miércoles, mayo 20, 2020

José Martí y la sangre. Arnaldo M. Fernández: El tiempo pasó y el cadáver de Martí dista ya de causar espanto o frenesí


Hay que hablar sobre José Martí de pie, aunque muchos en Cuba hablen de él de rodillas… Algunos lo consideran apóstol y mártir, yo prefiero verlo como escritor y como hombre… Somos el exilio, los genuinos herederos de José Martí, que vivimos entre el paraíso y el infierno.”
Guillermo Cabrera Infante.
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Nota del bloguista de Baracutey Cubano

“Una revolución es necesaria todavía: la que no haga Presidente a su caudillo, la revolución contra todas las revoluciones: el levantamiento de todos los hombres pacíficos, una vez soldados, para que ni ellos ni nadie vuelvan a serlo jamás!”

(José Martí. Alea jacta est, El Federalista, México, 7 de diciembre de 1876, en Obras Escogidas, Tomo 1, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1992, , p. 99)



(Pintura, hoy inexistente, de la muerte de José Martí. El pintor fue al lugar, observó el lugar y hasta tuvo en  cuenta la luz que había a la hora en que mataron al Apóstol de la Independencia cubana. El propio pintor la destruyó por las erradas  críticas que se le hacía al cuadro)

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Martí y la sangre

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El tiempo pasó y el cadáver de Martí dista ya de causar espanto o frenesí
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Por Arnaldo M. Fernández
Broward
19/05/2020 
Ustedes sí tienen a Martí llorando sangre
Aldo el Aldeano y Silvito el Libre

El domingo 19 de mayo de 1895, la sangre de Martí se derramó en un potrero de Boca de Dos Ríos al recibir un balazo que fracturó el esternón y salió por el cuarto espacio intercostal; otro que salió por el labio superior tras entrar por debajo de la barbilla —por tener la cabeza hiperextendida en virtud del impacto anterior— y otro más en la parte posterior del tercio inferior del muslo, al pasar la pierna derecha por encima del caballo en la caída.

Tiempos de cambio

En vez de dejar a Martí al frente y cuidado del campamento mambí de Vuelta Grande, como había hecho ya el viernes 17 por salir de Dos Ríos con todos los caballos disponibles a hostigar un convoy español, el General en Jefe Máximo Gómez dejó aquel domingo al coronel Francisco Estrada con su tropa protegiendo el acceso al campamento y dejó que Martí tomara parte —con grado de mayor general, pero sin tropa— en la acción irrelevante de salir a batirse con la columna enemiga que, luego de llevar el convoy hasta su destino sin ser hostigada, cambió de rumbo y enfiló hacia Dos Ríos creyendo que los insurrectos acampaban allí.

El campamento mambí se había trasladado a Vuelta Grande, durante la noche del sábado 18 y la madrugada del 19, porque no había pasto suficiente en Dos Ríos para los trescientos o más caballos con que arribó el mayor general Bartolomé Masó. La caballería entera cruzó el río Contramaestre hacia el oeste para acampar en los mejores prados de Vuelta Grande.

Nada sabía el jefe de la columna española, coronel José Ximénez de Sandoval, pero Gómez se enteró enseguida por aviso —su último escrito conocido— que Martí envió con mensajero. Gómez llegaría a Vuelta Grande casi al mediodía y su encuentro con Masó, según el cronista de la guerra José Miró Argenter, devino en parada militar que incluyó discurso en que Martí soltó: “¡Quiero que conste que por la causa de Cuba me dejo clavar en la cruz!”

La cruz maldita

Ya en el almuerzo se oyeron algunos tiros lejanos y llegó la noticia de que una columna enemiga enrumbaba hacia Dos Ríos. Como allí el Contramaestre confluye con el Cauto, la clave táctica era salir de Vuelta Grande y cruzar el Contramaestre hacia el este por detrás de los españoles, a fin de cercarlos por su retaguardia y flanco derecho. Su vanguardia y flanco izquierdo quedarían entonces contra el Cauto y el Contramaestre, respectivamente, y rifleros en las orillas opuestas de ambos ríos amargarían todavía más la vida del coronel Ximénez de Sandoval.

La vanguardia de la columna mambisa avanzaba más allá del Paso del Salvial cuando las fuerzas del centro —con Gómez y el resto del generalato: Masó, Martí y Francisco Borrero— llegaban al paso anterior de Santa Úrsula y por allí cruzaron imprudentemente el Contramaestre a la altura de las posiciones enemigas. Gómez relataría: “Ordené al general Borrero que atacara por la derecha y yo lo hice por la izquierda”, así como que “Martí siguió por el centro, acompañado del ayudante Guardia, un loco, en tanto Masó se abstenía de seguirlo o apoyarlo en el avance, y se puso lejos del peligro” [Ver Infografía].

