viernes, junio 01, 2018

Mueller vs. Trump: resumen de noticias. Arnaldo M. Fernández sobre resultados, supuestos e incógnitas al cabo de un año de investigación


Mueller vs. Trump: resumen de noticias

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Resultados, supuestos e incógnitas al cabo de un año de investigación
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 Presidente Donald J. Trump  y Robert Mueller


Por Arnaldo M. Fernández
Broward
31/05/2018

El martes 30 de mayo de 2017, USA Today notició que el procurador especial Bob Mueller conversaba ya con Jim Comey, sucesor suyo en 2013 al frente del FBI cesanteado por Trump. Mueller y Comey se llevan muy bien desde que exprimieron al inocente virólogo Steven Hatfill como responsable de los ataques por correo con ántrax en 2001, a pesar de haber dado en 2002 con la pista del bacteriólogo Bruce Ivins, cotitular de patentes de ántrax, quien ya había amenazado a otros por carta. Hatfill fue condenado por el testimonio de dos perros, pero tendría que ser indemnizado ($5,82 millones) al probarse que errar no sólo es de humanos. Ivins era el hombre y se suicidó en 2008 al verse acorralado.

Errare Muellerum est

Mueller nunca aceptó que había metido la pata y confirmó su proclividad a matar al mensajero con info no deseada o inoportuna (David Willman, The Mirage Man, Random House, 2011, 231). Tan así es que al cabo de un año, con personal y presupuesto más inflados que las comisiones de investigación del asesinato de Kennedy, sus mejores resultados se han logrado por equivocación. A medida que se tiró más hondo buscando delitos hipotéticos o inconexos en el bando Trumpista, Mueller logró sin querer que salieran a flote delitos flagrantes en el bando Hillariano-Obamista.
  •     Al acusar al general Michael Flynn de soltar una mentira irrelevante al FIB, Mueller logró que el Departamento de Justicia (DJ) pueda encausar al exlugarteniente del FBI Andrew McCabe por haber mentido al menos cuatro veces a investigadores federales. Habría que encausar también a Comey por su falso testimonio de no haber redactado el borrador de su informe sobre Hilaria Clinton antes de entrevistarla. La comparsa sigue con el exdirector de la CIA, John Brennan, y el exdirector de Inteligencia, James Clapper, quienes mintieron al Congreso, así como con la propia Hilaria y sus asistentes Cheryl Mills, Huma Abedin y Heather Samuelson por mentir al FBI sobre el curioso caso del servidor privado y los correos electrónicos borrados [1].
John Brennan, James Clapper y James Comey 
 
  •     Al dar largas a la decisión de si Trump incurrió o no en obstrucción de justicia, por pedir (en vez de ordenar) a Comey que no amargara más la vida a Flynn con una simple tontería, Mueller logró que el DJ se vea obligado a definir si Comey obstruyó la justicia por desvirtuar el operativo “Mid Year Exam” (MYE) contra Hilaria, quien destruyó correos electrónicos después de haber sido requeridos por el Congreso. Así mismo, el DJ tiene que ir contra los funcionarios suyos que, junto a Comey, obstruyeron la justicia ocultando a un juez especial para vigilar el espionaje extranjero que el dossier presentado como prueba contra Carter Page, asesor de Trump, había sido pagado al espía extranjero Christopher Steele por la firma Fusion GPS, contratada por el bufete Perkin Coie en nombre de la campaña de Hilaria y del Comité Nacional Demócrata (DNC).
(Hillary Clinton y James Comey)
  •     Al indagar si Trump y sus consejeros divulgaron info confidencial, Mueller logró allanar el camino para encausar a Comey por pasar memos del FBI a su socio Daniel Richman con encargo de filtrarlos a la prensa. Así mismo cabría encausar a otros funcionarios de la administración Obama como el exinteligente Clapper, Susan Rice (Asesora de Seguridad Nacional), Sally Yates (Vicefiscal General) y Samantha Power (Embajadora en Naciones Unidas), quienes a través de la técnica manigüera de revelar (unmasking) identidades de ciudadanos americanos y contenidos de documentos propiciaron, con sublime patriotismo, que se filtraran a la prensa.
  •     Al asumir que el privilegio abogado-cliente no tiene validez en los casos de Michael Cohen (abogado de Trump) y Alex van der Zwaan (forzado a declarar e incluso encausado por mentir acerca de una conversación con su cliente Richard Gates, exasesor de Trump), Mueller logró plantear otro problema de investigación: por qué el FBI dejó que cúmbilas de Hilaria como Samuelson y Milss posaran de repente como sus abogados para no tener que testificar sobre el servidor privado y la borradera de correos. La Sección 207 del Código Penal de USA define como delito que un exfuncionario gubernamental influya o intente influir como representante de otro en asunto que involucró a ambos cuando ejercían sus funciones.

