lunes, febrero 01, 2021

Dimas Castellanos desde Cuba sobre aciertos y desaciertos del gobierno del Dr. Ramón Grau San Martín (1944-1948). La masacre de Orfila

 Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Algunas de los decretos del  ¨gobierno de los 100 días¨  (realmente eran  órdenes ejecutivas,  pues no existía un Congreso que legislara)  tenían sus precedentes en gobiernos anteriores como  fueron, por ejemplos,   en los gobiernos de Alfredo Zayas y Gerardo Machado. Esos decretos  respondían  al  Programa del Directorio de 1930. Primera Presidencia  de Cuba  del Dr. Ramón Grau San Martín  con un  gobierno  de 127 días inconstitucional, no democraticamente elegido por el pueblo,  que no aseguró  paz y estabilidad

Ramón Grau San Martín en ese primer gobierno no juró ante la Constitución de 1901, ni tampoco ante  la Constitución que llevó a cabo Gerardo Machado en 1928. Esta actitud Grau la explicó diciendo que no juraba ante  la Constitución de 1901 porque  ella contenía la  Enmienda Platt.  Para tener  una visión más profunda sobre la personalidad de Grau San Martín es  importante conocer que en la Presidencia de Grau en el período 1944-1948, apenas gobernó teniendo en cuenta  al Congreso,  ni aún en sus dos últimos años en que su partido tenía mayoría  en la Cámara de representantes y en el Senado; poco conocido es que Grau fue expulsado del Partido Auténtico en un momento de la década de los años 30 del pasado siglo y que durante la Presidencia del Dr. Carlos Prío Socarrás se separó del Partido Auténtico y creo otro partido político. En las elecciones generales de 1958 y pese a su avanzada edad no le dio pasó a otras figuras del partido político al que pertenecía  y se postuló para la Presidencia. Ramón Grau  San Martín era llamado ¨El Mesías¨,  pues  padecía de esa  ¨enfermedad¨ llamada  mesianismo político.  En el libro   La Verdadera República de Cuba (cuyo autor es  el Doctor en Medicina  Andrés Cao Mendiguren, quien  luchó contra el gobierno de Fulgencio Batista en el período  1952-1958 y posteriormente luchó contra la tiranía Castrista,   por lo cual sufrio largos años de prisión) en su página 582 se lee: ¨... ese mismo pueblo vió como Grau gobernó por medio de decretos personales, ignorando al Congreso casi siempre en cuanto a la promulgación de leyes... más de 17 000 decretos en sus cuatro años de gobierno, contrastando con un puñado de leyes. La escusa durante sus dos primeros años  fue que él tenía minoría congresional, pero en los dos últimos años de su gestión Grau  tenía mayoría legislativa  y a pesar de ello continuó  haciendo lo mismo. No era el pueblo  el que gobernaba, sino era el Presidente Grau el que lo hace por decreto, algunos de ellos inconstitucionales como eventualmente veremos.

Estudie el lector la doctrina  o programa auténtico que daremos a continuación con la realidad  de la conducta  del gobierno constitucional de Grau, y establezca  una comparación  con los hechos  que se fueron sucediendo  para que encuentre las contradicciones a las que nos referimos.

La mencionada doctrina redactada en el exilio y el prorama  del Partido Auténtico aprobado en 1934 al menos oficialmente  eran el  programa del gobierno  y ese lineamiento doctrinal  estaba basado en en el trípode ´nacionalismo, socialimo y antimperialismo´ ¨..


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Tomado de https://diariodecuba.com/

Aciertos y desaciertos: Ramón Grau San Martín (1944-1948)

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Murió en Cuba y nunca se le erigió un monumento, pero sus aciertos y desaciertos encierran valiosas enseñanzas.

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Dr. Ramón Grau San Martín

Por Dimas Castellanos

La Habana

31 enero 2021

Ramón Grau San Martín (La Palma, Pinar del Río, 1881- La Habana, 1969). Médico y político. Profesor de Fisiología de la Universidad de La Habana. Participó en la lucha contra Gerardo Machado, cumplió prisión y marchó al exilio, donde participó en la fundación de la Junta Revolucionaria. En 1933 Integró la Pentarquía y presidió el Gobierno de los Cien Días. En febrero de 1934 fundó el Partido Revolucionario Cubano Auténtico (PRCA). En 1940 presidió la primera etapa de la Asamblea Constituyente y fue candidato a la presidencia de la República en ese año. Electo presidente en las elecciones de 1944.

El contexto

Según una encuesta realizada por la revista Bohemia antes de los comicios de 1944, Grau gozaba de gran popularidad por las medidas que había implementado durante el Gobierno de los Cien Días, del cual se declaraba continuidad. A su favor tenía el alza del precio del azúcar a causa de la Segunda Guerra Mundial. En contra, carecía de la mayoría en el Congreso, en los gobiernos provinciales y municipales.

Con una coalición conformada por una izquierda reformista nacionalista, que quería la renovación civil del país, pero no una revolución, Grau prometió que su Gobierno, llamado "de la cubanidad", mejoraría las condiciones de vida del pueblo, pondría fin a la corrupción y lograría la independencia económica del país; promesas que infundieron grandes esperanzas en los cubanos.