El suboficial Ángel de la Guardia, ayudante de Masó, acompañó a Martí en su cabalgata hacia la muerte y no dejó testimonio directo, pero su hermano —también ayudante de Masó— sí que atestiguaría por escrito la muerte del Apóstol. Y lo hizo de manera plausible, al margen de todo bombo y platillo en periódicos y revistas. El campesino Dominador de la Guardia fechó el 11 de marzo de 1916 en Niquero una carta al Dr. Eligio Palma, quien indagaba cómo había muerto su paciente y amigo. Así explica en qué cruz clavaron a Martí aquel 19 de mayo [1].



  • El práctico de la vanguardia, al llegar al primer paso del Contramaestre, dijo que por allí no se podía pasar y siguió la marcha a buscar otro paso. Al llegar el general Gómez con su práctico, este último aseguró que por allí podía vadearse el río.
  • Gómez dijo: “Pues pasemos” y sería el primero en echarse al Contramaestre junto con el práctico. “¡Aquello fue el delirio! Los jefes y oficiales no quisieron quedarse atrás y cada uno espoleó su caballo y se perdió la formación”.
  • Al otro lado del río acampaba la avanzada española, que hizo una descarga y se dio a la fuga. El grueso de las fuerzas del coronel Ximénez de Sandolval esperaba en formación cerrada de tres líneas y rompió el fuego. A la orden del general Gómez, los mambises se detuvieron. En ese momento el general Masó estaba al lado del general Gómez. Este le dijo a Martí: “¡Aquí!”, y le señaló detrás de él, como para ampararlo con su cuerpo. “Yo estaba al lado del general Masó y mi hermano Ángel al lado mío y junto a Martí”.
  • Al romperse el fuego contra los españoles, Martí convidó a mi hermano Ángel a seguir adelante y así lo hicieron. “Con el humo de los disparos no nos dimos cuenta de su avance y se adelantaron a nosotros como cincuenta metros”. Así presentaron un blanco magnífico a las fuerzas españolas y estas les hicieron una descarga cerrada. Martí cayó y “Angelito trató de cargarlo, pero no pudo”.
  • Entonces dio espaldas al enemigo para venir adonde nosotros en su caballo, que casi no podía caminar. Al darnos finalmente la noticia de la muerte de Martí, los españoles llegaban ya adonde estaba el cadáver.

No hay enigma en Dos Ríos

De nada vale justificar la caída de Martí con que decidió correr al combate, pues el quid estriba en que fue el único mambí que murió aquel día. La simple recomendación, advertencia, orden, consejo, indicación o lo que sea, de ponerse detrás de Gómez o quedarse atrás no bastaba para orientar a quien recibe su bautismo de fuego en la situación nunca vista de mayor general sin un solo soldado bajo su mando.

La víspera Martí había plasmado —en su famosa carta inconclusa a Manuel Mercado— la máxima prioridad de su andar por aquellos potreros: “Seguimos camino, al centro de la Isla, a deponer yo, ante la revolución que he hecho alzar, la autoridad que la emigración me dio, y se acató adentro, y debe renovar, conforme a su estado nuevo, una asamblea de delegados del pueblo cubano visible, de los revolucionarios en armas”. Para el 22 de agosto de 1895, desde Ciego de Najasa (Camagüey), el General en Jefe mandaba por carta su valoración al sucesor de Martí en la jefatura del Partido Revolucionario Cubano, Tomás Estrada Palma:

“Lo que hizo Martí es nada, lo que usted tiene que hacer ahora es lo gordo. Aquello fue la incubación, ahora es llegada la hora del parto, que después de su fracaso (el pobre) tiene que ser muy laborioso. Porque Martí, aunque no es tiempo de juzgar, empezó a torcerse y fracasar desde la Fernandina hasta caer en Boca de Dos Ríos (…) Pudiera decirse que los amigos de Martí, que alocados lo endiosaban, lo empujaron a ocupar un lugar que no era el suyo y donde pereció sin beneficio para la patria y sin gloria para él” [2].

Coda

La asamblea de delegados del pueblo cubano visible sesionaría del 13 al 18 de septiembre de 1895 en Jimaguayú sin que ninguna de sus actas recogiera tan siquiera una referencia a Martí [3]. Hoy sus restos son hasta polvo iluminado para muchos, mientras que otros optan por tirotear su estatua en Washington y por embarrar sus bustos en La Habana con sangre de cerdo. Al cabo el tiempo pasó y el cadáver de Martí dista ya de causar espanto o frenesí.

