viernes, abril 12, 2019

Carlos Espinosa Domínguez: Restablecer una parte de la verdad


Restablecer una parte de la verdad

************
En su libro más reciente, Jacobo Machover sostiene que la figura de Fulgencio Batista, sin ser la de un demócrata después del golpe de Estado de 1952, es mucho más compleja de lo que la mayor parte de los historiadores pretenden ofrecer
************

Por Carlos Espinosa Domínguez
Aranjuez
12/04/2019

“Sesenta años después de aquel mes de enero de 1959 que en Cuba entró en la historia universal, ejerciendo su influencia sobre buena parte del mundo, es hora de indagar en la mitología vertida por la propaganda, insistiendo en la tragedia que esa aventura «romántica» significó para sus protagonistas pero también para la población”.

Las líneas anteriores pertenecen a la introducción que Jacobo Machover (La Habana, 1954) redactó para su libro Los últimos días de Batista (Editorial Verbum, Madrid, 2018, 149 páginas). En él parte de la premisa de que el régimen castrista desvirtuó la historia de Cuba, reduciéndola a un enfrentamiento entre “el Bien comunista y el Mal imperialista”. Eso lo llevó a emprender la reconstrucción de un segmento de aquel pasado, así como de los hechos del mismo que se ha pretendido borrar, para intentar establecer parte de la verdad. Como el título anticipa, ese proyecto tiene como figura principal a Fulgencio Batista Zaldívar, un hombre que para la inmensa mayoría de los cubanos fue quien, tras dar un golpe de Estado, instauró en el país una odiosa dictadura (1952-1959). Como ha puntualizado su autor, el libro no busca rehabilitarlo, pero sí ha querido proponer una contrahistoria para restablecer una parte de la verdad.

(Jacobo Machover)

En una serie de artículos que publicó en el diario parisino France-Soir, entre junio y julio de 1960, Jean-Paul Sartre califica a Batista de “bestia imbécil” y afirma que los latifundistas cubanos le reprochaban el ser “del pueblo”, lo cual significaba ser “casi iletrado”. En el testimonio suyo que Machover recoge en el libro, Roberto, uno de los hijos de Batista, recuerda que este hablaba francés, aunque no perfectamente, inglés, que manejaba mucho mejor, y portugués. Pese a su origen campesino, adquirió cierta educación y llegó a ser sargento taquígrafo. Batista además escribió y publicó cinco libros: Revolución social o política reformista (1944); Sombras de América: problemas económicos y sociales (1946); Respuesta (1960), traducido al inglés con el título Cuba Betrayed: The Growth and Decline of the Cuban Republic, 1962; Piedras y leyes (1961) y Paradojas (1962), que tuvo una segunda edición titulada Paradojismos. Cuba víctima de las contradicciones internacionales (1964). Esos títulos, por supuesto, no hacen de Batista un escritor, cosa que él nunca pretendió; pero desmienten el calificativo de “casi iletrado” que le aplicó el filósofo francés.

Roberto Batista declara estar en desacuerdo con el golpe de Estado que dio Batista, y con el cual se cargó el régimen constitucional vigente. “El error garrafal de mi padre fue el 10 de marzo. Y eso lo digo con todo respeto hacia mi padre (…) Lo mejor fue sacar adelante esa maravillosa Constitución de 1940 y después mantenerse de presidente democráticamente electo durante cuatro años y entregar el gobierno a su opositor. Ese fue el gran logro de Batista. No todo el mundo quiere saber la realidad histórica. Mucha gente la quiere tergiversar”. Roberto Batista sabe, no obstante, que cualquier intento de rehabilitación es una tarea extremadamente ardua y ni siquiera le pasa por la cabeza. Pero como anota Machover, sí busca matizar algunos de los juicios que se emiten sobre su padre.

En busca de una opinión ajena y no tan cercana, me he asomado a Fulgencio Batista: From Revolutionary to Strongman (Rutgers University Press, 2006), la voluminosa y documentada investigación realizada por Frank Argote-Freyre, profesor de historia en Kean University. Se trata del primer tomo de un proyecto compuesto por dos, y en el cual se estudia el período correspondiente a 1933-1939. En la introducción, su autor adelanta algunas ideas muy atinadas y pertinentes. La primera, entre los investigadores existe una tendencia a trasplantar al dictador de los 50 al político de los 30 y los 40. Esto es, se trata a los varios Batistas como un solo personaje. Lo cual, a juicio de Argote-Freyre, es distorsionar y empobrecer su ejecutoria. Como él expresa, el Batista de la primera etapa no es el del periodo posterior al golpe, de igual modo que el Fidel Castro de los años 60 no es el mismo que el de los 70 y los 80.