(Batista felicita a Ramón Grau San Martín por su triunfo al ser elegido Presidente de la República de Cuba para el período 1944-1948; Batista no podía postularse para un segundo período inmediato y  su propuesta para Presidente: Carlos Saladrigas había perdido frente a Grau. Pese al resquebrajamiento que ya había tenido  la  coalición muy abigarrada (liberales, conservadores, comunistas, etc.)  que llevó a Batista al triunfo en las elecciones de 1940, su coalición tuvo la mayoría en el Congreso, en los gobiernos provinciales, en las alcaldías y gobiernos municipales. Foto y comentario añadidos por el Bloguista de Baracutey Cubano)

Su Gabinete contó con Raúl de Cárdenas en la vicepresidencia; Carlos Prío Socarrás de primer ministro; Carlos Azcárate, un abogado que había sido consultor de la Secretaría de Gobernación del Gobierno de los Cien Días, en el Ministerio de Trabajo; su primo, José de San Martín, en la Construcción; en Educación, primero Diego Vicente Tejera (hijo) y luego José Manuel Alemán; en Agricultura, el impulsor de la reforma agraria auténtica, Germán Álvarez Fuentes; y Paulina Alsina de Grau, viuda de su hermano, como Primera Dama de la República, quien ejerció enorme influencia en las decisiones gubernamentales.

Su obra de gobernación

Grau recibió el Tesoro con un déficit de 3,5 millones de pesos y en los primeros dos meses lo cerró con un superávit de seis millones, lo que auguraba un buen comienzo en el manejo de los fondos públicos. Facilitó la entrada al país de medios de producción y materias primas para las industrias surgidas durante la guerra, logrando un aumento en la producción de calzados, textiles, alcohol, cerveza, productos de caucho, fármacos, juguetes, caramelos y conservas de frutas.

Desarrolló un plan constructivo que llenó La Habana de parques y otras obras, como la Fuente Luminosa, conocida popularmente como el "Bidet de Paulina", ubicada en el cruce de la Avenida de Rancho Boyeros y la Avenida 26. Por esa labor a su ministro de la Construcción, José de San Martín, le llamaban "Pepe Plazoleta".

Estableció la jornada de verano en los comercios y la colegiación obligatoria de todos los profesionales; creó la caja de los retiros textil, henequeneros, tabacaleros y abogados; recuperó las bases militares construidas por EEUU en Cuba durante la Segunda Guerra Mundial; prohibió el aumento de los alquileres de viviendas y los desahucios; estableció sanciones para los comerciantes especuladores; y fijó un sueldo mínimo para los empleados públicos. Anunció una reforma agraria que se limitó a la suspensión de los desalojos campesinos y a la parcelación de 5.400 hectáreas en Venta de Casanova (antigua provincia de Oriente). Inició un censo agrícola nacional, celebró ferias y exposiciones ganaderas, y creó frigoríficos, dos cooperativas pesqueras y dos mercados libres en La Habana.

El sindicalismo durante su mandato

Para 1945 la negociación colectiva predominaba en la solución de los conflictos entre obreros y patronos. La Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC), con medio millón de afiliados, se había convertido en un importante factor de poder, lo que explica la disputa entre los partidos políticos por su control. En el IV Congreso de la CTC celebrado en diciembre de 1944 —controlado por los comunistas— participó la Comisión Obrera Nacional (CON) del Partido Auténtico, y el presidente Grau asistió al acto inaugural. En ese ambiente de aparente colaboración entre Gobierno y sindicatos se realizó un aumento general de salarios, un incremento en la tarifa para los cosecheros de tabaco y se estableció un sueldo mínimo de 60 pesos para los empleados del Estado. Se instauró la Caja del Retiro Social de Obreros y Empleados de la Industria Azucarera, se dio un día adicional de descanso semanal a los empleados de oficinas y del comercio durante los meses de verano, y se intervinieron empresas cuyos dueños se negaron a cumplir las leyes sociales establecidas. Sin embargo, las medidas más significativas fueron los diferenciales azucareros.

En 1945, de una producción de más de cuatro millones de toneladas de azúcar, el Gobierno reservó 250.000 para venderlas a otros países a siete centavos la libra, casi al doble del precio al que se le vendía a EEUU. Con los ingresos de la venta benefició a los obreros y colonos azucareros, subsidió alimentos importados, construyó escuelas y erigió otras obras de beneficio general. Este fue el primer diferencial azucarero.

 En 1946, en las negociaciones con EEUU para la venta del azúcar, la delegación cubana —con la participación de una representación sindical encabezada por el líder azucarero Jesús Menéndez— logró incluir una cláusula de garantía mediante la cual se aumentaba el precio del azúcar en proporción al aumento de los precios de las mercancías que Cuba adquiría en EEUU. La cláusula arrojó 36 millones de pesos adicionales, que se distribuyeron entre los factores de la producción. Los obreros obtuvieron un ingreso adicional de 29 millones de peso en ese año. Y una cifra aún mayor en el año 1947. Este fue el segundo diferencial azucarero.

La lucha política entre auténticos y comunistas por el control de la CTC se agudizó y definió en el V Congreso, el cual sesionó como dos cónclaves paralelos: uno bajo la dirección de los comunistas y el otro de los auténticos. Por resolución del ministro del Trabajo, Carlos Prío Socarrás, en octubre de 1947, se declaró legítimo al segundo. Después del V Congreso se renunció al diferencial azucarero y se perdieron parte de las conquistas alcanzadas, aumentó la carestía de la vida y proliferó el pandillerismo.

Corrupción, violencia y pandillerismo

La corrupción venía de la Colonia. Los funcionarios públicos y los jueces —sostiene el historiador británico Hugh Thomas— estaban tan mal pagados, que la misma se convirtió en una forma de recompensa. La Colonia siguió viviendo en la República, donde la dependencia cubana del azúcar generaba inestabilidad e incitaba al uso del erario público para lucrar. Aunque personalmente Grau se mantuvo apartado de la corrupción, e incluso no tuvo como otros presidentes una residencia campestre, pero se ha dicho que cuando le insinuaban alguna oportunidad económica, remitía a su interlocutor a su cuñada Paulina.  