Notas

[1] Ubieta, Enrique: Efemérides de la revolución cubana, La Moderna Poesía (1920), Tomo IV.
[2] Primelles, León: La revolución del 95 según la correspondencia de la delegación cubana en Nueva York, La Habanera (1932).
[3] Llaverías, Joaquín: Actas de las Asambleas de Representantes y del Consejo de Gobierno durante la guerra de independencia, Siglo XX (1928), Tomo I.


© cubaencuentro.com
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Desvaríos en torno a la muerte de Martí.

Por Miguel Fernández-Díaz.
20 de mayo de 2010

Al día siguiente de la escaramuza en Dos Ríos, el General en Jefe, Máximo Gómez, echó a rodar por carta al coronel José Miró que Martí, "debido a su valor temerario y a la fogosidad de su caballo, traspasó los límites que la prudencia aconsejaba defender". Sin embargo, Fermín Valdés Domínguez precisaría en Ofrenda de hermano (El Triunfo, mayo 19 de 1908) que Martí cabalgaba en "una jaquita mansa de buen paso" y pondría el dedo en la llaga del combate: Martí "no seguía a nadie". En Dos Ríos no hubo dirección alguna, sino galopar frenético y retroceso desordenado, como puntualizó el general Enrique Loynaz en sus Memorias de la guerra (1989).

El único testigo mambí de la tragedia fue un ayudante del mayor general Bartolomé Masó: el subteniente Ángel de la Guardia. Según Enrique Gay-Calbó, miembro de número de la Academia de la Historia de Cuba, aquel "compañero de Martí" escribió acerca del suceso, pero su padre quemó la carta por temor a las autoridades coloniales. Las versiones "más autorizadas" se atribuyeron entonces a los jefes adversarios en Dos Ríos: el Generalísimo Gómez y el coronel español José Ximénez de Sandoval.

Extrañeza de estar.

A ellos se sumó Miró con el abrumador impulso de sus Crónicas de la guerra (1909), que se convirtieron en clásico de la literatura de campaña. Para 1970 se tiraban 80 mil ejemplares en tres tomos de formato manuable (Ediciones Huracán) y otros 15 mil de la anterior reedición en un solo volumen (Editorial Lex, 1945).

Desde que Manuel Isidro Méndez dio a imprenta su Estudio biográfico (1925) de Martí y apuntó que Miró había sido "testigo de la etapa final de nuestro héroe", semejante impostura prosigue circulando, a pesar de que el propio Miró admitió haber dado el 14 de mayo de 1895 su "postrer adiós al divino Martí" (El Fígaro, número 8, 1913, página 86). Para el 11 de mayo de 1895, Gómez y Martí habían anotado en sus diarios de campaña (publicados juntos hacia 1941) que "Miró partió hacia Holguín" y "Se va Miró con su gente", respectivamente. No es la misma fecha que dio Miró, pero el consenso estriba en que no fue testigo de la acción de Dos Ríos.

Muecas para escribientes.

Así queda en pie tan sólo el contrapunteo de Ximénez de Sandoval y Máximo Gómez. La historiografía oficial no puede menos que inclinarse hacia la versión del Generalísimo mambí: la otra proviene del enemigo. El pasaje más socorrido de mayo 19 de 1895 en el diario de Gómez reza: "Esta pérdida sensible del amigo, del compañero y del patriota; la flojera y poco brío de la gente, todo eso abrumó mi espíritu a tal término, que dejando algunos tiradores sobre un enemigo que ya de seguro no podía derrotar, me retiré con el alma entristecida. ¡Qué guerra ésta! Pensaba yo por la noche, que al lado de un instante de ligero placer aparece otro de amarguísimo dolor. Ya nos falta el mejor de los compañeros y el alma podemos decir del levantamiento".

En "la flojera y poco brío de la gente" encontró el historiógrafo de Los últimos días de Martí (1937), Gerardo Castellanos, la causa determinante de la única baja mortal de los cubanos en la escaramuza de Dos Ríos: "Es una dura e hiriente verdad, pero porque lo es y la dice el general Gómez, no como justificación en años posteriores, sino el mismo día, me atrevo a estamparla".

Del mismo argumento de inmediatez se vale Rolando Rodríguez (Premio Nacional de Ciencias Sociales 2007) para justificar los términos de otra carta de Gómez (Dos Ríos, mayo 20 de 1985) remitida al jefe enemigo con intención de saber "si el señor Martí está en su poder herido y cuál sea su estado, o si muerto, dónde han quedado depositados sus restos. Eso es todo, porque en el último caso, percances son esos de la guerra y para nosotros, no obstante ser el señor Martí un compañero estimable, nada importa un cadáver más o menos de tantos que tendrá que haber en la guerra".