Sin haber formulado una sola acusación por el hackeo del servidor del DNC —atribuido a los rusos sobre la base del dictamen de CrowdStrike, contratista privado de DNC financieramente ligado a la campaña de Hilaria, sin que el FBI se tomara la molestia de practicar peritaje forense— Mueller se explayó en acusar a personas y entidades rusas por la cacareada interferencia en las elecciones de 2016, a sabiendas de que nadie iría a juicio, pues todos estaban en Rusia. Con este lavado de careta Mueller logró demostrar que las narices rusas se metieron sobre todo por Internet y con presupuestos tan pobretones que no hubieran influido ni siquiera en la elección de un concejal de Hialeah.

Mueller acaba de toparse con que una de las entidades rusas acusadas, Concord Management, se apeó en tribunal federal negando los cargos y exigiendo pruebas. En el equipazo de Mueller cundió más aún el pánico con el alegato de que otra entidad acusada, Concord Catering, no estaba creada al momento de cometerse los presuntos crímenes. Al cabo Mueller ha logrado demostrar que sólo el resentimiento y el delirio del bando demócrata dieron pie al tupe de que Trump urdió algo con Rusia o Putin para ganar las elecciones. Así mismo logró mostrar la maraña politiquera del aparato de inteligencia y orden público de la administración Obama, que corre desde encubrir los delitos de Hilaria hasta manipular pruebas y abusar del poder para socavar a Trump, pasando por la fiebre de filtraciones contra él en alto contraste con la retención de info y falta de transparencia para tapar a funcionarios de Obama.

Operación Crossfire Hurricane [2]

Comey afirmó que las investigaciones arrancaron en julio de 2016, pero ya desde junio el FBI había solicitado autorización judicial para vigilar electrónicamente a campañeros de Trump. En este jamo cayeron los asesores menores en política exterior Page y George Papadopoulos, el yerno asesor Jared Kushner, el estratega principal Stephen Bannon y el abogado Cohen, así como el fugaz jefe de campaña Paul Manafort y el más fugaz aún asesor de Seguridad Nacional Flynn. Este último estaba bajo escucha seis meses antes de conversar, a fines de diciembre, con el embajador ruso Serguei Kislyak por teléfono pinchado. Al parecer Flynn era sospechoso por haber ido a Moscú y hablar, desde luego que sonando la contadora, en evento de la empresa mediática estatal Russia Today.

Tal como había tuiteado Trump, su torre en Washington fue premiada por la administración Obama con escuchas electrónicas. Sólo por ellas pudo la segurosa Rice enterarse y mandar a revelar que Flynn, Bannon y Kushner se habían reunido allí con el príncipe Sheikh Mohammed (Emiratos Árabes Unidos).

Todo trajo su causa de que hacia mayo de 2016 Papadopoulos roció con vino en Londres, al diplomático australiano Alexander Downer, donante de la Fundación Clinton, una historieta que el gavilán maltés Joseph Mifsud había contado semanas atrás sobre miles de correos electrónicos en posesión de los rusos y llenitos de trapos sucios de Hilaria. Hoy esto no puede contarse ni en el Parque del Dominó y así sucede con toda la chismotería que principió con cierta intel de los servicios de inteligencia de alguna república del Báltico sobre el Kremlin metiendo dinero en la campaña de Trump.