Al mal de la corrupción se unió el de la violencia como método predominante para dirimir los conflictos. Las bandas gangsteriles, que emergieron de las organizaciones que combatieron a Gerardo Machado, fueron utilizadas para fines políticos mediante el otorgamiento de prebendas. Ese nefasto vínculo entre corrupción, violencia y pandillerismo tomó fuerza durante el Gobierno de Grau. Si entre 1934 y 1944 esos grupos cometieron 16 atentados, con 14 muertos y 10 heridos; entre 1944 y 1948 realizaron 69 atentados, con 59 muertos y 53 heridos, según contabiliza Newton Briones Montoto (General regreso, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2005).  

 Entre las principales bandas armadas estaban la Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR), de Emilio Tro, jefe de la policía suburbana; la Acción Revolucionaria Guiteras (ARG), de Eufemio Fernández; y el Movimiento Socialista Revolucionario (MSR), de Mario Salabarría, jefe de la policía secreta, las cuales escenificaron constantes derramamientos de sangre como el escenificado en el reparto Orfila, en Marianao, entre los hombres de Mario Salabarría y de Emilio Tro, con el saldo de cinco muertos, entre ellos una mujer embarazada, y varios heridos.

(fotogramas de los sucesos de Orfilia el 15 de septiembre de 1947 en el Reparto Benitez de Marianao, La Habana, Cuba.Imagén  y comentario del Bloguista de Baracutey Cubano)  

Una mención especial le corresponde a José Manuel Alemán, ministro de Educación, quien patrocinó la formación de la "Legión del Caribe", un ejército clandestino para derrocar al Gobierno de Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana, en el que tomaron parte, junto a exiliados dominicanos, miembros de la pandillas mencionadas. Alemán utilizó el inciso K, de la Ley de Ampliación Tributaria, para desviar parte de los fondos que ingresaban al Ministerio de Educación. Obligado a renunciar por una moción de confianza que el Senado presentó en su contra, Grau lo nombró ministro sin cartera. E integró el Bloque Alemán-Grau-Alsina (BAGA), un poder creado dentro del Partido Auténtico con vistas a la elecciones de 1948. Finalmente, en octubre de ese año, Alemán robó impunemente millones de pesos del Tesoro de la República y se trasladó a Miami.

A los hechos citados hay que añadir, entre otros, la oposición de Grau a la creación de un Tribunal de Cuentas y la desaparición, en el Capitolio Nacional, del diamante de 25 quilates que marcaba el kilómetro cero de la Carretera Central, el cual apareció tres meses después sobre su mesa de trabajo.

La pérdida de prestigio dividió al autenticismo. Eduardo Chibás, uno de los fundadores del Partido Auténtico, crítico de la corrupción, aspiraba a ser nominado candidato a las próximas elecciones presidenciales, pero Grau lo relegó y optó por Carlos Prío Socarrás. En respuesta Chibás fundó el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) y desató una estruendosa campaña radial que mermó considerablemente la credibilidad del Gobierno auténtico.

A manera de conclusión

Grau, quien había despertado esperanzas por su actuación en 1933, durante el Gobierno de los Cien Días, demostró con su actuación la inutilidad del populismo desposeído de la voluntad para hacer corresponder la palabra con los hechos. La bonanza económica que disfrutó su Gobierno, resultado de la venta de azúcar durante la Segunda Guerra Mundial, le permitió desarrollar obras constructivas, aumentar la producción de artículos nacionales, dictar medidas beneficiosas para el pueblo y respetar las libertades públicas y de expresión. Sin embargo, gobernó de espaldas al semiparlamentarismo establecido por la Constitución de 1940, y toleró la corrupción y el pandillerismo. Careció de la integralidad necesaria para encabezar exitosamente la política de la nación. Como expresó el historiador Hugh Thomas, su gobierno terminó en decepción y desilusión.

Como los presidentes Tomás Estrada Palma y Carlos Mendieta, Grau San Martín murió en Cuba. Nunca se le erigió un monumento, pero sus aciertos, y especialmente sus desaciertos, encierran valiosas enseñanzas. Su valor radica en nuestra disposición y capacidad para tener en cuenta esa memoria histórica para la Cuba que, después de tantas décadas de estancamiento y retroceso, está dando fuertes señales de renacimiento.

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Otra Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

En Marianao no existe el reparto llamado Orfila; existía una parada de tranvía con ese nombre y una farmacia que se le decía Orfila. No se cual le dió  el nombre a la otra. El reparto se llama, o se llamaba cuando los hechos sangrientos,  Reparto Benitez

El cirujano Dr. Gustavo León, un estudioso de la Historia de Cuba y Presidente del Partido Auténtico en el Exilio afirma que Fidel Castro era un informante (¨chivato¨)  de Mario Salabarría cuando Fidel Castro pertenecía a la banda de gansterismo político UIR [Unión Insurreccional Revolucionaria] para tenerlo informado de los planes, acciones, etc., de esa organización; quizás eso lo salvó del fusilamiento cuando lo encausaron por un supuesto plan de atentado contra Fidel Castro que se ejecutaría desde el edificio de la Biblioteca Nacional y áreas aledañas a la Plaza Cívica José Martí, rebautizada por el Castrismo como Plaza de la Revolución, pese a que  ella y todos los edificios que la rodean fueron construidos por el gobierno de Fulgencio Batista además de la Biblioteca Nacional.