Rodríguez explana en Dos Ríos: a caballo y con el sol en la frente (2001) que así el General en Jefe mambí habría impartido al coronel español Ximénez de Sandoval la lección martiana de que "la guerra no dependería de la vida de un hombre, y ese criterio se pone de manifiesto cuando se sabe [lo] que la noche anterior Gómez había escrito en su diario" (página 114). José Massip funge como hermeneuta en Martí ante sus diarios de guerra (2002) para reforzar el argumento de Rodríguez: "Horas después [de la acción de Dos Ríos] Máximo Gómez (...) deja constancia en su diario de sentimientos transidos de tan honda aflicción que nunca antes ni después expresaría" (página 138).

La sabiduría de Rodríguez y la hermenéutica de Massip no alcanzan para percatarse de que la expresión "Pensaba yo por la noche" indica inequívocamente que esa noche ya pertenece al pasado con relación al momento en que Gómez anotó los hechos en su diario. Y como no puede asegurarse cuándo redactó esos apuntes, pierde sentido el argumento de inmediatez que Castellanos esgrimió para explicar la caída de Martí, mientras Rodríguez y Massip lo usan para limpiar la imagen de Gómez.

Al efecto de eludir su responsabilidad por conducir irracionalmente el combate y dejar expuesto a Martí en su bautismo de fuego, el propio Gómez no vaciló en echarle el muerto a Bartolomé Masó: "Ese hombre tuvo en parte la culpa de la muerte de Martí", dijo a Valdés Domínguez, quien así lo anotó el 29 de agosto de 1896, con explicación de Gómez y todo, en su Diario de soldado.

Coda.

Gómez sabía que escribía su diario para la historia. En la reedición (1968) se comprobó que había vuelto sobre muchos pasajes para enmendarlos y hasta redactarlos de nuevo. Lo que no sabía era que, tras su fallecimiento (junio 17, 1905), el presidente Tomás Estrada Palma donaría al Archivo Nacional 18.275 cartas recibidas por la delegación del Partido Revolucionario Cubano en Nueva York, las cuales acabaron siendo publicadas por León Primelles (1932). Entre ellas descolló una que Gómez había fechado el 22 de agosto de 1895 en Ciego de Najasa (Camagüey) para comentarle a su viejo amigo Estrada Palma que Martí "empezó a torcerse y fracasar desde la Fernandina hasta caer en Boca de Dos Ríos (…) Pudiera decirse que los amigos de Martí, que alocados lo endiosaban, lo empujaron a ocupar un lugar que no era el suyo y donde pereció sin beneficio para la patria y sin gloria para él".

Este juicio de Gómez y no haberse incluido entre los amigos de Martí parecen fatigar la atención de la Oficinal del Programa Martiano.

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Tomado de http://eichikawa.com/

Desvaríos en torno a los entierros de Martí (I)

Por Arnaldo M. Fernández
Mayo 21, 2010

Antes de ayer mataron a Martí y un día como ayer lo enterraron, hace 115 años, en fosa común del cementerio de Remanganaguas (foto), junto con un sargento español que había fallecido por el camino como consecuencias de las heridas recibidas en el combate de Dos Ríos. El Atlas histórico-biográfico José Martí (1983) considera esta inhumación «gran desprecio hacia el héroe caído» y en su Cronología crítica de José Martí (1992) Ibrahim Hidalgo Paz (Centro de Estudios Martianos) tacha de indigno al coronel español José Ximénez de Sandoval por haber tratado así el cadáver de Martí.

( Muerte de José Martí y Máximo Gómez )

Al parecer quería que lo llevaran en carroza de Dos Ríos a Remanganaguas y enterrarlo aquí con pompa, pero se cae de la mata que Ximénez de Sandoval se vio forzado a comportarse con los restos de Martí, por ironía historiográfica, tal como escribiera Máximo Gómez (Dos Ríos, mayo 20 de 1895): «un cadáver más o menos de tantos que tendrá que haber en la guerra».

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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Ximénez de Sandoval mostró hidalguía ante el cadáver de José Martí y si no mostró más fue porque no se estaba totalmente seguro de que fuera el cadáver de Martí y por las condiciones de la guerra, entre las que se destaca los tres ataques que tropas al mando del General Quintín Bandera hicieron a las tropas españolas para rescatar el cadáver. Ximénez de Sandoval y José Martí eran hermanos masones.