En vez de alertar a Trump sobre el díscolo Papadopoulos, Comey cuadró con la Fiscal General Loretta Lynch colar como informante (o agente provocador) al doctorazo Stefan Halper, exoperativo de la CIA, quien para septiembre de 2016 engatusaba a Papadopoulos y formulaba de paso pregunticas como: “You know about hacking the emails from Russia, right?”. Halper se acercaría también Page e incluso a Sam Clovis, copresidente nacional de la campaña de Trump.

(Loretta Lynch  y James Comey)

The New York Times llegaría al colmo del partidismo cegato con que “FBI used informant to investigate Russia ties to campaign, not to spy, as Trump claims”, equivalente a: “Fidel Castro usó informantes de la Red Avispa para investigar los vínculos de Estados Unidos con Hermanos al Rescate, no para espiar, como alega Bush”. El representante Adam Schiff (D-CA) trató incluso de explicar que informante y espía son nociones diferentes, tal y como Castro trató de hacerlo con infiltrado y espía.

Los alabarderos de Obama pidieron permiso judicial cuatro veces para espiar a Page, a pesar de que había colaborado en 2013 con el FBI en contra de dos espías rusos. Mueller fue pa’arriba de Manafort con operativo de madrugada más alardoso que la captura de “El Chapo”. Manafort había negociado con rusos sin nada que ver con Trump ni su campaña. Y como nunca encontraron lo que buscaban, los ex inteligentes Clapper y Brennan recibieron empleo en CNN y MSNBC, respectivamente, para seguir dándole a la matraca política por otros medios.

Los análisis de contenido de Media Research Center arrojan que las tres megacadenas (ABC, CBS, NBC) mantienen más del 90% de negatividad en la cobertura de la presidencia de Trump, pero Rasmussen y otras encuestadoras vienen dando índice de aprobación popular tendientes al 50%. La gente se da cuenta de que si Trump es un presidente rocambolesco, sigue a flote contra el viento de Mueller y la marea de la prensa dizque liberal azuzada por la bandería demócrata y los republicanos Never Trump.

Al cabo de dos años de vigilancia y uno de investigación especial, no acaban de aflorar ni colusión ni obstrucción ni nada que saque al frente unido anti-trumpista de la incómoda disyuntiva de tener que admitir que todo fue una componenda o reconocer algo peor: que Trump es tan, pero tan inteligente, que se alió con Putin o con Ruisa, que no es lo mismo, pero es igual, sin dejar rastro a merced del periodismo investigativo y de la comunidad de inteligencia de USA.

Del lobo un pelo, aunque sea pudendo

Para salir de tal encrucijada, el brazo mediático del frente unido echó mano a la actriz pornográfica Stormy Daniels —entrevistada 147 veces en 10 semanas— con ánimo de reproducir, como caricatura en papel cartucho, el óleo sobre lienzo de Bill Clinton en 1998.

Sólo que era cosa de sentido común que un billonario aspirante a la presidencia procurara callar con plata a una cotorrita que iba a chillar haber tenido sexo con él mucho tiempo atrás. No tuvieron más remedio que echar a rodar que Trump había silenciado a Daniels con dinero de la campaña, como si ayer Trump se hubiera arriesgado así cuando hoy dona su sueldo de presidente a diversas agencias, desde parques nacionales hasta veteranos, algo que nunca pasó por la cabeza de Hilaria, quien junto a su marido aprovechó las conexiones políticas para echar a andar una factoría de favores y saltar de deuda millonaria en 2000 a fortuna millonaria hoy en día (Peter Schweizer, Clinton Cash, Harper, 2016, 272 pp.).