Capitán de su pueblo, lo llamó Pablo Neruda

Argote-Freyre recuerda que Batista tuvo un papel clave en la derogación de la Enmienda Platt, así como en las nuevas relaciones con Estados Unidos en los años siguientes. También promovió en 1936 el primer esfuerzo nacional para erradicar el analfabetismo. Algunos años después, estableció una alianza con los comunistas para asegurar su elección. Ya durante su período presidencial (1940-1944), aprobó leyes laborales para reducir el número de norteamericanos a los que se permitía trabajar en la Isla. Buscaba desarrollar la economía y conseguir más independencia política para el país, lo cual lo convirtió en un hombre irritante para los vecinos del Norte. Eso no significa que estos perdieran su gran influencia sobre los asuntos de Cuba y sobre el propio Batista. Eso ni siquiera ocurrió durante el Gobierno de Franklin Delano Roosevelt.

En la década de los 40, Batista se ganó un respeto que trascendió el ámbito nacional. Digo esto porque una vez concluido su mandato como presidente constitucional, realizó una gira por varios países latinoamericanos. En noviembre de 1944, llegó a Chile, y participó en un acto celebrado en la Universidad. Pronunció las palabras de bienvenida alguien que nadie podrá cuestionar desde el punto de vista ideológico: el poeta Pablo Neruda. Machover reproduce en sus libros las palabras del autor de Residencia en la tierra. Llama a Batista “capitán de su pueblo” y afirma que nadie como él representa a Cuba “tan poderosamente en este instante”. Y entre otras cosas, expresa: “Saludamos al que pudiendo haber seguido el camino de muchos filibusteros del poder, lo entregó con sus anchas manos morenas a quien eligiera su pueblo. Saludamos al que ha restituido a Cuba honor y nombre, al proteger las organizaciones y partidos del pueblo, al llamar a los mejores intelectuales a colaborar en los destinos comunes, al reanudar las relaciones con la Unión Soviética entre los primeros países de América, al declarar la guerra a los bandidos de Alemania e Italia, al fustigar y despreciar a Franco y sus enviados públicamente una y mil veces, al iniciar con México el camino que aislaría más tarde a los siniestros y desleales gobernantes de Argentina.// Y lo saludamos por haber aumentado, con un Gobierno de Unión Nacional, con [Carlos] Saladrigas y con [Juan] Marinello, con [Jorge] Mañach y con [Arístides] Sosa de Quesada, la riqueza de su país dando mayores esperanzas y realizaciones terminantes al bienestar de los trabajadores de Cuba”.

En el capítulo más extenso del libro, titulado “Las traiciones según Batista”, Machover hace un recuento de la etapa que va del 10 de marzo de 1952 al 1º de enero de 1959. Dedica espacio a las primeras manifestaciones de resistencia y luego pasa revista al asalto al cuartel Moncada, la conspiración militar de 1956, el asalto al Palacio Presidencial en 1957 y, por último, en los días finales de la dictadura. Se remite al libro de Batista Respuesta y se detiene en lo que este llama las “traiciones”. La más sorprendente, escribe Machover, “fue la desaprobación de su gobierno por su principal aliado, los Estados Unidos”. Eso se puso de manifiesto en marzo del 58, cuando la administración norteamericana decretó el embargo del armamento destinado al ejército cubano. Este estaba mal equipado, pues el material con que contaba databa de la Segunda Guerra Mundial.

Por otro lado, la alta sociedad, los hacendados y la jerarquía eclesiástica estaban preocupados por el desarrollo de los acontecimientos y veían la salida de Batista y el establecimiento de un gobierno de transición como la solución más conveniente. Al final, el dictador perdió también el apoyo del ejército. De hecho, él mismo sostenía que fue la “deslealtad” de algunos oficiales, y no la ofensiva de los guerrilleros, lo que precipitó su caída.

El libro de Machover posee informaciones y datos convincentes para sustentar el tema que se aborda y la tesis que defiende su autor: “La figura de Fulgencio Batista, sin ser la de un demócrata después del golpe de Estado de 1952, es mucho más compleja de lo que la mayor parte de los historiadores pretenden ofrecer. La imagen que se conserva de su régimen sirve ante todo para justificar una tiranía hereditaria, que cometió innumerables crímenes y que empujó al exilio a millones de personas de cualquier condición y de cualquier edad”. No es una obra de investigación como la de Argote-Freyre. Eso habría demandado una indagación de mayor calado, una solidez de pensamiento, unas especulaciones defendidas sosegadamente, un riguroso instrumental académico. No digo esto como un descalificativo, sino para valorar Los últimos días de Batista a partir de lo que se propone. A partir de eso, cabe expresar que es una obra interesante, informativa, esclarecedora en más de un aspecto, y que al acercarse a la figura de Batista con otra óptica, aporta una módica dosis de nueva luz.

