lunes, mayo 18, 2020

Alberto Roteta Dorado: JOSÉ MARTÍ, EL SER MAS MANIPULADO POR EL CASTRISMO


JOSÉ MARTÍ, EL SER MAS MANIPULADO POR EL CASTRISMO


Por Dr. Alberto Roteta Dorado.
18 de mayo de 2020

Santa Cruz de Tenerife. España.- José Martí, cuya muerte evocamos este 19 de mayo, es, sin duda, la figura más representativa, y también la más genuina, universal y simbólica de la historia de la nación cubana. Nadie podrá hasta el presente, y dudo que en un futuro también, superar la inmensidad de un hombre que sacrificó todo, incluyendo su propia vida por el bien de su patria y el porvenir de los cubanos. 

De ahí que continuamente se acuda a la imagen del hombre colosal, cual arquetipo ideal de la virtud, la bondad y la nobleza, en su honor. Sin embargo, la grandeza de este ser ha sido desvirtuada a partir de la inescrupulosa manipulación que desde 1959 se ha hecho por parte de los líderes de la llamada revolución cubana, de sus serviles intelectuales y artistas, y de sus acólitos historiadores. 

Todos, de una u otra forma, en mayor o menor medida, han utilizado al considerado Apóstol de la nación cubana como un estandarte paradigmático que garantice afianzarse en el poderío de un régimen totalitario, y por lo tanto, antidemocrático y dictatorial, todo lo contrario a los ideales liberales y democráticos del excelso hombre de Dos Ríos.

Trataré de demostrar este planteamiento, aunque limitándome a unos pocos apuntes toda vez que sería interminable un trabajo de este tipo si me detengo en tratar de ilustrar las tantas formas en que se ha tergiversado su pensamiento político, humanista y filosófico.  

Según la Constitución de la República de Cuba, en su Preámbulo: Nosotros el pueblo de Cuba, se expresa: 
Por los que promovieron, integraron y desarrollaron las primeras organizaciones de obreros, campesinos y estudiantes; difundieron las ideas socialistas y fundaron los primeros movimientos revolucionarios, marxistas y leninistas; por los integrantes de la vanguardia de la Generación del Centenario del natalicio de Martí, que nutridos por su magisterio nos condujeron a la victoria revolucionaria popular de enero de 1959”. 

Este fragmento constituye solo un ejemplo de la manera tan despiadada con que pretenden adueñarse de la heroica figura del maestro. En lo adelante José Martí es utilizado a conveniencia de manera reiterada en el más reciente panfleto ideado por los comunistas cubanos. Es absurdo mezclar a aquellos que supuestamente difundieron ideas socialistas con un hombre que jamás simpatizó con el socialismo, y no porque no lo conociera con profundidad como ha defendido inútilmente el Dr. Roberto Fernández Retamar, para justificar la no afiliación, o al menos la no simpatía, de José Martí con el socialismo; sino y de forma contraria a la hipótesis del también poeta y figura defensora del castrismo, porque lo conoció demasiado como para percibir con su exquisito sentido visionario que en el socialismo: 
Todo el poder que iría teniendo la casta de funcionarios, ligados por la necesidad de mantenerse en una ocupación privilegiada y pingüe, lo irá perdiendo el pueblo, que no tiene las mismas razones de complicidad en esperanzas y provechos, para hacer frente a los funcionarios enlazados por interese comunes”.   

Creo que cualquier comentario de quien redacta estas líneas quedará siempre en desventaja ante la profética percepción del maestro. Basta enfatizar en lo que ha ocurrido en dos naciones prósperas de Latinoamérica, Cuba y Venezuela, para comprender el mensaje martiano. En ambas naciones el pueblo ha perdido todo, incluyendo su posibilidad de pensar y expresarse libremente, a diferencia de la casta dominante y usurpadora del poder, cuya aspiración de mantener su poderío a toda costa los conduce a esa “necesidad” tan bien expresada por el Apóstol.  

Pero si es un error conceptual, y una manipulación premeditada y con alevosía vincularlo al socialismo, es un verdadero sacrilegio que aparezca unido a aquellos que fundaron movimientos revolucionarios de tipo marxistas, y peor aún, leninistas. José Martí fue contemporáneo de Marx y estuvo al tanto de su quehacer. No por gusto lo llamó “el pensador más poderoso del mundo del trabajo”, y también con todo el respeto, según su acostumbrado estilo aristocrático, le señaló sus puntos débiles: 
No hace bien el que señala el daño, y arde en ansias generosas de ponerle remedio, sino el que enseña remedio blando al daño. Espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres (…) anduvo de prisa, y un tanto en la sombra, sin ver que no nacen viables, ni de seno de pueblo en la historia, ni de seno de mujer en el hogar, los hijos que no han tenido gestación natural y laboriosa”.   

Lo que demuestra que José Martí no fue socialista, ni marxista, y ni siquiera puede afirmare que simpatizó con el fundador de las doctrinas marxistas, a quien solo dedica un par de cuartillas – entre algunas frases de respeto y de aparente exaltación a su figura, le hace sutiles, pero enérgicas críticas acerca de sus concepciones de la llamada dictadura del proletariado–  por el motivo de su muerte, ocurrida en 1883, a diferencia del extenso y extraordinario ensayo que le dedicó al filósofo trascendentalista estadounidense Ralph Waldo Emerson, también por motivo de su muerte, en 1882. 