Por cierto: ¿Quién dió el ¨chivatazo¨ de que Emilio Tró, con muy pequeña escolta. estaba en casa de Morín Dopico?

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Fragmentos tomados de http://www.latinamericanstudies.org/

Fragmentos de la entrevista de Antonio Rafael de la Cova con Mario Salabarría Aguiar, 3056 S.W. 17 St., Miami, Fla. 33145, el 7 de diciembre de 1983. 

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Se habla y se dice de la participación de Fidel en la muerte de Manolo Castro, pero yo nopuedo asegurarte nada. Lo único cierto que hay, que el individuo que le tiró a Manolo Castro. Gustavo Ortiz Faez, que en este momento tiene un alto cargo en la DISIP venezolana, que lo detuvieron a una cuadra de allí, cuando estaba preso en la tercera estación, la primera persona que llego allí a interesarse por el preso fue Fidel Castro. La muerte de Manolo fue a las doce de la  noche. Eso se comentó entre la policía. Ortiz Faez era ahijado de Paulina Grau, porque los Faez son de Matanzas y Paulina era de Matanzas.

 Yo sabía de la existencia del MSR y aquello de Cayo Confites, en lo que yo cooperaba pero en otro plano, no como militante. Yo no era miembro del MSR. Mucha gente piensa que como Rolando Masferrer era amigo mío, y Manolo Castro era amigo mío, que fueron los que organizaron eso, pues pensaron que yo estaba en eso, pero yo estaba en la policía, porque eso me involucraba en otras cosas que no eran factible. Rolando y Manolo fueron los organizadores del MSR. Eufemio Fernández no estaba en el MSR, aunque estuvo en lo de Cayo Confites y tuvo un incidente bastante violento con Fidel allí. Cuando yo salí en libertad en 1979 por la causa contra el gobierno de Fidel Castro, hubo una Conferencia de los No-Alineados en La Habana y hubieron dos o tres dominicanos, y uno de ellos dijo que Fidel lo había nombrado ayudante de él. Dicen que Eufemio le dio una galleta a Fidel, pero no me consta, y aquello culminó con el fusilamiento de Eufemio [en La Cabaña, abril 19, 1961]. Cuando Fidel tuvo en la universidad la Campana de la Demajagua, que se la prestaron los veteranos de Manzanillo, Eufemio y un grupo se la robaron de la universidad. Cuando Fidel fue a buscar la campana al día siguiente para formar el escándalo, se encontró que no había campana, y aquello fue una cosa terrible. Eso fue en el 1947. No se donde la escondieron porque cuando eso ya yo estoy preso. Se la entregaron al general Loynaz del Castillo, que estaba en ese momento de presidente de los veteranos.

 No te puedo decir si Fidel militó o trató de entrar en el MSR porque yo estaba en la policía. Que yo sepa, no estuvo en el MSR. Fidel funcionó dentro de esos del UIR [Unión Insurreccional Revolucionaria], como este muchacho [Rafael] Díaz-Balart también estaba con ese grupo. DíazBalart no era de la UIR, pero como era el cuñado. . . . Orlando Bosch era de la UIR, muy amigo de Fidel, y hablaba mucho por radio con Fidel. Orlando fue presidente de la Escuela de Medicina.

 Yo no sé por qué motivo un grupo de estudiantes del Instituto fue a la universidad en plan de agresión. Entonces Fidel, que estaba en sus inicios en la universidad, fue uno de los que le tiró a Leonel Gómez. No se cual fue el motivo, pero se que él le disparó a Leonel Gómez. Me luce que el aún no estaba definido dentro de la corriente aquella que había dentro de la universidad, porque la agresión a Leonel Gómez significaba la agresión a un grupito de bonchistas del Instituto de La Habana. 

A mi me dijo este señor amigo de él, que lo que lo había hecho variar en relación conmigo, y con los que él consideraba amigos míos, fue cuando yo detuve a su hermano Pedro Emilio [Castro Argota], que trabajaba en Comunicaciones, y le ocupé once mil y pico de pesos en giros postales y cheques que se hurtaban allí. El trabajaba en la selección de la correspondencia. Esos eran valores sin certificar que mandaban la gente del interior y ese trabajo de selección lo hacía un grupo de empleados que usaban una luz para ver si había cheques adentro de las cartas. Me acuerdo que fue una causa bastante difícil, que tampoco nunca me citaron a juicio porque hubo que levantar ochenta y pico de actas a cada uno de los perjudicados que mandaron cheques.

 Mario Muñoz tuvo un altercado en la granja de Siboney antes de ir al Moncada. Le dijo a Fidel que iba a mandar a la gente a la muerte, que el plan era un desastre. Eso me lo dijo Orlando Castro [García], que estuvo preso conmigo.

 Yo no creo que Fidel haya ido a matar a [Oscar] Fernández Caral, por la sencilla razón de que Caral lo conocía a él. Era muy riesgoso jugarse la carta de que Caral iba a quedar muerto y no iba a hablar de él, mas que la muerte de Caral fue en pleno día, en la puerta de su casa. Además, ese barrio de Infanta hacia la universidad es un barrio de estudiantes, donde Fidel era conocido. No comparto esa opinión al hacer esa deducción. Lo lógico es que si lo ve venir, se quite de la puerta, porque sabe que es enemigo. No creo que Fidel sea tan valiente para ir a arriesgarse de esa forma donde es tan fácil detectarlo. Caral era sargento de la policía en la universidad y siempre estuvo al lado de Manolo Castro. Caral era un individuo en la universidad muy definido frente a todos ellos. El hermano de él [Adolfo A. Fernández Caral] es médico y está aquí, y el hermano dice que él esta seguro que fue Fidel Castro quien lo mató. El es médico urólogo de la Clínica “La Gran Familia” en Flagler, entre 27 y 26. Como motivo de ese hecho detuvieron a un individuo que era portero de un cine, el Astral o el Infanta, que salió retratado en el periódico, y efectivamente, el tipo se parecía mucho a Fidel.