© cubaencuentro.com
******************* 
COMENTARIO DE ROBERTO A. TORRICELLA

(archivo: dejado en Cubanet)
Por  Roberto A. Torricella

Tan culpables como los antedichos, algunos auspiciadores del triunfo comunista en Cuba entrevieron el peligro inminente pero las bajas pasiones (envidia, odio, hipocresía, resentimiento, cobardía moral y esa malsana inclinación de “pescar en río revuelto”) anularon la sensatez y al amor por Cuba. Miles de veces repetían la frase “cualquiera, con tal que se vaya Batista". Era intolerable para esa legión de necios que un hombre sin pergamino universitario, un simple sargento, dirigiera los asuntos del país. Y era tan profundo el odio clasista de tales “señoras y señores” que su animadversión era menor respecto a Castro. Cada vez que algún castrista arrepentido alude a la “traición” de Fidel, cita la promesa de éste de celebrar elecciones y de gobernar con la Constitución de 1940, como si esas circunstancias no hubieran ocurrido o estado vigente anteriormente.

DICTADURA O TIRANÍA

¿Qué es dictadura? ¿Qué es tiranía? ¿Qué es despotismo? ¿Hubo en Cuba durante la década de los 50s una situación que teórica o factualmente merezca cualquiera de esos nombres? Obviamente no. Veamos:

Dictadura es la concentración, en bien o en mal, de todos los poderes. ¿Tal era el caso en Cuba? Honestamente, no.

El Congreso ejercía sus funciones con independencia del Poder Ejecutivo y de la judicatura, con una representación oposicionista pequeña debido al retraimiento grausista en las elecciones, pero cumplió sus deberes con inteligencia y valor. En oportunidades diversas, leyes-decretos, aprobados por el Consejo de Ministros durante etapas de suspensión de garantías constitucionales y en receso el Poder Legislativo, fueron derogadas por éste al reanudar sus actividades.

El Poder Judicial (cuya independencia es suficiente para asegurar el carácter democrático de cualquier régimen), hubo de desenvolverse sin interferencia alguna, no obstante que su lenidad para con los terroristas constituía un estímulo a la sedición. ¿No se dictaron autos de procesamiento contra algunos miembros de la policía y del ejército por supuestos delitos cometidos al calor de la guerra civil? En ningún momento la estructura gubernamental, la “dictadura”, infringió la independencia del Poder Judicial.

No sólo los tres poderes del Estado eran interdependientes, sino que se desglosaron funciones del Poder Ejecutivo y se los adscribió a numerosos organismos autónomos y paraestatales cuya dirección y funcionamiento estaban a cargo de personas no vinculadas al gobierno.

Tiranía y despotismo poseen como elemento tipificador –adicional al de la dictadura- el ejercicio injusto, abusivo, anonadante de esos poderes. Contestemos con algunas interrogantes: ¿Por qué sobrevivieron Fidel y Raúl del asalto al Cuartel Moncada? ¿Por qué fueron excarcelados mucho antes de cumplir la sanción que le impusieron tribunales ordinarios? ¿Por qué la revista “Bohemia”, órgano del fidelismo, y otros, disfrutaron de las ventajas ofrecidas por bancos paraestatales creados por la “tiranía”? ¿Por qué la generalidad de los dirigentes terroristas y conspiradores claves que estuvieron en poder de la policía sobrevivieron a la “brutalidad” de ésta? ¿Por qué algunas entidades y empresas no fueron objeto de ataques o desaparecieron en aquella época a pesar de la ayuda notoria que prestaban al castrismo? ¿Por qué líderes oposicionistas recibían en el exilio las caudalosas rentas de sus propiedades? ¿Por qué periódicos, revistas, estaciones de radio y de televisión que alentaban la guerra civil no fueron allanados y destruidos sus maquinarias y mobiliario? Cualquiera que sea la respuesta, tendrá que aparecer en ella un elemento: la falta absoluta de crueldad, de prepotencia y de abuso por el gobierno existente.

¿Dónde está, pues, el dictador o el tirano?

