidad de Miami, con respecto al desmantelamiento del Centro de Estudios Cubanos (ICCAS) en UM, pues el tipo funge de gran "experto" en asuntos cubanos. Vamos a ver si Frenk se atreve a decir algo sobre lo acontecido con su amiguito, aunque no creo que diga ni esta boca es mía.

 
At 12:14 a. m., Anonymous Realpolitik said...

De acuerdo al Miami Herald, las 18 mujeres que han acusado a Domínguez de acoso sexual incluyen colegas y estudiantes. Los casos reportados van desde 1978 al 2015, y muchos fueron reportados directamente a la administración de Harvard, que no parece haberle dado gran importancia hasta ahora, cuando no le queda otro remedio dado el clima actual con respecto a este tipo de cosa.

Domínguez nació en Cuba en 1945 y se fue en 1960. Su libro más reciente (publicado en 2017) sobre el tema cubano fue escrito en colaboración con varios académicos cubanos en la isla, o sea, gente indudable y forzosamente comprometida con el régimen castrista de cuyo andamiaje forman parte.

Julio Frenk, presidente de UM, le encargó a Domínguez que escribiera un reporte con recomendaciones sobre lo que se debe de hacer con respecto al Centro de Estudios Cubanos (ICCAS) de UM, pero no está claro si eso fue antes o después que Frenk desmantelara el ICCAS. De cualquier modo, no queda duda que Frenk se ha valido del asesoramiento de Domínguez, y por supuesto no hay manera de saber lo que ha transcurrido entre ellos en privado. Tampoco me queda duda de que Frenk le daría mucha más importancia a las recomendaciones de alguien como Domínguez que a las de "esa gente" del exilio.

Ya veremos, pero sobra decir que nada de esto huele bien.

 
At 9:17 a. m., Blogger Julio Cesar tarrago hernandez said...

Comunista inmoral o pervertido??? Noooo...no es posible!!! Si son modelos de decencia!!!!

 

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