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 A Rolando Masferrer lo conocí en 1936 cuando él pertenecía a Joven Cuba, y después se fue para la guerra en España. Cuando regresó lo vi en la universidad, y militaba en el partido comunista.

 El bonche universitario lo formaban Juan González Andino, que está aquí, y otros. Mi hermano Julio estuvo en el MSR, y también en la Legión Revolucionaria de Cuba, donde yo estuve también, porque lo organizamos en 1934 con Manolo Castro, Antonio Acosta, René Moreno Guitart, que murió hace poco, Casimiro Menéndez, que lo mataron, y un grupo que surgimos del sector estudiantil, y casi siempre luchamos juntos en los otros procesos, contra [Fulgerncio] Batista.

 Genovevo Pérez venía relacionado con [Rafael] Trujillo, y aprovecha el problema de Orfila para dar la sensación que nosotros teníamos una conspiración, de acuerdo con Cayo Confites, para derrocar el gobierno. El recibió, y Rolando lo dijo en la Cámara, un millón de dólares de Trujillo por desbaratar la expedición de Cayo Confites. Inclusive Rolando dio en una sesión de la Cámara el número de la cuenta y el banco donde el tenía su dinero depositado en Cuba. Cuando lo de Orfila, Genovevo estaba esa noche en Washington y regresó esa madrugada. Lo de Cayo Confites lo desbaratan al día siguiente o a los dos días, más o menos. Grau es el que da la orden de intervenir, porque él conoce todo el proceso de Orfila, porque Grau inclusive ha tenido en su poder la orden de detención que me dio el juez. Cuando ya es tarde, que el tiroteo es bastante grande, llama al jefe del ejército y le dice que vaya allí a intervenir. Grau no intervino previamente porque él sabía lo que había. Lo que pasa es que como el tiroteo dura tanto, como es natural, no puede permanecer al margen de la cosa, y llama al jefe del ejército para que vaya allí y ponga fin al tiroteo. Lo que da origen al problema de Orfila es la muerte de un capitán del ministerio de Salubridad, Rafael Ávila Ávila. Cuando lo matan, el jefe de la policía me va a ver y me dice que es un hecho que hay que investigar, que el presidente está interesado en eso, y le dije que si el Presidente lo ordena, iba a actuar en esa investigación. Voy a buscar los individuos que están detenidos como testigos presenciales y los interrogo y trabajo con las fotos que tengo, logro determinar quienes son los individuos que actuaron en ese hecho. Entonces llamo al jefe de la policía y le digo, “dile al presidente de la República que hay esto y esto, y los autores son fulano y mengano.” El jefe de la policía lo ve y Grau le dice “dile que proceda.”

 Por la mañana levanto las actuaciones y lo presento al juzgado, y el juez me da la orden de detención contra ellos. Entonces busco al jefe de la policía y le digo que le lleve el mandamiento judicial al presidente. Se lo lleva al presidente, quien le dice: “Dile a él que lo cumpla.” Lo que pasa es que cuando fui al juicio no me pude poner a estar diciendo que el presidente me mandó. La situación es grave, porque el jefe del ejército prácticamente ha dado un golpe de estado. El presidente está en ese momento en precaria. Aunque yo estoy preso, me doy cuenta de lo que está ocurriendo allí en el campamento de Columbia. Genovevo prácticamente dió un golpe de estado.

Genovevo tuvo prisionero a Grau en Palacio aproximadamente como quince días, porque el jefe de la guardia era un coronel que le había puesto Genovevo. Eso fue cuando lo de Orfila y Cayo Confites. Eso nadie lo sabe, porque son cosas que nadie las ha comentado. Además, Grau tenía an veces pérdida de memoria, lo que muy poca gente sabe. Por ejemplo, él estaba leyendo un libro y cuando le daba eso marcaba el libro para no olvidarse. Grau estuvo como cuatro días con pérdida de memoria total. Usaron lo de Orfila como excusa para acabar con la expedición de Cayo Confites. Trujillo le dio un millón de dólares a Genovevo para que pusiera fin a Cayo Confites. Aunque el gobierno americano también presionó, lo que decidió la cosa fue el soborno. El gobierno americano respetaba a Grau. Orfila fue el 15 de septiembre, y a los tres o cuatro días desbarataron lo de Cayo Confites. Genovevo sabía que yo era un elemento vital en lo de Cayo Confites: resolví la estancia de los aviones que iban a bombardear Santo Domingo; resolví el problema del financiamiento con Alemán, y otras cosas. Aunque yo no figuraba en el grupo de dirigentes, pero las cosas que había que hacer, como hablar con el presidente o el jefe de la Marina de Guerra, lo hacía yo. Allí no podían llegar cinco o seis aviones sin que el presidente no lo conociera, y había que tenerlos en un aeropuerto con amplitud, como el del Mariel. Todo eso yo lo resolví. 