Del absurdo de asociarlo con el socialismo y del sacrilegio de relacionarlo con el marxismo pasamos ahora a la burla, toda vez que los redactores de la nueva Constitución cubana lo vinculan a “los integrantes de la vanguardia de la Generación del Centenario del natalicio de Martí”, y advierten que “nutridos por su magisterio nos condujeron a la victoria revolucionaria popular de enero de 1959”, y esta es la peor ofensa que se pueda cometer con el sagrado héroe de Dos Ríos, tan solo comparable a la aberración castrista de la autoría intelectual del asalto al Cuartel Moncada, maléfica idea del dictador Fidel Casto, también defendida, aunque sin capa ni espada, por el ensayista oficialista Roberto Fernández Retamar, quien perdió lamentablemente su tiempo al dedicar sendas páginas en su malogrado ensayo “Martí en su (tercer) mundo”. 

Imposible que el magisterio martiano pudiera nutrir a unos asaltantes revoltosos que de manera despiadada llevaron a efecto cientos de acciones terroristas como preámbulo a la definitiva toma del poder por Fidel Castro en 1959. Las propias palabras del Apóstol citadas antes, al referirme a su opinión sobre Marx, demuestran lo contrario: “Espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres”. Tampoco pudo el pensamiento del más grande de los cubanos haber inspirado a aquellos que asesinaron por placer durante los convulsos años iniciales de la llamada revolución cubana, días en los que cientos de hombres fueron fusilados por el hecho de oponerse al nuevo orden impuesto por la naciente dictadura castrista, o por haber estado vinculados al ejército del gobierno anterior. 

El Preámbulo de la Constitución de la República de Cuba no es solamente la única parte donde se utiliza intencionalmente la figura del líder de la gesta independentista cubana de 1895. En el capítulo I Principios Fundamentales Artículo 1, se expresa

Cuba es un Estado socialista de derecho y justicia social, democrático, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos como república unitaria e indivisible, fundada en el trabajo, la dignidad, el humanismo y la ética de sus ciudadanos para el disfrute de la libertad, la equidad, la igualdad, la solidaridad, el bienestar y la prosperidad individual y colectiva”.

Donde es patente la idea recurrente de asociar a José Martí con el socialismo y con un supuesto “Estado socialista de derecho y justicia social”, Estado bien distante de las nobles aspiraciones del excelso héroe. Aquí, como en el Preámbulo analizado antes, se apoderan de su pensamiento, ahora de manera mucho más deliberada al utilizar sus palabras correspondientes a uno de sus más conocidos discursos: “Con todos y para el bien de todos”, inmortal frase martiana que pronunciada o escrita por los maléficos dictadores cubanos constituye un indecoroso acto por el que tendrán que pagar. Según el jurista Miguel Iturria Medina en su investigación “Soberanía, legitimidad del poder político y procesos electorales en Cuba”: 


No existe verdadera soberanía popular ni legitimidad política en un Estado, donde solo hay cabida para un grupo, un individuo o una ideología que excluye, denigra e incluso criminaliza a los sectores sociales que se le opongan. Este, lamentablemente, es en Cuba y ello puede constatarse en la propia Constitución de la República que establece una ideología oficial y sistema de un solo partido político como única asociación política. El Partido Comunista. En el proyecto de constitución, a pesar de que se enuncia el ¨disfrute de la libertad política¨, la afirmación de que ¨la soberanía reside en el pueblo, del cual dimana todo el poder del Estado¨, así como que todos tienen derecho a participar en la dirección del Estado, tanto directamente como a través de representantes (artículos 1,3 y 204, respectivamente); niega todos estos presupuestos en su artículo 5: ¨El Partido Comunista de Cuba, único, martiano, fidelista y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, sustentado en su carácter democrático y la permanente vinculación con el pueblo, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado…”

Se le ha atribuido también a José Martí la idea de que como fue creador de un partido único, el Partido Comunista sea el único partido con reconocimiento oficial en Cuba. Téngase presente que es lógico que Martí fundara un solo partido, el Partido Revolucionario Cubano, justo el que se necesitaba en ese momento histórico y en ese contexto social. Dicho partido tuvo como propósito servir como organismo impulsor en la lucha insurreccional de 1895, de ahí la idea de un partido único, pero único para dichos propósitos, lo que no quiere decir que José Martí se opusiera al pluripartidismo como pretenden imponer por la fuerza los comunistas cubanos.

En este Artículo 5 de la Constitución se comete el peor de los crímenes teóricos del castrismo toda vez que lo vinculan de modo forzado, además de al marxismo-leninismo, como en el Preámbulo, al fidelismo, con lo que pretenden legitimar – dada la trascendencia indiscutible y la universalidad de Martí– el nuevo panfleto que rige los designios de un pueblo, por desgracia, bien distante del ideal martiano de “Con todos y para el bien de todos”. 
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El filósofo  y ex comunista, Antonio Escohotado habla sobre la figura de Karl Marx




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