BRUTALIDAD DE LA POLICÍA

La acusación de crueldad atribuida a la fuerza pública es la que más daño hizo ante la opinión pública internacional. Es, sin embargo, la más infame e infundada. La represión de los cuerpos policíacos fue una respuesta y rara vez se practicó descaminadamente. Aun así, como un exponente de que ni el ardor de la lucha ni la conciencia de que estaba en juego la vida, deshumanizaron la actuación del gobierno, ya que muchos pudieran confeccionar una extensa lista con los individuos a quienes protegió, escondiéndolos y atendiéndolos en sus casas, consiguiendo su excarcelación, facilitando su salida del territorio nacional, mientras que se mantenían a sus familiares en las posiciones públicas.

No puede aceptarse que la policía castigara con la muerte a quien produce la muerte indiscriminada con un aparato explosivo, pero no puede aceptarse tampoco que mientras se condene la acción policiaca, se cohoneste y aplauda la del terrorista. No puede aceptarse moralmente que el mayor número de víctimas producidas por un “revolucionario” merezca un alto grado en la jerarquía rebelde y que igual acción realizada por un miembro la fuerza pública merezca el pelotón de fusilamiento.

EL PELIIGRO DE CUBA

El peligro de Cuba no fue Fidel Castro ni su movimiento 26 de Julio. Lo fue la mayoría de la ciudadanía elite, clase media, y de profesionales, con cultura y patrimonio, que ciegamente y por odio apoyaron a un gánster de reconocida procedencia asesina. Será mucho más fácil rectificar el daño y la destrucción causada por la tiranía castrista que alimentar el sentido común y el juicio racional a una ciudadanía no pensante, fanatizada por tener a este tipo de criminal como su indiscutible líder cuando, en realidad, en Cuba no se requería ni había la necesidad de una sangrienta revolución terrorista. El problema es mucho más profundo y mucho más serio que Castro ya que él es una simple herramienta y síntoma del comunismo internacional que nos conquistó y destruyó a Cuba. Colocar la culpa solamente en el castro-comunismo no debe servir para cegarnos de la vasta cofradía de ignorantes que lo hicieron su príncipe. La república sobrevivirá a Fidel Castro y sus secuaces pero es menos probable que sobreviva a la multitud de necios irresponsables como los que lo convirtieron en su Robin Hood.
 ************************
BaracuteyCuba
Published on Apr 19, 2009
El Coronel Roger Rojas Lavernia uno de los jefes del Buró de Represión de Actividades Comunista,BRAC,  antes de 1959 habla y muestra la relación del Comunismo internacional  con el ascenso al Poder  de Fidel Castro.

Coronel Roger Rojas Lavernia: Fidel Castro y el Comunismo Internacional

 ***************
 Nota del Bloguista de Baracutey Cubano





 Salvador Díaz Versón

El periodista Salvador Díaz Versón quién había ocupado un alto cargo policial en uno de los gobiernos auténticos  tenía en su poder los expedientes de la Liga Anticomunista donde  estaban depositados muchos años de  investigación  sobre los comunistas en Cuba y fuera de Cuba. El expediente A-943 correspondía a Fidel Castro Ruz y en él se reflejaba que Fidel  Castro había comenzado a trabajar para la Unión Soviética  en 1943 y que en su reclutamiento y entrenamiento había desempeñado un importante  papel un diplomático supuestamente llamado Gomer Bashirov, En el expediente también habían fotos y documentos que  que evidenciaban su conexión con Moscú. Después del triunfo de la Revolución y concretamente tan cercano como el 23 de enero de 1959  se requisaron los archivos que estaban, si mal no recuerdo haber leido, en la casa de Salvador Díaz Versón en Cojimar.  También creo recordar que esa casa fue la primera casa oficial de Fidel Castro la cual era compartida con una habitación del  Hotel Havana Hilton, Una carta de Fidel Castro dirigida  a Abelardo Adán en Praga que fue interceptada por Salvador Díaz Versón decía: ¨ Nuestro amigo me dijo que me mantiene reservado para mayores esfuerzos  y que no debo quemarme  viajando ahora. Ellos tienen  un plan  en el cual yo seré  el eje que  se implementara muypronto. Es posible  que entonces volvamos a vernos sin temor al imperialismo yanqui¨.  La información de casi todo lo que está en este párrafo están en las páginas 777 y 778 del excelente libro (aunque no coincido en algunas interpretaciones que aparecen en él)  titulado La Verdadera República de Cuba , del Dr.Andrés Cao Mendiguren.