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La Habana bajo fuego: la Masacre de Orfila

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El balance de muertos y heridos dejado por estos "agentes del orden" estremeció a la opinión pública y el estamento político
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Por José del Castillo Pichardo
28/06/2008

La masacre de Orfila, del 15 de septiembre de 1947, brindó la excusa ideal al general Genovevo Pérez Dámera -conminado por Washington y "aceitado" por Trujillo- para desmantelar la expedición de Cayo Confites, bajo la premisa de imponer el orden y colocar en control del ejército las armas en manos de fuerzas irregulares. Por eso, siempre escuché de labios de Chito Henríquez, Tulito Arvelo, Dato Pagán y Pedro Mir -hombres "enchabolados" en el desolado cayo preferido de Hemingway y punto de observación naval durante la II Guerra Mundial por su proximidad al Canal de las Bahamas- que "lo de Orfila fue determinante en el fracaso de Confites". Uno se preguntaba entonces: ¿Qué sucedió en Orfila?

Bajo el gobierno de Grau (1944-48) cobraron fuerza los grupos de acción que se enseñorearon en la Universidad de La Habana aprovechando su fuero y ocuparon posiciones claves en la policía, dentro de un esquema de reparto favorecido por el presidente, cuyas rivalidades se resolvían al mejor estilo de Chicago, metralleta en mano. Entre los más destacados estaban el Movimiento Socialista Revolucionario (MSR), liderado por Rolando Masferrer -un egresado de Derecho, vinculado antes al partido comunista veterano de la Guerra Civil Española, director del semanario Tiempo en Cuba y comandante del Cayo-, en cuyas filas militaban Manolo Castro -expresidente de la Federación de Estudiantes Universitarios, director de deportes de Grau y pieza fundamental en el ensamblaje de la expedición de Confites- y el mayor Mario Salabarría -jefe nacional de investigaciones de la policía, veterano del bando republicano en España, también ligado a la expedición.

Asimismo, Acción Revolucionaria Guiteras, encabezada por el Dr. Eufemio Fernández -médico, combatiente de las Brigadas Internacionales, comandante de batallón en la expedición y participante tronchado de Luperón en 1949-, quien sería jefe de la policía secreta de Carlos Prío (1948-52). La Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR) dirigida por el legendario Emilio Tro -con experiencia en España y en la II Guerra Mundial, director de la academia de la policía nacional-, cuyo lema rezaba "la justicia tarda pero llega", era la encarnación de la acción misma.

Entre sus relacionados se hallaba Fidel Castro, presente en el Cayo, gracias a garantías previas dadas por Masferrer de que no se atentaría contra su vida, debido a la pugnacidad entre el MSR y este grupo. Todos los referidos, antitrujillistas militantes, colaboraron en los planes para derrocar al dictador dominicano.

(Policarpo Soler y Orlando León Lemus ¨El Colorao¨)

Lo de la barriada de Orfila en Marianao fue el estallido, traducido en masacre, de las rivalidades entre estos grupos, particularmente del MSR y la UIR, enquistados en la policía. Como refiere Ciro Bianchi Ross, en ella se enfrentaron el mayor Salabarría y el comandante Tro, quien se hallaba almorzando en casa del comandante Morín Dopico, jefe de Marianao. En mayo de 1947 Tro fue vinculado a un atentado del que salió ileso Orlando León Lemus (El Colorado), pareja gangsteril del célebre Policarpo Soler, quien en los 50 serviría a Trujillo y dejaría sus huesos en el país. El rebote llegó el 5 de septiembre, cuando el auto de Tro recibió más de 60 disparos, siendo heridos sus ocupantes, entre los que no se hallaba el director de la academia policial. La gente de El Colorado fue identificada como responsable, entre ellos el capitán Rafael Ávila, quien sería abatido a balazos días después. La investigación de este último suceso, encomendada a Salabarría, estableció mediante testigos la autoría de Tro. 

(El  Dr. Gustavo León Lemus (hermano de Orlando León Lemus ¨El Colorao¨) cuando era presentado ante el juzgado   junto a Roberto Enriques López por los sucesos sangrientos de Orfila)

La orden de arresto de Tro fue ejecutada por Salabarría de manera espectacular. Con más de 200 hombres, entre los cuales El Colorado y un grupo de oficiales policiales, procedieron a ametrallar la vivienda en la que se encontraba Tro. La respuesta fue una balacera que duró tres horas. Enterado Pérez Dámera entonces en Washington, envió tropas del ejército, junto a 20 tanques y camiones blindados, para poner fin al enfrentamiento. Ya en fase de entrega de los sitiados, la esposa embarazada de Morín Dopico fue ametrallada, junto a Emilio Tro, quien fue "colado" por una treintena de balazos, disparados por José Fallat (El Turquito). El balance de muertos y heridos dejado por estos "agentes del orden" estremeció a la opinión pública y al estamento político.

El senador Eduardo Chibás acusó a Grau de la tragedia, mientras éste retiraba su apoyo a la expedición antitrujillista y Pérez Dámera, ya en Cuba, procedía a desmantelarla, incrementando de paso su poder político y militar. Por eso, como decía Chito Henríquez entre sorbos de café y humo de cigarrillo, "Orfila le puso la tapa al pomo a Cayo Confites".


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En el siguiente  artículo no se dice que a Mario Salabarrá cuando fue detenido se le encontraron en los zapatos miles de pesos; concretamente: 11 billetes de mil pesos:


 

Gansterismo en Cuba. 3ra parte. Los sucesos de Orfila.

Por Maikel Mederos Fiallo
25 de julio, 2019


El presente artículo lo dedico como un modesto homenaje personal a la memoria del excepcional camarógrafo cubano Eduardo Hernández “Guayo”.