La indignante actitud fue la de aquellos cubanos que conocían a José Martí y se quedaron callados. Ese silencio cobarde y vergonzoso producido por el miedo ante un poder terrenal superior hoy todavía se extiende sobre millones de cubanos de dentro y de FUERA de la Isla.Hasta oficiales al servicio de España fueron los que mediante sus gestiones se obtuvo la tumba y costearon la lápida del lugar donde descansarían los restos de nuestro Apóstol de la Independencia.¿ Con el Castrismo se ha visto algo similar con sus adversarios muertos ? . Al fondo del Cementerio de Colón hay tanques de 55 galones llenos con los huesos de muchos de los fusilados en los primeros años de Castrismo; la inmensa mayoría de sus cuerpos no se los entregaron a la familia para que los enterraran en su panteones familiares por miedo a marchas y protestas públicas en sus entierros y las peregrinaciones en los aniversarios de sus fusilamientos. Hasta 10 años después no le decían a los familiares donde habían sido enterrados; había que creerles a las autoridades de la tiranía que decían la verdad.

La foto del cadáver de José Martí corresponde a la exhumación del cadáver de Martí en Remanganaguas el 27 de mayo de 1895 y la ví por primera vez en la revista Bohemia a finales de los años 50s o en los primeros años de los 60s del pasado siglo XX. Antonio Oliva un guerrillero cubano fue el que lo remató con un disparo en el pecho.El pintor pinareño Pedro Pablo Oliva es biznieto de Antonio Oliva y por eso en muchos de sus cuadros, el Martí aparece muerto o dormido. Por cierto, fue otro guerrillero cubano nombrado Brígido verdecia el que mató a Carlos Manuel de Cépedes , el padre de la Patria, en San Lorenzo. En la Guerra de 1895 los miembros del Ejército Libertador no pasaron de 55 000 combatientes, mientras que fuerzas guerrilleras cubanas habían más de 30 000 sin contra que entre los Voluntarios del Orden ( Mal llamados Voluntarios Españoles ) habían muchos cubanos que gritaban Viva Cuba española !!************************

Tomado de http://www.damisela.com

El Comandante Enrique Ubieta y Mauri, que había sido amigo de Martí obtuvo, invocando el nombre del General Don Juan Salcedo y el suyo, que por el Sr. Bartolomé Vidal, Alcalde Municipal de Santiago de Cuba, cediese, sin costo alguno, el nicho No. 134 de la galería Sur del Cementerio, para enterrar a Martí, y los oficiales españoles costearon una lápida que fue fijada en el nicho.

( Jaime Sánchez, una de las personas que ayudó a exhumar el cadáver de Martí y a construir el ataud para el cadáver, enseña el lugar donde fue enterrado por primera vez nuestro Apóstol de la Independencia; nota y foto agregadas por el bloguista )

El cadáver fue identificado por el Sr. Joaquín Castillo Duany, y por el Licenciado Bravo Correoso. Se levantó acta de la identificación.

En el momento de ser colocado el féretro en el nicho, el Coronel Sandoval hizo la pregunta siguiente: "¿No hay aquí ningún pariente o allegado, o amigo del finado?" Viendo que nadie respondía, dijo:

"Vaya, señores, puesto que el difunto no tiene aquí parientes ni allegados que lo hagan, despediré yo el duelo."

El Coronel José Ximénez de Sandoval, descubierto, pronunció estas palabras:

"Señores: Ante el cadáver del que fue en vida José Martí, y en la carencia absoluta de quien ante su cadáver pronuncie las frases que la costumbre ha hecho de rúbrica, suplico a ustedes no vean en el que a nuestra vista está, al enemigo, y sí al cadáver del hombre que las luchas de la política colocaron ante los soldados españoles. Desde el momento que los espíritus abandonan las materias, el Todopoderoso, apoderándose de aquéllos, los acoge con generoso perdón allá en su seno; y nosotros al hacernos cargo de la materia abandonada cesa todo rencor como enemigo dando a su cadáver la cristiana sepultura que los muertos se merecen. He dicho."


Nicho con los  los restos de José Martí  hasta 1905


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Tomado de http://www.juventudrebelde.cu/

Numerosas cruces y condecoraciones repartió el Gobierno español entre los soldados y oficiales que participaron en la acción de Dos Ríos. Al coronel Sandoval solo le tocó la cruz de María Cristina de tercera clase. Ascendería con el tiempo a General de División y justo es decir que declinó el marquesado de Dos Ríos porque, dijo, «lo de Dos Ríos no fue una victoria; allí murió el genio más grande que ha nacido en América». Falleció en 1924.

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