Un refrán americano reza que un fiscal puede “get a grand jury to indict a ham sandwich”, pero esto dista mucho de encajar con Mueller versus Trump. Cada vez resulta más arrítmico ese tumbaíto de guardar cositas que de revelarse afectarían la seguridad nacional. Ya sabemos que más bien afectarían la seguridad de una sarta de funcionarios de la administración Obama retirados o aún en activo. Así que una de dos: si Mueller posee pruebas contra Trump, tiene que aportarlas —sin necesidad de tomarle declaración— para que el Congreso decida si va o no al impeachment; pero si, como todo parece indicar, Mueller no tiene nada y cifra su suerte inquisidora en coger a Trump de atrás pa’lante con cualquier mentirilla al estilo de Flynn u otro ardid, ese foco delirante se apagaría con un tuitazo trumpista.

Coda

“Listen up, low-energy prosecutor! I will not sit down with you to answer any question. I will not respond either to a subpoena to appear before a grand jury. If you have evidence of wrongdoing against me, which I don’t believe, I urge you to bring it to the grand jury for indicting me. If not, go to hell.”

Notas

[1] Mills y Abedin declararon al FBI que no sabían nada del servidor privado, pero ambas abordaron el tema en un correo electrónico que salió a relucir. Hilaria había dicho públicamente que nunca había usado el servidor para nada “clasificado”, pero como algunos correos llevaban la marca “(C)” tuvo el descaro de bajarse con que creía que esa letra indicaba cierto orden de párrafos, como si alguien con 8 años en el Senado y 4 al frente del Departamento de Estado no supiera que C significa “confidencial”.

[2] Al revelar este nombre en clave, The New York Times explicó que venía de la canción Jumpin’ Jack Flash (1968), de los Rolling Stones, con letra que incluye “I was born in a crossfire hurricane”. Sólo que Comey no parece tener nada de roquero ni debió haber ido tan atrás, sino más bien a una película de 1986 con igual título que la canción. En esa comedia de Penny Marshall, una empleada del First National Bank (Whoopi Goldberg) se enreda con un agente de la inteligencia británica en Europa del Este, quien se identificó como Jumpin' Jack Flash y dijo ser perseguido por la KGB. Hay que ser muy Comey para no enlazar este personaje con el exagente del MI6 Christopher Steele, uno de los protagonistas de la comedia The Russia Probe, now in theathers everywhere.

© cubaencuentro.com
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ALGUNOS DE LOS COMENTARIOS DEJADOS EN CUBAENCUENTRO 

Alejandro Fernandez:

Este es muy buen resumen para aquellos que hemos seguido esta trama. Le falto incluir unos puntos mas o menos importantes.
Que el Juez T.S. Ellis III sentado en uno de los tribunales (Virginia) donde se esta procesando al Sr. Manafort, ex-manager de la campana de Trump, cuestiono la validez de los cargos criminales en contra del Sr. Manafort por lavado de dinero y otros fraudes bancarios durante mas de una década. El Juez enfatizo que eso no tenia nada que ver con la autoridad que se le había dado al investigador especial Mueller concretamente con la collision de los Rusos.
La fustracion de Trump con el Jefe del Departamento de Justicia el Sr. Session por haberse recusado de la investigación y no poder por lo menos acortar todo esto que el considera una patrana.
Por otro lado personas que han investigado a fondo el material usado por por Rusos en el social media para influenciar las elecciones, lo han descartado como tonto, pueril y entre otras cosas, llenos de faltas de ortografía. Por ejemplo, los posting en Facebook no tienen casi "likes".
La verdad que veo a Mueller en una encrucijada que no se como va a salir.

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1 Comments:

At 7:34 p. m., Blogger Angel Riguero said...

Excelente el trabajo del Sr.Arnaldo M. FErnandez sobre la "farsa reatral" montada por la
izquierda (entiendase los DemoRats, los Clinton,Obama y comparsa) para atacar al Presidente
ELECTO, Donald Trump......que ha logrado Mueller hasta el momento?....pues todo el despretigio
que se merece por inmoral y anti-Americano......Ya la farsa llega a fin y los EUA debe tener
bien listas las celdas de Guantanamo para alojar por largo, largo tiempo a los padres de la
infane intriga contra el Presidente Trump.
********VOX POPULI,VOX DEI*******

 

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