En trabajos anteriores reflejábamos el contexto histórico que antecede y las figuras principales involucradas en el enfrentamiento entre los distintos grupos de acción gansteril, el 15 de septiembre de 1947, en el reparto Orfila, Marianao. Las fuertes rivalidades entre Emilio Tro y Mario Salabarría dentro del marco institucional policiaco se van a reforzar por una serie de acontecimientos en los meses anteriores y que a continuación describimos.

El 26 de mayo de 1947 Orlando León Lemus “El Colorado” fue tiroteado cuando transitaba por la calzada de Ayestarán. Salió ileso y acusó a Tro del atentado. Fue el comienzo de una guerra a muerte entre ambos grupos rivales.

El 5 de septiembre, el automóvil de Tro fue acribillado a balazos, salvándose este. Durante el tiroteo reconocieron a uno de los agresores. Era el capitán Rafael Ávila, alias “Lechoncito”, perteneciente al grupo de El Colorado.

El 12 de septiembre, Ávila “Lechoncito” fue muerto a tiros en la bodega de 21 y D, del Vedado. Salabarría acusó a Tro del hecho, logrando obtener una orden judicial de arresto al día siguiente y amparado en ella, comenzó a buscarlo.

Nunca he tenido la oportunidad de conocer cómo fue que Mario Salabarría obtuvo la información, o sea, quién dio el pitazo… de que Emilio Tro se encontraba reunido para  un almuerzo en casa de Antonio Morin Dopico, ex jefe de la policía de Mariano, sita en calle 8, esquina a D. Estaban también allí Luis Padierne, Arcadio Méndez y Alberto Díaz González, todos miembros de la Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR).

Probablemente el mismo Emilio Tro desconocía de la orden de detención que pesaba sobre él. Lo cierto es que sobre las tres de la tarde, estando sentados en el portal de la casa de Dopico, advirtieron la llegada de los primeros automóviles, precipitándose  hacia el interior de la vivienda, cerrando la puerta y comenzaron los tiros.

Entre los agresores figuraban Orlando León Lemus, El Colorado; Rogelio Hernández Vega, Cucú, segundo jefe de la Policía Secreta; José Fallat o Fayat, El Turquito; el teniente Roberto Pérez Dulzaides; el comandante Roberto Meoqui Lezama y otros hasta completar una tropa de unos 200 hombres, todos allegados a Salabarría, también presente, pero no todos pertenecientes al Servicio de Investigaciones Especiales y Extraordinarias, la dependencia policial que aquel dirigía.

Un huracán de balazos se desató entre ambas partes con profusión de ráfagas de ametralladoras que barrían literalmente todo a su paso, pero se imponía la parte sitiadora con mayor número de hombres y de armas.  La primera víctima fue el oficial Mariano Puerta Yergo, de la 11na. Estación de Policía. Enterado de los sucesos tomó un automóvil, junto con otros dos vigilantes, con la intención de luchar junto a su amigo Tro. No llegó a su destino. Lo fulminó una ráfaga de cuando trataba de ganar la casa sitiada.

En medio de la balacera Tro logró comunicarse por teléfono con el teniente Armando Correa. Le pidió que se dirigiera a Columbia y gestionara la intervención del Ejército, pues él y sus amigos temían ser ejecutados de caer en manos de Salabarría. Correa cumplió el encargo y en compañía de otros miembros de la UIR se personó en la sede del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas Ruperto Cabrera los recibió, pero dispuso su retención a fin de evitar —aseveró— su participación en la refriega.

Otras gestiones se hacían en favor de los sitiados. Miembros de la UIR y elementos vinculados a Tro acudieron al Palacio Presidencial. No pudieron ver a Grau que atravesaba una crisis epiléptica con pérdida hasta de memoria (lo cual revelaría Salabarría años después). Lograron, sí, entrevistarse con Paulina Alsina, primera dama de la República, que les aseguró haber obtenido del Presidente la autorización para que el Ejército interviniera en el altercado. Genovevo Pérez Damera, en Washington, recibía noticias del asunto y ordenaba a las fuerzas armadas tomar cartas en el asunto.

Sobre las 6 de la tarde Tro y sus acompañantes agotaban sus municiones. La casa que les servía de parapeto estaba semidestruida y varios habían sufrido heridas, entre los sitiados Arcadio Méndez ya era cadáver en la sala. Dentro, estaba la familia de Dopico, por lo que se insistió en un alto al fuego para que estos salieran. Paralelamente comenzaban a llegar fuerzas del ejército con tanques y carros blindados.

Ciro Bianchi Ros narró magistralmente esta masacre y de su escrito citamos:

“El primero en salir de la casa fue Morín Dopico, quien llevaba en brazos, herida a sedal, a su hija Miriam, de apenas diez meses de nacida. El Ejército lo conduciría al Hospital Militar en calidad de detenido. Luego salió Aurora Soler de Morín, en estado de gestación, y detrás Emilio Tro. Todo parecía haber terminado cuando se escuchó de nuevo el tableteo de una ametralladora, y la esposa de Morín cayó al suelo herida de muerte. Un policía la tomó por los brazos para levantarla, y Tro trató de alzarla por los tobillos con el propósito de sacarla a la calle. No pudo concluirse la gestión, porque apenas llegados a la acera se escuchó una ráfaga más y Tro se desplomó cosido a balazos. Tenía 15 perforaciones en el tórax, dos en la región escapular, seis a flor de piel, tres en el hombro, una en el muslo y otra más en la cara que le destrozó el maxilar superior y le vació el ojo derecho.

Las imágenes cinematográficas captadas por Guayo para el Noticiero Nacional pusieron en evidencia o corroboraron la culpabilidad de algunos de los hombres de Salabarría en los sucesos. En el documental se aprecia cómo El Turquito dispara sobre la señora Soler y Emilio Tro, hiere de pasada al chofer de este y al capitán De la Osa, ayudante del Jefe de la Policía, y fulmina al teniente Padierne, uno de los hombres de Tro. Otra escena capta a Pérez Dulzaides, teniente de la Policía Nacional, encañonando con su ametralladora a los rendidos, en especial a Tro cuando, de rodillas, trataba de levantar el cuerpo agonizante de la esposa de Morín Dopico. Dulzaides fue entrevistado en Columbia con tanta violencia que perdió el conocimiento en dos ocasiones. El cadáver del capitán Arcadio Méndez apareció en la sala de la casa, apenas empezaron a disiparse los gases lacrimógenos lanzados al interior de la vivienda.
El hecho execrable de disparar contra personas ya rendidas provocó una grave riña entre los sitiadores, ya que muchos de ellos increparon a sus compañeros por haber actuado de esa forma. De cualquier manera, el Ejército impidió que prosiguiera la matanza, exigió la entrega inmediata de las armas, y Landeira procedió a la detención de Salabarría y de no pocos agentes a sus órdenes. De inmediato el pleno del Tribunal Superior de la Jurisdicción de Guerra y Marina radicó la causa 95 de 1947 del Estado Mayor General del Ejército contra Mario Salabarría Aguiar, Antonio Morín Dopico y numerosos oficiales, por los delitos de homicidio, desorden público, atentado y daños a la propiedad. También un buen número de civiles quedaba a disposición de los tribunales ordinarios. Cucú Hernández Vega, segundo jefe de la Policía Secreta, se personó voluntariamente ante el coronel Oscar Díaz, oficial investigador de la causa, pero hubo que ordenar el arresto del comandante Meoqui Lezama por no comparecer al llamado de una citación judicial. Orlando León Lemus, El Colorado, se esfumó. En su afán de encontrarlo, el Ejército ocupó, sin éxito, el hotel Sevilla, donde se le suponía escondido, y luego la Guardia Rural lo buscó por el interior de la Isla. Se sabría después que permaneció oculto en la casa del senador Paco Prío hasta su salida clandestina hacia México”.


“En la necrópolis de Colón, una lápida de grandes proporciones que resguarda un panteón tiene inscritos seis nombres y una fecha: Emilio Tro Rivero, Luis Padierne Labrada, Alberto Díaz González, Arcadio Méndez Valdés, Mariano Puertas Yero y Aurora Soler de Morín; 15 de septiembre de 1947. Por cada uno de esos nombres, la Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR) la organización fundada por Tro, escribió el de uno de sus asesinos: Mario Salabarría, Roberto Meoqui, Rogelio Hernández Vega… lo que equivalía a una condena a muerte. Escribieron asimismo el nombre de Cossío del Pino (será objeto de un futuro artículo este caso). Consideraban que la prohibición de la exhibición del documental de Guayo, de la que fue responsable, lo hacía cómplice de la tragedia”.

Toda la balacera fue cubierta, a riesgo para sus propias vidas, por varios periodistas. Frente a la entrada principal de la residencia se situó el fotógrafo Louis Hamburg, corresponsal de varias publicaciones norteamericanas en La Habana y unos metros detrás a la derecha se ubica el camarógrafo del Noticiero Nacional Eduardo Hernández (Guayo). Los hombres con cámaras comienzan a fotografiar y a filmar lo que serían los momentos más dramáticos de esa masacre.

Las fotografías que captó Louis Hamburg durante los sucesos las publicó en el periódico El País, en Prensa Libre e Información. Los senadores Pelayo Cuervo y Eduardo R. Chibás utilizaron estas en el Senado como pruebas acusatorias. El reportero estadounidense una vez publicadas las fotos, recibió amenazas de muerte de los miembros del grupo de Salabarría y tuvo que irse de regreso a Estados Unidos.

Otros reportes gráficos fueron captados por Panchito Pérez, de El País, Narciso Báez, de Prensa Libre, Amador y Raúl Vales, de Bohemia y Miguel Buendía, del Diario de la Marina. El material gráfico de estos profesionales del lente fue requisado por el Ejército y sirvió de evidencia contra los encartados Salabarría, El Colorado, Roberto Meoqui, Rogelio Hernández Vega.

Uno de los principales encartados fue José Fallat, alias El Turquito, retratado en el momento que masacraba a Tro, a la esposa de Morin Dopico y a los dos acompañantes cuando salían desarmados de la casa. Al mostrarle las fotografías cuando ametrallaba a Tro, El Turquito expresó:
"Los fotógrafos tienen la culpa de que estemos encerrados. Están enamorados de mi".
Y dirigiéndose al fotógrafo de Prensa Libre Narciso Báez que lo retrataba en el juzgado le advirtió:
"A ustedes, los fotógrafos, son los primeros que vamos a matar después de estos".

Probablemente cuando lea estos párrafos, mi amigo Eduardo Hernández Gabelas, miembro de nuestra comunidad y por entonces un niño, recuerde la escolta que le tuvo que ser situada hasta para ir a la escuela ante las amenazas de los gánsteres.

Por supuesto, esta historia del gansterismo en Cuba continuará… Complaceremos los pedidos expuestos en comentarios en las partes anteriores.
Un saludo para todos.
Bibliografía:
Bianchi Ros, Ciro. “Cantar a Cuba. Una historia diferente”, 2012.
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Mario Salabarria Aguiar  en su juventud

Mario Salabarria cuando fue detenido  por un supuesto plan de atentado contra el tirano Fidel Castro Ruz en 1965


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